El gánster y sus circunstancias: parte 28

Public Enemies (2009)
Enemigos públicos

Dirigida por Michael Mann
Con Johnny Depp y Christian Bale

Valoración:

El gánster (gangster para aquellos que dicen “balancear” en lugar de “equilibrar”, “sentirse confortable” en lugar de “sentirse cómodo”, o “poner el foco” en lugar de “concentrarse en”) es una de las muchas figuras que tiene que vivir en la contradicción de ser admirado por los pobres y denostado por los ricos. Básicamente porque es el antagonista de otra figura que vive la misma contradicción al revés: los bancos.

Seamos sinceros: ¿quién no odia a Botín de entre los lectores de 1y1y1? Yo no, claro, porque soy inmensamente rico, pero vosotros, pobres patanes con un sueldo de mierda, ¿quién de vosotros no ha deseado, viendo al gran Emilio rodeado de chuquis y famosos en las carreras de Fórmula 1, que lo atropellara en ese mismo instante un Hispania? Porque si lo atropellara un McLaren su muerte todavía tendría cierta dignidad, y lo que vosotros buscáis, reconocedlo, pequeños indigentes rencorosos, es verlo morir en la más enorme de las ignominias.

Ahí es donde entra el gánster. Porque el gánster mítico no sólo roba bancos: el gánster mítico humilla a los banqueros. Los torea. Les quita lo que tienen y, además, se mea en las macetas de la sucursal que atraca. Es jaleado por los propios clientes que hacían cola para pagar comisiones, para ver denegadas sus hipotecas, para ser humillados por un tipo que trabaja de 9 a 3 y se comporta como si fuera el dueño del chiringo cuando sólo tiene el título de BUP.

“Public Enemies” revisa (que no “revisita”, putos pedantes anglófilos) el mito del gánster amado por la plebe. John Dillinger fue uno de ellos, y la película nos presenta una biografía resumida de sus años dorados. En realidad, de su descenso a los infiernos. La peli empieza con Dillinger subido a lo más alto, atracando a todo bicho viviente (pero siempre pendiente de su imagen pública, por eso se centra en los bancos, consciente del tirón popular que eso le otorga), y nos va mostrando su constante huida hacia adelante, encerrándose cada vez más mientras el cree que está cada vez más cerca de la libertad absoluta, del dominio total, del paraíso en la Tierra.

Johnny Depp ayuda mucho a darle a Dillinger ese toque simpaticón que todo gánster progresista necesita. No, no voy a hacer ahora una broma con nuestro gobierno, porque no quiero terminar en el trullo. Porque vivimos en una sociedad progresista, pero precisamente por eso el que no es progresista como ZP manda termina muy malamente. Dillinger, decía, pues, es un gánster simpático. Y Johnny Depp con su aspecto recién salido de la fábrica de chocolate nos lo presenta como un tipo entrañable que todo el mundo querría tener como atracador en su barrio.

Pero hete aquí que justo en esa misma época se está creando el mítico FBI con el no menos mítico Edgar J. Hoover, y Dillinger no lo ve venir. Se cree que esto es el Sepu y que va a poder pasarse la vida trincando pasta en las sucursales del Santander de aquellos tiempos, que sería igual que el de hoy, a saber, prepotente, avaricioso, e hipócrita. Pero el FBI no se creó para hacer juicios morales, sino para aumentar los juicios criminales. Y fue tremendamente efectivo en su cometido. Resultado final: Dillinger murió joven.

Dicho todo esto, no hay nada en esta película que uno no haya visto cienes y cienes de veces, en cienes y cienes de películas que parecen remakes las unas de las otras, y que se resumen en “Los Intocables de Elliott Ness”. “Public Enemies” es, simplemente, una más. En cuanto uno empieza a verla ya sabe cómo va a seguir, cómo va a acabar, e incluso el tipo de letra malote que llevarán los títulos de crédito. No tiene sentido hacer una película más sobre un tema tan trillado. Que el malo se llame Dillinger en lugar de Cappone tal vez tenga cierto interés para los estudiosos del tema, pero para el espectador medio es irrelevante. Los dos son malos. Los dos roban. Los dos viven al filo. Los dos son criminales. Y todos nos cambiaríamos por cualquiera de los dos, aunque sólo fuera por 5 minutos. ¿Quién no querría putear a Botín al menos durante unos segundos de su vida? La justicia sabe tan dulce… Ay, perdón, que eso se decía de la venganza. Pues nada, lo retiro. Los progresistas es lo que tenemos. No somos nada vengativos. Sólo somos justicieros.

