Archivos del Mes para January, 2007

2 buenas causas… y con poco esfuerzo

A ver, hace algunos días me marqué una diatriba sobre lo ridículo que resulta protestar contra algo utilizando medidas que no tienen ninguna relación con la causa en sí (i.e. las cacerolas y la guerra de Irak). Me han llegado en los últimos días dos convocatorias para sendas acciones de protesta, pero reconozco que en esta ocasión el que ha pensado… pues eso, que ha pensado. No mucho, pero algo ha pensado. Y como las dos causas me parecen nobles, y el esfuerzo requerido no es mucho, os animo a que os apuntéis.

La primera, más que una protesta, es un “acto de concienciación”. Cito la convocatoria oficial para ahorrarme unos cuantos golpes de tecla, siguiendo el espíritu que se propone en el propio acto:

El dia 1 de febrero de 19:55 h. a 20:00 h. se propone apagar todas las luces para darle un respiro al planeta (la propuesta viene propuesta de Francia). Si la respuesta es masiva, el ahorro energético puede ser brutal. Solo 5 minutos, a ver que ocurre. Si si, ya se que estaremos 5 minutos a oscuras con cara de tontos, pero recordar que internet tiene mucha fuerza y podemos hacer una gran cosa.
Difundir la noticia!

Sí, vale, la idea viene de Francia, pero por una vez olvídemonos de lo cretinos que son los gabachos y unamos esfuerzos para una buena causa. Además, son sólo 5 minutos. Después ya podremos seguir pensando que son unos flojos.

La segunda protesta es realmente una protesta, y la causa es, si cabe, más noble que la primera. No sé si sabéis que el próximo 1 de marzo entra en vigor la Ley de Mejora de Protección de los Consumidores y Usuarios, y que, entre otras cosas, esa ley prohíbe el redondeo en la facturación de los operadores de telefonía. O sea: que cuando hablas 37 segundos no te pueden cobrar 1 minuto completo, como hacen ahora. ¿Buenas noticias? No tanto. Los operadores ya están empezando a anunciar subidas de tarifas para compensar (Movistar y Orange ya lo han hecho, y me apuesto algo a que Vodafone y compañía van a tardar lo justito en subirse al carro). Las subidas que están anunciando son modestas, nada más que un… ¡¡¡25% en el establecimiento de llamada!!! (además de subidas en el precio de la conversación). Y, no contentos con hacer la subida, la hacen todos a la vez y por casi la misma cantidad. Viva la libre competencia. Y viva la protección del consumidor.

(EDITO: Vodafone también acaba de anunciar la subida de precios… y, curiosamente, en la misma cantidad que Movistar y Orange).

Ante este panorama, un grupo de peludos ha convocado una protesta para… bueno, no sé para qué, pero hay que protestar. Copio otra vez la convocatoria oficial:

Como acto de protesta se sugiere que el día 1 de marzo, día que entran en vigor las nuevas tarifas, no se utilice el móvil absolutamente para nada, a no ser que sea de extrema urgencia. Se intenta dar un toque de atención a estas compañías y que sepan que no estamos de acuerdo con sus abusos

(Nota mía: si queréis reenviar la convocatoria, los peludos han hecho un powerpoint exponiendo sus motivos con más detalle. Podéis descargarlo haciendo clic aquí).

Como veis, la convocatoria no tiene faltas de ortografía, y la construcción de las frases es casi aceptable. Pero no es el momento de ponerse puntilloso con los peludos, sino de convertirse en uno más (be peludo, my friend), y protestar. Porque ya está bien de que nos chuleen 4 cretinos (no, ahora no me refiero a los franceses) y que, además, se piensen que no nos damos cuenta. Que nos chuleen, vale, pero que conste que lo sabemos. Cornudos, pero no apaleados…

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Algunas impresoras también firman los documentos

Que conste que yo ya lo había predicho en “AKA”, pero no me imaginaba que las cosas irían tan rápidas… Poco a poco se van cumpliendo todas mis profecías, con lo que pronto “AKA” dejará de ser una comedia y se convetirá en un libro inspirado con el que podré fundar una secta (en la que, por supuesto, reclutaré tíos feos para que salgan a evangelizar y tías buenísimas para que disfruten de mi presencia en exclusiva). Soy el Nostradamus de la broma. Así que todo el mundo listo, porque supongo que lo del RAP y las piruletas debe de estar al caer. La noticia completa se puede leer haciendo clic aquí.

