No puedo, no puedo

Los excluidos
Elfriede Jelinek

DeBolsillo

Hace tiempo que dejé de seguir ese absurdo impulso de terminar todo lo que empiezo. Y desde entonces no dejo de (i) preguntarme por qué lo seguí durante tanto tiempo y (ii) arrepentirme por todo el tiempo que perdí terminando cosas estúpidas. A pesar de eso, veo que mucha gente todavía se aferra a esa especie de “sentido del deber”, que dice que dejar cosas a medias es de débiles de espíritu. Pues bien, pues vale. Yo valoro demasiado el (poco) tiempo que tenemos para pasar por este valle de lágrimas como para desperdiciarlo con, en el tema que nos ocupa, libros que no me dicen nada.

Y allá vamos. También en algún momento decidí que antes de descartar un libro me leería, al menos, las 50 primeras páginas. No es una regla rígida. Depende del tamaño de la página y del tipo de letra, pero en general intento cumplir con esa regla. No soy de los que creen que un libro tiene que atraparte en la primera frase, ni siquiera en la primera página, ni siquierísima en el primer capítulo. Pero todo tiene un límite. Si después de 50 páginas el autor todavía no ha dicho nada que me interese, tal vez eso sea un indicio de que nos interesan cosas distintas. Así que él se queda con su libro y yo me quedo con mi tiempo. Es un trato justo. Así pues, y una vez aclarado mi intrincado proceso de lectura en este eterno prólogo, diré (por si alguien no se lo ha olido todavía) que “Los excluidos” no ha pasado el corte de las 50 primeras páginas. De hecho, lo dejé en la página 25. Para completar el cupo de las 50, leí 5 o 10 páginas más abriendo el libro al azar por varios puntos. Nada. Lo mismo. ¿Y qué es “lo mismo”? Continuamos para bingo.

“Los excluidos” es una mezcla de “La naranja mecánica” y “El Club de la Lucha”, narrada por Tarantino después de su clase semanal de karate-total. Esta valoración hay que tomársela, como ya he aclarado, con cierta prevención, puesto que la hace alguien que se ha leído algo así como el 20% del libro. Un 20% que, obviamente, no me ha gustado. Los protagonistas son 4 jóvenes que viven a finales de los años 50 en Viena. Son unos macarras de la época, supongo: dan palizas, despotrican de todo… pero eso sí: con ideales. Reflexiones existencialistas aquí y allá alivian las descripciones cuasi-quirúrjicas de sus hazañas pugilísticas. A mí no me han interesado ni las unas ni las otras. Y el estilo es, cuando menos, molesto. ¿Por qué parece “demodé” escribir con los puntos en su sitio, las líneas de diálogo con guiones, y sin abusar de los paréntesis/corchetes/llaves? Yo, a todos estos, los castigaba obligándoles a leerse 100 veces “Ana Karenina”. Aunque debo decir que no me extrañaría nada que Jelinek ya lo haya hecho, y a pesar de eso haya decidido usar ese estilo tan (para mí) esnob. Porque, ya que en la última entrada hablábamos del Nobel que acaba de recibir Pamuk, es conveniente recordar que Jelinek también tiene un Nobel (2004), así que no estamos hablando de una concursante de Gran Hermano precisamente…

Nada más. Seguro que la novela es buena, seguro que la novelista es buenísima, seguro que retrata con viveza y audacia los ideales convulsos de una juventud desorientada en la Europa de mitad de siglo, pero a mí “Los exlcuidos” no me ha interesado nada. Qué le vamos a hacer.

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