Archivos del Mes para November, 2006

¿Me estaré haciendo (muy) viejo?

Bloom, Red and the ordinary girl
Tres Chicas

Tres Chicas - Bloom, Red and the ordinary girlJuro que no lo hago a propósito, pero tengo que reconocer que la mayoría de los discos que critico caen en la categoría “ni fu ni fa”. No me pasa lo mismo con los libros, que me gustan o no me gustan pero que rara vez se quedan en el limbo de los justos (que, por cierto, ha sido recientemente demolido por los mismos que lo crearon, o sea, los del Vaticano). Pero con la música, todo me suena a lo mismo de siempre. ¿Será la edad? ¿Habré escuchado ya demasiadas veces el primer disco de Foreigner? A lo que vamos. Estas Tres Chicas (que no son españolas ni de quinta generación) tienen unas bonitas voces y cantan unas bonitas canciones, pero eso mismo también podría decirse de la mitad de los concursantes de OT y no por eso dejamos de usarlos como diana de nuestras bromas más crueles, en las que, dicho sea de paso, cualquier psicólogo colegiado advertiría una burda maniobra de encubrimiento de nuestros propios complejos alimentados durante años y años de frustración. Pero eso lo diría un psicólogo, claro, no yo, que tengo cerebro. Y dicho esto volvamos al hilo principal de esta crítica porque si no no voy a terminarla nunca. Y sería una pena, porque para lo poco que hay que decir con 10 segundos tendría que tener más que suficiente. De hecho, ya he dicho lo que quería decir. Que es: Tres Chicas, presentaos a la próxima edición de OT. No tenemos a ningún concursante rollo country suave. Y seguro que el gran Risto os diría cuatro burradas que nos harían pasar un buen rato a todos.

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Infumable

Wicker man
Dirigida por Neil Labute
Con Nicolas Cage y Molly Parker
Wicker man
No gastaré mucha saliva virtual con esta película porque podrían denunciarme los ecologistas por derrochar energía sin justificación (bueno, me denunciarían igual aunque fuera con justificación). Si ya has visto “Wicker man”, qué te voy a contar que tú no sepas. Nos la han colado, ¿eh? En fin, unas veces se gana y otras veces se pierde… Lo malo es que en el cine te cobran igual la entrada en los dos casos. Y luego dicen que si la piratería, que si la madre del cordero, que si Plutón no es un planeta… Para los afortundados que todavía no hayan visto “Wicker man”, tengo un consejo: salid corriendo ahora mismo en dirección contraria al cine más cercano que la proyecte. Es lo peor que he visto en los últimos ¿40 años? Fácil. Bueno, ya que me he puesto a escribir la crítica, diré que es como “El bosque” pero mucho peor (sí, ya lo sé, yo también pensaba que era imposible hacer algo peor que “El bosque”, pero este tal Labute se ha destapado como un fenómeno de la Naturaleza). No sé si Nicolas Cage le debe dinero a Labute, o si éste secuestró a alguien de su familia y como rescate le exigió que protagonizara este bodrio, porque si no, no se entiende. No es que la carrera interpretativa de Cage sea un ejemplo a seguir, pero yo pensaba que estaba en un nivel que le permitía renunciar a determinados subproyectos. Y el caso es que hay algunos actores más (sobre todo actrices) que también son conocidos, y a los que se les supone cierto criterio. En fin, al final va a resultar que la película realmente tiene un misterio, pero desde luego no está dentro de la pantalla.

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La diferencia entre diferente y especial

Loveheart
Merz

Merz - LoveheartUn buen ejemplo para ilustrar la diferencia entre diferente y especial. El disco de Merz es diferente. Sin duda. Algo psicodélico por momentos, con buenos arreglos, un punto de experimentación de vez en cuando, pero no tanto como para dejar de pagar el abono al do-lam-fa-sol que tantas alegrías y royalties ha dado en la historia de la música. Quien dice do-lam-fa-sol, dice lam-rem-mi, o cualquier de las combinaciones de notas que uno aprende la primera semana después de comprarse una guitarra.

Pues el caso es que ahí tenemos a Merz, que por cierto se llama Conrad Lambert, cantando canciones que tienen una base conocida pero que no suenan a lo de siempre… aunque… oooohhhhh!!! (léase como en el “1,2,3″ cuando perdían el coche) tampoco suena a algo nuevo. Es como si a última hora, después de haber terminado de componer un disco realmente especial, el tal Merz hubiera dicho: “huy, qué miedito, a ver si va a ser demasiado raro… quita, quita, pon un fa aquí y un sol allá y asunto solucionado”. Y no es que eso sea perjudicial, de hecho en una primera escucha es incluso beneficioso porque las canciones entran antes. Después de haber escuchado el disco un par de veces pensé que este Merz y yo íbamos a llevarnos bien. Me recordaba, salvando las distancias, a Damien Rice en “O”, que es uno de mis discos de cabecera. Pero a medida que seguía escuchando “Loveheart” las melodías iban haciéndose demasiado familiares, y no me ha parecido que Merz tenga la personalidad vocal que tiene Damien Rice para dejar la melodía en un segundo plano y arrasar con su estilo.

