Undiscovered
James Morrison
Leo por ahí que James Morrison es la nueva sensación de la música británica, y que las quinceañeras andan locas por llegar a rozar un pelo de su (escasa) barba de casi adolescente. No he preguntado qué estarían dispuestas a hacer dichas quinceañeras por conseguirlo, pero me lo imagino, porque aunque dicen que ahora las quinceañeras se desarrollan antes, me temo que no se refieren al cerebro. Se entenderá entonces por qué me puse a escuchar este disco con cierta prevención. ¿Tenía en mis manos a un David Bisbal con acento de Liverpool (que, ahora que lo pienso, vaya mezcla)? ¿Empezaría a escuchar en algún momento estribillos pegadizos con letras del estilo “Ave Mary, when will you be mine”, o “Bulería, Bulería, more I love you every day”, over the glory of my mother? Pues no. Mira tú por dónde.
Lo primero que me sorprendió al escuchar al tal Morrison es su voz. Con la cara de pipiolo que tiene lo último que uno se espera es una voz casi negra, tipo Joe Cocker, con potencia y técnica dignas de un tío más maduro y, sobre todo (insisto), más negro. Tiene voz de soulman, y probablemente por eso muchas de sus canciones suenan a soul, aunque sea un soul bastante poperizado. Leo que el chaval escuchaba de pequeño a Otis Redding y Marvin Gaye, y lógicamente eso también tiene que haber influido en su estilo. Porque, por si no lo he dicho, James Morrison también compone sus canciones además de cantarlas. Que el chaval viene full equip, vamos. (Nota para el sector garrafón del blog: aclararé ahora que el título de esta crítica es un juego de palabras con el famoso dicho de los romanos “Dura lex, sed lex”; dejo como ejercicio para el alumno encontrar en Google el significado del aforismo, y entender de esa manera el juego de palabras. Y, por favor, de ahora en adelante venid al blog con el latín fresco).
Por lo demás, el disco es muy fácil de escuchar. Algunas canciones entran a los 30 segundos, y muchas de ellas piden una segunda escucha en cuanto se termina la primera. Melodías facilonas con letras que llegan rápidamente al público que pintaba monas en 2º de BUP pensando en la periquita de su vida, que finalmente resultó ser la periquita de la vida de otro, y de hecho ni eso, resultó ser un loro del quince que ahora está divorciada y vive con un vendedor de Gillette que también se ha separado dos veces. La vida, a diferencia de lo que nos parecía en 2º de BUP, no tiene un guión, y si lo tiene lo ha escrito el guionista de “El resplandor”.
Pero un momento, que estoy desvariando, y además desvarío de una manera injusta, porque tal vez alguien esté concluyendo de todo esto que James Morrison es el equivalente a Miguel Bosé hace 20 años, y eso sería bastante injusto. James Morrison tiene una voz preciosa, un sentido musical bastante sólido, y canta unas canciones que, aunque fáciles, pasan muy por encima del listón de la mediocridad. Digamos que el tío tiene todo lo que se necesita para convertirse en un gran cantante, y ahora lo único que necesita es seguir creciendo. “Undiscovered” es su primer disco, y hay que mirarlo como tal. Aunque, para ser sincero, no recuerdo yo muchos debuts de la calidad de este. En la última semana he escuchado “The pieces don’t fit anymore” unas 50 veces, y de momento no me he cansado. Y con otras 4 o 5 canciones voy por las 20 escuchas, y subiendo. De hecho, he estado a punto de darle 4 estrellitas al disco y recomendar su compra incondicionalmente. ¿Por qué no lo he hecho? Porque el toque popero me ha echado para atrás, y me he imaginado lo que dirían mis amigos más cultivados musicalmente si le pusiera un 4 a algo que suena, aunque sea remotamente, a pop. Y, claro, entre James Morrison y mis amigos, nunca elegiría a Morrison. Salvo que me hiciera heredero universal, porque me da que el pollo va a forrarse con esto de la música.





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