Archivos del Mes para May, 2007Pag 2 de 2

Espesa, para lo bueno y para lo malo

El buen pastor
(The good shepherd)


El buen pastorDirigida por Robert de Niro
Con Matt Damon, Angelina Jolie, Alec Bladwin y Robert de Niro

“Espesa” es el primer adjetivo que se me vino a la cabeza después de ver “El buen pastor”. No es un adjetivo muy favorable, cierto, pero hay que tener en cuenta que se me ocurrió después de aguantar sentadito y callado (bueno, callado no porque yo comento las películas en voz alta, aunque vea las películas solo… o, mejor dicho, sobre todo si las veo solo) las casi 3 horas que dura la obra. Y, vaya por delante, no se puede decir que se pasen volando. Más bien pasan lentamente, arrastrándose, deslizándose con calma… espesas, vaya.

Es una cuestión, sobre todo, de ritmo. La película tiene un cierto ambiente brumoso, incluso cuando las cosas pasan en pleno mes de agosto a la una de la tarde. Todo rezuma pesadez, los movimientos de los actores son lentos, las miradas eternas, los diálogos cortos y crípticos. Y, claro, al cabo de media hora uno (sobre todo yo) ya empieza a echar de menos algún tirito, una persecución en coches, no sé… un caza estrellándose contra el puente de Brooklyn. Pero no. En “El buen pastor” parece que nos cuentan cómo es la vida de los espías de verdad, y sinceramente resulta más aburrida que la de un panadero. Mucho mensajito secreto, mucho libro con doble fondo, pero de acción, cero pelotero. Ojo: no digo que esto sea malo. Hay excelentes películas de espías en las que no se mata ni a una mosca, pero resultan amenas porque la trama es compleja, hay suspense, emoción… en fin, hay otras cosas que compensan de sobra la falta de acción. En “El buen pastor” no hay nada de eso. Toda la película se construye sobre una única intriga: ¿quién filtró a los rusos el desembarco americano en Bahía de Cochinos y provocó, por lo tanto, el fracaso de esa vital operación? Tres horitas para resolver la cuestión.

¿Y qué pasa en esas 3 horas? Pues que se mezclan muchas cosas, porque pronto la película se convierte en una especie de biografía de un “capo” de la CIA (Matt Damon) que empieza en el negocio como quien entra de ayudante en una churrería, y gracias a su innata falta de expresividad y a su devoción por la patria, termina convertido en uno de los tíos que más mandan en el chiringuito. Siguiendo la vida de este hombre vamos viendo cómo funcionaban las tripas de una de las dos agencias de espionaje más poderosas de todos los tiempos. Desde los años 30, pasando por la II Guerra Mundial y la post-guerra (con la rifa de científicos alemanes), hasta la gloriosa época (para los espías) de la guerra fría. Ahora ya empiezan a justificarse las 3 horas, ¿verdad? Pues no. Incluso para repasar tantos años de espionaje y contraespionaje, 3 horas se hacen muy largas.

Y ya que ha salido Matt Damon por ahí, hago un inciso para decir que el papel que le dan a Angelina Jolie no le entra ni con calzador. No sé a quién se le ocurrió que la Jolie podía representar a una mujer de los años 40-50 con esos morros que tiene, y con un maquillaje que ni siquiera intenta disimularlos. Sí, ya, seguro que en aquellos tiempos también había mujeres morrudas, pero es que lo de Angelina Jolie es exagerado. Parece que la han recortado y pegado encima de los decorados, y en ningún momento uno se hace a la idea de que ella es realmente la abnegada esposa de un funcionario de la CIA. Porque cada vez que le enfocan la boca, lo último en lo que uno piensa es en los rusos. Más bien se vienen a la cabeza otros extranjeros, mucho más cercanos a nuestro país… en fin, vamos a dejarlo aquí.

En resumen, “El buen pastor” es una película con un buen planteamiento y buen material para trabajar, pero la cosa se va de madre. Decía antes que la primera palabra que se me vino a la cabeza era “espesa”, pero también es cierto que hay una parte buena en esa espesura: el ambiente resulta oprimente, pesado, agotador. Y supongo que ese es el tipo de sensación que debían de tener esos tipos que se dedicaban al negocio del tráfico de información. Una especie de gota malaya psicológica. En ese sentido, la película resulta, como creo que también he dicho ya, bastante realista. Pero, a fin de cuentas, si hubiera querido ver un documental ya me lo habría buscado yo solito. Cuando voy a ver una película, no me gusta que me den otra cosa. Caprichoso que soy.

