OT V: empieza el (lamentable) espectáculo

Hay que ver, todos los años igual, después de agosto viene septiembre, y después de OT IV llega OT V. Siempre he dicho que sería más divertido que el 1 de enero se sorteara el orden de los meses para el año que empieza, y que al principio de cada semana se hiciera lo mismo con los días (¡qué puntazo que cuando ya estás preparado para ir a currar te digan que ha salido sábado!). Esto también me lleva a decir que la sucesión al trono debería hacerse por sorteo entre todos los hijos del rey, porque de la misma manera que no se debe discriminar por razón de sexo no entiendo por qué nos debe parecer bien la discriminación por razón de tiempo. Digo esto, también, desde mi condición de hermano menor. Menos mal que mi padre no es el rey, porque si no me iba a pillar un rebote…

Pero no divaguemos más, o sí, o quién sabe. El caso es que llevo unos días viendo los castings de OT y empiezo a ver algunas cosas interesantes. La primera es que se nota mucho que estamos viendo las sobras de otras ediciones. Aquí hay mucho tarugo resabiado que todavía tiene pegamento en la camiseta de las etiquetas de los castings de otros años. Vienen con cara de inocente pero se nota que ya saben dónde se hace la cola, quién reparte las pegatinas, saludan a la Galera como si fueran colegas del instituto… Y digo yo: qué pena más grande volver a presentarte para que se te vuelvan a fumigar, para que te vuelvan a decir lo del perfil, que si no eres lo que buscamos, que si cantas como una nutria con resaca, que si gracias, majo, si acaso ya te llamaremos… Si esta gente pusiera la misma constancia en preparar oposiciones, ya serían todos notarios. Ahí dejo la idea por si alguno quiere aprovecharla.

Dicho esto, he visto algunos items que me han llamado la atención: primero, una gallega que cantó con su madre. Momento emotivo donde los haya, que hizo llorar incluso a la propia Galera, que con la barbilla temblorosa tiene un morbo que no os podéis imaginar. Sí, vale, soy un enfermo y un guarro, qué le vamos a hacer. Segundo, he visto también a un argentino que, a pesar de serlo, no parecía espeso y trascendental. Cantaba bien y era muy animado. Me he quedado con su cara. Y finalmente, hoy he visto a una tía llamada Sarai que canta como Aretha Franklin, y no lo digo de coña. Sólo la ha fastidiado cuando ha hecho el típico discurso de “yo no soy mona, no estoy buena… el mundo me ha hecho así”. Pero tía, ¿todavía no te das cuenta de que OT se hace a base de cuadrar todas las cuotas sobre minorías oprimidas? Número de hombres igual a número de mujeres, cuota proporcional de inmigrantes, cuota proporcional de gays (al loro este año con las duchas de la academia, que vamos a ver más de un gusano loco al ritmo del pluma-pluma-gay de los rumanos)… sólo están infra-representados las tías feas y los mortadelos, porque no los representa ninguna asociación.

Los tres han pasado a la final, o a octavos, no estoy seguro de dónde estamos porque esto no es como la Champions que te explican al principio el sistema de competición. En OT, salvo los repetidores de otros años, nadie sabe cuántas pruebas faltan. Y eso sin contar que en cualquier momento puede venir el sensei desde Miami y decirle a uno: tú, para adentro. Y la Galera puede decirle a otro: me cago en tus muelas. Y así todo, esto es una lotería, y si no, no hay más que preguntarle a cualquiera de los miles de rechazados, que lloran amargamente ante las cámaras de Telecinco y claman justicia. “No entiendo lo que buscan”, suelen decir. “En diez segundos es imposible que sepan si valgo o no”, es otra de las frases preferidas. Curiosamente no he escuchado decir a ninguno: “a lo mejor canto mal”. Y eso que a algunos se los han llevado en un coche zeta después de que la meretérica fuera avisada por los vecinos. Pero los seres humanos somos asín, todos menos el sensei, claro, que ha venido a la Tierra con una misión, y cuando descubramos cuál es esto ya puede ser la leche. Seguiremos informando si el espíriu de Espartaco nos da fuerzas.

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