We’ll never turn back
Mavis Staples

Valoración:

Hay una cierta contradicción en que la música negra sea, de alguna manera, la música más alegre que existe. Desde las canciones religiosas hasta las canciones de fiesta (desde los espirituales hasta el jazz) toda esa música salida de barracas habitadas por esclavos, de barrios marginales y de clubes subterráneos resulta ser la más festiva que se ha producido en los últimos siglos. Cuesta trabajo creer que todas esas canciones hayan crecido alimentadas por latigazos y miseria, por sufrimiento e injusticia, cuesta trabajo llevar el ritmo con el pie, que se va solo, e imaginarse cómo toda esa felicidad de vivir proviene, precisamente, de vidas difíciles y crueles, vidas donde ni siquiera era concebible la existencia de un Dios misericordioso.
Y, a pesar de todo eso, la música surgió así, poderosa, llena de vida, casi desafiante, y así nos la canta ahora Mavis Staples, con un estilo personal y también poderoso. Música del delta del Mississippi cantada por una voz de la tierra que se hunde en las notas y las revive, nos las ofrece con esa alegría contagiosa que nos hace chasquear los dedos mientras las escuchamos, nos transporta a una vieja iglesia de madera, una mañana no muy fresca al sol del verano, donde todos cantan a ese Dios que no hay dios que pueda entender, un Dios que los ha puesto en manos de una panda de energúmenos paletos que los castigan, los maltratan, los torturan y los matan, y sin embargo aquí están los que sobreviven cada domingo, cantándole a ese mismo Dios unas canciones imposibles, felices, llenas de fiesta y pasión por la vida. Por el simple hecho de estar vivo y poder cantar esa música. El Mississippi pasa tranquilo, cae la tarde sin prisa, y la música sigue sonando.
Todo eso nos trae este exquisito disco de Mavis Staples. Todo eso y mucho más, porque cuanto más se escucha más cosas nuevas se descubren. Pero cuidado: no es este un disco para buscar nuevas pistas ni para descubrir recursos sutiles. Mavis Staples canta música de siempre, espirituales salpicados con jazz básico y guiños de blues, pero en esto de la música, como en casi todo, lo difícil no es hacer cosas difíciles. Lo difícil es deshacerse de lo superfluo, elegir lo esencial, combinarlo de una manera estéticamente bella, y dejar que lo demás venga por sí solo. Yo me pasaría una noche entera remojándome los pies en el Mississippi con Marvis Staples cantando en el jardín de al lado, y cuando volviera a amanecer las cosas serían más fáciles. Sería cuestión de pasar un día más, volver al río por la noche, y volver a escuchar la música. El mismo río, la misma música. Y mañana, Dios dirá.





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