Archivos del Mes para August, 2006

Un pasatiempo con clase

Animales y más que animales
Saki

Editorial Valdemar
Saki - Animales y más que animales

El humor es algo muy personal, y el humor inglés es algo personalísimo. Saki es un autor de principios del siglo XX, inglés para más señas (nacido en Birmania en plena época colonial) que hace gala de esa peculiar caracterísitica de nuestros queridos británicos, consistente en contemplar el mundo con una mezcla de superioridad y desidia, con una especie de aburrimiento permanente al que, sin embargo, son capaces de sacarle brillantes interpretaciones en clave de humor. En “Animales y más que animales”, Saki nos ofrece una colección de relatos brevísimos que componen una divertida fotografía de la alta clase inglesa de hace 100 años. Personajes ociosos, de posición desahogada, pendientes únicamente de las complejas convenciones sociales que regían el mundo en aquella época, son los protagonistas de las historias de Saki, quien, una vez tras otra, enfrenta a sus personajes a comprometidas situaciones de las que siempre salen de una manera original y un poco “gamberra”.

Dicho esto, y como ya advertía al principio, el humor es algo muy personal. Y a mí el humor de Saki no me ha parecido brillante. Es humor inglés, inteligente y refinado, sutil, pero tal vez ya estamos demasiado acostumbrados a ese tipo de humor como para que nos sorprenda por sí mismo. “Animales y más que animales” tiene algunos momentos, es cierto, de auténtica genialidad, pero la mayoría de los relatos caen en la categoría de lo simplemente simpático. Uno lee las historias con una sonrisa en los labios, pero sólo en contadísimas ocasiones esa sonrisa se convierte en una carcajada. Saki escribe bien, eso es indiscutible, describe con precisión el mundo que narra, nos hace pasar un buen rato, pero cada vez que terminamos un relato no nos deja (al menos a mí) con las ganas de seguir leyendo la próxima historia. Símil futbolístico para el sector garrafón de lectores: Saki regatea en el centro del campo, pero no define.

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No hijo no

One Day You’ll Dance For Me, New York City
Thomas Dybdahl

He escuchado este disco porque leí una crítica en la que comparaban a Thomas Dybdahl (vaya nombrecito) con Antony, de Antony and The Johnsons. El que no conozca a Antony and The Johnsons haría mejor en dejar de leer blogs y correr a comprarse cualquiera de sus discos, de los que algún día haré una crítica si consigo encontrar palabras que estén a la altura de las circunstancias.

Dicho esto, vamos a lo que nos ocupa. El disco de Thomas Dybdah (al que llamaré Thomas de ahora en adelante, porque escribir el apellido me lleva media hora) tiene un cierto aire, es cierto, al estilo de Antony and The Jonhsons. En algunos momentos, incluso parece que va a remontar el vuelo y conseguir algo digno de mención. Pero tener un cierto aire no quiere decir que jueguen en la misma liga. Hay quien dice que yo me doy un aire a John Malkovich, y desde luego yo no me atrevería a interpretar Las Amistades Peligrosas. Pues eso mismo. Thomas hace canciones aburridas (no lentas), fúnebres (no melancólicas), raras por su desestructuración (no por su interpretación), y las canta con una voz grave que las hace todavía más fúnebres. El abuso del Harmmond no viene más que a rematar la faena.

Pues no hijo no. Ese no es el camino. Demasiada desgracia hay ya en el mundo como para contemplarlas todas con este disco como banda sonora. Te dan ganas de meter la cabeza en la pecera y apagar el oxígeno. Pero no por lo triste, sino por lo monótono.

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Más miedo que risa

American Dreamz: Salto a la fama
Dirigida por Paul Weitz

Con Hugh Grant, Dennis Quaid y Willem Dafoe
American Dreamz: Salto a la fama

Se supone que esto es una comedia, pero la verdad es que risa da más bien poca. Hay algún golpe bueno, pero en general los chistes son demasiado obvios, y los personajes están demasiado caricaturizados. Y es una pena, porque el tema prometía mucho. Como dice el propio cartel de la película, EEUU es un país donde “la gente vota más para elegir a una estrella del pop que para elegir a su presidente”. Eso mismo, por cierto, podría aplicarse a España en determinados segmentos de edad. Y ese es el punto de partida: una trama que mezcla un concurso tipo “Operación Triunfo” con una conspiración terrorista para asesinar al presidente de los EEUU, a quien el espectador no tiene ninguna dificultad para identificar con el presidente actual de ese país.

