Archivos del Mes para March, 2007

Lo que nos une

París, je t’aime

Más extraño que la ficciónDirigida por los Hermanos Coen (y otros)
Con Marianne Faithfull y Steve Buscemi

Como ya os anuncié hace unos días, hoy estrenamos crítico de cine. Paditasawa, nuevo y flamante Regional Vicepresident de la sección de Cine, ha elegido para su debut una película a la que califica con un ¿generoso? 4 de puntuación. Yo no he visto la película, así que me salgo del debate y lo dejo en las sabias manos del público, y también en las de los lectores de este blog. Podéis dejar vuestros comentarios. La crítica empieza después de este punto.

El Cine está lleno de posibilidades, por eso a algunos de nosotros nos apasiona tanto. Podemos encontrar grandes películas basadas en un elaborado guión, unos profundos y bien interpretados personajes rematados por finales sorprendentes. Otras veces, encontramos una idea, aparentemente tan simple como la de reunir fragmentos de vidas en torno a una ciudad, que consigue dibujarnos una sonrisa que nos acompaña hasta la hora de dormir. Justo lo que yo andaba buscando, qué más se puede pedir.

Sé que el primer párrafo constituye un “aviso” para todos aquellos amantes de las películas al uso: no hay planteamiento, trama y desenlace, qué se le va a hacer (que conste que yo soy muy partidario de las pelis con estructura de toda la vida, cuidadín), pero a veces incluso a los hombretones simples y pendencieros les sienta bien sencillamente sentarse en una butaca de un cine y limitarse a sentir, a llenar nuestro a veces olvidado espíritu con ligeras emociones y dejarse conquistar. Porque eso es lo que hizo conmigo la película, conquistarme a través de retales de las vidas de personajes (unos más simples que otros pero todos con su encanto) que conscientemente o no, buscaban o se encontraban con un querer (guiño a los amantes de la copla, que sé que los hay).

Pudiera ser que a los que van de “ultracool” (sí, ya sé que no existe en castellano pero es la única forma que se me ocurre de describirlos) amantes de películas oscuras que tratan de explicar la soledad de la vida y la incomunicación a través de historias que entrelazan lejanos hemisferios con vidas absurdamente llevadas al límite (para el que todavía no se haya enterado, a mi no me gustó Babel, vaya por Dios), les parecieran vidas demasiado simples para ser interesantes y que exista en ellas algo que pudiera ser relevante. A mí, que no me queda ya pelo para ser uno de ellos, me parece justo lo contrario. Una película sin grandes pretensiones intelectuales que nos habla de lo que nos une, de lo que nos da vida, de lo que nos pinta de color, de lo que nos redime, de… Paris, je t’aime.

Solos o en compañía (preferiblemente la segunda opción aunque no deberíais dejar de verla si no hay un ceporro que os acompañe) id al cine y disfrutad comentando la jugada. La esencia de la vida pintada con imágenes sacadas del cubo de lo positivo da mucho de que hablar, ya veréis.

Que la disfruten ustedes.

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Un pequeño despiste

Friendly Fire
Sean Lennon

Sean Lennon - Friendly FireSean Lennon se puso un día a escribir canciones poperas, y cuando terminó de escribirlas yo creo que debió de pensar: “coño, me han quedado bien… pero me suena como si ya las hubiera escuchado antes”. Tal vez estuvo un tiempo dándole vueltas a esa sensación de deja vu, pero el caso es que al final se olvidó del asunto y publicó un disco pegadizo y resultón. Al que tituló “Friendly fire”. Y aquí estamos. ¿Es bueno el disco? Pues hombre, no se va a llevar el premio al disco más original del siglo, pero se pasa un buen rato escuchándolo. ¿Las canciones recuerdan realmente a algo ya escuchado? Ya lo creo. ¿A quién? Pues… ¡a John Lennon, leche, que es el padre de la criatura!

