Archivos del Mes para October, 2006

Mejor cuanto más irlandés seas

Compilation 1973 – 2002
John Tams

John Tams - Compilation 1973-2002La música folk, que a mí en general me gusta poco, suele requerir un cierto tiempo de adaptación del oyente. No digo que haga falta crecer en la tierra y escucharla desde pequeñito, pero casi, porque si no es difícil apreciar la parte sentimental, nostálgica, que todas estas músicas contienen. Por eso no puedo decir que John Tams me haya entusiasmado, porque no soy irlandés ni nada que se le parezca, pero no dejo de reconocer que este disco suena bien. Y hasta ahí puedo leer. Tal vez, y digo sólo tal vez, si me pusiera a escucharlo 100 veces acabaría entusiasmándome, pero probablemente también me acabaría volviendo pelirrojo y amante del whisky, y eso ya sería excesivo.

Post to Twitter Enviar a Twitter Post to Facebook Colgar en Facebook


 


 

Una preciosidad

Black Cadillac
Rosanne Cash

Rosanne Cash - Black Cadillac

Rosanne Cash es hija del celebérrimo Johnny Cash, y precisamente Johnny Cash murió poco antes de que Rosanne se pusiera a componer este nuevo disco titulado “Black Cadillac”. En los dos años que pasaron entre su anterior álbum y éste, Rosanne Cash perdió también a su madre y a su madrastra, y por eso todo el disco está atravesado por un toque de melancolía, de dulce pena, la pena que acompaña a los recuerdos agradables de aquellas personas a las que se quiere (se quiso) mucho. Johnny Cash puede estar orgulloso del regalo póstumo que le hace su hija, porque “Black Cadillac” es un disco precioso. Cálido, sentimental, pero no triste ni deprimente. Suave, delicioso, como si Rosanne lo estuviera cantando en la habitación de al lado, acompañándose sólo de un piano, una de las guitarras de su padre, y elegantes toques de batería que apenas se escuchan.

Hay canciones, como la propia “Black Cadillac”, que te traspasan como un escalofrío cuando sobre la melodía delicada aparecen frases como one of us gets to go to heaven, one has to stay here in hell (uno de nosotros tiene que irse al cielo, otro tiene que quedarse aquí en el infierno), pero ni siquiera en esos momentos hay sensación de tristeza, mucho menos de desesperación. Es una despedida, desde luego, y como todas las despedidas deja un sabor algo amargo, pero el resultado final es deslumbrante. Porque inmediatamente después llega “Radio operator”, por ejemplo, para llevarnos de nuevo al lado brillante de la vida, y cuando terminamos de escuchar “God is in the roses” uno ya cree que puede ser cierto, que Dios realmente puede estar en las rosas. Y la música sigue con “The world unseen”, o “Dreams are not my home”, y “Like a wave”, y poco a poco todo se vuelve intenso, brillante, y la nostalgia ya nos tiene prisioneros, pero Rosanne Cash sigue cantando y, aunque uno no sabría decir muy bien cómo es posible, por primera vez una despedida resulta algo así como acogedora. Un lugar donde uno querría quedarse un poco más. Sólo un poco más. Porque Rosanne Cash hace que recordar sea sólo uno de los muchos momentos deliciosos que puede tener la vida.

Post to Twitter Enviar a Twitter Post to Facebook Colgar en Facebook


 


 

Si naces elegante, del cielo te cae el esmoquin

12 Songs
Neil Diamond

Neil Diamong - 12 Songs

Neil Diamond tiene clase para exportar a Alemania, montar un almacén en Wisconsin, y quedarse todavía con 2 camiones para su uso personal. La ha tenido toda su vida, desde el mítico “Sweet Caroline” (pa-pa-pa, good times never seemed so good), hasta estas “12 Songs” que suenan al Neil Diamond de toda la vida como si cada disco que saca fuera una prolongación del anterior. Es, en ese sentido, una apuesta segura. Si te gusta Neil Diamond, te encantarán todos sus discos. Si no te gusta Neil Diamond, ahórrate el esfuerzo (y el dinero).

Como siempre, todas las canciones del disco suenan a la banda sonora “marca de la casa”, y se escuchan de fondo como un acompañamiento de primera clase en cualquier momento. Aunque, es cierto, quedan mejor si uno lleva un traje con la camisa ligeramente desabrochada, la corbata floja, y paladea un whisky de 12 años mientras contempla el atardecer desde la terraza de su mansión. A falta de eso, unos vaqueros con una cerveza en la azotea también pueden hacer un apaño.