El tráiler de la película en versión original y en español

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Casa de citas

Empezamos el ciclo J. L. Carr. Buen ciclo.

If I’d stayed there, would I always have been happy? No, I suppose not. People move away, grow older, die, and the bright belief that there will be another marvellous thing around each corner fades. It is now or never; we must snatch at happiness as it flies.
A Month in the Country
J. L. Carr

Si me hubiese quedado allí, ¿habría sido feliz para siempre? No, supongo que no. La gente se traslada, envejece, muere, y la luminosa creencia de que habrá alguna otra maravilla a la vuelta de cada esquina se desvanece. Es ahora o nunca; debemos agarrar la felicidad antes de que eche a volar.
“Un mes en el Campo”
J. L. Carr

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De la letra al hecho hay un gran trecho

Our Bright Future
Tracy Chapman

Valoración:

Muchas veces he abierto el apasionante debate de hasta qué punto la letra es una parte importante de una canción. Debate que nunca se ha llegado a consumar porque tengo cerrados los comentarios en 1y1y1 para evitar, precisamente, que se abran debates. Se me importa un pito lo que opine la gente de lo que digo, el que quiera opinar que se abra un blog y que me dé la dirección para asegurarme de que no lo visito jamás. Anda que estamos para perder el tiempo. En 1y1y1 estamos todos liadísimos, cual regional vicepresident de EMEA.

Pues precisamente hoy vuelvo a ese debate, que mantendré en solitario, porque Tracy Chapman es sin duda una de las grandes letristas de los últimos tiempos. Su Fast Car fue una lección magistral de cómo contar en 4 estrofas la historia que muchos novelistas han sido incapaces de contar durante décadas en 300 páginas. La historia de los perdedores de nacimiento. La historia de la vida del 90% de los seres humanos. La historia que justifica que uno no piense mucho en el sentido de la vida, sobre todo si tiene una pistola cerca y está solo.

En este Our Bright Future Tracy Chapman vuelve a demostrar su don para con las letras. Ese “I Did It All” es un muy buen ejemplo. Es como “El ocaso de los dioses” pero, de nuevo, concentrado en 4 estrofas y con un estribillo pegadizo. Tampoco está mal “Sing for you”, que no llega a concretarse en una historia de verdad pero que da algunas pinceladas maestras que se quedan tristemente en un esbozo.

Pero, una vez más, la letra no es suficiente. Lo siento mucho por los que cantan para “transmitir un mensaje” o para “mostrarnos sus sentimientos”, pero la música es, por encima de todo, música. Una nota más o menos, media octava más o menos, una décima de segundo más o menos, es la diferencia entre la genialidad y una buena canción sin más. ¿La letra no importa entonces? En absoluto. Pero no es suficiente. No puede serlo. Nunca lo ha sido.

Tracy Chapman nos demuestra, una vez más, que es una letrista espectacular. Y gracias a eso nosotros podemos confirmar, una vez más, que la música es mucho más. O, mejor dicho, mucho menos. La música es música. El que no entienda qué quiero decir con eso hará bien en dedicarse a la poesía. O a escribir libros sobre estrategia digital en el mundo de las redes sociales. A lo que sea. Pero, por favor, que no grabe un disco. Que luego todos tenemos que pagarle derechos de autor aunque no lo escuchemos, a través del canon. Y mira, a mí me la pela que la gente quiera cantar. Pero que me cobren por hacerlo, llámame capitalista odioso, creo que debería ser algo voluntario. Y ahora, que la Ministra de Igualdada ma condena pora intolerenta a ma meta ena la cárcela.

