United 93
Dirigida por Paul Greengrass
Con Christian Clemenson, Trish Gates, Polly Gates
Fantástica película (documental, en realidad, o una cosa híbrida). Sea lo que sea, es una experiencia impactante. Muy impactante. Son muchas cosas: lo bien narrada que está la historia, la calidad de los actores (una vez más, la panda de mediocridades que pululan por las pantallas patrias deberían retirarse avergonzados de la profesión viendo el talento de cualquiera de los secundarios o terciarios de una película americana), pero sobre todo es la sensación de realidad absoluta. A los cinco minutos te has olvidado de que estás viendo una película, y es como si alguien se hubiera colado con una cámara en las salas de control aéreo y en el avión United 93 aquel 11 de septiembre. Y, por muchas veces que hayamos escuchado la historia (y la hemos escuchado muuuuchas), por mucho que sepamos lo que va a suceder, en “United 93″ uno tiene la sensación de estar viéndolo por primera vez.
La película tiene dos partes, y el planteamiento (y el resultado) son bastante diferentes. Durante la primera parte, el vuelo United 93 es un personaje secundario, casi del coro. La historia se enfoca en los centros de control de tráfico aéreo de Boston, Nueva York, en el centro de coordinación de la costa Este, y en un centro de operaciones del ejército. Y el día comienza. Un día normal, el sol sale por el mismo sitio, el cielo está tan azul como siempre, la gente viaja, los empleados de esos centros de operaciones llegan a sus puestos de trabajo, toman sus cafés, charlan, todo el mundo empieza el día como empezó el día anterior y hace planes pensando, como todos pensamos cada día, que no vamos a morirnos nunca. Y mucho menos ese mismo día.
Vivimos los acontecimientos junto a esas personas encargadas de regular el tráfico aéreo, y asistimos con ellos a las anomalías que van apareciendo cuando la mañana no ha hecho más que empezar. Vemos cómo todo el mundo tarda en reaccionar, porque nadie (ni ellos ni nosotros) quiere alarmarse antes de tiempo. Estamos acostumbrados a que todo tenga una explicación lógica, y nadie quiere ser tachado de catastrofista. Así que primero un avión pierde la comunicación con el centro de Boston. Después cambia de rumbo sin avisar. Intentan recuperar la comunicación, pero es como si en el avión hubieran apagado el transpondedor. Aparecen las primeras hipótesis que apuntan a un secuestro (al principio la gente se lo toma casi como algo “excitante”, una novedad inesperada que puede hacer que el día sea diferente, y que podrán a contar a sus nietos). El avión desaparece del radar cuando llega a NY, y todo el mundo se pregunta adónde narices se habrá ido. Preguntas, incertidumbre, empieza el nerviosismo. Alguien dice que en la tele están hablando de una explosión en el World Trade Center. Al principio nadie lo relaciona con el avión desaparecido, pero pronto los problemas empiezan a multiplicarse. Un segundo avión pierde la comunicación, y después un tercero. Y nosotros, como espectadores, sentimos crecer la angustia al mismo tiempo que los personajes. Vemos cómo el segundo avión también desaparece del radar al llegar a NY y contemplamos el choque contra la segunda torre. Tenemos pánico. Ya sabemos lo que pasó, pero aun así tenemos pánico. ¿Qué está pasando? ¿Cuántos aviones más van a estrellarse? ¿Van a volar la Casa Blanca, el Capitolio, el Pentágono? ¿Y qué más? ¿Van a arrasar EEUU con decenas, o quizás cientos de aviones secuestrados?
La segunda parte de la película cambia el foco de atención y lo sitúa en el interior del vuelo United 93, el último avión que se estrelló, y nos cuenta cómo fueron los últimos minutos de los pasajeros de ese vuelo. Supongo que en este caso la mayoría de los hechos son una pura hipótesis, y da la impresión de que se han dejado llevar un poco por el lado “heroico” de la historia. Tal vez las cosas sucedieron así, tal vez no. Pero el caso es que esta parte de la película resulta demasiado… peliculera. No es que sea mala, o aburrida, pero después del puñetazo de realidad que supone la primera parte, la segunda se ve con más distancia. Uno nota que está viendo una película.
A pesar de eso, el resultado global es demoledor. Hacía mucho tiempo que no sentía la angustia que he sentido viendo la primera hora de “United 93″. Angustia, miedo, pánico. El mundo cambió el 11-S, y el cambio no ha terminado. Resulta escalofriante ver lo que pasó aquel día tal y como lo vieron los protagonistas directos. Da miedo comprobar lo frágil que es la vida que creemos tan sólida, tan imperturbable. El mundo cambió en apenas 2 horas. Y después de ver esta película, uno tiene la sensación de que tuvimos suerte. De que pudo ser mucho peor. Como decía antes, y a pesar de que uno ya sabe cómo terminó todo, hay momentos en la película en los que te preguntas: ¿está empezando la tercera guerra mundial? ¿Qué va a pasar? ¿Se ha terminado el mundo, tal y como lo conocíamos? Y lo peor es que no hay respuestas. Los acontecimientos se suceden y a veces da la sensación de que ya no se van a parar, que tal vez al día siguiente tengamos que coger un fusil (o una piedra o una sartén) y defender nuestra vida como podamos. Si podemos. Y la angustia ya no desaparece. “United 93″ puede verse como una película, como un documental, o como un testimonio histórico. Y de cualquiera de esas maneras, resulta imprescindible.
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