Ni chicha ni limoná

Gracias por fumar (Thank you for smoking)
Dirigida por Jason Reitman

Con Aaron Eckhart, Maria Bello, William H. Macy, Rob Lowe

Mucho arroz para tan poco pollo. Esta película ha llegado envuelta en una campaña de promoción (como todas) que sugería un cierto escándalo (como todas) porque supuestamente enfocaba desde un nuevo punto de vista (como todas) un tema polémico (como bastantes). El tema polémico es el tabaco, y eso es todo lo que la película cumple con respecto a las expectativas que levanta. El tratamiento se queda a mitad de camino entre una comedia y una película de denuncia, pero de denuncia “al revés” porque la historia está narrada desde el punto de vista de alguien que vive del tabaco, a saber, el portavoz de la asociación de tabacaleras de EEUU. Un tipo que es capaz de defender a Genghis Kan e incluso conseguir que se le pague una indemnización por calumnias.

Y no es que el tío no tenga escrúpulos, o que sea un malo malísimo por naturaleza. Es sólo que, como él mismo dice, un día se dio cuenta de que él hacía ese trabajo muy bien. Y, como él también dice, todos tenemos que pagar una hipoteca (sólo que la suya puede ser de varios millones de dólares, así que la excusa no queda tan bien). El problema es que todo se queda un poco descafeinado. El protagonista es simpático, pero no tanto como para ganarse incondicionalmente al espectador. Los antagonistas son un poco extremistas a la hora de demonizar el tabaco, pero tampoco tanto como para que sus argumentos no puedan parecer razonables si se les quita un poco de fundamentalismo. Y por eso, al final, la película no consigue nada. Cualquiera que haya dedicado 10 minutos a pensar en el problema del tabaquismo habrá considerado ya los argumentos que el director de esta película pone encima de la mesa. Así que por el lado “serio” la película aporta bien poco.

Y por el lado cómico, pues tampoco hay mucho que decir. Hay algunas escenas divertidas, especialmente las que protagoniza Rob Lowe interpretando a una caricatura de un agente de Hollywood. Pero, de nuevo, el tono general es contenido. No hay carcajadas, a veces ni siquiera hay risas sinceras. En fin, alguien debería pensar si realmente merecen la pena estas campañas de promoción como churros que últimamente acompañan a todas las películas, porque ponen el listón muy alto y después la película, en muchas ocasiones, decepciona. Y el resultado final es que cada vez desconfías más del mundo del cine. Insisto: alguien debería pensar sobre eso. Pero no yo.

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