Y en medio de esa música consistente y elegante, aparecen aquí y allá pequeñas joyas que poco a poco van sonando a clásicos gloriosos. “Save me a saturday night”, por ejemplo, o “What’s it gonna be”, o sobre todo “Hell, yeah”, una canción que ha estado a punto de hacer que me vuelva a la playa a escribir porque la primera vez que la escuché estaba justamente recogiendo los trastos para abandonar mi chiringuito y volver al mundanal ruido, y al escucharla se me puso la gallina de piel y empecé a pensar que tal vez lo de San Pablo sucedió realmente. Porque si esta letra, en la situación que acabo de describir, no es premonitoria, que venga Dios y lo vea:


Time is all we’ll ever need (Tiempo es todo lo que necesitaremos)
But it’s gotta have a meaning (Pero tiene que tener significado)
You be careful how it’s spent (Piensa bien cómo lo gastas)
Cause it isn’t going to last (Porque no va a durar mucho)

Y yo metiendo cosas en las cajas, y pensando: hala, a currar otra vez, a pasar el tiempo haciendo chorradas… Despídete de los paseos por la playa, de las mañanas tranquilas, de las noches laaargas leyendo… Y entonces escuchaba esto otro:

I’ve been living in a bowl (He estado viviendo en una pecera)
With a lot of people staring (Con un montón de gente mirando)
With my feet on shaky ground (Con los pies sobre arenas movedizas)
And my head up in the sky (Y la cabeza mirando al cielo)

Total, que no sé cómo pude acabar de empaquetar. El único consuelo que me queda ahora cuando me da el bajón, es seguir escuchando “Hell, yeah” y, con el permiso de Neil, berrear junto a él como un coyote en celo la parte que dice:

Hell yeah you will (Demonios, sí, lo harás)
You’re gonna be okay (Vas a estar bien)
And you might get lost (Y podrías perderte)
But then you’ll find a way (Pero encontrarás una salida)

El caso es que “Hell, yeah” ya se ha convertido en un himno que escucho una y otra vez con el traje ligeramente desabrochado, la corbata floja, etc, etc. No, la mansión todavía no la tengo. Pero gracias a Neil Diamond y a este estupendo disco, la elegancia me sale por todos los poros de mi cuerpo.

Post to Twitter Enviar a Twitter Post to Facebook Colgar en Facebook


 


 

No puedo, no puedo

Los excluidos
Elfriede Jelinek

DeBolsillo

Hace tiempo que dejé de seguir ese absurdo impulso de terminar todo lo que empiezo. Y desde entonces no dejo de (i) preguntarme por qué lo seguí durante tanto tiempo y (ii) arrepentirme por todo el tiempo que perdí terminando cosas estúpidas. A pesar de eso, veo que mucha gente todavía se aferra a esa especie de “sentido del deber”, que dice que dejar cosas a medias es de débiles de espíritu. Pues bien, pues vale. Yo valoro demasiado el (poco) tiempo que tenemos para pasar por este valle de lágrimas como para desperdiciarlo con, en el tema que nos ocupa, libros que no me dicen nada.

Y allá vamos. También en algún momento decidí que antes de descartar un libro me leería, al menos, las 50 primeras páginas. No es una regla rígida. Depende del tamaño de la página y del tipo de letra, pero en general intento cumplir con esa regla. No soy de los que creen que un libro tiene que atraparte en la primera frase, ni siquiera en la primera página, ni siquierísima en el primer capítulo. Pero todo tiene un límite. Si después de 50 páginas el autor todavía no ha dicho nada que me interese, tal vez eso sea un indicio de que nos interesan cosas distintas. Así que él se queda con su libro y yo me quedo con mi tiempo. Es un trato justo. Así pues, y una vez aclarado mi intrincado proceso de lectura en este eterno prólogo, diré (por si alguien no se lo ha olido todavía) que “Los excluidos” no ha pasado el corte de las 50 primeras páginas. De hecho, lo dejé en la página 25. Para completar el cupo de las 50, leí 5 o 10 páginas más abriendo el libro al azar por varios puntos. Nada. Lo mismo. ¿Y qué es “lo mismo”? Continuamos para bingo.

