Vida y época de Michael K
J.M. Coetzee
Valoración:
Hala, otro de Coetzee. Y qué se puede decir de Coetzee que no se haya dicho ya, o que sí se haya dicho. Porque este hombre es un fenómeno. Es una delicia leerlo, incluso aunque se dedicara a escribir etiquetas para detergente. “Vida y época de Michael K” es una obra relativamente antigua (ganó el Booker en 1983), pero ya contiene todos los signos de identidad de este extraordinario escritor sudafricano de apellido impronunciable. Bueno, no tan impronunciable porque se pronuncia “Cutsía”.
“Vida y época de Michael K” es un libro raro, como suelen serlo casi todos los de este autor. La historia es relativamente intrascendente, o, cuando menos, no es ni mucho menos lo más importante de la novela. Es una historia que se cuenta en diez líneas, siendo generoso. Michael K es un hombre “lento” (no en el sentido del título de la última novela de Coetzee, sino en el sentido de que es un poco tonto) atrapado en plena guerra civil en Sudáfrica. Cuida de su madre enferma y se le ocurre que tal vez todo sería mejor y más bonito en el interior, en el campo, así que deja Ciudad del Cabo para iniciar un viaje a la aldea natal de su madre. Ésta, sin embargo, muere por el camino. Cuando Michael K llega a su destino, encuentra un lugar desolado en el que, sin embargo, aprende a vivir, y disfruta de su nueva vida. Capturado por los militares que lo toman por un rebelde, pasa una temporada en un campo de “reeducación” de Ciudad del Cabo, del que escapa sin mucho esfuerzo para encontrarse finalmente en el mismo lugar en el que empezó su aventura.
Y ya está. No hay peripecias, ni riesgos extremos, ni conflictos humanos, ni siquiera hay tensión. Michael K se pasa la mayor parte de la novela solo, sobreviviendo y viendo pasar, más que la vida, simplemente el tiempo. Pero, ¿y entonces? ¿Merece o no merece la pena leerse esta novela? Pregunta estúpida, sin duda, puesto que ya he dicho que la novela es de Coetzee, y Coetzee es como Dios pero con un bolígrafo. Por supuesto que merece la pena leérsela. Las novelas de Coetzee no cuentan historias, cuentan “estados” del ser humano. Uno termina de leer la novela y sabe que ha aprendido algo, aunque no todavía no sepa muy bien qué. No importa. Hay que rumiarlo. Hay que sentarse, como Michael K, y ver pasar el tiempo durante una temporada. No pensar en nada. Sobrevivir y ver pasar el tiempo. No buscar nada, no preguntarse nada. Y después, tal vez, hayamos comprendido ese “estado” del ser humano que Coetzee nos ha querido mostrar. “Vida y época de Michael K” es una excelente novela que no nos dejará nada que contar a los demás, pero que nos dejará algo que contarnos a nosotros mismos. Y, por supuesto, la explícita referencia al maestro Kafka no hace sino resaltar la grandeza de esta bella obra. Qué gozada.