He leído que en su album anterior Merz fue un poco menos “convencional”, así que habrá que seguir a este pollo por si en el futuro vuelve a arriesgarse un poco más y consigue llegar a ese punto de genialidad que esta vez se le ha escapado a última hora. Merz es, sin duda, diferente. Ahora falta saber si es especial.

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Todo muy visto

Viviendo con mi ex (The break-up)
Dirigida por Peyton Reed
Con Jennifer Aniston y Vince Vaughn
Nueve vidas
Pues una peli más. Nada nuevo bajo la luz del sol, ni bajo la luz de los focos del tal Peyton Reed, que dirige esta comedia mil veces vista, con situaciones mil veces planteadas y con chistes mil veces contados. La historia es la de siempre: una pareja rompe, y al estar separados es cuando se dan cuenta de que realmente se adoran. Peeeero… como los dos son muy orgullosos, ninguno de los dos quiere dar el primer paso para la reconciliación, y cuando finalmente ésta se produce, entonces ya no es posible. ¿Por qué? No se sabe. De repente ella no quiere retomar la relación. ¿Y él? Pues se lo toma muy bien. Todo de muy buen rollo. ¿Y qué pasa entre la ruptura y este conato de reconciliación que no se concreta? Pues nada. Alguna situación graciosa, algún diálogo ingenioso, y cienes y cienes de tópicos y escenas intrascendentes. Y, para rematarlo, el director nos demuestra con el final que pertenece a la prestigiosísima escuela Directores Gilipollas Studio, y decide no ponerle final a la película. Debe de ser de esos que dicen: “que el espectador ponga su propio final”. Vale, pues yo soy de esos que contestan: “mira, tío, si tengo que poner yo el final, también pongo el principio, y el medio, y me hago mi propia película en la cabeza sin necesidad de tener que pagar para mantenerte a ti y a los 2000 directores imbéciles que se creen que su trabajo consiste en hacer que yo tenga imaginación, porque imaginación ya tengo, y mucha, y será mejor que no te diga lo que me he imaginado de ti después de ver este pedazo de mediocridad con títulos de crédito”. Dicho queda.

PS: Único punto de interés: el culo de Jennifer Aniston, aunque en segundo plano, desenfocado, y algo tapado por la cabezón de Vince Vaughn… menos da una piedra.

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Casi, casi

Si te contara
Javier Colina

Javier Colina - Si te contaraContrabajista de pro (y de jazz), Javier Colina se junta con unos amigos para hacer una pachanga. Claro, que la peor pachanga de estos fenómenos es como la mejor sesión de estudio del 90% de los músicos profesionales. Luego, claro, te tiene que gustar el tipo de música que hacen en la pachanga, que en este caso es una serie de versiones de canciones bastante conocidas (desde el “Night and day” de Cole Porter, hasta las “Dos Gardenias” de Machín) pasadas por la turmis del rollito caribeño, más concretamente cubano. Y aquí es donde yo me planto, porque el empacho de Cuba que hemos tenido en los últimos años ha conseguido que yo salga corriendo en cuanto oigo a alguien decir “sabrosón”. Así que me quedo con las ganas de escuchar a este grupo de pedazos de músicos tocando algo menos… gastado. No es culpa suya. Es que tanto progre hablando de Cuba durante una década acaba por cansar al más pintado. Y yo no me pinto nada, nada, lo juro.

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Enoooorme desilusión

Los amores imprudentes
Gustavo Martín Garzo

DeBolsillo


Me compré este libro empujado por el impresionante currículum del autor: Premio Nacional de Literatura en 1994, Premio Miguel Delibes en el mismo año, y Premio Nadal en 1999. En fin, como tarjeta de presentación no está nada mal. En su contra, sólo jugaba el sello de Best Seller que la editorial ha plantado en la portada de la novela (ese sello que es la versión eufemística del famoso dicho “coma mierda, 3000 millones de moscas no pueden estar equivocadas”). El balance final, en cualquier caso, resultaba ampliamente favorable al autor, así que empecé la novela con grandes expectativas.