Así que los ingredientes son buenos: programas de TV que fabrican estrellas, terrorismo fundamentalista, alta política… todo mezclado y tratado con un tono de sátira ácida. El problema es que el resultado final ni es satírico ni es ácido. Es simplón y evidente. La película se deja ver porque está razonablemente bien hecha y porque los actores son buenos, pero yo he mirado la hora varias veces y los últimos 20 minutos los he visto ya por una cuestión de honor personal, más que por interés en saber cómo terminaba la historia.

Sinceramente, la película da más miedo que risa. Porque, a pesar de los chistes burdos (o precisamente gracias a ellos, que hacen que el espectador se concentre más en la historia y menos en las bromas), el mensaje que nos manda la película es aterrador: estamos gobernados por personajes fabricados mediáticamente a medida para que nos gusten, elegimos a nuestros propios ídolos (igualmente fabricados para que los elijamos), y al final lo único que nos importa es nuestra propia casa, nuestra propia vida, y que la tele nos entretenga cuando las cosas se ponen feas. Vista así, la película da que pensar. Pero, como también queda claro en la propia película, ¿quién quiere pararse a pensar cuando puede sentarse delante de la tele a elegir quién gana un concurso para convertirse en una estrella del pop? Os dejo, que van a poner el resumen del casting de la nueva temporada de OT.

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Lírica salvaje

Mi hermano el alcalde
Fernando Vallejo

Editorial Punto de Lectura

A mí me gusta Fernando Vallejo. Y me gusta porque, además de ser el autor de esta novela, también es el autor de la deliciosa “La Virgen de los Sicarios”, y la verdad es que desde que leí esa preciosidad me hice amigo literario de Vallejo. Digo esto porque cuando uno se lee una novela de un autor que le gusta, hay una predisposición a encontrar virtudes y méritos, y por lo tanto es muy posible que eso mismo me haya pasado a mí con esta novela. Si tuviera que leerme, por ejemplo, una novela de García Márquez otro gallo nos cantaría, porque a pesar de toda su fama a mí no me gusta nada. Ojo, no confundir: digo “no me gusta”, no digo “escribe mal”. García Márquez escribe fenomenalmente, de la misma manera que Plácido Domingo canta fenomenalmente, pero a mí no me gusta la ópera.

Y aprovechando la digresión, caigo en la cuenta de que en realidad la mayoría de los escritores sudamericanos que he leído no me gustan. De hecho, sólo me han gustado dos: el genial Roberto Bolaño (genial en los relatos, para mi gusto, porque para las novelas no estoy a la altura), y el propio Fernando Vallejo. En el caso de Vallejo, además, también le tengo una sincera y malsana envidia (la única envidia verdadera) porque no deja de admirarme su capacidad para tratar temas más o menos escabrosos y usar palabras más o menos malsonantes y conseguir, a pesar de todo, que sus historias parezcan pura poesía. Porque desde luego las novelas de Vallejo no son para alumnas de las Teresianas (o sí, que vete tú a saber cómo están las Teresianas ahora). La homosexualidad y la pederastia campan por sus fueros en las hojas de “Mi hermano el alcalde”, como también lo hacían en “La Virgen de los Sicarios”, pero en ninguno de los dos casos son los temas principales de la historia (a pesar de lo que pueda parecer en “La Virgen…”) sino que son sólo un elemento más del complejo y rico decorado que sirve de fondo a la prosa florida y festiva de Fernando Vallejo.

En “Mi hermano el alcalde” el tema principal es, por encima de todo, Colombia. Colombia y la democracia, Colombia y los colombianos, Colombia y los narcos, Colombia y la pobreza. Vallejo vuelve a describir su país produciendo un efecto contradictorio: lo descrito es, sin duda, francamente deprimente, pero sin embargo el tono de la novela lleva la historia hacia lo festivo. Ya he dicho que la prosa es florida y festiva, y en algunos casos es incluso excesiva (especialmente en las enumeraciones, que se hacen eternas), pero el resultado final es un optimismo sin límites que atraviesa la obra de punta a punta y que se contagia al lector. Dan ganas de irse a Colombia en cuanto se pasa la última página, aunque sea para que nos peguen un tiro, o nos estafen, o nos despeñen por un barranco. Porque todo, hasta los tiros y las estafas y los barrancos, parecen preciosos en las novelas de Vallejo.