“Los excluidos” es una mezcla de “La naranja mecánica” y “El Club de la Lucha”, narrada por Tarantino después de su clase semanal de karate-total. Esta valoración hay que tomársela, como ya he aclarado, con cierta prevención, puesto que la hace alguien que se ha leído algo así como el 20% del libro. Un 20% que, obviamente, no me ha gustado. Los protagonistas son 4 jóvenes que viven a finales de los años 50 en Viena. Son unos macarras de la época, supongo: dan palizas, despotrican de todo… pero eso sí: con ideales. Reflexiones existencialistas aquí y allá alivian las descripciones cuasi-quirúrjicas de sus hazañas pugilísticas. A mí no me han interesado ni las unas ni las otras. Y el estilo es, cuando menos, molesto. ¿Por qué parece “demodé” escribir con los puntos en su sitio, las líneas de diálogo con guiones, y sin abusar de los paréntesis/corchetes/llaves? Yo, a todos estos, los castigaba obligándoles a leerse 100 veces “Ana Karenina”. Aunque debo decir que no me extrañaría nada que Jelinek ya lo haya hecho, y a pesar de eso haya decidido usar ese estilo tan (para mí) esnob. Porque, ya que en la última entrada hablábamos del Nobel que acaba de recibir Pamuk, es conveniente recordar que Jelinek también tiene un Nobel (2004), así que no estamos hablando de una concursante de Gran Hermano precisamente…

Nada más. Seguro que la novela es buena, seguro que la novelista es buenísima, seguro que retrata con viveza y audacia los ideales convulsos de una juventud desorientada en la Europa de mitad de siglo, pero a mí “Los exlcuidos” no me ha interesado nada. Qué le vamos a hacer.

Post to Twitter Enviar a Twitter Post to Facebook Colgar en Facebook


 


 

Orhan Pamuk recibe el Premio Nobel de Literatura

Orhan PamukPues eso. Para el que no lo conozca, Orhan Pamuk es un pedazo de escritor turco con una larga trayectoria en la que, hasta donde yo conozco, no hay altibajos. Yo me he leído “La casa del silencio”, “El libro negro” y “Me llamo Rojo”, y las tres me han parecido muy buenas. En concreto, “El libro negro” es extraordinaria, pero ya digo que cualquier obra suya es francamente recomendable. Como ahora se pondrá de moda y las librerías se llenarán de sus novelas, ya no hay excusa para no “probarlo”. Yo celebraré el Nobel leyéndome otro libro suyo que acaba de regalarme mi amigo Bülent, y que se titula “Estambul – Ciudad y recuerdos” (no es novela, es un ensayo sobre la ciudad mezclado con una especie de autobiografía de Pamuk).

Por si queréis saber más sobre la noticia, El Mundo informa sobre el asunto aquí.

Post to Twitter Enviar a Twitter Post to Facebook Colgar en Facebook


 


 

Es correcto, Elvis

The river in reverse
Elvis Costello y Allen Toussaint

Elvis Costello - The river in reverse

Disco editado a raíz del huracán que asoló Nueva Orleans y que dejó la ciudad como un solar. Costello y Toussaint se reúnen, cantan unas canciones y se van. ¿Algún problema? Ninguno. Esos dos no tocarían mal ni aunque se entrenaran seis meses para hacerlo. Calidad, estilo inconfundible, producción impecable. Un disco correcto, un disco de Elvis Costello. ¿Puedo decir algo más? Pues no. Para bien o para mal (aunque aclaro que es más lo primero que lo segundo) este disco suena a disco ya escuchado. Si Elvis Costello viniera a cenar a mi casa, como hacen tantos y tantos cantantes e intelectuales de primera fila, y me preguntara qué me ha parecido su último disco, sólo podría decirle: “Es correcto, Elvis”. Y le pondría una cerveza.

Post to Twitter Enviar a Twitter Post to Facebook Colgar en Facebook


 


 

OT – Este año va a ser una tortura

Pues sí, este año va a ser un dolor de muelas. La mayoría de los triunfitos son muy malos, y los pocos que no desafinan no pasarían un corte ni con Juan de OT-1. La gala ha sido lamentable, con un tufo a karaoke de Alkorkón que no se podía aguantar. Todo el mundo en plan: “voy a lucirme con los colegas, que soy el más enrollao del bloque”. Sueltos, muy sueltos, pero berreando como perros. Veo, no obstante, una incorporación prometedora en el jurado, un tal Cristo que es creativo publicitario (???) y que tiene un aire entre atormentado y chulo merendero, como si estuviera pensando: “no sé si suicidarme o cepillarme a todas las periquitas del programa”. Me gusta. Cuando se decida ante ese dilema interior podemos tener un fenómeno mediático. Este tío tiene futuro, y creo que este año la Galera no estará tan sola para nominar, ni para pasar las largas noches de invierno.