Sí, amigos, este disco suena a Beatles por todos los poros de su cuerpo. Y, claro, eso no es malo ni muchísimo menos. De hecho, yo diría que es un honor que alguien diga que un disco tuyo suena a Beatles. Pero la verdad es que a estas alturas ya no es un sonido que sorprenda mucho. En el caso de este disco, todas las canciones suenan a Lennon (padre) a tutiplén. Algunas sólo tienen un aire indefinido, pero perfectamente reconocible, del genio beatliano. Pero hay otras que parecen un remake de temas muy conocidos. “Tomorrow”, por ejemplo, a mí me recordó a la incomparable “Michelle”, por el ritmo, por los arreglos, por la voz… vamos que parecía un descarte del disco original (aunque, insisto, precisamente por eso la canción es preciosa y el chaval la canta muy bien). Y, ya en plan paranoico, el piano de “Falling out of love” a mí me ha parecido hermano gemelo del de “Hey, Jude”. Pero esa es la última canción del disco y ya digo que a esas alturas yo ya iba psicótico perdido. En resumen, si uno se imagina que “Friendly Fire” es un disco recién descubierto de canciones inéditas de John Lennon puede incluso llegar a convencerse, con un poco de esfuerzo, de que es verdad, y pasar unos días alucinando tan ricamente con lo que papá Lennon se dejó en el tintero. Mira por dónde, el niño ha encontrado el tintero y ha escrito con una caligrafía bastante parecida. Para que luego digan que los hijos son unos desgradecidos.

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La otra versión del cambio climático

Antes de emitir un juicio siempre es recomendable escuchar a las dos partes. Esto ya los sabían los romanos, y también Perry Mason, pero últimamente la mayoría de la gente parece más inclinada a formarse un juicio después de haber escuchado sólo una versión del asunto en cuestión. Y cuanto más breve y simple sea esa versión, más probabilidades tiene de ser aceptada. Es lo que tiene ser gilipollas (ahora que lo pienso, este artículo bien podría haberlo publicado en la sección de “Estamos rodeados de gilipollas”…).

El caso es que con esto del cambio climático, en los últimos años, se ha ido instaurando poco a poco una “versión oficial” (curiosamente construida como una línea de pensamiento que intentaba desenmascarar las mentiras oficiales) que ha ido anulando cualquier otra teoría que pudiera haber por ahí. Y digo “pudiera”, porque ¿alguien ha leído alguna vez un artículo que ofrezca una explicación al cambio climático distinta a la “oficial” (a saber, que los coches y las fábricas son los culpables de todo)? ¿Y a nadie le parece eso mosqueante? A mí sí. Tengo una moderada curiosidad por la ciencia, y sé que es prácticamente imposible que todos los científicos se pongan de acuerdo en algo. A día de hoy todavía no hay acuerdo sobre cuál es la naturaleza de la Fuerza de la Gravedad, o sobre los mecanismos de la Evolución, así que me cuesta mucho creer que ya esté demostrado que el cambio climático es consecuencia de esto o de aquello.

En su día ya dije que el documental de Al Gore me pareció muy interesante, y bastante convincente. Pero llevaba una temporada intentando buscar algo que me diera “la otra versión”. Y por fin he encontrado un artículo que me ha parecido, también, muy interesante y bastante convincente. Como decía al principio, se trata de escuchar a las dos partes. Quién tiene y quién no tiene razón es algo difícil de decidir. Y, por lo visto, seguirá siendo difícil durante bastantes años. Pero es lo divertido: buscar la respuesta. Podéis leer el artículo en el que se ofrece una explicación alternativa al cambio climático haciendo clic aquí.