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

A prueba de mediocridades

Half the perfect world
Madeleine Peyroux

Madeleine Peyroux - Half the perfect worldEmpezaré guerrero: Madeleine Peyroux es la mejor cantante de jazz del mundo. Punto. No digo punto porque esta crítica se acabe aquí, aunque bien podría ser así, sino porque me quiero poner un poco chulo. Digo punto como quien dice: ¿qué pasa? ¿Me estás hablando a mí, tío? (léase con voz de Robert de Niro). Sólo haré dos puntualizaciones a mi tajante afirmación inicial: la primera es que cuando digo que Madeleine Peyroux es la mejor cantante de jazz del mundo lo hago refiriéndome a la población mundial de cantantes de jazz que viven y beben, aunque de esto último no tengo constancia en el caso de la Peyroux y tampoco querría yo levantar falsos testimonios sin obtener ningún beneficio económico a cambio (vamos, que no voy a meterme ahora a hacer una Historia Universal del Jazz y a hacer comparaciones con otras divas que han pasado a mejor vida, aunque no descarto que Madeleine Peyroux se las fumigara a todas en la comparación). La segunda puntualización es que Madeleine Peyroux ya era la mejor cantante de jazz del mundo antes de hacer este disco. La chica no empezó a cantar ayer, precisamente. Y todo lo que ha hecho hasta ahora suena a gloria celestial. Así es: Madeleine Peyroux está en mi lista de música olímpica junto a Antony and The Johnsons, Sam Cooke, Cesárea Evora, y dos o tres más. Digo esto para que quede claro que en esta crítica no voy a decir nada negativo, no porque no tenga ganas, sino porque es imposible encontrar algo malo en este pedazo de obra de arte.

A las pruebas me repito: si alguien duda de mis palabras, que coja este disco y se lo ponga en su mp3, walkman, discman, o magnetófono portátil, y que se someta a las más duras pruebas de mediocridad realista. Por ejemplo: que se meta en el metro a las 8:30 de la mañana. O que asista a algún consejo de administración (¿puedo sugerir el de Sogecable, o el de Telefónica, sólo por poner dos ejemplos?). Y mientras contempla ese panorama de ruina neuronal, ese lienzo hiperrealista de mediocridad enlatada, que le dé al “play” y que ese alguien desconfiado de mis palabras empiece a escuchar la voz de Madeleine Peyroux. Me apuesto 10 céntimos de euro a que en un par de minutos la magia se habrá producido, y el vagón de metro le parecerá un soneto humano de rima asonante, y el consejo de administración le parecerá… bueno, es difícil que un consejo de administración parezca otra cosa que lo que es, y es una chorrada, pero gracias a Madeleine Peyroux ese alguien lo contemplará con cierta piedad, con amor de hermano, y se rendirá al hecho innegable de que todo, hasta los trajes grises de 3000 euros, contiene una dosis de armonía que hace que el mundo sea un lugar espectacular, una prodigiosa concepción de quienquieraquesea. Un sitio de la leche, vamos.