Las dos mejores canciones del disco: “I did it all” y “Sing for you”

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La madre de todos los momentos

Okuribito (2008)
Despedidas

Dirigida por Yôjirô Takita
Con Masahiro Motoki y Ryoko Hirosue

Valoración:

Llega el verano, y con él el momento en el que la borreganía en masa se pone a moverse de un sitio a otro del planeta. No se sabe muy bien para qué, ni siquiera ellos mismos lo saben, pero el caso es moverse. Viajar, dicen. Descubrir otros lugares, dicen, conocer otras culturas, tomar el sol en otras playas. Como si hubiera algo distinto al resto en este peñasco ínfimo en el que nos ha tocado pasar una ínfima parte de los 14.000 millones de años que tiene el Universo y de los cientos de miles de millones que todavía tiene por delante y que nosotros no podremos contemplar. Pero, oye, si has estado en La India eres más sabio. Y si te has tomado un frapuccino en el Starbucks de Times Square, entonces ya eres la polla.

Total, que me pongo a ver Okuribito y pienso: la gente es gilipollas. Porque se pasa la vida buscando la diferencia y evitando lo igual, y al final lo igual nos puede a todos y manda las diferencias a cascarla. Hoy no tengo muchas ganas de escribir, así que seré breve: ante el momento de la muerte, todo palidece. Ni viajes, ni subidas de salario, ni cien polvos en una noche con Miss Noruega. Llega la de la guadaña y todos somos una porquería. Por eso es tan importante dignificar el momento de la muerte. Porque sabemos que nosotros estaremos un día ahí, y queremos pensar que no seremos un simple puñado de átomos en proceso de descomposición.

Los japoneses, que nos parecen tan diferentes (si además de estar en La India y en Gringolandia también vas a Japón, entonces ya puedes ser el protagonista de todas las fiestas de cumpleaños a las que te inviten), se mueven por los mismos motores básicos que nos mueven a nosotros. Las presiones sociales, la búsqueda del sentido de la vida, el amor. Y la muerte. El miedo a la muerte, y el respeto a la muerte. Y en Okuribito todo esto queda reflejado de manera magistral. Sólo hay un pequeño barniz almibarado en algunos momentos que le resta fuerza al conjunto de la obra. Por lo demás, es una preciosidad. La muerte, de la que todos renegamos, contiene toda la vida en sí misma. Y por eso, el momento de la muerte es el momento supremos. Presenciarlo es algo extraño. Dignificarlo es algo necesario. Y viajar a Cancún es una estupidez. Hala, que tengáis todos unas buenas vacaciones. Pero, por favor, no nos torturéis a los demás con las fotos.

El trailer en versión original (subtitulada, que tampoco soy tan listo)

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Casa de citas

Hoy una cita larga, o qué os pensábais, que esto de la cultura era cuestión de leerse cuatro líneas de vez en cuando, panda de vagos. Hala, a esforzarse un poco. De recompensa, un alma más sana. O sea, que duele menos.

Hoy, la vida que querría llevar y no llevo. Capítulo 1263.

