El buen pastor
(The good shepherd)
Dirigida por Robert de Niro
Con Matt Damon, Angelina Jolie, Alec Bladwin y Robert de Niro
“Espesa” es el primer adjetivo que se me vino a la cabeza después de ver “El buen pastor”. No es un adjetivo muy favorable, cierto, pero hay que tener en cuenta que se me ocurrió después de aguantar sentadito y callado (bueno, callado no porque yo comento las películas en voz alta, aunque vea las películas solo… o, mejor dicho, sobre todo si las veo solo) las casi 3 horas que dura la obra. Y, vaya por delante, no se puede decir que se pasen volando. Más bien pasan lentamente, arrastrándose, deslizándose con calma… espesas, vaya.
Es una cuestión, sobre todo, de ritmo. La película tiene un cierto ambiente brumoso, incluso cuando las cosas pasan en pleno mes de agosto a la una de la tarde. Todo rezuma pesadez, los movimientos de los actores son lentos, las miradas eternas, los diálogos cortos y crípticos. Y, claro, al cabo de media hora uno (sobre todo yo) ya empieza a echar de menos algún tirito, una persecución en coches, no sé… un caza estrellándose contra el puente de Brooklyn. Pero no. En “El buen pastor” parece que nos cuentan cómo es la vida de los espías de verdad, y sinceramente resulta más aburrida que la de un panadero. Mucho mensajito secreto, mucho libro con doble fondo, pero de acción, cero pelotero. Ojo: no digo que esto sea malo. Hay excelentes películas de espías en las que no se mata ni a una mosca, pero resultan amenas porque la trama es compleja, hay suspense, emoción… en fin, hay otras cosas que compensan de sobra la falta de acción. En “El buen pastor” no hay nada de eso. Toda la película se construye sobre una única intriga: ¿quién filtró a los rusos el desembarco americano en Bahía de Cochinos y provocó, por lo tanto, el fracaso de esa vital operación? Tres horitas para resolver la cuestión.
¿Y qué pasa en esas 3 horas? Pues que se mezclan muchas cosas, porque pronto la película se convierte en una especie de biografía de un “capo” de la CIA (Matt Damon) que empieza en el negocio como quien entra de ayudante en una churrería, y gracias a su innata falta de expresividad y a su devoción por la patria, termina convertido en uno de los tíos que más mandan en el chiringuito. Siguiendo la vida de este hombre vamos viendo cómo funcionaban las tripas de una de las dos agencias de espionaje más poderosas de todos los tiempos. Desde los años 30, pasando por la II Guerra Mundial y la post-guerra (con la rifa de científicos alemanes), hasta la gloriosa época (para los espías) de la guerra fría. Ahora ya empiezan a justificarse las 3 horas, ¿verdad? Pues no. Incluso para repasar tantos años de espionaje y contraespionaje, 3 horas se hacen muy largas.
Y ya que ha salido Matt Damon por ahí, hago un inciso para decir que el papel que le dan a Angelina Jolie no le entra ni con calzador. No sé a quién se le ocurrió que la Jolie podía representar a una mujer de los años 40-50 con esos morros que tiene, y con un maquillaje que ni siquiera intenta disimularlos. Sí, ya, seguro que en aquellos tiempos también había mujeres morrudas, pero es que lo de Angelina Jolie es exagerado. Parece que la han recortado y pegado encima de los decorados, y en ningún momento uno se hace a la idea de que ella es realmente la abnegada esposa de un funcionario de la CIA. Porque cada vez que le enfocan la boca, lo último en lo que uno piensa es en los rusos. Más bien se vienen a la cabeza otros extranjeros, mucho más cercanos a nuestro país… en fin, vamos a dejarlo aquí.
En resumen, “El buen pastor” es una película con un buen planteamiento y buen material para trabajar, pero la cosa se va de madre. Decía antes que la primera palabra que se me vino a la cabeza era “espesa”, pero también es cierto que hay una parte buena en esa espesura: el ambiente resulta oprimente, pesado, agotador. Y supongo que ese es el tipo de sensación que debían de tener esos tipos que se dedicaban al negocio del tráfico de información. Una especie de gota malaya psicológica. En ese sentido, la película resulta, como creo que también he dicho ya, bastante realista. Pero, a fin de cuentas, si hubiera querido ver un documental ya me lo habría buscado yo solito. Cuando voy a ver una película, no me gusta que me den otra cosa. Caprichoso que soy.
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Dirigida por Dito Montiel



