Archivos del Mes para April, 2007Pag 2 de 2

Viaje (lingüístico) en el tiempo

Una maravilla histórico-lingüística: la comunidad sefardí de Estambul tiene una publicación en Internet donde se cuentan sus cositas, pero lo alucinante es que se las cuentan en ladino. Es realmente increíble que una peña de tipos que viven Turquía, que no han pisado España jamás, y cuyos antepasados tampoco la pisaron desde 1492, sigan hablando un idioma que nosotros podemos entender. Es como leer el Cantar del Mío Cid, pero contando cosas que han pasado ayer. Tiene un toque macarra, porque usan mucho la “k”, pero a la vez todo suena a poesía antigua. En fin, que a mí me ha parecido una delicia. Para visitarlo, haced clic aquí

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Se abre el telón y se ve un pisto

Diario de un escándalo
(Notes on a scandal)


Diario de un escándaloDirigida por Richard Eyre
Con Judi Dench y Cate Blanchett

Por fin ha llegado el ansiado día en el que nuestro segundo Regional Vicepresident ha cogido el boli y se ha puesto a escribir una crítica. No negaré que los accionistas ya empezaban a mostrar cierta impaciencia, y que alguno había sugerido incluso que no le pagáramos el bono de este año. Han sido momentos tensos, pero todos quedan ahora olvidados y compensados porque ya tenemos el primer resultado del trabajo de Oletorole en nuestras manos. Y he de decir que, para ser el primero, el chaval se ha puesto a repartir leña con la mano abierta. No sólo a la película que critica, que ya va bien, sino también a otras películas, libros, y no sé por qué se ha cortado y no ha metido algún disco en la reyerta. Total, que la cosa está animada. Hala, a leerla.

Por Oletorole

Hace unos años estaban muy de moda los chistes de “se abre el telón… ¿cómo se llama la película?”. Desde que ya no contamos chistes, sino que los “mandamos”, ya no se oye (ni se lee) nada de eso. Pero si se abriera el telón y se viera una atracción fatal que no lleva a hervir conejos, un amor platónico que no acaba con una muerte en Venecia, una obsesión que no condena al objeto del deseo a la cama con las piernas rotas… la película se llamaría “Diario de un escándalo”.

Esta es una película que responde a la fórmula “uno más uno igual a deja vu”: un pisto de personajes ya mil veces vistos, de argumento “architrillado”, y (para rematar la analogía del pisto de una forma muy poco original) de estructura más simple que una cebolla. Un pisto de lo más soso, demasiado soso incluso para los que padecen de hipertensión.

Judi Dench en el papel de Bárbara Covett, una profesora de instituto demasiado mayor para la prejubilación, es un Hannibal Lecter descafeinadísimo, con sacarina y leche desnatada. Cate Blanchett, inolvidable por sus papeles en “El Talento de Mr. Ripley”, “El Señor de los anillos” y sí, por qué no, en “Babel”, es una mujer desesperada a la Gabrielle Solis (sin las sugerentes curvas hispanas ni el desparpajo de Eva Langoria) que se lía con un chaval que según su hija adolescente en la película “es más joven que mi novio” (quien haya visto la primera temporada de “Mujeres Desesperadas”, entenderá la analogía, si no, baste decir que la Solís se lía con el adolescente que aparte de segar el césped de su casa, cuida también de su felpudo).

El guión, adaptación de una novela de Zoe Holler, es de Patrick Maber, al que consideraba un genio después de haber visto “Closer” (basada en una obra de teatro suya), que fue una de las películas que más me impactaron en los últimos años. “Closer” era una película adulta, para adultos sofisticados, mientras que “Diario de un escándalo” es una película disfrazada de sofisticada, para adultos que para sentirse profundos y cultos leen “Los Pilares de la tierra”, “El alquimista”, una retahíla de novelas históricas, y sí, ven películas como esta (podemos añadir “El laberinto del fauno” y “El jardinero fiel” a la lista, como otros ejemplos cinematográficos recientes de este fenómeno).

Lo sorprendente es que (como también pasa con “El laberinto del fauno”) la crítica es casi unánime a la hora de elogiar la película. Y me pregunto: ¿será que he perdido mi sensibilidad peliculera a base de ver tantas series? ¿Será que por ir de sofisticado por la vida, me he convertido en un esnob al que nada le gusta? ¿Será que ya no me dejo engañar por la mediocridad disfrazada de arte? ¿Será que es una película de verdad sofisticada y que yo soy tan basto que no me entero?

