Scoop
Dirigida por Woody Allen
Con Scarlett Johanson y Woody Allen
Con Woody Allen empieza a pasar lo mismo (salvando las distancias) que pasó en su día con las películas de la saga de “Aterriza como puedas”, “Top Secret”, etc. En ambos casos, el tipo de humor que usan es tan personal, tan reconocible, que al cabo de un cierto tiempo resulta repetitivo. Con Woody Allen hace ya bastantes años que no me lo paso realmente bien con ninguna de sus películas. Yo diría que “Misterioso asesinato en Manhattan” fue la última en la que me reí a carcajadas en algunos momentos, y todavía recuerdo varios gags realmente geniales después de tanto tiempo. Pero, desde entonces, cada vez que he visto una película de Woody Allen he tenido una desagradable sensación de deja vu: comedias ligeras, con personajes que se repiten una vez tras otra (el inseguro y atolondrado Woody Allen, la guapa e inteligente protagonista femenina) y con historias que, con la excusa de un misterio o un crimen, pretenden retratar algún tipo de realidad social, desde la hipocresía de las clases altas, hasta la afectación de los ingleses. Tanto da. El resultado final es que Allen nos enseña lo mismo en cada película. Y, como él sigue teniendo talento, el resultado nunca es malo, sus películas entretienen y consiguen hacernos pasar un buen rato. Pero es una pena que alguien que ha firmado algunas de las obras maestras de la “comedia inteligente” esté cayendo en la vulgar categoría de las “películas entretenidas”.
En “Scoop”, la historia recuerda bastante a la de “Misterioso asesinato en Manhattan”: una persona corriente se ve metida, sin comerlo ni beberlo, en medio de una peligrosa intriga. En ambos casos el misterio es el mismo: por casualidad, esa persona corriente cree tener evidencias de que un ciudadano aparentemente honrado, casi ejemplar, ha cometido horribles crímenes. Diane Keaton en un caso y Scarlett Johanson en otro (no hace falta decir quién lo hace mejor, ¿no?) comienzan a investigar al presunto criminal con la intención de confirmar sus sospechas. Para hacerlo, necesitan la colaboración del timorato y cobarde Woody Allen, que pone el contrapunto gracioso a la audacia y decisión de las mujeres. A partir de ese planteamiento inicial, ambas películas son una sucesión de situaciones graciosas del estilo “pez fuera del agua”: gente corriente (demasiado corriente en el caso del personaje de Woody Allen) enfrentada a situaciones de riesgo y convertida en detectives coyunturales. La diferencia, aparte de la ya mencionada entre Diane Keaton y Scarlett Johanson, es que en “Misterioso asesinato en Manhattan” la historia está mucho mejor hilada, y los gags son mucho más graciosos. Y es que, por mucho que uno se empeñe en hacer arte y crítica social, el éxito de una comedia depende fundamentalmente de que sea graciosa. Es lo que tienen las comedias.
Para terminar, explicaré un poco más el porqué de las puyas que le he tirado a la Johanson. A ver: la tía está bastante buena (es un poco tapón, y está un poco rolliza para mi gusto… no es una tía con formas, macizorra, sino que tiene un genotipo que tira a gorrinito), pero es el prototipo de rubia con morbo. Quizás en la vida real sea una persona interesantísima, con una gran vida interior y un talento descomunal, pero en una película no da esa imagen. No resulta creíble como, en este caso, una intrépida estudiante de periodismo que se enfrenta con arrojo a cualquier dificultad. Parece el típico bollycao que hace papeles de animadora viciosa en una película de universitarios americanos. Sí, vale, es injusto, pero es el precio a pagar por tener un cuerpo que media humanidad querría beneficiarse. Para el tipo de papeles femeninos que escribe Woody Allen, la actriz perfecta sería Katharine Hepburn: una belleza indiscutible pero no convencional, con un rostro tan expresivo que con una mirada de 2 segundos dice más que Scarlett Johanson en un diálogo de 1 minuto. Pero es que ahora ya no hay actrices como las de antes… ¿He dicho yo eso? Vaya, definitivamente me estoy haciendo viejo…





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