Et que faudrait-il faire ?
Chercher un protecteur puissant, prendre un patron,
Et comme un lierre obscur qui circonvient un tronc
Et s’en fait un tuteur en lui léchant l’écorce,
Grimper par ruse au lieu de s’élever par force ?
Non, merci. Dédier, comme tous il le font,
Des vers aux financiers ? se changer en bouffon
Dans l’espoir vil de voir, aux lèvres d’un ministre,
Naître un sourire, enfin, qui ne soit pas sinistre ?
Non, merci. Déjeuner, chaque jour, d’un crapaud ?
Avoir un ventre usé par la marche ? une peau
Qui plus vite, à l’endroit des genoux, devient sale ?
Exécuter des tours de souplesse dorsale ?. . .
Non, merci. D’une main flatter la chèvre au cou
Cependant que, de l’autre, on arrose le chou,
Et, donneur de séné par désir de rhubarbe,
Avoir son encensoir, toujours, dans quelque barbe ?
Non, merci ! Se pousser de giron en giron,
Devenir un petit grand homme dans un rond,
Et naviguer, avec des madrigaux pour rames,
Et dans ses voiles des soupirs de vieilles dames ?
Non, merci ! Chez le bon éditeur de Sercy
Faire éditer ses vers en payant ? Non, merci !
S’aller faire nommer pape par les conciles
Que dans des cabarets tiennent des imbéciles ?
Non, merci ! Travailler à se construire un nom
Sur un sonnet, au lieu d’en faire d’autres ? Non,
Merci ! Ne découvrir du talent qu’aux mazettes ?
Être terrorisé par de vagues gazettes,
Et se dire sans cesse: “Oh, pourvu que je sois
Dans les petits papiers du Mercure François ?”. . .
Non, merci ! Calculer, avoir peur, être blême,
Aimer mieux faire une visite qu’un poème,
Rédiger des placets, se faire présenter ?
Non, merci ! non, merci ! non, merci ! Mais. . .chanter,
Rêver, rire, passer, être seul, être libre,
Avoir l’oeil qui regarde bien, la voix qui vibre,
Mettre, quand il vous plaît, son feutre de travers,
Pour un oui, pour un non, se battre,–ou faire un vers !
Travailler sans souci de gloire ou de fortune,
A tel voyage, auquel on pense, dans la lune !
N’écrire jamais rien qui de soi ne sortît,
Et modeste d’ailleurs, se dire: mon petit,
Soit satisfait des fleurs, des fruits, même des feuilles,
Si c’est dans ton jardin à toi que tu les cueilles !
Puis, s’il advient d’un peu triompher, par hasard,
Ne pas être obligé d’en rien rendre à César,
Vis-à-vis de soi-même en garder le mérite,
Bref, dédaignant d’être le lierre parasite,
Lors même qu’on n’est pas le chêne ou le tilleul,
Ne pas monter bien haut, peut-être, mais tout seul !

“Cyrano de Bergerac”, Scène 2, VIII
Edmond Rostand

¿Y qué debería hacer?
¿Buscar un poderoso mecenas en quién descansar?
¿Colgarme a él cómo una enredadera?
¿Llegar por asociación y no por mérito propio?
No, gracias ¿Componer como regla, poemas para usureros?
¿Cambiar de camisa, para obtener posición?
¡No gracias! ¿Convertirme en payaso?
¿Admirar los cuernos de un cabestro,
por temor a que me lance un gesto siniestro?
¡No gracias! ¿Desayunar cada día un sapo?
¿Tener el vientre panzón? ¿Tener un papo
que me llegue a las rodillas con dolencias pestilentes,
de tanto hacer reverencias?
¡No gracias! ¿Adular el talento de los canelos?
Vivir atemorizado por infames dineros y repetir sin tregua…
¡Señores soy un loro, quiero ver mi nombre
escrito en letras de oro! ¡No gracias!
¿Sentir temor a los anatemas?
¿Preferir las calumnias a los poemas?
¿Coleccionar medallas? ¿Urdir falacias?
¡No gracias! ¡No gracias! ¡No gracias!
Pero… cantar, soñar, reír. ¡Estar solo! ¡Ser libre!
Tener el ojo a vizor, la voz que vibre
Ponerme el universo por sombrero
por un si o por un no batirme
Despreciar con valor la gloria y la fortuna
Viajar con imaginación a la luna
Sólo al que vale reconocer los méritos,
No pagar jamás por favores preteritos
Renunciar para siempre a cadenas y protocolos,
Posiblemente no volar muy alto… ¡pero solo!

“Cyrano de Bergerac”, Escena 2, VIII
Edmond Rostand

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Esto sí es arte

Fórmulas elegantes
Graham Farmelo (editor)

366 pags.

Valoración:

Desde mi más tierna infancia la gente se empeña en que me gusten cosas que no me gustan. Desde las fiestas de cumpleaños hasta la pintura, pasando por viajar o hacer comilonas. Tal vez por eso, también desde mi más tierna infancia, me he acostumbrado a hacer las cosas que realmente me gustan solito. Menos una, que siempre que puedo la hago acompañado porque es muchísimo más divertida. Pero por lo demás, y como dice el refrán, a la fuerza ahorcan. Y como era difícil encontrar voluntarios para hablar de álgebra, o de la muerte, o de astronomía, o de partículas elementales, o de Dios, o de Heráclito, pues tacita a tacita he ido cogiéndole el gusto a hablar solo. Tanto, que ahora ya no me gusta hablar de esos temas con nadie. Así siempre tengo razón.