Os dejo y me quedo con las dudas. Pero ante la duda, mejor ver el nuevo capítulo de “Anatomía de Grey” que invertir tiempo y dinero en “Diario de un escándalo”.

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Cuando un título sí importa

Diario de un escándalo
(Notes on a scandal)


Diario de un escándaloDirigida por Richard Eyre
Con Judi Dench y Cate Blanchett

Hay tensión entre los Regional Vicepresidents, no lo voy a negar. Eso es bueno para la empresa, que se beneficia de esa competencia feroz, pero no sé si será bueno para los propios VPs que están afilando sus (¿largas?) espadas en una espiral de apatía y terror. El caso es que esta semana los dos han elegido la misma película para criticar. Yo no la he visto, así que no puedo decir cuál me parece más acertada. Eso sí, opinaré de ambas en la sección de Comentarios, porque lo bueno de los blogs es que puedes opinar aunque no tengas ni pajolera idea del tema del que se está discutiendo. Qué bonita es la sabiduría popular. La crítica de Paditasawa empieza aquí. La de Oletorole la publico en unos minutos.
Por Paditasawa

Siempre me ha parecido curiosa la manía de los españoles de traducir los títulos, quién no recuerda las míticas Die hard (para nosotros Jungla de cristal) o First blood también conocida como Acorralado es lo que se llama traducción libre, cuyo único propósito es poner en situación a los que escogen las películas por su título (que son muchos, seguro).

Bueno, pues en el caso que nos ocupa el título cumple con su cometido y va más allá, nos predispone. Desde que las letras hacen su aparición y los personajes empiezan a vivir en la pantalla una mosca sobrevuela tu orejilla. Tu cerebro empieza a preguntarse: ¿será este el galán?, ¿a que es ahora? Ay, ay, ay, no te líes que te estoy viendo venir… catapún, pasa lo que el título dice que tenía que pasar, y tu ya de por sí predispuesta angustia sigue creciendo hasta que acaba la película.

Como podéis deducir, esta no es una película de grandes sorpresas. Es una película con dos buenas interpretaciones: la de la maestra Judi Dench, “la bestia”, capaz de construir una desoladora imagen de soledad enfermiza, vengativa y brutal a través de sus silencios, de sus miradas, o de sus manos al sostener un cigarrillo. Una sola duda: ¿sería esta grandísima actriz capaz un día de hacernos reír? Habrá que esperar a otra peli, hoy desde luego no tocaba.

La segunda en discordia es la bella, Cate Blanchett. Te la crees en su interpretación de persona grácil, indefensa ante una vida que la sobrepasa, estúpida en sus actos, terrenal y etérea hasta lo absurdo. Por darle al personaje un pequeño asidero donde agarrarse podríamos decir que la pobre vive con una familia capaz de perturbar hasta al más cabal (que no es ella, ni mucho menos). Por lo demás nuestra guapa profesora vive en este rollo pseudomoderno-artista-hippilón (tan presente entre algunas damas de nuestra alta sociedad), que cree que con los niños hay que dialogar siempre porque ellos lo entienden todo, capaz de bailar juntos en familia canciones pop dejando que su cuerpo se mueva ”como tú lo sientas” o de expresar sus sentimientos a la primera que pasa por la calle y que dice ser nuestra amiga (y yo me digo, ¿es que estos anglosajones no tienen un puñetero amigo como Dios manda, de esos de los de toda la vida? Joé, qué putada de sociedad en la que viven). No os quiero desvelar mucho más, pero ya veis el cariz que están tomando los acontecimientos, si luego en la segunda parte la profe se acaba enrollando con Farruquito en Alcalá Meco no os extrañéis.