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Falta remate

Más extraño que la ficción
(Stranger than fiction)

Más extraño que la ficciónDirigida por Marc Foster
Con Will Ferrell, Emma Thompson, Dustin Hoffman

He aquí un buen ejemplo de cómo, para hacer una buena película, no hace falta reinventar la rueda. “Más extraño que la ficción” explota un argumento que ya hemos visto en otras (buenas) películas, por ejemplo en “La rosa púrpura de El Cairo” de Woody Allen, o en “El último héroe” con el expresivo Arnold Schwarzenegger. La idea es graciosa en sí misma, y tal vez por eso ha dado muy buenos ratos de diversión a lo largo de la Historia del cine: un personaje de ficción se convierte en real, y empieza a tener problemas con su doble vida. “Más extraño que la ficción”, de hecho, le da una vuelta de tuerca al planteamiento “original”, porque aquí lo que ocurre es que una persona real descubre de repente que su vida es, en realidad, una novela que está siendo escrita por una autora que ejerce un misterioso control sobre su vida. Y lo sabe porque, por ejemplo, escucha la voz de la escritora narrando su vida dentro de su cabeza.

La película es entretenida, y tiene golpes muy divertidos, pero al final me he quedado con una cierta sensación de “casi, casi”. Le ha faltado remate. Se crea una cierta expectativa sobre el final de la novela (y, por lo tanto, sobre el final de la vida de nuestro protagonista) que finalmente se queda en una tontería. No es algo crítico durante la primera mitad de la película, pero es cierto que durante los últimos 30 minutos toda la acción se centra en evitar el final fatídico, y cuando llega y descubrimos el tan anunciado misterio, la cosa queda un poco deslucida. Dicho esto, el resultado global es más que aceptable, y por lo tanto recomiendo sin ninguna duda esta película a cualquiera que quiera pasar un buen rato tirado en el sofá (sí, ya sé que se pueden pasar buenos ratos en el sofá haciendo otras cosas, pero por si alguien no se había dado cuenta, en este blog no hay anuncios de Viagra, y no es por casualidad).

Resumiendo: buena película, buenos actores (Emma Thompson es una de mis debilidades), buena historia, y un único “pero” al llegar al final. No obstante, y como ahora ya os he advertido de que el final flojea, tal vez ya no os hagáis tantas ilusiones y por lo tanto la decepción sea menor. No me lo agradezcáis. Es un servicio que hago a la patria, a mi país, y a mis conciudadanos. Lo sé: es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo.

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Rafael Reig, genial de nuevo

Una vez más, recomiendo la sección “En primera instancia” de Rafael Reig en el suplemento “El Cultural”. Esta semana vuelve a ser desternillante. Se puede leer en este enlace. Genial.

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Fado y algo más

Diário
Mafalda Arnauth
Diario - Mafalda Arnauth

Valoración:   

La gran aportación de los portugueses al mundo ha sido, sin duda, la pena. La saudade. Los portugueses nacen apenados, y la vida para ellos es tan sólo una sucesión de momentos para ponerse melancólico y echar de menos algo, no se sabe muy bien qué. Y, claro, con esa tristeza interior tan arraigada, la única música que podía salir de esos corazones era el fado. Que es, sin duda, la mejor música del mundo para ponerse nostálgico. ¿Nostálgico de qué? No se sabe. Esa es la verdadera nostalgia, la nostalgia de algo desconocido y, por lo tanto, de algo que jamás se podrá recuperar. Una pena eterna.

Y, sin embargo, el fado no es exactamente triste. Porque es entrañable. Al escuchar el fado uno entiende que la vida es, en esencia, pérdida, falta, una carrera contra algo que terminará por quitarnos todo lo que tenemos y que nos dejará sólo un enorme vacío que llenará (sí, eso es) la nostalgia. Pero mientras uno entiende eso, también entiende que el camino hacia ese final tan aparentemente negro no tiene por qué ser trágico. La guitarra portuguesa, compañera inseparable del fado, es alegre, cantarina, y nos lleva a lo largo de las letras melancólicas como si estuviéramos asistiendo a una despedida de la mano de una niña pecosa y risueña. Es difícil de explicar. La saudade o se tiene o no se tiene. No se puede entender, y por lo tanto no se puede explicar. Para todos aquellos que tengan curiosidad por adentrarse en sus misterios, este disco de Mafalda Arnauth es un excelente comienzo. Fado en estado puro, y fado con licencias creativas. Y todo con una voz de una pureza abrumadora, con matices que abarcan todos los sentimientos que un ser humano puede llegar a tener. Mafalda Arnauth pone el océano lluvioso en una tarde de verano, y la mezcla resulta imposible de resistir. Menos mal que nos queda Portugal.