¿Qué más puedo decir? Nada. La buena música se escucha y punto. Punto. Sí, vuelvo a ponerme chulo, me crezco cuando compruebo que en medio de tanta miseria mental que nos rodea todavía hay esperanza, todavía hay Belleza (sí, con mayúsculas, qué pasa, cuidaín conmigo que todavía estoy en plan chulito), todavía hay una posibilidad de sobrevivir y tocar la felicidad sin necesidad de tener que ir a una fiesta de disfraces navideña. Todavía es posible salir del mundo y mirarlo desde fuera con sólo escuchar una canción de tres minutos. Madeleine Peyroux provoca todos esos sentimientos, y lo hace sin esfuerzo. Es su naturaleza. La perfección vocal, la elegancia, la música a media voz, el sentido de lo bello que esta mujer sin duda lleva impreso en cada una de sus células. Cualquier disco suyo es un regalo que no nos merecemos, así que si alguien todavía no la conoce, este es un momento tan bueno como otro cualquiera para descubrirla. Es una forma de esperanza.

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Ha muerto Kapuscinski

Un día más con vida
Ryszard Kapuscinski

Anagrama

Ryszard Kapuscinski - Un día más con vida
Hoy ha muerto Ryszard Kapuscinski (la noticia completa está en este enlace). Y, aunque sea en un momento tan amargo, aprovecho la ocasión para recomendar uno de sus libros. “Un día más con vida” es una crónica en primerísima persona (porque el autor estuvo allí y lo sufrió en sus propias carnes) de los últimos días de Angola como colonia portuguesa. Una Angola que se preparaba para entrar en una larguísima guerra civil que dejó el pais como un solar, y no edificable precisamente.

Kapuscinski narra aquellos días de incertidumbre y violencia con una naturalidad y un realismo que los hacen más terribles, si eso es posible, y que refleja extraordinariamente la situación en la que se encontraba (y, desgraciadamente, se sigue encontrando) una buena parte de África. En muchos de sus trabajos, Kapuscinski ha intentado despertar las conciencias de los lectores occidentales, contarles la sangría que durante décadas se ha cargado a miles de hombres, mujeres y niños mientras los europeos, en el mejor de los casos, miramos para otro lado, y en el peor, les vendemos las armas y los recursos que necesitan para seguir matándose. En este “Un día más con vida” uno se mete durante unos días en el pellejo de todas esas personas que se despiertan cada mañana pensando que tal vez esa sea la última de sus vidas. O, todavía peor, que ya ni siquiera lo piensan, porque la posibilidad de que alguien se cruce en tu camino y te mate llegó a convertirse en algo tan natural en aquellos convulsos días en Angola, que ya nadie le daba la menor importancia. Y, a pesar de eso, uno no puede dejar de estremecerse cuando en un momento del relato, uno de los hombres que acompañan a Kapuscinski, ante la perspectiva de poder llegar finalmente sano y salvo a su ciudad después de una jornada rozando la muerte, exclama: ¡un día más con vida! Casi nada.

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Mucho oficio, no tanto talento

El fulgor de la pobreza
Luis Mateo Díez

Punto de Lectura

Luis Mateo Díez - El fulgor de la pobreza
Hago palanca en este libro de relatos para colocar dos reflexiones que siempre he querido hacer, y para las que nunca he encontrado el momento oportuno. No es que este lo sea, pero ya no puedo aguantar más sin soltar mi rollo. Allá va. Primera reflexión: alguien famoso (cuyo nombre no puedo recordar gracias a mi afortunadamente débil memoria) dijo una vez que la Literatura es una mezcla de oficio (craft en inglés, que también podría traducirse como artesanía) y talento. Un escritor con oficio y sin talento es un virtuoso, pero no transmite gran cosa; un escritor con talento y sin oficio dirá que hace arte moderno, o arte conceptual, o lo que sea; vamos, que intentará justificarse cuando le digan que sus obras son muy bonitas durante 10 páginas, pero después se vuelven infumables. Aparco de momento aquí esta reflexión, y voy con la segunda. Que es: tengo la sensación de que cuando un escritor hombre elige una protagonista femenina tiende a pasarse de complejo y de reflexivo. Tal vez las mujeres sean realmente más sofisticadas intelectualmente que los hombres (esto, me temo, nadie puede constatarlo porque hasta la fecha nadie ha sido hombre y mujer en una misma vida, salvo Bibi Andersen), pero en las novelas escritas por hombres las mujeres reflexionan hasta sobre el color de los pasos de cebra. Todo está cargado de un significado que, además, no es evidente, sino que requiere largas divagaciones sobre el sentido de la vida para poder descubrirlo. Vamos, que todo es complejísimo.