En lo que no estoy tan de acuerdo es en la elección de los secundarios, ahí nuestro amigo (Director) ha estado tan poco fino como Lucas con la elección de Hayden Christensen para el personaje de Anakin Skywalker. Primero con el chaval, ese chico capaz de arrastrar a la perdición a la bella dama y que, a mi juicio, no cuenta con el gracejo, el físico ni la inteligencia suficiente como para hacer creíble la historia. Quién no recuerda a ese Di Caprio adolescente en “Titanic”, capaz de enamorar a cualquier inglesita de buena familia que se le pusiera por delante con su angelical cara y su sonrisita picarona. Nuestro supuesto héroe es un muchachito blanquecino tirando a lechoso, con un cierto toque macarrilla y con comentarios poco picarones que recuerdan a los que el bueno del príncipe Charles le hacía a Camila cuando ella todavía no había llegado a la menopausia.

Luego está el marido de la bella, un cincuentón profesor casado con un bombón (a la que claramente engañó en otra etapa de su estúpida vida) al que parece que le han tatuado la sonrisa mientras su mujer se la pega en el piso de abajo. Por no hablar de la escena en la que pretende interpretar a un marido cabreado por cornudo está tan suavecito que las protestas no dan ni para tarjeta amarilla.

De todas formas quiero deciros que en esta valoración puedo estar más sesgado, lo reconozco. No he podido olvidar al actor en “Love Actually”, junto a Hugh Grant interpretando a un rockero que renace de sus cenizas como el Ave Fénix para triunfar otra vez. Espero, para la próxima crónica, haberle perdonado.

Poco más por hoy, al que le apetezca ver a dos buenas actrices interpretando personajes de cierta enjundia que vaya al cine. Si ponen un buen partido por la tele esperad a que la echen en el Plus.

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Ajustes de intendencia

He retocado el blog para que ya se lea bien tanto en Explorer como en Firefox. Además le he puesto un tipo de letra un poco más grande porque los que ya tenemos una edad no estamos para alardes visuales (de otro tipo sería cuestión de estudiarlo). Espero que el sector más pejiguero de los lectores ya esté más contento. Yo estoy aquí para cumplir todos vuestro caprichos, no lo olvidéis, que para eso me estoy haciendo rico gracias a vosotros a razón de 4 dólares al mes. Que no falte de nada. Es mi lema.

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El truco del almendruco

El truco final
(The Prestige)


El truco finalDirigida por Christopher Nolan
Con Hugh Jackman, Christina Bale y Scarlett Johansson

Ya se sabe que las personas se dividen siempre en 2 clases: los que mandan y los que obedecen, los que corren delante y los que corren detrás, los que siguen a Buda y los que siguen a David Bisbal, etc., etc. Y cuando se trata de magia, también hay 2 tipos de personas: los que disfrutan del espectáculo y aceptan la ficción de que la magia existe, y los que se empeñan en saber dónde está el truco. Cualquiera de esas dos actitudes es entendible y lógica, y cualquier historia construida sobre ellas parecerá verosímil y tendrá una explicación completamente racional. Pero cuando se plantea una “tercera vía”, a saber, que la magia realmente existe, y además se plantea bajo un prisma casi científico, entonces la expectativa que se crea es altísima. ¿Cómo puede hacer un mago magia “auténtica”? ¿Es posible que la ciencia pueda explicar un fenómeno sobrenatural?

En esa premisa nos situamos cuando, después de un buen rato entretenido pero francamente prescindible, “El truco final” arranca por fin y nos presenta un misterio relacionado con la competencia feroz que se establece entre dos magos empeñados en ser el mejor del mundo, y sobre todo en batir a su oponente para saldar una antigua deuda que ambos tienen pendiente. Añado que, además de tardar una media hora en plantear el misterio, “El truco final” tiene una estructura de saltos adelante y atrás en la historia, con abundantes flashbacks, que al menos a mí me ha mareado un poco. La unión de todos estos factores hace que la película nunca acabe de enganchar, a pesar de que la historia en sí es amena, mantiene el interés, y envuelve todo de un halo mágico (nunca mejor dicho) que nos obliga a aguantar en la butaca para poder descubrir finalmente la solución al enigma. Para el sector masculino y heterosexual, y para el femenino homosexual, también merecerá la pena señalar que Scarlett Johansson está como un queso, aunque personalmente debo decir que no es mi tipo. Y lo digo, sobre todo, porque no tengo ni una remota posibilidad ya no de llegar a estar en la misma cama que ella, sino ni siquiera en la misma comunidad autónoma. Así es más fácil hacerse el chulito.