En la foto, uno de los momentos de la gala de hoy. Se respira profesionalidad por los cuatro costados.

Bueno, los malos tragos a pasarlos pronto. Vamos con la gala. Este año, para compensar la falta de calidad, han aumentado la cantidad. Tenemos que fumigarnos a 18 pimpollos, y teniendo en cuenta que no hay más de 5 que canten mejor que yo en la ducha, esto va a ser interminable. Así que lo dicho. Vamos allá.

- Claritzel: yo, la verdad, me cambiaría el nombre. A mí me recuerda más a los anuncios clasificados de La Vanguardia que a una cantante de éxito. También a una asistente de la bruja Lola. En cualquier caso no hay que preocuparse mucho porque esta no pasa el corte ni de coña. A la Hiena me remito.

- Moritz: otro con nombrecito raro. Insisto en lo del efecto Mari Carmen. Pero hete aquí que veo a Moritz al piano, y se me viene a la memoria como en diapositivas el debut del ínclito Naim Thomas, y me siento rejuvenecer porque las diapositivas incluyen al Lozano, a Bisbal, a Juan de OT-1… ¡Ah, qué tiempos! Aquello sí que eran nominaciones. En fin, aunque sólo sea por eso, que pase Moritz.


Me echas de menos, ¿eh, ladrón?, que te he robado el corazón

- Eva: como quiero mantener mi proverbial imparcialidad, que ya quedó demostrada en ediciones anteriores con el propio Naim y con el Caniche Ulises, voy a dejar claro desde ahora mismo que si se calzan a Eva dejo de escribir el blog hoy mismo. Esta chica tiene una voz preciosa y la quiero en la final. Quedas avisada, Galera.

- Ismael: hala, otro superespecial de la muerte. Qué cansino, de verdad. Venga, majete, canta rápido y vete a casita, que tenemos cosas mejores que hacer. Aunque no sepamos cuáles.

- Daniel: atención, tenemos el primer gallo de la temporada en la Condomina. Pi-piii-pii-pi-piiii, ¡gallo, gallo en la Condomina! Dios, Daniel, descansa un rato. Silba, tararea, date un respiro, por favor te lo pido… deja de torturarnos. La verdad es que el cabr*n desafina con ganas, pero aquí me tengo que jugar la carta Pilarica y encomendarme nuevamente a la Hiena, pero en este caso para conseguir que lo salve. Zaragoza necesita un ídolo después de Pedro de Gran Hermano.


Hola, soy Daniel y este es mi campeón

- Cristina: esta chica tiene una boca que parece un buzón, y canta muy, muy mal. Así que como de música no vamos a hablar, vamos a hablar de lo de la boca como un buzón. Porque se me vienen a la cabeza algunas cosas que… ah, no, espera, que tiene 16 años. No podemos hablar de ella. Una pena, porque había encontrado unas imágenes en el google que estoy seguro de que iban a resultar mucho más interesantes que el ladrillo de gala que nos estamos chupando… eh, que no, que de verdad que no lo he dicho con segunda intención. Está bien esto de ser menor para unas cosas, pero no para hincharte a ganar pasta si ganas un concurso, ni para ser superespecial de la muerte. Qué cosas…

- Mayte: bueno, pues ya sabemos a quién tiene enfilada la de estilismo este año. Pobre chica, la han vestido con la última colección de Jean François Delapierre para Whiskerías La Portuguesa. Pues nada, si ella se encuentra atractiva que sigan por esa línea, y en un par de galas la veremos con medias de malla y liguero. Tampoco nos quejaríamos, eh, que conste. De su interpretación, como con la de antes, mejor ni hablamos.


Esta es la sede de la prestigiosa casa de modas de Jean François Delapierre, proveedor habitual de OT que ya vistió a Chenoa en 2 galas durante la primera temporada

- Leo y Vanessa: sí, voy a empezar a despacharlos en lotes porque la Navidad está a la vuelta de la esquina y no quiero estar escribiendo hasta Nochebuena. Estos dos son los típicos que te los encuentras en una fiesta de cumpleaños y se ponen a cantar, y le dices al anfitrión: “tío, si no quieres cuidar del gato, al menos mátalo para que no sufra”. Un calvario. Sosos, sosos, sosos.