Llegados a este punto, habrá que decir algo de los relatos de Luis Mateo Díez, aunque sólo sea para salvar las apariencias. Vale, pues empezaré por decir que este libro no ha pasado el corte de las 50 páginas (bueno, en realidad sí lo ha pasado, porque el primer relato tenía 80 y por una especie de solidaridad que sólo yo me aplico, porque estoy seguro de que Díez no haría lo mismo conmigo, he pensado: “venga, hombre, ya que el chaval ha hecho el esfuerzo al menos termínate un relato completo”). Y, básicamente, no he querido seguir leyendo porque he visto reunidos los dos vicios de los que hablaba antes, a saber, que hay mucho y buen oficio pero no tanto talento, y que la protagonista del relato es insufriblemente densa en sus pensamientos.

Luis Mateo Díez nos cuenta 20 veces, y sin aportar grandes novedades ni de fondo ni de forma, cómo se siente la protagonista cuando atraviesa un período de depresión (o similar). Un dato: en la página 30 servidor ya estaba harto de encontrarse la palabra “indolencia” por tierra, mar y aire. Que sí, que vale, que la depresión te quita las ganas de todo, pero tampoco hace falta repetirlo una y otra vez, y con la misma palabra. Hay, además, un cierto abuso del estilo lírico y rebuscado, que en determinados momentos encaja muy bien con la historia, pero que llega a empalagar de tanto usarlo. Un ejemplo:

Desde las vacaciones de Navidades, cuando Edira abandonó por completo sus obligaciones académicas, el tiempo discurría sin solución de continuidad, como un grifo abierto que nadie controla y de cuyo vertido no existe medida: una pérdida que apenas alcanza la monotonía de su rumor mientras desaparece en el sumidero.

Sinceramente, ¿no podía acabar el párrafo en “como un grifo abierto”? Todo lo demás es redundante. De nuevo, la imagen del grifo abierto (si se quiere, se puede dejar lo de “que nadie controla”) es una buena metáfora, ilustra muy bien la sensación de desperdicio y falta de control, de indolencia (¡sin tener que usar otra vez esa palabra!), pero cuando se explica la metáfora, y se explica además 3 veces, el efecto inicial se desvanece y queda una frase de 3 líneas que sólo viene a machacar más y más en el estilo recargado que arrastra toda la obra.

Dicho esto, creo que Luis Mateo Díez cuenta una historia que podría resultar interesante en ese primer relato. Narrada con un poco más de contención habría resultado más impactante, y el final habría conseguido llamar la atención del lector. Pero, tal y como está narrada, lo único que quiere el lector es que el relato termine de una vez, como sea, y es una pena porque el final es, precisamente, lo más contenido del relato, lo más hilado, y como Luis Mateo Díez tiene sin duda muchísimo oficio (y eso es un gran mérito), con esas 5 últimas páginas casi consigue convencerme para que me lea, al menos, otro de los relatos. Pero cuando lo empecé y vi que las primeras páginas repetían los mismos vicios que ya me había encontrado en la primera historia, lo dejé definitivamente. Me encantaría tener la mitad de oficio de Díez, pero, puestos a ser sinceros, preferiría tener una décima parte del talento de, por ejemplo, Cormac McCarthy. O incluso una centésima. O un residuo. Vamos, cualquier cosa.