Volviendo a la crítica de la película, y como “El truco final” depende en gran medida del misterio que plantea y de cómo se resuelve, no puedo hablar mucho más del asunto sin desvelar información crítica sobre el desenlace. Sólo diré que a mí me decepcionó mucho. Hasta el último cuarto de hora, la película me estaba gustando bastante, a pesar de ese cierto desorden en la narración que he mencionado antes. Si se hubiera mantenido en ese nivel hasta el final, le habría dado un 3 tan ricamente. Pero como los puntos son míos y a mí el final no me ha gustado, le quito un punto, y que no me tosa el director que le quito otro y lo mando a segunda división. Pues bueno soy yo. Igual que reniego de Scarlett Johansson mando directores a regional y me quedo tan ancho. Total, ni voy a liarme con la Johansson, ni voy a tomarme copas con el director de la película. Esta es la magia de ser un bloguero de todo a 100. Y en esa magia, desgraciadamente para mí, no hay truco. Porque si lo hubiera, hace tiempo que habría sacado a Keira Knightley de una chistera y habría dejado de ver películitas de tres al cuarto. Bloguero sí, pero no gilipollas.

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Un universo más acogedor

Batiscafo Katiuscas
Antònia Font

Antonia Font - Batiscafo KatiuscasOletorole me ha regalado un iPod. Un iPod de segunda mano, que se le había estropeado y que yo, gracias a mis poderes paranormales, he arreglado imponiéndole las manos. Ya me explayaré en otro momento sobre mis habilidades curativas en aparatos eléctricos y electrónicos (que ya han devuelto la vida a un teléfono inalámbrico, un horno microondas, una cafetera express, y ahora un iPod, entre otros muchos entes electromagnéticos que se han sometido a mi autoridad metafísica), pero ahora mismo lo único que nos importa es que por fin tengo un iPod. Nunca me había llamado la atención, lo reconozco, porque yo soy un tecnomacho y los tecnomachos es lo que tenemos, que no podemos llevar lo que lleva la plebe. Es el precio que hay que pagar para ser un tecnomacho, pero a cambio uno consigue… ¿ser gilipollas? Podría ser. Pero estoy derivando salvajemente. Retomo.

El iPod me ha tenido entretenido un buen rato hasta que le he metido toda la música que había ido guardando en CD’s ordenaditos a lo largo de los últimos años. Como con la música soy bastante exigente, tampoco tengo mucha (es decir, escucho mucha pero guardo poca). El caso es que al ir copiándolo todo a mi flamante iPod, he aprovechado para “revisitar” (qué horrible palabra, propia sólo de esnobs, de imbéciles que quieren aparentar que hablan inglés permanentemente y ya no saben traducir al castellano, y de periodistas cretinos, y perdón por la redundancia) algunos de mis discos preferidos. Y uno de ellos es este “Batiscafo Katiuscas” de los inclasificables Antònia Font. Y digo “los” porque Antònia Font no es una tía, sino un grupo de tíos, extraños, y mallorquines para más señas. Aunque, en realidad, Antònia Font sí existe, y creo recordar que leí en una entrevista que los Antònia Font decían que la Antònia Font era una compañera que habían tenido en la universidad, y que supongo que estaría bastante buena, o que sería simpática (porque las dos cosas a la vez, como ya se ha demostrado miles de veces, es imposible… y por favor, que nadie me ponga el ejemplo de Meg Ryan en “Cuando Harry encontró a Sally” porque esa no era Meg Ryan sino un personaje escrito por un guionista, lo que, por cierto, también aplica para quienes ponen esa película como ejemplo de lo fácil que es fingir un orgasmo para una mujer… sobre todo si esa mujer es actriz, ¿no?). Joer, ya estoy derivando otra vez. Percha, Tonet, percha.

Total, que Antònia Font es una delicia de grupo. Hacen unas canciones que parecen pequeñas olas, de esas que casi no rompen cuando llegan a la playa, de las que hay en los últimos días de primavera, cuando el agua todavía está fresca pero ya no está fría, cuando el verano está a la vuelta de la esquina pero no todavía no hace calor y uno se entretiene metiendo los pies debajo de la arena como si nunca lo hubiera hecho antes. Esta metáfora, obviamente, no se me ha ocurrido en Madrid. En este disco hay canciones ligeras y canciones raras, algunos juegos vocales que terminan directamente en el desafine provocado, divertido, pero sobre todo hay una especie de atracción irresistible. He leído varias veces que los Antònia Font construyen su propio universo, y desde luego cuando uno escucha su música se siente como si hubiera dejado los atascos, los cielos grises, las corbatas de rayas. Más que eso: uno se siente como si fuera imposible que eso exisitiera. Una pequeña muestra de ese universo, parte de la canción “Wa, yeah”:

Jo cant sa rosa i es cactus
i moltes més coses també
un llapis d’IKEA, un pistatxo, oh yeah!