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Nombramientos en la organización

Efectivo hoy mismo, se anuncian los siguientes cambios organizativos en 1y1y1:

- Paditasawa, actualmente lector del blog con categoría “Iluminador Desapegado de Nivel 3″, es nombrado Regional Vicepresident para la región Asia-Pacífico de la sección de Cine, con responsabilidad de realizar críticas que complementen mi visión garrafón del mundo del celuloide.

- Oletorole, actualmente lector del blog con categoría “Rentista Intelectual a Vela”, es nombrado Regional Vicepresident para la región EMEA (Europe, Middle-East & Africa) de la sección de Cine, con responsabilidad de realizar críticas con cierto toque de elevación artística que complementen el estilo más suburbano de Paditasawa y el mío propio.

Ambos cambios organizativos obedecen a la estrategia ya presentada a los accionistas hace unos días, y que explicitaba la vocación holística de 1y1y1 mediante propuestas de valor transversales con el objetivo de liderar la transición digital hacia nuevos territorios de oportunidad en todo lo que viene siendo el mundo conocido, e inclusive más allá. En este sentido, la proactividad en la acción de mercado es vital para generar crecimientos incrementales y, muy especialmente, para la parte de la pierna.

Dicho lo cualo, las secciones de libros y música me las sigo quedando yo solo, que para eso el blog es mío.

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Una sinfonía de palabras

La lección del maestro
Henry James

Espasa

Henry James - La lección del maestro
Lo primero que uno piensa mientras lee esta novela es que los tiempos han cambiado un montón desde que Henry James la escribió allá por 1892. Y, la verdad, no sé yo si han cambiado a mejor… Por supuesto, el talento de James ayuda mucho a mejorar la imagen que nos llega de aquellos tiempos lejanos en los que la sociedad se regía por unas reglas más complicadas que un manual de física nuclear. Pero, precisamente por eso, todo estaba lleno de dobles intenciones, de miradas con significados ocultos, o sólo visibles para los iniciados, y había conspiraciones y maniobras de estrategia cuasi militar por todas partes. Las relaciones eran complejas por naturaleza, y supongo que eso ayudaba a que los imbéciles quedaran al descubierto desde el minuto 1. Hoy, sin embargo, y como todos somos supersinceros y supernaturales, las miradas no dicen nada (o, mejor dicho, dicen todas lo mismo) y las palabras dicen poco más, sobre todo porque un adulto con cerebro de serie no usa más de 20 palabras al día. Eso sí, las repite 500 veces, porque tiene cosas superinteresantes que contar.

“La lección del maestro” es una novela de esas que se llaman “de época”. Cualquier parecido con “Arma Letal III” es pura coincidencia, o borrachera del lector. Contemplada desde la perspectiva de esta época nuestra que nos ha vuelto a todos unos descreídos y unos escépticos, la historia que nos cuenta Henry James en esta novela puede resultar casi infantil. No hay que ser un genio para olerse el final cuando uno va por la mitad de la obra. Y el protagonista se ve tan inocentón desde la primera página que está cantado que va a salir escaldado. Pero (y ahí se muestra la maestría de un gran escritor como James) a pesar de todo eso la novela se lee y se disfruta por el puro placer de recrear en la imaginación aquel mundo que ahora nos parece remoto y que, sin embargo, existió hasta anteayer en términos históricos. Es una delicia leer esos diálogos plagados de sutilezas que los personajes interpretan y reinterpretan para intentar adivinar las intenciones de sus interlocutores. La vida interior de los mayordomos de estas novelas es más rica que la de 25 futbolistas de segunda división de hoy, o que la de 50 de primera.

