Miedito

Una verdad incómoda
Dirigida por Davis Guggenheim
Con Al Gore
Una verdad incómoda
En general, desconfío de los pesimistas. Y de los optimistas. Desconfío de la gente que se ríe siempre y de la que no se ríe nunca. Y lo hago porque está claro que de ese tipo de actitudes simplistas se deduce que ni unos ni otros han entendido de qué va esto, la vida, la realidad, el pedazo de Universo que tenemos alrededor y que claramente parece un lugar de cierta complejidad, al menos de una complejidad superior a las ideas de Jorge Bucay. Así que cuando, ante una situación difícil, escucho un consejo del tipo “ya verás cómo todo sale bien”, siempre doy una respuesta del tipo “tú eres imbécil, chaval”. Lo que pasa es que la doy interiormente, porque la educación está reñida con el primate que todos llevamos dentro.

Pues sí, ya estamos con otra de mis introducciones digresoras, que 20 líneas después todavía no han llegado a ningún sitio. Podría decir que la vida también es así, como mis introducciones, y que 20 líneas (o 20 años) después tampoco lleva a ningún sitio, pero me abstendré de decirlo para frenar esta espiral de apatía y terror en la que estamos entrando, y retomar el objetivo de este ladrillo, a saber, dar mi opinión sobre el documental que muestra una presentación que Al Gore lleva haciendo toda la vida (1000 veces, dice él mismo) y que, según reconoce también el propio protagonista, no le ha dado grandes resultados en la práctica. Pues bien, lo primero que hay que decir es que Al Gore es el rey del Powerpoint. Qué presentación, qué recursos audiovisuales, qué equipo de becarios debe de tener haciendo animaciones 12 horas al día… Pero los becarios son lo de menos, ya se sabe, lo importante es el resultado final. Y el resultado es francamente bueno.

Decía antes que, en general, desconfío de los pesimistas. Pues bien, en cuestiones científicas desconfío de ellos cien veces más. La realidad no es pesimista ni optimista, si acaso es perruna, pero eso no es ni bueno ni malo si uno sabe entenderlo y aprovecharlo. De hecho, no conozco a ningún científico serio que sea optimista o pesimista. Sí conozco, sin embargo, a miles de ecologistas que son idiotas, y muchos más miles de defensores del buen rollito que tienen la misma inteligencia que un litro de vino. Y como, desgraciadamente, los medios le prestan mucha más atención a un actor que a un físico, pues así nos va. La conciencia del mundo está en manos de directores de cine, escritores empalagosos, y diseñadores de pantalones de campana. Y eso, quieras que no, a mí no me ofrece muchas garantías sobre la solidez de los argumentos que me presentan en cuestiones que van más allá de lo superinteresante que es su última película/libro/calcetín de diseño.

Resumiendo: soy bastante escéptico sobre el rollo del cambio climático. No sé los demás, pero yo recuerdo inviernos crudísimos, otros más suaves, otros más lluviosos, y otros ventosos. Recuerdo veranos en los que las ranas iban con cantimplora, y otros en los que no se podía ir a la piscina en una semana. Qué le vamos a hacer. El que nos vendió el planeta no puso climatizador, lo que me lleva a pensar que quizás deberíamos haberle comprado el planeta a la Renault en lugar de a Dios. Dicho esto, el documental “Una verdad incómoda” me ha resultado muy interesante. Hay datos, hechos, y argumentos lógicos. Supongo, porque ya se sabe que cree el ladrón que todos son de su condición, que los datos y hechos estarán cuidadosamente escogidos para apoyar la tesis que se plantea, pero incluso así el resultado final es inquietante. El gráfico de la evolución del CO2, con el efecto del elevador que Al Gore utiliza para dramatizarlo, es sin duda impactante. A uno le entran ganas de empezar a construir un bunker aunque sea con la cucharilla del café.

Además, se nota que Al Gore lleva haciendo esto muchos años. Lo cuenta de una manera simpática, amena, y evita el alarmismo barato. Incluso cuando presenta los datos más alarmantes lo hace de una manera rigurosa, sin dejar nunca de apoyarse en datos y estudios científicos (no olvidar mi comentario anterior sobre los datos y los estudios científicos). La verdad es que con una base factual tan apabullante, uno no puede evitar preguntarse cómo es posible que no haya conseguido convencer a los jerifaltes del asunto, sobre todo teniendo en cuenta que él es un tipo, digamos, con contactos. Buenos contactos.

En resumen, el documental me ha gustado mucho. No dice cosas que no hayamos escuchado ya cientos de veces en boca de Zerolo o de Michael Moore, pero hay que reconocer que dichas por Al Gore y con el pedazo de powerpoint que usa el asunto gana mucha credibilidad. Sigo manteniendo un cierto escepticismo, pero reconozco que el documental me ha hecho plantearme algunas preguntas. Y eso es, precisamente, lo que tiene que conseguir un buen científico. Las respuestas son aburridas. Y, la mayoría de las veces, falsas.

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