Que divertit lo que escric quan estic avorrit
per exemple es teu cos
es jersei destenyit,
es carrer blanc de sol,
es meu cos adamunt,
per exemple es teu llit de penombra i llençols amb es termo espenyat
per exemple dormits…

Pequeñas cosas, deliciosas cosas. Cosas tontas que de repente parecen imprescindibles para ser feliz. Porque el universo de Antònia Font, ligero, fresco, apacible, es por encima de todo acogedor. Un lugar donde uno podría pasar años y años con los pies debajo de la arena, las olas haciendo pequeñas líneas de espuma, y la mirada perdida en un horizonte en el que sólo hay levedad de espíritu. A veces, lo más difícil consiste precisamente en encontrar la simplicidad de las cosas. Antònia Font está en el buen camino. Yo voy detrás, a ver adónde me llevan.

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1y1y1 entra en el Fortune 100

Efectivamente, amigos. Marzo ha sido un mes de crecimiento espectacular que ha llevado a 1y1y1 a cotas nunca antes alcanzadas por un blog, o al menos por uno que yo haya escrito. El caso es que se ha demostrado que la incorporación de los nuevos Regional Vicepresidents ha sido un acierto, y así lo ha reconocido el Consejo de Administración al recibir con vítores los resultados mensuales de 1y1y1, al que ya podemos dejar de llamar blog para pasar a denominar imperio mediático.

A las cifras me remito: hemos crecido casi un 100% en visitas, y nuestra facturación en publicidad ha llegado a la escalofriante cifra de 4,52 dólares. Porque, efectivamente, la página tiene algunos banners publicitarios, como ya habrán notado los lectores más sagaces. ¿Y acaso he puesto publicidad sólo por curiosidad, para ver cómo funciona eso del AdSense de Google? No, amigos, he puesto publicidad para forrarme. Y voy lanzado hacia ese objetivo: gracias al éxito rotundo de marzo, las ganancias acumuladas de 1y1y1 desde su creación se han disparado hasta la escalofriante cifra de 15 dólares. Pronto Paditasawa, Oletorole y yo mismo podremos retirarnos en alguna isla exótica, e incluso comprarnos un coco.

Este éxito descomunal ha catapultado a 1y1y1 hacia el prestigioso grupo de las empresas Fortune 100. Es decir: “for tune, 100″. O sea, que tenemos 100 (pesetas) para tunear el blog (sí, amigos, este es el tipo de humor de sal gorda que podéis esperar en este sitio). Y por supuesto vamos a invertir esas 100 pesetas convenientemente. Durante el mes de abril me he puesto como objetivo cambiar el aspecto de la página, a ver si consigo una plantilla que se vea bien en Explorer y Firefox, que últimamente ha entrado mucho lector exquisito que se queja. Lo malo es que después de gastarme esas 100 pesetas, volveré a quedarme fuera del For-tune 100. Claro, que a este ritmo desenfrenado de 4 dólares/mes de ingresos publicitarios pronto volveré a disponer de tanta pasta que no descarto ponerle llantas de aleación al blog. Esto es imparable.

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Una película que olvidaremos, una realidad… que también

Diamante de sangre
(Blood diamond)


Diamante de sangreDirigida por Edward Zwick
Con Leonardo DiCaprio, Djimon Hounsou y Jennifer Connelly