Durante una época convulsa de mi vida, en la que frecuentaba consejeros delegados con demasiada asiduidad, con el consiguiente daño cerebral (del que, me temo, nunca he llegado a recuperarme por completo) aprovechaba mi cercanía a “La Casa del Libro” para irme de la oficina de vez en cuando, subir a la planta de Matemáticas, sentarme en algún rinconzuelo, y leer libros de Álgebra. También alguno de Física, aunque la Física no tiene un efecto tan rápido. El Cálculo Infinitesimal está en un término medio. Y muchas veces pensaba que alguien debería organizar exposiciones de fórmulas y de desarrollos matemáticos, igual que se organizan exposiciones de pintura o de fotografía. Que no digo yo que los desarrollos matemáticos le tengan que gustar a todo el mundo, pero a mí tampoco me gusta la pintura y entiendo que haya exposiciones porque hay quien sí ve algo “más allá” de los brochazos.

Pues a falta de exposiciones a las que uno pueda ir para sentarse delante de una fórmula y quedarse allí parado hasta que el cerebro se amanse, Graham Farmelo ha decidido reunir en un libro unos cuantos ensayos de diversos autores en los que cada uno cuenta la “historia” de una de las grandes ecuaciones de la Historia. Es como esas fichas que hay en las exposiciones de pintura donde nos cuentan que el autor del cuadro era un flamenco (no el bicho, sino la nacionalidad… aunque a veces yo tengo dudas) de tal siglo, que aprendió de no sé quién, copió el estilo de no sé cuántos, y fue el primero en introducir la perspectiva pajolera. Pues lo mismo, pero con los autores de las fórmulas.

El criterio de selección es, en general, incuestionable. Están por supuesto las 2 fórmulas de Einstein, la de Planck, la de Schroedinger, la de Dirac, la de Yang-Mills… Y viéndolas todas juntas asombra pensar que en tan pocas líneas, con tan pocos símbolos, se pueda resumir todo lo que pasa en el Universo. Cuando el editor sale de la Física para incluir fórmulas de otros campos, el criterio empieza a ser dudoso. Ninguna objeción a que se incorporen las ecuaciones de Shannon sobre Información, ni el Mapa Logístico como exponente temprano y paradigmático de la Teoría del Caos. Pero personalmente me parece de chiste que aparezca la Ecuación de Drake, que no pasa de ser un razonamiento mediocre y mal planteado, que si ha alcanzado cierta notoriedad es porque Carl Sagan y algunos otros prohombres de su época se entusiasmaron (incomprensiblemente) con ella.

Igualmente cuestionable me parece la inclusión de unas ecuaciones de las que ni siquiera había oído hablar, y que tratan del impacto ecológico de los CFC. Más que cuestionable, aquí el criterio me parece claramente miope. Comparar el salto intelectual que supuso la ecuación de Planck con unos cálculos de 1º de Química es simplemente inaceptable. Mal, Farmelo, muy mal. Te has dejado llevar por la moda ecologista, y aunque desde un punto de vista moral puede ser incluso loable, desde un punto de vista matemático no tiene justificación.

A pesar de esos dos borrones, el libro es sin duda una maravilla. Recoge el legado de las mentes más brillantes no sólo del último siglo sino de la Historia de la Humanidad. Puestas en contexto, las fórmulas resultan todavía más brillantes y poderosas. Ver resumida la complejidad del Universo en unas cuantas líneas es algo que produce una emoción interior inexplicable, cercana por un lado a la euforia y por otro lado al llanto. Sí, dan ganas de llorar, de llorar de felicidad, de armonía. No sé si eso es lo que les produce la pintura a aquellos que saben disfrutarla. Para mí, y dado que me falta la parte del cerebro que produce sensaciones ante la contemplación del arte “oficial”, este “Fórmulas elegantes” es como un museo personal. Por favor, no molesten. El arte se contempla en silencio.

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La venganza de los justos

Law Abiding Citizen (2009)
Un ciudadano ejemplar

Dirigida por F. Gary Gray
Con Jamie Foxx y Gerard Butler

Valoración:

Siendo yo un apologista de la venganza, parecerá raro que a una película que trata de la revancha que se toma un ciudadano de a pie cuando la justicia no hace su trabajo le ponga un miserable 2. Pues se lo pongo. Porque además de hacer apología de la venganza también la hago de la justicia, a pesar de que, como decía antes, no salga muy bien parada en esta película.