Empezaré por el final, y después ya me explayaré. La novela es una patata. Un conjunto de tópicos y clichés, tanto en la historia como en el estilo. A medida que iba pasando páginas, mi asombro no dejaba de crecer: ¿cómo es posible que un tío que escribe semejante bodrio haya sido capaz de ganar todos esos premios? ¿Cómo es posible que no haya ni un párrafo con un mínimo de frescura? De verdad, hacía mucho tiempo que no me llevaba una desilusión como esta. Es una novela de Corín Tellado. Peor, porque al menos Corín Tellado no pretendía pasar por una erudita analista de los sentimientos humanos.

He hecho un esfuerzo especial por intentar encontrarle algo, y de hecho me he saltado mi “regla de las 50 páginas” y me he leído unas 80. Tiempo desperdiciado. Pero vayamos por partes. La historia. La historia es un coñazo. Después de 80 páginas sigo sin tener el menor interés por saber qué le pasó al padre de la protagonista, ni quién fue su misteriosa amante, ni qué pasó entre ellos. La trama no despierta ningún interés, y la abundancia de tópicos y frases manidas sólo invita a pensar que la historia también terminará de una manera burda, mil veces vista, y me temo que efectivamente así sucede.

El texto está lleno de reflexiones de todo a 100, que el autor ni siquiera se molesta en disimular colocándolas de una manera discreta. Todo lo contrario: cada dos por tres encontramos frases del estilo “los hombres son…”, “las mujeres sabemos…”, “los franceses piensan…”, etc., etc. Un peñazo. El estilo es, además, empalagoso hasta el punto de que me han empezado a doler las caries. Sensiblería barata. La protagonista es tan simple, tan hortera, tan ñoña, que en la página 20 uno ya tiene ganas de que le pase algo y desaparezca de la novela. Claro, que el resto de los personajes tampoco despiertan ningún interés, y todos son presentados de una manera tan infantil que en el primer párrafo ya queda claro quién es bueno, quién es malo, quién esconde algo… Y, por si algún lector fuera tan estúpido como para no darse cuenta, el autor cae una y mil veces en el error de explicar lo evidente. Frases como “estaba claro que Fulano me ocultaba algo” o “con su mirada parecía querer decirme que debía tener cuidado” no sólo ofenden la inteligencia de cualquier persona con un coeficiente intelectual por encima de 50, sino que aburren mortalmente porque se encuentran por todas partes.

En fin, no hay mucho más que decir. Simplemente que hacía mucho tiempo que no leía una novela donde todo fuera tan malo, tan vulgar, tan visto: la trama, los personajes, el estilo, el ritmo, los diálogos… ah, sí, los diálogos… son patéticos, no puedo evitar la tentación de poner una muestra. Esto lo dice la dueña de una pensión de un pueblo de Burgos, cuando la protagonista le pregunta por una mujer que vivió en el pueblo muchos años antes:

–…Procedía de Dresde, la capital del antiguo reino de Sajonia. Situada a orillas del Elba, había sido la ciudad más bonita de Europa hasta que la destruyeron en la Segunda Guerra Mundial. Alemania ya estaba vencida, pero los aliados realizaron uno de los bombardeos más mortíferos de la guerra. Tres oleadas de más de mil aviones cada una transformaron la ciudad en un auténtico brasero. El número de muertos pudo llegar a los doscientos cincuenta mil.

Vaya, la (supuestamente) provinciana dueña de la pensión no sólo habla como una guía turística alemana, sino que parece una experta en las batallas de la Segunda Guerra Mundial capaz de detallar el número de ataques, las armas utilizadas y las bajas estimadas. Impresionante. Claro, que cuando uno va conociendo después a otros habitantes del pueblo, la ceremonia de entrega de los Premios Nobel parece una simple reunión de patanes al lado del elenco de intelectuales que habitan en esa aldea perdida de Castilla.

En resumen, “Los amores imprudentes” es una novela malísima, que no sólo aburre sino que llega a molestar. El único misterio que plantea es el que dije más arriba: ¿cómo es posible que alguien capaz de escribir semejante bodrio haya coseguido ganar todos esos premios?

