A ver, hace algunos días me marqué una diatriba sobre lo ridículo que resulta protestar contra algo utilizando medidas que no tienen ninguna relación con la causa en sí (i.e. las cacerolas y la guerra de Irak). Me han llegado en los últimos días dos convocatorias para sendas acciones de protesta, pero reconozco que en esta ocasión el que ha pensado… pues eso, que ha pensado. No mucho, pero algo ha pensado. Y como las dos causas me parecen nobles, y el esfuerzo requerido no es mucho, os animo a que os apuntéis.
La primera, más que una protesta, es un “acto de concienciación”. Cito la convocatoria oficial para ahorrarme unos cuantos golpes de tecla, siguiendo el espíritu que se propone en el propio acto:
El dia 1 de febrero de 19:55 h. a 20:00 h. se propone apagar todas las luces para darle un respiro al planeta (la propuesta viene propuesta de Francia). Si la respuesta es masiva, el ahorro energético puede ser brutal. Solo 5 minutos, a ver que ocurre. Si si, ya se que estaremos 5 minutos a oscuras con cara de tontos, pero recordar que internet tiene mucha fuerza y podemos hacer una gran cosa.
Difundir la noticia!
Sí, vale, la idea viene de Francia, pero por una vez olvídemonos de lo cretinos que son los gabachos y unamos esfuerzos para una buena causa. Además, son sólo 5 minutos. Después ya podremos seguir pensando que son unos flojos.
La segunda protesta es realmente una protesta, y la causa es, si cabe, más noble que la primera. No sé si sabéis que el próximo 1 de marzo entra en vigor la Ley de Mejora de Protección de los Consumidores y Usuarios, y que, entre otras cosas, esa ley prohíbe el redondeo en la facturación de los operadores de telefonía. O sea: que cuando hablas 37 segundos no te pueden cobrar 1 minuto completo, como hacen ahora. ¿Buenas noticias? No tanto. Los operadores ya están empezando a anunciar subidas de tarifas para compensar (Movistar y Orange ya lo han hecho, y me apuesto algo a que Vodafone y compañía van a tardar lo justito en subirse al carro). Las subidas que están anunciando son modestas, nada más que un… ¡¡¡25% en el establecimiento de llamada!!! (además de subidas en el precio de la conversación). Y, no contentos con hacer la subida, la hacen todos a la vez y por casi la misma cantidad. Viva la libre competencia. Y viva la protección del consumidor.
(EDITO: Vodafone también acaba de anunciar la subida de precios… y, curiosamente, en la misma cantidad que Movistar y Orange).
Ante este panorama, un grupo de peludos ha convocado una protesta para… bueno, no sé para qué, pero hay que protestar. Copio otra vez la convocatoria oficial:
Como acto de protesta se sugiere que el día 1 de marzo, día que entran en vigor las nuevas tarifas, no se utilice el móvil absolutamente para nada, a no ser que sea de extrema urgencia. Se intenta dar un toque de atención a estas compañías y que sepan que no estamos de acuerdo con sus abusos
(Nota mía: si queréis reenviar la convocatoria, los peludos han hecho un powerpoint exponiendo sus motivos con más detalle. Podéis descargarlo haciendo clic aquí).
Como veis, la convocatoria no tiene faltas de ortografía, y la construcción de las frases es casi aceptable. Pero no es el momento de ponerse puntilloso con los peludos, sino de convertirse en uno más (be peludo, my friend), y protestar. Porque ya está bien de que nos chuleen 4 cretinos (no, ahora no me refiero a los franceses) y que, además, se piensen que no nos damos cuenta. Que nos chuleen, vale, pero que conste que lo sabemos. Cornudos, pero no apaleados…
Half the perfect world
Empezaré guerrero: Madeleine Peyroux es la mejor cantante de jazz del mundo. Punto. No digo punto porque esta crítica se acabe aquí, aunque bien podría ser así, sino porque me quiero poner un poco chulo. Digo punto como quien dice: ¿qué pasa? ¿Me estás hablando a mí, tío? (léase con voz de Robert de Niro). Sólo haré dos puntualizaciones a mi tajante afirmación inicial: la primera es que cuando digo que Madeleine Peyroux es la mejor cantante de jazz del mundo lo hago refiriéndome a la población mundial de cantantes de jazz que viven y beben, aunque de esto último no tengo constancia en el caso de la Peyroux y tampoco querría yo levantar falsos testimonios sin obtener ningún beneficio económico a cambio (vamos, que no voy a meterme ahora a hacer una Historia Universal del Jazz y a hacer comparaciones con otras divas que han pasado a mejor vida, aunque no descarto que Madeleine Peyroux se las fumigara a todas en la comparación). La segunda puntualización es que Madeleine Peyroux ya era la mejor cantante de jazz del mundo antes de hacer este disco. La chica no empezó a cantar ayer, precisamente. Y todo lo que ha hecho hasta ahora suena a gloria celestial. Así es: Madeleine Peyroux está en mi lista de música olímpica junto a Antony and The Johnsons, Sam Cooke, Cesárea Evora, y dos o tres más. Digo esto para que quede claro que en esta crítica no voy a decir nada negativo, no porque no tenga ganas, sino porque es imposible encontrar algo malo en este pedazo de obra de arte.
Un día más con vida

Dijo una vez Woody Allen que sí, que vale, que el sexo con amor es, sin duda, la mejor cosa del mundo, pero que inmediatamente después, en segundo lugar y a poquísima distancia, está el sexo sin amor. Y añado yo que en tercer lugar (aunque a bastante más distancia, porque tampoco vamos a engañarnos a estas alturas) está la música. Y si alguien lo duda, aquí está Solomon Burke para demostrarlo. ¿Cómo, si no, se explica que a alguien que, como yo, no ha pisado en su vida un bar de country se le ponga la gallina de piel escuchando este disco? ¿Y cómo, si no, se explica que una ciudad tan fea como Memphis se haya convertido en una especie de paraíso utópico gracias a canciones como el legendario “Walking in Memphis” o, en el caso que nos ocupa, el “That’s how I got to Memphis” de este pedazo de genio que es Solomon Burke?