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Dos cuarentones rebelados de la vida

Otro
Tonino Benacquista

Editorial Lengua de Trapo

Tonino Benacquista - Otro
Juro por la perilla de Coetzee que cuando me compré este libro no sabía muy bien de qué iba. Había leído una buena crítica, me llamó la atención (lo reconozco) la referencia a Houellebecq en la contraportada, y me tiré a la piscina, a ver si el agua estaba buena. ¿Y a cuento de qué vienen todas estas aclaraciones cuasi defensivas antes de ponerme a criticar ferozmente? Pues vienen a cuento de que, cuando sólo llevaba 10 páginas de la novela, me encontré ante dos personajes con 40 años casi recién cumplidos que un día se conocen por casualidad y que, animados por la euforia de una borrachera tonta, cruzan una singular apuesta: cada uno debe conseguir, a sus 40 tacos, convertirse en otro. No en “el otro”, sino en otra persona. ¿Es eso posible? Bueno, de eso trata la novela.

La obra tiene, pues, dos personajes principales, y de hecho está estructurada de tal manera que se alternan los capítulos dedicados a uno y a otro. Personalmente, me declaro admirador de Nicolas Gredzinsky, un tipo gris que trabaja en un gran grupo empresarial francés (yo diría que es Vivendi) y que, después de esa primera borrachera con el otro protagonista (Thierry Blin), descubre los múltiples y variados poderes del alcohol y ve tan asombrado como el lector cómo su vida va cambiando radicalmente. En cuanto al otro personaje, Blin, es un enmarcador de cuadros dueño de su propio (y modesto) negocio, que se toma la apuesta a pecho y se lanza a un complejo proyecto de cambio de vida, o más que eso, de cambio de identidad, de esencia, de cambio de sí mismo.

El planteamiento, hay que reconocerlo, es realmente atractivo. No sólo para los que rondamos la edad de los dos protagonistas (aunque eso le añade un aliciente extra a la lectura), sino para cualquier lector que alguna vez se haya preguntado si realmente está llevando la vida que quiere llevar, si él dirige su vida o si la vida lo dirige a él. Todos nos hemos hecho esa pregunta alguna vez, antes o después de los 40 (y los que no se la hayan hecho ya se la harán), y yo creo que todos tenemos la sensación de que las posibilidades de cambio disminuyen con la edad. Blin lo resume en una frase que le suelta a Gredzinsky en el primer capítulo, durante esa borrachera que se cogen mano a mano. Dice, refiriéndose a los años de juventud:

Durante aquellos años nos construimos, y puede que aún nos queden treinta para comprobar qué tal lo hicimos. Pero ya nunca más seremos otro.

Esa sentencia es la que provoca, tras un bonito debate sobre el tema, la apuesta que desencadena toda la trama de la novela: ¿serán capaces Blin y Gredzinsky de convertirse en otro? Como ya dije antes, los dos protagonistas no se conocían antes de esa noche, y ambos acuerdan no volver a verse hasta dentro de tres años, en el mismo bar en el que ahora se están tajando. Será el momento de ver quién ha ganado la apuesta. Y así arranca la historia.

¿Qué pasa con el resto de la novela? Pues, en general, la novela es muy entretenida. El problema es que, a medida que pasan las páginas, se va quedando “solamente” en eso: en una novela entretenida. Que nadie me entienda mal: me encantan las novelas entretenidas. Es sólo que el planteamiento inicial de “Otro” anunciaba (o al menos así lo interpreté yo) una reflexión un poquito más profunda sobre la posibilidad de cambio, sobre si realmente llega un momento en la vida de una persona a partir del cual ya no es posible ser otro, vivir de otra manera, poner todo patas arriba y volver a empezar. La obra habría sido mucho más interesante si, además de narrarnos las peripecias de Blin y Gredzinsky en su proceso de renacimiento, nos diera un poco de material para meditar de tanto en tanto, algo que fuera más allá de la mera aventura, de la comicidad que supone ver a dos “peces fuera del agua” luchando contra sí mismos. A pesar de eso, insisto, la novela es divertida, está muy bien escrita y mantiene el interés durante todo el desarrollo. Como decía antes, Gredzinsky se ha ganado un hueco en mi particular panteón de personajes literarios admirables. Aunque al final, como también le pasa a la novela en general, se repite un poco y termina por convertirse en una caricatura de sí mismo… o de su otro mismo. ¿Es eso una moraleja? Yo diría que no. Pero vete tú a saber qué diría mi otro. El día que lo encuentre se lo pregunto, si es que finalmente es posible eso de convertirse en otro a partir de los 40. Lo que es cierto es que, después de leer “Otro”, a uno le entran las ganas de intentarlo.