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

La 3ª mejor cosa del mundo

Nashville
Solomon Burke

Solomon Burke - NashvilleDijo una vez Woody Allen que sí, que vale, que el sexo con amor es, sin duda, la mejor cosa del mundo, pero que inmediatamente después, en segundo lugar y a poquísima distancia, está el sexo sin amor. Y añado yo que en tercer lugar (aunque a bastante más distancia, porque tampoco vamos a engañarnos a estas alturas) está la música. Y si alguien lo duda, aquí está Solomon Burke para demostrarlo. ¿Cómo, si no, se explica que a alguien que, como yo, no ha pisado en su vida un bar de country se le ponga la gallina de piel escuchando este disco? ¿Y cómo, si no, se explica que una ciudad tan fea como Memphis se haya convertido en una especie de paraíso utópico gracias a canciones como el legendario “Walking in Memphis” o, en el caso que nos ocupa, el “That’s how I got to Memphis” de este pedazo de genio que es Solomon Burke?

En fin, este disco es una joyita. Tiene 6 o 7 canciones extraordinarias, y 2 o 3 genialidades. “Ain’t got you”, por ejemplo, es una maravilla. Es pura emoción, alegría embotellada, ganas de vivir al compás de guitarras barrigudas y violines de saloon. Qué gozada. Lo mismo podría decirse de “Seems like you’re gonna take me back”, o de “Does my ring burn your finger”, y si uno prefiere el lado melancólico, las puestas de sol en las praderas con un vaso de bourbon en la mano, aquí tenemos “Atta way to go” o “Up to the mountain”. Y así podríamos seguir, repasando una por una cada una de las pequeñas maravillas que contiene este fenomenal “Nashville”, porque cada una tiene su propio misterio y despierta sus propias emociones, aunque al final todas compartan la misma base country y la misma sencillez en la melodía y los instrumentos. Pero es que de eso precisamente se trata. De dejar que la música suene, de dejar que todo se llene de ese sentimiento único que sólo toma sustancia cuando uno escucha una buena canción sin más. Solomon Burke pone el talento, el oficio y el genio. ¿Hace falta algo más? No, no vale elegir las 2 primeras cosas de la lista. Estamos hablando de música. De hecho, dejemos ya de hablar y todo el mundo a escuchar a Solomon Burke.

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Pedazo de foto de un cometa

El cometa McNaught fotografiado este fin de semana desde España, cuando se pudo ver con la máxima magnitud que un cometa ha alcanzado desde 1965. Para verla a tamaño completo haz clic aquí

Y luego dicen que hay que viajar para ver maravillas…

El cometa McNaught

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

“La Guerra de las Galaxias” en versión muda y el trailer imposible de “Los 10 Mandamientos”

Ya se sabe que por el mundo hay mucha gente ociosa. Afortunadamente para los demás (o sea, para los que no estamos ociosos… o sí) muchos de ellos son creativos y graciosos. He aquí dos pruebas. Muy buenas las dos (están en inglés, aviso).

[ev type="youtube" data="8mBDQXWflbM"][/ev]

[ev type="youtube" data="u1kqqMXWEFs&eurl"][/ev]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Estamos rodeados de gilipollas (capítulo 2)

Nines me manda este extracto del libro “Diccionario Gastronómico del Siglo XXI” – Fashion Food (Julia Pérez – José Carlos Capel. El País Aguilar). Es, sin duda, una prueba que cualquier juez de salud mental aceptaría para meternos a todos en la cárcel por permitir que semejante nivel de tontería se haya extendido entre nosotros.