Creo que ya he hablado en alguna ocasión del imprescindible libro (ensayo) “Una temporada de machetes” de Jean Hatzfeld, y creo que también he dicho que es un libro que me dejó “chocado” para el resto de mi vida. Es difícil volver a ver con buenos ojos a la especie humana después de leer esa crónica sobre la matanza que se desarrolló en Ruanda en 1994. Y no me refiero (sólo) a la crueldad extrema que demostraron los hutus, con una “marca” de asesinatos que superó ampliamente a los peores tiempos de los nazis, sino que me refiero también y muy especialmente a la apatía que demostramos todos los países occidentales ante esta barbarie. De hecho, ¿alguien se enteró de que eso estaba sucediendo? ¿Alguien llegó a saber que en tan solo 100 días murieron 800.000 tutsis? ¿De qué hablaban nuestros periódicos en esos días? A ver, piensa un poco: ¿qué era eso tan importante que estabas haciendo tú (o yo) entre abril y junio de 1994 como para que no nos afectara ni siquiera un poquito la muerte a machetazos de 8000 seres humanos cada día? Lo digo en serio, piénsalo un minuto. ¿A qué dedicaste aquellos 3 meses en los que desaparecieron del planeta casi 1 millón de tus congéneres sin que les dedicaras ni 5 minutos de tu tiempo? Sí, ya, demagogia, hay que ser realista, bla, bla, bla.

Pero vamos a lo que vamos (ya haré en algún momento la crítica de “Una temporada de machetes”), y a lo que vamos ahora es a la nueva peli del guaperas DiCaprio. La introducción que he hecho viene al caso porque “Diamantes de sangre”, como el libro de Hatzfeld, nos lleva a un lugar del mundo y a un tiempo en el que ninguno de nosotros podría sobrevivir ni 1 semana. De hecho, cada semana morían muchas personas. ¿Por alguna noble causa? Por supuesto: tenían que extraer diamantes para que nosotros podamos marcarnos el puntazo de regalarle un pedrusco a nuestra churri, o para que las churris se los compren directamente, que para eso ahora ya hay ricos y ricas. También hay pobres y… vaya, para los pobres no hay género. Hasta para eso son pobres. Pero vuelvo a irme por las ramas, y ya llevo dos párrafos, así que voy a ir acortando porque me consta que las reflexiones existenciales no generan audiencia. Yo también veo Operación Triunfo.

Al grano: “Diamante de sangre” es una película normalita, una de esas que te hacen pasar un buen rato, pero de la que 3 meses después no recuerdas nada más que (en el caso de ellas) el DiCaprio estaba súper atractivo con ese moreno de mercenario, o (en el caso de ellos) que a pesar del calor que hacía en Sierra Leona la Jennifer Connelly no se quita la camiseta ni 5 segundos. Sospechoso, ¿eh? En fin, el caso es que la película es entretenida, tiene aventuras, tiros, paisajes bonitos y mucha acción. Si uno se queda en eso, entonces cualquier entrega de la saga de “Indiana Jones” es 100 veces más divertida. Por no hablar una vez más de mis películas favoritas de carácter intelectual, “La jungla de cristal” y “Arma letal”. Pero si uno ve esta película, además, como una especie de documental sobre el sufrimiento y la crueldad que generamos en el primer mundo para conseguir una satisfacción tan prescindible como llevar un diamante en un dedo, entonces la cosa se vuelve mucho más interesante.

Porque, a pesar del toque “hollywoodiano” que tiene la película, lo cierto es que da la sensación de retratar bastante bien la situación en la que se encuentran muchos de esos países africanos: sus habitantes, convenientemente armados hasta los dientes (sí, también gracias a los países ricos), se matan unos a otros para quitarse las riquezas naturales de sus tierras y vendérselas a los blancos. O, directamente, para comprar más armas con las que seguir matándose. Con esta segunda lectura, “Diamantes de sangre” tiene escenas que desafían a los estómagos más resistentes. Matanzas, mutilaciones, torturas… nada demasiado explícito, pero todo lo suficientemente claro como para que uno no pueda pasar por la película sin más. Y así, la película termina y uno se queda un rato con una sensación de mala conciencia. Un rato. Un día, si eres un poco sensiblero como yo. Pero después llega el lunes, vas a trabajar, abres el powerpoint, discutes con algún gilipollas (ver la saga “Estamos rodeados de gilipollas”), y la verdad es que cuando llega el martes ya no sabrías decir si Sierra Leona existe realmente, o si es una zona de la Tierra Media. Porque, hay que reconocerlo, el anillo de “El señor de los anillos” perdería mucho si fuera de metacrilato. El oro y los diamantes, es lo que tienen.

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