La trama parte de un hecho al que ya nos han acostumbrado las películas americanas: un criminal malo malísimo, asesino de mujeres y niños (o, todavía peor, de mujeres y niñas, porque si matara niños tendría cierta justificación puesto que de mayores podrían convertirse en repugnantes machistas, mientras que las niñas se convierten siempre en inteligentísimas mujeres, y perdón por la redundancia que ya habrá detectado el Ministerio de Igualdad), pues digo que un malvado asesino queda en libertad por un par de tecnicismos legales, para desesperación del padre y marido de las víctimas que se ve impotente ante el Sistema.

Pero hete aquí que ese honrado ciudadano (honrado a pesar de ser hombre, blanco, y heterosexual… ya lo sé, es algo imposible, pero no olvidemos que esto es una película) no es un mindundi que agacha las orejas ante los abusos de los poderosos, y se convierte, junto con ZP, en el nuevo azote de los que manejan el cotarro. Pero el honrado ciudadano es más efectivo que ZP, o digamos mejor que tiene otro approach. En lugar de darles ayudas a los bancos y a los sindicatos al mismo tiempo (los cerdos y los hombres de “Rebelión en la granja”) decide darles una ensalada de hostias a todos los que, incluso remotamente, tuvieron algo que ver con la cadena de negligencias que pusieron al criminal en la calle.

Aunque, en realidad, y eso es lo que más indigna al honrado ciudadano, no se trató de un caso de negligencia. Al contrario. El Sistema funcionó perfectamente, todo el mundo cumplió meticulosamente con su trabajo, y a pesar de eso (o precisamente por eso, como interpreta el bravido ex padre y ex esposo) la Justicia falló. Todo el mundo está tan preocupado por cumplir su trabajo que nadie se preocupa de que los malos reciban su castigo.

La injusticia se produce en el minuto 5 de la película. A partir de ahí empieza el festival revanchista del aparentemente vulgar ciudadano. Que va a ser que no. Lo de vulgar, digo. Pedazo de profesional de las venganzas. Se toma 10 años para planearla, eso sí, pero con tanta preparación cuando la pone en marcha le queda niquelada. ¿El problema? Pues ese. Que todo sale demasiado bien. Al principio pensamos que estamos ante un genio de la planificación criminal al servicio del Bien. Poco a poco empezamos a pensar que Superman era un pichafloja al lado de este tío. Y a mitad de película decidimos que es sencillamente imposible que todo el circo que monta el pollo tenga, ni remotamente, una explicación racional. Como “Lost”, vamos, pero aquí no nos dan 5 años para que una legión de inocentes espectadores se enamoren de Jack o de Kate o del oso polar y al final se olviden de que hay unas 427 cosas que no tienen explicación. Nada que objetar, desde luego, también hay quien pellizca botijos. Pero yo soy de los que piensan que para ver misterios sin explicación no hace falta sentarse 2 horas delante de una película (muchísimo menos 5 años). Basta con salir a la calle y ver cómo, por increíble que parezca, hay cosas.

El trailer en versión original y en español

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Casa de citas

Una vez más, cualquier cosa que se le ocurra a uno ya se le ha ocurrido antes a otro. Normalmente, a alguien mucho más brillante y sabio.

L’absence d’envie de vivre, hélas, ne suffit pas pour avoir envie de mourir.
“Plateforme”
Michel Houellebecq

La falta de ganas de vivir, ay, no basta para tener ganas de morir.
“Plataforma”
Michel Houellebecq

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Del detalle de la anécdota del ápice

El duelo de los ángeles
Roger Bartra

166 pags.

Valoración:

Vale, lo reconozco. Alguien que se compra un libro con este título, y subtitulado “Locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno”, sólo se merece lo que yo he conseguido: una tostada de calibre parabelum que deja a la víctima en un estado permanente de entre bostezo y vómito. Un pedazo de coñazo, vamos. Un truño. Y no sigo porque podría recrearme demasiado en la venganza.