- Encarna: esta es la de los audífonos. No le quitaré mérito a la chica, porque lo tiene y mucho, pero esto es un concurso cruel y despiadado, y nuestra misión es triturarnos a todos los concursantes sin excepción (salvo a Naim, al Caniche y probablemente a Eva este año). Ni carne ni pescado. Que pase, pero sólo porque hay otros que merecen la horca.

- Jorge: el calorro, o miembro de la minoría étnica gitana, nos canta un bolero, y eso me sorprende porque yo pensaba que elegiría una pieza más popular en su cultura. Por ejemplo, aquella copla que dice: “me quitaron la libertad, me cogieron robando en el Sepu”. Yo esta la oí cantar mucho de pequeño, pero no pude disfrutarla tranquilo porque normalmente iba corriendo con 4 gitanos detrás, y quieras que no en esas situaciones no prestas atención a la melodía. El destello de las navajas distrae un montón, os lo digo yo. Pero bueno, tendremos más galas para descubrir el talento de este chico que, por lo demás, ha elegido el hueco que dejó Bustamante en los corazones de los españoles más flojos, y en la cuenta de resultados de Kleenex. Un poco visto el rollo lacrimógeno.


¡Ay, lo que ha dicho el payo risión! Este es un rasista, que no entiende como semos los gitanos…

- José, Xavier, Melissa: Hago otro lote porque, con un poco de suerte, podemos atarlos a los 3 con una cuerda y enviarlos por Seur a Tenochtitlan, que no sé dónde está, pero debe de estar muy lejos. Los tres se quedan nominados, y la única pena que tengo es que hoy sólo van a echar a dos. Ya lo dije al principio: este año va a ser una tortura. Y una tortura eteeeerna. Por cierto, no tenía pensado meterme con ninguno de estos, porque ya bastante tienen con lo mal que cantan, pero después de escuchar la cantidad de sandeces que ha dicho Melisssa sobre lo que espera en la vida y tal y cual, me he dicho: a por ella.


Dos concursantes de la edición de OT de este año. Melissa es la de la izquierda.

- Mercedes: ¡menos mal! Ya pensaba que no íbamos a tener en este concurso al típico respresentante de la comunidad andaluza, gracioso, con desparpajo, educado en la universidad de la vida… pero aquí tenemos a Mercedes para dejar las cosas en su sitio. Esta es la típica niña a la que sus padres, cuando venían visitas a casa, la ponían a cantar en medio del salón y tocaban palmas. Y la niña venga que dale, que yo valgo mucho, que soy muy salá. Y las visitas: que la niña vale mucho. Y los padres: nos vamos a forrar con la niña. Y aquí estamos. Claro, como no le pusieron un psicólogo ni un pedagogo ni un logopeda ni un entrenador personal, pues ahora pasa lo que pasa. A ver si el tal Cristo se la fumiga pronto.

- Lorena, José Antonio y Saray: vale, me los quedo. Los pongo en mi lista de favoritos junto a Eva. José Antonio no canta especialmente bien, pero teniendo en cuenta la competencia que tiene creo que llegará al final sin problemas. Me ha caído simpático porque, lo reconozco, me ha recordado al Caniche. ¡Ay, Caniche, dónde andarás! ¿No habrás vuelto de cajero al Carrefour de Tenerife? Mira que la vida es muy traicionera, y hoy eres superespecial de la muerte y mañana eres repartidor de Telepizza… En fin, no sigo que me pierdo. Lorena y Saray tienen dos pedazos de voces. Menos mal, porque a estas alturas de la gala ya tengo un dolor de cabeza que no me tengo de pie. Y precisamente por eso, me voy a acostar. Hala, a comprar sacos de Gelocatil para aguantar la temporada.


Caniche, hijo mío, ¿no habrás caído en las garras de la televenta?

