Leo hoy en el Babelia (suplemento pseudocultural del Pravda, en el que se alaban los libros de Alfaguara, las películas de Sogecine y el distinguido porte de Polanco, esto último con toda justicia), al respecto de una novela que al parecer está causando sensación en Rusia:
“…panorama colorido y despiadado de los 20 últimos años de la historia rusa. Algunos críticos lo han comparado con León Tolstói [sic] y su Guerra y Paz, mientras otros consideran la novela un simple panfleto“.
A ver: entre “Guerra y Paz” y “un simple panfleto” digo yo que hay una notable diferencia. Sería como decirle a alguien que te has comprado un coche, y que para que se haga una idea es un coche que podría compararse a un Ferrari Testarossa, o también a un Renault Twingo. En este ejemplo, al menos, ambos vehículos tiene 2 puertas. Por algo se empieza. Pero a lo que vamos: ¿cómo es posible que algunos críticos crean que la novela en cuestión es una nueva obra maestra de la Literatura mientras otros creen que, como mucho, podría hacerse un buzoneo con ella?
Supongo que cuando pase el tiempo una de las dos escuelas de pensamiento ganará, como pasa siempre, y, o bien las generaciones futuras estudiarán esta obra como hoy estudiamos “Guerra y Paz”, o por el contrario jamás se volverá a oír hablar de este pollo (que, por cierto, se llama Maxim Kantor, y la novela de la polémica “Lecciones de dibujo”) y sus familiares recordarán con nostalgia los 15 minutos de gloria que ahora están disfrutando. ¿Quién puede saberlo? Los críticos parece que no, y eso que se supone que a ellos les pagan para que lo sepan. Cómo está el patio.





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