En resumen, esta es una de esas novelas que hay que leer por el puro placer de leer. Por disfrutar de las palabras, del uso exquisito del idioma, que no se sofistica por un mero ejercicio de estilo, sino para poder reflejar fielmente la complejidad de la sociedad que describe. Y es que, al menos a mí, no se me ocurre nada más sofisticado y complejo que un inglés de clase alta en el siglo XIX. Me río yo de los sudokus cuando los comparo con el personaje del escritor Saint George, que tiene más dobleces que el fuelle de un acordeón. Así que nadie puede llevarse a engaño: “La lección del maestro” es una novela con una historia simple, previsible, muy poco interesante, pero los personajes y escenarios que la componen justifican sobradamente el (escaso) tiempo que se invierte en leer las 130 páginas de la obra. Es como ponerles música clásica a las neuronas en medio de tanto bakalao que hay que leer cada día. Los que esperan (esperamos) ansiosos a que se estrene “Arma Letal V” pueden entretener la espera con esta joyita. Sus neuronas se lo agradecerán.

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Teatro: “Humo”, con Juan Luis Galiardo y Kiti Mánver

Como este blog no tiene sección de Teatro, pongo esta crítica en la categoría de “Desvaríos”. Lo cual, por cierto, no es descabellado porque la obra que voy a criticar está protagonizada por el gran Juan Luis Galiardo, personaje desvariante donde los haya. La obra se representa actualmente en el Teatro Maravillas de Madrid, y, como a diferencia del 90% de los habitantes de esta ciudad yo sí soy consciente de que no todo el planeta vive aquí, pido disculpas a los lectores residentes en “provincias” porque esta crítica no les va a servir de mucho (no digo yo que el resto de mis críticas sí sirvan de algo, pero eso es otro cantar).

“Humo” es una pieza contemporánea, escrita y dirigida por Juan Carlos Rubio, que trata el manido tema del engaño en las relaciones de pareja. No me refiero al engaño sexual, que también, sino al engaño como pilar básico sobre el que se sustenta cualquier matrimonio, incluyendo medias verdades, preguntas que no se hacen por miedo a la respuesta, respuestas que no se dan por miedo a las consecuencias, etc, etc. Como digo, el tema está bastante manoseado, y Rubio no lo plantea de una manera diferente ni innovadora. El enfrentamiento entre el marido (Galiardo) y la esposa (Mánver) que ocupa el 80% del tiempo de la obra es una escena que, frase más, frase menos, ya hemos visto muchas veces en otras obras de teatro, películas de cine, y canciones de Pimpinela.

En cuanto a las actuaciones, Kiti Mánver está francamente bien. Si su papel fuera más original, el resultado sería sin duda brillante. En cuanto a Galiardo, está como siempre. O sea, histriónico. Últimamente Galiardo siempre hace de sí mismo, y eso limita mucho el tipo de papeles y escenas que puede representar. En “Humo” hay partes que le encajan como un guante, y otras en las que sus excesos gestuales quedan exagerados y falsos. Como consecuencia, las partes cómicas ganan mucho con su presencia, pero las partes dramáticas se resienten bastante.

En resumen, me duele decir que no puedo recomendar esta obra (y me duele porque Galiardo me cae bien, y porque Kiti Mánver hace una actuación muy meritoria). Eso sí, si os invitan a ir, u os encontráis unas entradas en un bar, no las desaprovechéis porque “Humo” os hará pasar un rato entretenido. Un último consejo logístico: si las entradas son para las filas 1, 2 o 3, llevaos un taburete para poner encima de la butaca.