Post to Twitter Enviar a Twitter Post to Facebook Colgar en Facebook


 


 

Premio empresarial “Ricos y cretinos”

Sí, amigos. Ya era hora de que alguien premiara los esfuerzos intelectuales de todos los profesionales de la empresa que tan duramente trabajan para… para algo. Es cierto que ya hace tiempo que los empresarios, y muy especialmente los publicitarios, han perdido el norte. Aunque sería injusto echarles la culpa a ellos: todos hemos perdido el norte. Hemos perdido la brújula completa. Por eso, desde esta recóndita esquina del mundo virtual, vamos a lanzar un concurso para premiar aquellas campañas publicitarias que mejor reflejen el espíritu de Occidente. Un espíritu que bien podría resumirse en la frase: “yo soy rico, el resto del mundo me la pela”. Y, como siempre haciéndose eco de las demandas sociales, la publicidad está tirando por el camino de “si los consumidores no tienen cerebro, ¿por qué deberíamos tenerlo nosotros?”.

Bien, no me enrollo más. El primer candidato a este prestigiosísimo premio es el Grupo Vocento por su campaña, supongo, de salida a Bolsa (las campañas de salida a Bolsa se distinguen de las otras porque no cuentan nada, no venden nada, y se limitan a enseñarnos imágenes de stock y planos genéricos de una vida maravillosa que, por cierto, sólo un 10% del planeta puede disfrutar, intentando que ese 10% se sienta mejor de lo que ya debería sentirse simplemente por vivir donde vive… pero no dejemos que la realidad nos amargue la cena). Para elegir al ganador del premio, someteremos todas las campañas al jurado que podemos ver en la foto inferior.

La campaña de Vocento dice:

¿Hay algo más importante que la comunicación?

Todos las personas de bien sabemos que no, pero vete tú a saber lo que dice el jurado, que es muy rarito…

Post to Twitter Enviar a Twitter Post to Facebook Colgar en Facebook


 


 

Coetzee a medio gas también se sale

Juventud
J.M. Coetzee

J.M. Coetzee - Juventud

Valoración:

Confirmado: es imposible que Coetzee escriba una mala novela. “Juventud” es la más floja de todas las que he leído, y sigue siendo buenísima. Es sobre todo el estilo, la prosa medida, la sensación de desapego que tiene cada frase y, sin embargo, la profundidad de todas las reflexiones (que no vienen en formato “¡atención, reflexión importantísima del autor!”, sino que forman parte de la propia narración aparentemente superficial, intrascedente). Coetzee se confirma como lo que los críticos internacionales llaman un fistro de la pradera literaria.

Dicho esto, echo de menos en “Juventud” la sensación de “globalidad” que encontré en “Vida y época de Michael K” y, por supuesto, en “Desgracia”. En estas dos novelas la historia en sí (la “trama”) también participaba de esa sensación general de desapego. No parecía que el autor quisiera contar nada en concreto, y tal vez por eso conseguía causar un impacto mayor. Como dije en una crítica anterior, con Coetzee uno termina la novela y sabe que ha aprendido algo, que entiende mejor la vida (si es que hay algo que entender, o precisamente eso es justamente lo que aprende), aunque no sepa exactamente qué es lo que ha aprendido. Pues bien, con “Juventud” la historia está demasiado “enfocada” para mi gusto. La novela trata el manidísimo tema de la entrada en la edad adulta, del final de los sueños y el principo de la realidad, y a pesar de que lo hace, cómo no, de manera magistral, no puede evitar caer en terrenos algo trilladitos.

El protagonista es un joven sudafricano que al terminar sus estudios de Matemáticas decide irse a Londres en busca de algo que ni él mismo es capaz de definir muy bien, pero que está relacionado con su deseo de convertirse en poeta. Son los años 60, y nuestro joven héroe quiere ser un artista, quiere sentirse atravesado por la llama arrasadora de la creación, y para ello está convencido de que debe buscar un sitio más cosmopolita que Ciudad del Cabo. Pero, ¡oh, decepción!, la vida no es poesía. La vida es prosa y de la mala. La vida exige que tengas una nómina, un piso de alquiler, que puedas pagarte la calefacción en invierno so pena de congelarte en un pisucho de mala muerte, que vistas con cierto decoro para que los vecinos no te retiren el saludo. El joven aspirante a poeta tiene que conseguir un trabajo como programador en IBM, tiene que pasar 10 horas al día haciendo algo que no le reporta la más mínima satisfacción y que, además, le quita las ganas de seguir dedicándose al arte en sus escasos ratos libres. La búsqueda del amor, que él considera íntimamente ligada a la búsqueda de la inspiración artística, le resulta tan complicada como esta última. Paréntesis: me ha resultado sorprendente que en los años 60, por mucho que uno viviera en Londres, pudiera cepillarse casi a cualquier tía con la que trababa conversación en una biblioteca o en casa de un amigo después de invitarla un día al cine… chico, qué juerga, no entiendo de qué se queja el protagonista en este aspecto… cierro paréntesis.

