Publicado el Wednesday, 4-October-2006 .
Lunático
Gotan Project

El tango ha salido de excursión, y ha encontrado cosas interesantes, cosas aburridas, y cosas raras. Gotan Project coge (en el sentido español de la palabra) el tango y lo pone a pasear con el rap, con la música electrónica y con otros géneros contemporáneos, y consigue que en algunos casos incluso se hagan amigos. El resultado general es difícil de calificar, porque cuando uno arriesga mucho a veces los experimentos no terminan bien. Y Gotan Project, un grupo formado por un francés, un suizo y un argentino, arriesga bastante (de hecho, su nombre “Gotan” es “Tango” al revés, lo que ya da una pista de sus intenciones). En cualquier caso merece la pena escuchar este disco y descubrir cómo suena algo tan tradicional y establecido como el tango en manos de unos músicos inquietos que se atreven con todo. Algunas piezas son francamente buenas. Otras pasan discretamente. Pero todas se dejan escuchar y acompañan bien cualquier rato libre que uno quiera pasar con la ayuda de un poco de buena música.
El único “pero” general que le pongo es la voz femenina. Leo en una web que es una tal Cristina Villalonga, al parecer relativamente conocida en los círculos musicales (a los que yo, claramente, no pertenezco). Es de esas voces que tan de moda están ahora, planas, monótonas, como si hablara en lugar de cantar, pero el problema es que en este caso no consigue superar ese matiz y la chica suena como un pregonero a punto de jubilarse. Demasiada desidia. Es muy difícil conseguir ese efecto de desapego, de “me la pela todo”, y seguir transmitiendo sentimientos al cantar una canción. Cristina Lliso, de Esclarecidos, era única en eso. La cantante de Gotan Project, sin embargo, no supera la prueba. Seguro que es una chica muy maja, pero el conjunto de la obra pierde con ella. Los de Gotan Project deberían decidir si quieren tener una amiga o una cantante. Las dos cosas, con esta tía, parecen imposibles. Difícil decisión.
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Publicado el Sunday, 1-October-2006 .
Gracias por fumar (Thank you for smoking)
Dirigida por Jason Reitman
Con Aaron Eckhart, Maria Bello, William H. Macy, Rob Lowe
Mucho arroz para tan poco pollo. Esta película ha llegado envuelta en una campaña de promoción (como todas) que sugería un cierto escándalo (como todas) porque supuestamente enfocaba desde un nuevo punto de vista (como todas) un tema polémico (como bastantes). El tema polémico es el tabaco, y eso es todo lo que la película cumple con respecto a las expectativas que levanta. El tratamiento se queda a mitad de camino entre una comedia y una película de denuncia, pero de denuncia “al revés” porque la historia está narrada desde el punto de vista de alguien que vive del tabaco, a saber, el portavoz de la asociación de tabacaleras de EEUU. Un tipo que es capaz de defender a Genghis Kan e incluso conseguir que se le pague una indemnización por calumnias.
Y no es que el tío no tenga escrúpulos, o que sea un malo malísimo por naturaleza. Es sólo que, como él mismo dice, un día se dio cuenta de que él hacía ese trabajo muy bien. Y, como él también dice, todos tenemos que pagar una hipoteca (sólo que la suya puede ser de varios millones de dólares, así que la excusa no queda tan bien). El problema es que todo se queda un poco descafeinado. El protagonista es simpático, pero no tanto como para ganarse incondicionalmente al espectador. Los antagonistas son un poco extremistas a la hora de demonizar el tabaco, pero tampoco tanto como para que sus argumentos no puedan parecer razonables si se les quita un poco de fundamentalismo. Y por eso, al final, la película no consigue nada. Cualquiera que haya dedicado 10 minutos a pensar en el problema del tabaquismo habrá considerado ya los argumentos que el director de esta película pone encima de la mesa. Así que por el lado “serio” la película aporta bien poco.
Y por el lado cómico, pues tampoco hay mucho que decir. Hay algunas escenas divertidas, especialmente las que protagoniza Rob Lowe interpretando a una caricatura de un agente de Hollywood. Pero, de nuevo, el tono general es contenido. No hay carcajadas, a veces ni siquiera hay risas sinceras. En fin, alguien debería pensar si realmente merecen la pena estas campañas de promoción como churros que últimamente acompañan a todas las películas, porque ponen el listón muy alto y después la película, en muchas ocasiones, decepciona. Y el resultado final es que cada vez desconfías más del mundo del cine. Insisto: alguien debería pensar sobre eso. Pero no yo.
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