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Receta para llamar la atención

Pequeña Miss Sunshine
Dirigida por J. Dayton y V. Faris, con Abigail Breslin, Greg Kinnear, Toni Collete
Little Miss Sunshine
Pues la receta para llamar la atención cuando uno hace una película (o un libro) es sencilla, y por eso ya está descubierta desde hace mucho tiempo. Y si no, que se lo pregunten a Almodóvar. La receta es esta: cójase a un puñado de personajes raros rarísimos, imposibles de encontrar en ningún otro sitio, y póngase a semejante elenco de frikis en una situación rara rarísima, imposible de encontrar en ningún otro sitio. Déjese que personajes y situación interactúen durante una hora y media. Termínese la película con un final más raro que la suma de personajes y situación, con un toque de humor y un poco de mensaje moralista. Sírvase caliente o frío, tanto da. Listo.

En el caso de “Pequeña Miss Sunshine”, la lista de personajes imposibles incluye a un perdedor impenitente con un padre jubilado obsesionado por el sexo y las guarradas. El perdedor está casado con una mujer sin carácter, y ambos tienen dos hijos: un adolescente que no habla porque ha hecho voto de silencio hasta que se convierta en piloto de reactores, y una niña fea, rolliza e inexpresiva que sueña con llegar a ser miss. Por si fuera poco, la película comienza justo cuando la feliz familia tiene que acoger al hermano de la mujer, recién salido del psiquiátrico tras un intento de suicidio. No está mal, ¿eh? Ni un personaje medianamente normal en una lista de 6. Pero, como decía antes, la receta para llamar la atención exige que, además de conseguir personajes surrealistas, se los exponga a una situación ridícula. En este caso, los 6 protagonistas tienen que cruzar EEUU para acudir a un concurso de belleza en el que (inexplicablemente) tiene que participar la hija pequeña. Por supuesto, las circunstancias se confabulan para que no puedan ir en avión. Y para que no puedan ir en tren. Y para que no tengan un coche decente. Así que tendrán que hacerse unos cuantos miles de kilómetros en una furgoneta Wolkswagen del año cuatro.

El resto es lo de menos. Porque cuando uno ve cómo empieza la historia, ya puede imaginarse cómo va a seguir. Y uno acierta. La furgoneta se estropea, el perdedor recibe más malas noticias, el abuelo… el abuelo se muere, y eso sí es una sorpresa, mira por dónde. Por supuesto, no pueden enterrarlo, ni dejarlo en un depósito, ni volver a casa para hacerle un funeral. Sería demasiado fácil. Así que se llevan al abuelo en el maletero al concurso de belleza. Ya digo, la situación tiene que ser lo más ridícula posible.

Al final, el concurso de belleza resulta tan surrealista como el resto de la película, pero, claro, a estas alturas ya no nos sorprende nada. Podrían salir las niñas desnudas y nos lo creeríamos. Podría salir un pelotón de marines bailando el can-can y nos lo creeríamos. Podrían terminar todos montando una churrería en Santa Mónica, y nos lo creeríamos. Así que, ¿qué más da cómo termina? Eso sí, termina bien, porque recordemos que la receta incluye humor y un poco de moralina. Y esta película tiene un poco de todo, de eso también. Como tantas otras.

Sé que en esta ocasión mi opinión no coincide con la de la plebe, porque todos los amigos y conocidos que me han hablado de esta película (y cuando digo todos, quiero decir absolutamente todos, el 100%, la totalidad de ellos, etc., etc.) me han dicho que les ha gustado mucho. Todo el mundo me dice que es una película original, divertida, fresca. Lo único que me consuela de este aislamiento cinematográfico al que me veo relegado con “Pequeña Miss Sunshine” es que, por fin, me siento como un crítico de verdad: ya he conseguido que no me gusten las películas populares. Lástima que todavía me siga perdiendo mi gusto por la saga de “La jungla de Cristal”

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