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Las 10 imágenes del universo más impresionantes

Hoy toca culturizarse un poco. Sacad vuestras cabezas de este minúsculo planeta en el que vivimos, y ved la grandeza del Universo. Coñe, parezco Moisés… Las 10 imágenes del universo más impresionantes

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Demasiado perfecto para ser blues

Keep it simple
Keb’ Mo’

Keb' Mo' - Keep it simpleDigamos que Michael Bolton es al soul lo que Keb’ Mo’ es al blues. Digámoslo, sobre todo, para que alguien se tire de los pelos diciendo que esto es una burrada. Tal vez lo sea, porque seguro que hay más diferencias que parecidos entre ambos, pero creo que el mensaje se entiende con esa comparación. Quizás un poco exagerada, porque Keb’ Mo’ no es tan empalagoso como Michael Bolton (no sé si existe alguien tan empalagoso como Miachel Bolton, habría que preguntar en la asociación de tíos repelentes a ver si les sale algo), pero hay una cosa que los dos tienen en común: suenan demasiado “políticamente correctos”. El caso es que Keb’ Mo’ hace buena música, es un buen guitarrista, y el disco suena a blues por todos sus surcos. Peeeero… todo es tan correcto que parece un pelín falso. Es como cuando alguien lleva una vida tan perfecta que uno tiene la certeza de que se pone la ropa interior de su mujer. Cuidado, que no quiero líos: no digo yo que Keb’ Mo’ tenga esos gustos. O sí. O vete tú a saber. En fin, el caso es que no me lo creo. Sea lo que sea lo que nos quiere decir con este disco, no me lo creo. Pero repito: es buena música, bien tocada. Al menos, eso lo tenemos garantizado, y en estos tiempos no es poco.

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Nueve (aburridas) vidas

Nueve vidas
Dirigida por Rodrigo García
Con Glenn Close, Holly Hunter
Nueve vidas
Se confirma: soy un insensible. Me pongo a ver “Nueve vidas”, de la que leo que es una magnífica película, un retrato interior de incomparable sutileza sobre la naturaleza femenina, y después de verla me quedo igual que si hubiera visto un Alavés-Palamós (amistoso). Y lo peor es que a los 10 minutos de película ya estaba más pendiente de mis propias reflexiones que de las del director de la peli. Porque, la verdad, la película cuenta muy poquita cosa. Más bien ninguna. Nueve historias sin ninguna relación entre ellas (aunque algunos personajes aparecen como figurantes en otras historias, con lo que el director parece tratar de imbécil al espectador, simulando una interrelación que no existe ni en pintura), que no cuentan nada ya no sobre la naturaleza femenina, sino ni siquiera sobre las naturalezas muertas. Cada historia se cuenta en 2 líneas. Atención: no he dicho “se resume” en 2 líneas, sino “se cuenta” en 2 líneas. Vamos, que no hay nada más que esas 2 líneas. Y lo peor es que las 2 líneas son, o bien cosas intrascendentes, o bien cosas contadas ya 1000 veces con mucho más interés.

Un ejemplo: la primera historia. Vemos a una presa que intenta hacer méritos en la cárcel para que la traten bien. Ese día la visita su hija, pero el teléfono de la sala no funciona y la mujer se enfada mucho. Fin. Sí, sí: fin. No hay nada más. Na-da. No-thing. Rien. Interesante, ¿eh? ¿A que dan ganas de ver más? Pues aquí va otro ejemplo: una mujer acaba de ingresar en el hospital para que le extirpen un pecho. Mientras espera a que la lleven al quirófano discute con su marido por nimiedades, pero entonces le ponen un calmante y se duerme. Fin. ¡Guau! Esto se pone cada vez mejor… Un último ejemplo: una mujer embarazada está comprando en el supermercado. Por casualidad, se encuentra con un antiguo amante, y como todavía sigue enamorada de él, ella se derrumba allí mismo. Fin. ¡Dios! ¡Qué situación tan original! ¡Qué aguda y fresca mirada sobre la complejidad de los sentimientos humanos!

En fin, podría poner 9 ejemplos, porque ya digo que hay 9 historias, pero no añadiría ni un gramo de interés a lo que ya he contado. Si la naturaleza femenina es tan complicada como Rodrigo García nos muestra en “Nueve vidas”, sólo puedo dar gracias a Dios por ser un hombre y preocuparme de asuntos tan sofisticados como el fútbol y la cerveza. Al lado de las mujeres de esta película, Ronaldo es físico nuclear. Y para rematar la faena, como ya he mencionado, el director rebosa pretenciosidad por todos los poros de la pantalla. El ritmo de cada historia es cansino, hay “cameos” de algunos personajes en las historias de otros para intentar colarnos una inexistente relación entre ellos, los diálogos dan más saltos que las tetas de una saltadora con pértiga. En resumen: un bluff. Un envoltorio de gran regalo dentro del cual sólo hay unas zapatillas usadas. Rodrigo García me ha decepcionado profundamente. Pero tengo buenas noticias para mí mismo: creo que la próxima vez, decepcionará a otro. Gracias a este blog, ahora ya puedo acordarme de quién me ha tomado el pelo alguna vez. Y, como dicen los americanos: Fool me once, shame on you; fool me twice, shame on me (Si me engañas una vez deberías avergonzarte tú, si me engañas dos veces debería avergonzarme yo).

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