Nueve vidas
Dirigida por Rodrigo García
Con Glenn Close, Holly Hunter
Se confirma: soy un insensible. Me pongo a ver “Nueve vidas”, de la que leo que es una magnífica película, un retrato interior de incomparable sutileza sobre la naturaleza femenina, y después de verla me quedo igual que si hubiera visto un Alavés-Palamós (amistoso). Y lo peor es que a los 10 minutos de película ya estaba más pendiente de mis propias reflexiones que de las del director de la peli. Porque, la verdad, la película cuenta muy poquita cosa. Más bien ninguna. Nueve historias sin ninguna relación entre ellas (aunque algunos personajes aparecen como figurantes en otras historias, con lo que el director parece tratar de imbécil al espectador, simulando una interrelación que no existe ni en pintura), que no cuentan nada ya no sobre la naturaleza femenina, sino ni siquiera sobre las naturalezas muertas. Cada historia se cuenta en 2 líneas. Atención: no he dicho “se resume” en 2 líneas, sino “se cuenta” en 2 líneas. Vamos, que no hay nada más que esas 2 líneas. Y lo peor es que las 2 líneas son, o bien cosas intrascendentes, o bien cosas contadas ya 1000 veces con mucho más interés.
Un ejemplo: la primera historia. Vemos a una presa que intenta hacer méritos en la cárcel para que la traten bien. Ese día la visita su hija, pero el teléfono de la sala no funciona y la mujer se enfada mucho. Fin. Sí, sí: fin. No hay nada más. Na-da. No-thing. Rien. Interesante, ¿eh? ¿A que dan ganas de ver más? Pues aquí va otro ejemplo: una mujer acaba de ingresar en el hospital para que le extirpen un pecho. Mientras espera a que la lleven al quirófano discute con su marido por nimiedades, pero entonces le ponen un calmante y se duerme. Fin. ¡Guau! Esto se pone cada vez mejor… Un último ejemplo: una mujer embarazada está comprando en el supermercado. Por casualidad, se encuentra con un antiguo amante, y como todavía sigue enamorada de él, ella se derrumba allí mismo. Fin. ¡Dios! ¡Qué situación tan original! ¡Qué aguda y fresca mirada sobre la complejidad de los sentimientos humanos!
En fin, podría poner 9 ejemplos, porque ya digo que hay 9 historias, pero no añadiría ni un gramo de interés a lo que ya he contado. Si la naturaleza femenina es tan complicada como Rodrigo García nos muestra en “Nueve vidas”, sólo puedo dar gracias a Dios por ser un hombre y preocuparme de asuntos tan sofisticados como el fútbol y la cerveza. Al lado de las mujeres de esta película, Ronaldo es físico nuclear. Y para rematar la faena, como ya he mencionado, el director rebosa pretenciosidad por todos los poros de la pantalla. El ritmo de cada historia es cansino, hay “cameos” de algunos personajes en las historias de otros para intentar colarnos una inexistente relación entre ellos, los diálogos dan más saltos que las tetas de una saltadora con pértiga. En resumen: un bluff. Un envoltorio de gran regalo dentro del cual sólo hay unas zapatillas usadas. Rodrigo García me ha decepcionado profundamente. Pero tengo buenas noticias para mí mismo: creo que la próxima vez, decepcionará a otro. Gracias a este blog, ahora ya puedo acordarme de quién me ha tomado el pelo alguna vez. Y, como dicen los americanos: Fool me once, shame on you; fool me twice, shame on me (Si me engañas una vez deberías avergonzarte tú, si me engañas dos veces debería avergonzarme yo).





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