No hijo no

One Day You’ll Dance For Me, New York City
Thomas Dybdahl

He escuchado este disco porque leí una crítica en la que comparaban a Thomas Dybdahl (vaya nombrecito) con Antony, de Antony and The Johnsons. El que no conozca a Antony and The Johnsons haría mejor en dejar de leer blogs y correr a comprarse cualquiera de sus discos, de los que algún día haré una crítica si consigo encontrar palabras que estén a la altura de las circunstancias.

Dicho esto, vamos a lo que nos ocupa. El disco de Thomas Dybdah (al que llamaré Thomas de ahora en adelante, porque escribir el apellido me lleva media hora) tiene un cierto aire, es cierto, al estilo de Antony and The Jonhsons. En algunos momentos, incluso parece que va a remontar el vuelo y conseguir algo digno de mención. Pero tener un cierto aire no quiere decir que jueguen en la misma liga. Hay quien dice que yo me doy un aire a John Malkovich, y desde luego yo no me atrevería a interpretar Las Amistades Peligrosas. Pues eso mismo. Thomas hace canciones aburridas (no lentas), fúnebres (no melancólicas), raras por su desestructuración (no por su interpretación), y las canta con una voz grave que las hace todavía más fúnebres. El abuso del Harmmond no viene más que a rematar la faena.

Pues no hijo no. Ese no es el camino. Demasiada desgracia hay ya en el mundo como para contemplarlas todas con este disco como banda sonora. Te dan ganas de meter la cabeza en la pecera y apagar el oxígeno. Pero no por lo triste, sino por lo monótono.

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