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Pero, ¿qué tipo de gente sois?

Buenas. Iba yo a publicar un artículo nuevo (luego lo pongo), y cuando entro en el blog me encuentro con que los de Google me han puesto un anuncio… de un centro de desintoxicación para drogadictos (para los que no se hayan fijado, el blog tiene unos anuncios entre artículo y artículo que coloca Google a su criterio, supuestamente basado en los contenidos del blog, las visitas… por cierto, que si alguien quiere pinchar en esos banners no dan calambre ni nada). Pero a lo que vamos: yo no sé qué está pasando últimamente en el blog, pero los anuncios que me pone Google cada vez son más raros. Es frecuente que me cuelguen uno del polígrafo (o máquina de la verdad); también he visto algunos de tarot; ahora el de la desintoxicación…

En fin, últimamente ha habido bastantes lectores nuevos que se han registrado, y la verdad, no sé yo si estaré eligiendo bien el público al que me dirijo… Que no tengo nada en contra de los drogadictos, ni de los que echan las cartas, ni de los que mienten… yo no tengo nada en contra de nadie porque eso hoy en día es malísimo, hoy hay que ser superpositivo y megatolerante y ultraguay, pero dicho esto, voy a darle un toque al que controla la puerta del blog, porque se le está colando lo mejor de cada casa. Luego pongo el artículo que iba a poner. Es que ahora me he quedado un poco desorientado.

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Raro no quiere decir malo… ni bueno

A guide to recognizing your saints


A guide to recognizing your saintsDirigida por Dito Montiel
Con Robert Downey Jr., Shia LaBeouf y Chazz Palminteri

Estoy empezando a preocuparme. ¿Me estaré volviendo un crítico de verdad? No sólo veo películas que no se han estrenado en España de lo raras que son, sino que además las veo hasta el final, y casi diría que me gustan. O, qué narices, sin el “casi”, sí me gustan. Me ha gustado “A guide to recognizing your saints”, aunque tampoco voy a ir ahora del palo superprofundo y tengo que reconocer que había ratos en los que no me enteraba mucho de la historia. Es el precio a pagar por haber visto las 6 temporadas de “24″.

Pero la verdad es que, a pesar de esos lapsus en los que mi lado garrafón se rebelaba, el resultado global ha sido positivo. “A guide to recognizing your saints” es una de esas historias sobre unos chicos de barrio en Nueva York, una historia que no va a ninguna parte, como las vidas de sus protagonistas. La película avanza poco, se limita a sobrevivir escena tras escena, igual que los muchachos que andan y andan por las calles de ese barrio de Astoria pero que al final siempre terminan en el mismo sitio, en su casa, en su manzana, en el único trozo de planeta que conocen y en el único donde se sienten razonablemente seguros. Todo se reduce a eso, a pasar de un día a otro, y a seguir dentro del barrio, dentro del grupo. Y, sin embargo, contemplada con los ojos de estos adolescentes suburbanos, la vida es mucho más compleja que todo eso. Hay que escapar, hay que buscar una vida mejor, y al mismo tiempo cuesta dejar lo único que uno conoce. La familia, los amigos, el primer amor, las calles por donde has corrido, persiguiendo y perseguido, todos los rincones en los que te has dejado la sangre en peleas, los sueños de escapar, todo eso hay que dejarlo si uno quiere salir y conseguir una vida mejor.

Con este tipo de películas me sale el ramalazo periférico, me pongo tontorrón recordando mi barrio que era como el fin del mundo para todos menos para los que vivíamos allí, y como además “A guide to recognizing your saints” es autobiográfica, cuando veía al joven Dito Montiel peleándose con la vida (a veces a guantazo limpio) de alguna manera me metía en la película y paseaba con él por las calles de su barrio. No sabría decir por qué, pero el caso es que después de unos primeros 20 minutos dubitativos, la película me enganchó y al final me quedé con la sensación de haber entendido algo. Tampoco sabría decir qué. Pero es que, como ya he dicho, para poder explicarlo mejor debería haber visto menos a Jack Bauer. Claro, que en ese caso ya sería un crítico de verdad, y me aburriría muchísimo. No hay que abusar. Aunque un toque intelectual de vez en cuando queda distinguido, y permite hacerse el interesante en las fiestas. Para los que quieran atraer a las periquitas que van de jo-soy-superespecial-tía, creo que “A guide to recognizing your saints” se estrena en España en mayo. Por favor, los que vayan a verla que avisen para no coincidir en los mismos saraos. Hay periquitas para todos. Organización.

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