Vaya por delante que a mí me gustó más “La Virgen de los Sicarios”, que me pareció una historia preciosa donde lo sórdido se mezcla con lo divino en un magistral ejercicio de estilo. En esta ocasión, la campaña electoral para la alcaldía de un pequeño pueblo del interior de Colombia es el hilo conductor que nos lleva por veredas y montes y nos lanza en los brazos de caciques, narcos, guerrilleros, paramilitares, y campesinos míseros que venden sus votos al mejor postor. No es esta una novela de personajes, y de hecho todos ellos se limitan a formar parte de un gran coro de fondo del que es difícil destacar a uno, ni siquiera al propio alcalde, pero quién necesita un personaje cuando la protagonista absoluta de esta novela es la compleja Colombia. Que además, bajo la pluma de Vallejo, parece tan prodigiosa como la más mágica de las realidades que han creado, al margen de la realidad, tantos otros autores sudamericanos. La realidad, siempre, supera a la ficción, todos lo sabemos. Los autores mediocres se empeñan en demostrar lo contrario. Los buenos autores, se rinden a la evidencia y se limitan a ponernos un buen vino para acompañarla.

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No sólo los EEUU pueden salvar al mundo

Tiempo de valientes
Dirigida por Damián Szifron

Con Diego Peretti y Luis Luque
Tiempo de valientes

¿Y qué digo yo de esta película? Qué sensación más rara me ha dejado… A ver, vayamos por partes. Estos argentinos son la pera. Y esta película es la repera. El planteamiento es a la par original y atrevido. La historia podría ser el argumento de una superproducción de Hollywood, una intriga sobre el tráfico de material nuclear que involucra a la policía y a los servicios de inteligencia argentinos, y el tratamiento no busca bajar el nivel con personajes ruines o incluso patéticos, como suelen hacer, por ejemplo, nuestros queridos cineastas patrios. Junto a esta trama principal de pura acción, tenemos una segunda trama “de sentimientos”, porque a los dos protagonistas los engañan sus respectivas mujeres, y ambos lo descubren casi al mismo tiempo. La crisis de los cuarenta está servida.

Así que tenemos una historia ambiciosa, que podría estar producida por Spielberg y protagonizada por Tom Hanks y Al Pacino, pero también tenemos una segunda historia menos profunda que lleva la película hacia una vertiente más cómica de la que, poco a poco, se va contagiando la historia principal. La producción, por otra parte, no cuenta con muchos recursos (o, si cuenta con ellos, lo disimula muy bien). El montaje es un poco casero, y algunas tomas parecen rodadas con el cinexín, pero sorprendentemente eso no afecta al resultado final. Al contrario, yo diría que ayuda a construir ese ambiente de cotideanidad, de que realmente estamos viendo a un policía argentino y a un psicólogo (también argentino, qué miedito) que se ven involucrados en un asunto de máximo nivel sin comerlo ni beberlo. Y es como si el productor, el director y los cámaras, también se hubieran visto sorprendidos, como si ellos hubieran venido a filmar un cortometraje sobre puentes colgantes y de repente tuvieran que perseguir por toda la ciudad a dos personajes desbocados.

Y entonces, ¿qué digo de esta película? Pues que me ha dejado confundido, como a Dinio. Recuerdo algunos momentos francamente buenos, pero el ritmo se rompe demasiadas veces. El final, por ejemplo, es interminable. Me gusta la apuesta por hacer cine “de verdad”, con una trama de nivel, sin complejos ante las grandes películas americanas. En España tengo la sensación de que nos acobardamos a la hora de plantear guiones como este, porque pensamos que vamos a hacer el ridículo. Estos tíos lo han intentado y les ha salido una película bastante digna, aunque un presupuesto un poco mayor no les habría venido nada mal. Le pongo un 5 porque tiene cosas de 8 y otras cosas de 2. Pero aplaudo el intento.

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