La Filosofía dejó de tener sentido después de los Griegos. No de estos griegos que llevan a su Estado a la bancarrota creyéndose, como nosotros (como tantos otros), que los derechos llueven del cielo y que el dinero crece en los árboles. Me refiero a los Griegos de pensamiento, que no de obra. Heráclito (por supuesto el primero), Demócrito, Platón, Aristóteles, Parménides… en fin, tampoco voy a recitar la alineación del Panatinaikos ahora, supongo que ya se entiende a lo que me refiero. Aquellos pensadores bravidos ya dijeron todo lo que hay que decir sobre la Naturaleza Humana. Lo demás, todo lo demás, todos los demás, le han dado vueltas a lo mismo envolviéndolo en palabras cada vez más raras y cada vez más largas. Sobre todo los alemanes.

En esa escuela de pensadores que no piensan sino que reformulan y complican, nos llega este libro de Roger Bartra, que sin duda será un fenómeno de la Filosofía pero que sin duda también es un pésimo comunicador en el sentido literal de la palabra, que no en el televisivo. Sinceramente dudo de que Bartra tenga alguna idea a la que merezca la pena dedicarle más de 30 segundos del valioso tiempo que se nos agota con cada inspiración que hacemos, pero desde luego estoy seguro de que aunque la tuviera, yo no aguantaría ni 1 segundo de su exposición.

Parece que la Filosofía va ligada en los últimos siglos a tostón verborreico. Pues mira, si es así, a mí dejadme tranquilo. Filosofad todo lo que queráis (o, como decía antes, maread la perdiz todo lo que queráis) pero a mí no me metáis en estas tonterías ensoberbecidas con palabras construidas artificialmente para que tengan más de 5 sílabas. Yo me vuelvo a la Física. Nota mental (otra más): JR, pon la Filosofía en el mismo espacio que la Religión. Necesitas espacio en las estanterías y en el cerebro. No lo llenes con estas cosas, que luego se te acaba la RAM y a ver qué hacemos.

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El Prince de Dakota del Sur

Lie Down In The Light
Bonnie “Prince” Billy

Valoración:

La música folk nunca ha sido una de mis debilidades, la verdad, pero como de vez en cuando he encontrado cosas interesantes, pues nunca termino de borrarla de mi lista. Dicho esto, no sé si este Bonnie “Prince” Billy podría ser clasificado como un músico folk. Yo es que soy bastante simple, y en cuanto oigo un violín y palmas ya le pongo la etiqueta. Aquí palmas hay pocas, ciertamente, pero a cambio hay un montón de violín, así que lo convalidamos.

Mi principal problema con la música folk es que me resulta cansina. Me parecen todas las canciones iguales, variantes mínimas de un patrón que se respeta a rajatabla no sea que los antepasados salgan de sus tumbas a darte con la botella de anís por haberte saltado un compás. Y claro, tanto purismo le quita frescura a la obra a partir de la segunda canción. Aunque, vamos a ver, que nadie se imagine a Bonnie “Prince” Billy vestido de jotero y con una bandurria, que tampoco es para tanto. Más variedad que en un recital de jotas sí hay, pero no la suficiente.

Por otra parte, este folk en concreto, que a mí suena a pueblo del Oeste con matojos arrastrados por el viento en la calle principal, tipo Dakota del Sur, pues este folk no es especialmente alegre que digamos. Claro, viendo matojos rodar frente al saloon tampoco se te va a ocurrir componer un rock and roll, pero hombre, un poquito de fiesta, que entre matojo y matojo alguna alegría te dará la vida, ¿no? Pues debe de ser que no. En Dakota del Sur la vida tiene pinta de ser perra hasta más allá del rabo.

Resumiendo (y acabando): que como curiosidad antropológica, pues supongo que este disco tendrá su valor, como lo tienen los restos de hachas de sílex de Atapuerca. Pero para ponerlo en casa y darle al cerebro su merecido descanso del mundo real, no es aconsejable. Salvo para que el cerebro se dé cuenta de que, comparado con Dakota del Sur, el mundo real es la risión permanente. Que, oye, también tiene su efecto terapéutico.

Una muestra del paño

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