El caso es que de esta manera, como dije antes, la historia va haciéndose cada vez más conocida: poco a poco, el protagonista va postergando la realización de sus sueños artísticos ante las urgencias materiales que la vida le va poniendo por delante. Éstas, además, le sirven como excusa para justificarse y no terminar de aceptar que si quieres peces tienes que mojarte el culo. O dicho de otra manera: cualquier excusa es buena para no ponerte a escribir y arriesgarte a que te salga una porquería. Porque mientras no intentes cumplir tus sueños, al menos siempre tendrás eso, sueños, y siempre podrás culpar a alguien (a la Vida, en último caso) de que no lleguen a cumplirse.

Por último, me han cansado en bastantes ocasiones las disquisiciones sobre Literatura. Odio las novelas que hablan de otras novelas. Odio a los personajes que aprovechan cualquier rato libre para colocarnos sus opiniones sobre el desclasismo de Becket o los altibajos en la obra de Ford Madox Ford. Si quisiera saber más cosas sobre el existencialismo post-deconstruccionista, me compraría un ensayo sobre el tema, o me iría a comer a El Bulli para que Ferrán Adriá me deconstruyera unos huevos fritos con chorizo.

Pero, repito, aunque la historia está algo vista, el estilo de Coetzee, su talento para la escritura, hacen que de nuevo en esta novela uno aprenda algo que antes no sabía, o que confirme cosas que hasta ahora sólo había sugerido como hipótesis. Hay muchas frases que podrían recogerse en un libro de aforismos sobre la Vida, pero por las circunstancias que he vidido últimamente, pondré esta como ejemplo:

¿Qué más hace falta sino una especie de obstinación estúpida e insensata como amante y escritor unida a la buena disposición para fracasar una y otra vez?

El protagonista piensa eso en la penúltima página de la novela. Y así, una vez más, Coetzee pone encima de la mesa la cruel simplicidad que rige la vida. A eso se reduce todo. La juventud, los sueños, la madurez, la realidad, la vida adulta. Todos hemos dejado cosas atrás. Todos nos hemos justificado diciendo que hay que ser realista, que la vida es así, que somos 11 contra 11, y que el árbitro nos pitó un penalti injusto. Pero, al final, todo es mucho más simple. Obstinación y buena disposición para el fracaso. No hay sueño que no pueda conseguirse con esas dos herramientas, porque sencillamente no hay realidad que pueda con ellas. Esa es la manera que tiene Coetzee de decir: ahora, si puedes, sigue llevando tu vida gris.

Post to Twitter Enviar a Twitter Post to Facebook Colgar en Facebook


 


 

El efecto Mari Carmen

Acaba de terminar el casting de OT y quiero aprovechar la ocasión para denunciar una discriminación intolerable, como todas las discriminaciones, incluso aquellas que nos inventamos para poder hacerlas intolerables. Veo entre los concursantes elegidos a un Moritz, a una Claritzel (???), incluso a una Encan-na. Pero ¿alguien ha visto en alguna de las ediciones de OT a alguna concursante llamada Mari Carmen? ¿Algún concursante llamado José Carlos? Esto está amañado, pero como esto ya lo sabíamos vayamos a lo que es el concurso mismamente.

En realidad lo único que quería decir es que, por si alguien no lo había notado, he vuelto a acertar con mi ojo clínico OTero (no Manolo Otero, sino OTero de OT). Sólo vi un par de castings de la fase previa, de dieciseisavos podríamos decir, y ya le eché el ojo a algunos participantes. ¿Resultado? Destaqué a Eva de Pontevedra, que ha entrado; a Saray de Canarias, que ha entrado; al calorro (aunque a este lo destaqué como abanderado de la tolerancia que debe gobernar nuestros actos), que también ha entrado; y a un argentino, que ha sido discriminado y expulsado injustamente por la xenofobia que azota nuestro país. Total, que soy un fenómeno. Pero el mérito no es sólo mío: tuve grandes maestros. Desde aquí, mi reconocimiento a la Hiena Rebollo por todas sus enseñanzas durante OT1 y, en menor medida, a Camilo Sesto.

Post to Twitter Enviar a Twitter Post to Facebook Colgar en Facebook