¡Ah! Por cierto, y por si alguien no lo sabía: EL EMPERADOR ESTÁ DESNUDO. A ver si empezamos a despertarnos…

Deconstrucción

Corriente filosófica difundida por el ensayista Jacques Derrida en los círculos académicos de la Universidad de Yale, que recoge el Diccionario de estética de Etienne Souriau (Akal). “La deconstrucción es una posvanguardia que certifica el fracaso del estructuralismo”. Sus defensores destruyen la fe en la razón y proponen un nuevo orden de raciocinio. Una teoría que también ha influido en la arquitectura y ha penetrado en el campo de las humanidades. En cocina, la deconstrucción – afirma Ferrán Adriá en su libro Los secretos de El Bulli (Altaza, 1997) – consiste en utilizar y respetar armonías ya conocidas, transformando las texturas de los ingredientes, sus formas y temperaturas. Un plato deconstructivo mantiene los sabores y los genes de los ingredientes, pero presenta texturas transformadas. Al degustarlo, la memoria del comensal relaciona el sabor final con la receta clásica. Adriá deconstruyó el arroz a la cubana y luego el pollo al curry por vez primera en el verano de 1995. Ambos lucían presentaciones diferentes, pero sabores idénticos a las recetas originales. Luego seguirían otras fórmulas y sería emulado por múltiples cocineros españoles. Destruir para reconstruir de nuevo, ese fue el lema que causó furor en España a partir de 1995, una forma de creatividad que respeta un código de sabores conocido. En el listado de las deconstrucciones made in Spain hay una relación interminable: la tortilla de patatas de Ferrán Adriá, el cocido maragato de Carlos Cidón, la fabada de José Antonio Campoviejo, la sopa de ajo de Manolo de la Osa o el cocido castellano de Pepe Rodríguez Rey. En Francia, la deconstrucción ha sido observada de forma esporádica por algunos cocineros rupturistas: Pierre Gagnaire, Michel Brass y Marc Veyrat fundamentalmente. Sin la deconstrucción, afirma Ferrán Adriá, no habría sido posible la cocina vanguardista actual.

(Nines, espero que no te importe que haya utilizado tu labor documental en mi propio beneficio, como tantas y tantas veces he hecho a lo largo de mi vida)

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Lo bueno, si breve…

Las hormigas
Boris Vian

Alianza Editorial

Boris Vian - Las hormigas
…es corto. Y, de paso, también es más interesante. “Las hormigas” es un libro de relatos cuyo único vínculo en común es la visión surrealista y el humor ácido que el autor vierte en todos ellos. Ambientados en un mundo imaginario en el que reconocemos, caricaturizados, algunos de los vicios de la sociedad occidental de mediados del siglo XX, los relatos de Boris Vian tienen sin duda “chispa”. Hay que reconocer que el tío tiene sentido del humor, y bastante mala leche. De hecho, su estilo resulta a veces demasiado poco sutil, y con frecuencia combina toques de humor sofisticado con auténticos chistes de garrafón. Tiene, además, una cierta tendencia a repetir varias veces la misma gracia contada de distintas maneras. Vamos, que en la primera página de cada relato ya queda bastante claro qué comportamiento (o actitud, o creencia, o segmento social) va a ser convenientemente despellejado en las siguientes páginas.

Esto no quiere decir, sin embargo, que uno se aburra leyendo “Las hormigas”. Como pasa con casi todos los libros de relatos, la calidad fluctúa bastante a lo largo de la obra. Hay algunas piezas francamente buenas, como “El fontanero” (¿cómo es posible que en 1945 el sector de los “chapuzas” ya tuviera los mismos vicios que tiene hoy?), pero otros resultan exageradamente surrealistas, demasiado obvios, y al final en lugar de simpatizar con el punto de vista irónico del autor, uno termina por ponerse del lado de los personajes criticados. Otros más, por último, resultan directamente incomprensibles, o al menos yo no he entendido nada más allá del puro ejercicio estilístico y del derroche de imaginación de Vian.

En resumen, y aunque repito que algunos relatos en concreto resultan francamente graciosos y amenos, el conjunto de la obra me ha resultado un poco cargante. Tiene un estilo tan peculiar, tan reconocible, y también tan superficial, que es difícil aguantarlo durante 200 páginas sin cansarse. Yo me he cansado. Aunque también he soltado alguna que otra carcajada. Que cada uno decida si una cosa compensa la otra.

Post to Twitter Enviar a Twitter