Alpha Dog
(Alpha Dog)
Dirigida por Nick Cassavetes
Con Emile Hirsch, Alec Vigil, Justin Timberlake, Bruce Willis, Sharon Stone
Esta es una de esas películas basadas en hechos reales que, si no fuera por eso, nos dejaría bastante indiferentes. Porque la película en sí carece de la fuerza y la emoción necesarias para provocarnos alguna reacción. No hay personajes a los que odiar ni a los que querer, no hay una historia que nos haga reflexionar o que nos intrigue, no hay nada que no hayamos visto cientos de veces en otras películas o incluso en el telediario. Pero, insisto, el hecho de que esté basada en un caso real le da un carácter casi documental que hace que la veamos con otros ojos, porque la tragedia que en un plano puramente ficcional sería una pachanga se convierte en un auténtico drama cuando nos recuerdan que realmente sucedió, que realmente murió un chico de 16 años por culpa de la estupidez colectiva de docenas de personas que, acostumbradas a que “nunca pasa nada” o que “nada es de verdad”, dejaron que las cosas fueran pasando hasta que al final todo terminó de la peor manera posible.
La historia, repito, está más que vista: un grupo de adolescentes y jóvenes de Los Ángeles que tontean con las drogas y la violencia (nada serio, todo muy “clase media”) se enfrentan por una deuda que uno de ellos contrae con su camello habitual. La deuda es ridícula, y todo debería haberse solucionado en una mañana yendo al cajero automático con la tarjeta de papá, pero de repente todos empiezan a comportarse como ellos creen que los demás esperan que se comporten: como en las películas. Y así pasamos de la deuda a un secuestro, y de ahí a amenazas de muerte, y de ahí al asesinato del hermano del deudor, un chico de 16 años que también pasa por todo eso como si estuviera en una película.
Nadie quiere estropear el juego. Nadie quiero quedar como un cobarde. Nadie quiere ser el primero en retirarse de la locura colectiva y ser tachado de “flojo”, y así las horas pasan, el chico es llevado de una fiesta a otra, es visto por docenas de amigos de sus raptores, pero todo el mundo se toma la cosa a broma. Es divertido eso de secuestrar a alguien. Es divertido que te secuestren (“es algo que contaré a mis nietos”, dice en un momento dado el chico). Es divertido ser un tipo duro y tener pistola y comportarse como los tíos de la tele. Y cuando la cosa deja de ser divertida, cuando se dan cuenta de que realmente han secuestrado a alguien y que eso puede llevarles a la cárcel de por vida, ¿qué pueden hacer? O, mejor dicho, ¿qué hacen en las películas cuando eso pasa? Eliminan a los testigos, no dejan cabos sueltos, frases hechas y comportamientos hechos que los protagonistas de esta triste historia siguen al pie de la letra.
Cuando todos reaccionan, cuando todos se dan cuenta de que la vida no es una película, ya es demasiado tarde. Y entonces llueven las preguntas, que en realidad son sólo una: ¿cómo es posible que haya pasado esto? Nadie sabe qué decir. Chicos que viven en casas normales, con padres normales, con vecinos normales (dentro de lo “normales” que pueden llegar a ser en Los Angeles), pero a los que nadie ha enseñado que la vida real va en serio. Para lo bueno y para lo malo, la vida es, como la Coca-cola, “the real thing”. Eso no lo enseñan en el colegio. Ahora tampoco lo enseñan los padres. Así que cada uno tendrá que aprenderlo a su manera. En el peor de los casos, no lo aprenderá nunca y la vida será una tortura insufrible. O, como el chico de esta película, lo aprenderá cuando otros que están aprendiendo le peguen un tiro.
Volviendo a la película, y como decía al principio, no hay nada que destaque especialmente. Los protagonistas están bien interpretados, y hay aportes puntuales de actores con tablas (Bruce Willis, Sharon Stone) que ayudan a que el conjunto quede lucido. Pero falta vida. Tal vez porque lo que el director quería, precisamente, era transmitir la vida ficticia que los propios protagonistas de la historia estaban viviendo. Es una película sobre unos chicos que vivían como en las películas. En cualquier caso, el resultado final es dudoso. Si no supiéramos que la historia que nos cuentan ha sucedido realmente, la película cojearía mucho. Sabiendo que la historia es real, la verdad es que deja una sensación incómoda. La sensación de que, a pesar de todo, la historia se repetirá. Y, probablemente, muchas veces. Son los tiempos que toca vivir.