Imagen del ordenador de Dios, incluyendo su bandeja de entrada de e-mail (en inglés, lo siento). Muy bueno. Atentos a todos los detalles, incluidos los remitentes, las peticiones, las carpetas del escritorio, la música que está escuchando… Para verla a mayor tamaño, haced clic sobre la imagen.
Archivos del Mes para July, 2007
Es cierto, esta semana estoy desatado y he escrito muchos artículos. Intentaré moderarme. Y (también) es cierto, muchos de vosotros ya habéis sufrido en carnes propias la turria que a veces me da por soltar sobre lo lamentable que es la industria editorial. A la mayoría os he contado cienes y cienes de veces cómo, después de mis primeros escarceos con editoriales, agentes y otras hierbas, no tardé en darme cuenta de que la relación entre la calidad de una novela y sus posibilidades de ser publicada es muy tangencial. De hecho, estoy empezando a pensar que no hay relación. Es como analizar cómo influye el clima de Arkansas en la secuencia de decimales del número pi. Y hoy, por fin, tengo pruebas de que estaba en lo cierto.
Por no aburriros nuevamente, resumo lo que he aprendido en estos últimos años. Cuando tienes una novela escrita y empiezas a mandar el manuscrito a las diferentes editoriales y/o agentes, te encuentras con 3 tipos de posibles situaciones: algunas no se lo leen y ni siquiera te contestan diciendo que pases a recogerlo antes de que lo tiren directamente a la basura; otras no se lo leen, pero te dan 15 días de plazo para que pases a buscarlo antes de que, también, termine en la basura; y otras no se lo leen, pero te contestan diciendo que se lo han leído y que, a pesar de ser una obra brillante, no les encaja en su “línea editorial” (¿qué línea editorial?, se pregunta uno cuando ve después lo que sí publican).
Entonces, ¿cómo consiguen publicar los que sí lo consiguen? Obviamente para mí es un misterio, porque si no ya habría copiado el método. Una vía es, obviamente, ser un autor conocido (no sólo por tu obra; ser primo de Belén Esteban también puede ayudar). Otra vía es conocer a un editor. Supongo que conocer a una banda de peludos con bates de beísbol, y poner ese hecho en conocimiento del director editorial, también servirá de algo. Más allá de eso, no tengo ni idea.
Vale. Llegados a este punto, muchos diréis: te quejas de vicio, no será para tanto, has tirado la toalla, soy superespecial jo tía (porque estoy seguro de que este blog también lo leen ese tipo de personas), etc., etc. Y, llegados a este punto, es cuando yo saco la noticia que salía el otro día en “El País”, y que podéis leer completa aquí. Os la resumo: un escritor inglés, harto de enviar manuscritos a editoriales sin ningún resultado, tuvo la paciencia y los santos huevos de teclearse unos cuantos capítulos de varias novelas de Jane Austen, entre ellas “Orgullo y prejuicio”, y los mandó a 18 editoriales firmando con un seudónimo. ¿Resultado? 3 silencios y… ¡¡¡15 rechazos!!!. Pero la cosa es peor, porque sólo uno de ellos apuntaba en su contestación que el manuscrito recordaba demasiado a la obra de Jane Austen. Los demás no sólo no mencionaron nada al respecto, sino que decían cosas como “es un libro interesante y su lectura ha resultado genial, pero no estamos interesados”.
Cuando el pollo descubrió el pastel y los medios se hicieron eco, las editoriales intentaron justificarse. Y la justificación venía a decir, básicamente, que… efectivamente no se leen los manuscritos “completos”. Y yo añado: ni completos ni incompletos. Si un tío cuyo trabajo consiste en decidir sobre la calidad literaria de una novela no reconoce a Jane Austen después de leer 10 páginas, es que ese tío tiene un problema grave, y que tal vez debería dedicarse a, pongo por caso, pillarse los cataplines con la tapa de un piano a intervalos de tiempo no superiores a 15 minutos. Deseo inútil, lo reconozco, como la queja. Pero al menos me he quedado a gusto. Sí, vale, intentaré contenerme para no inundaros de e-mails con lo de “hay un artículo nuevo en 1y1y1″. Pero es que con este no me he podido aguantar…
Para los fans de los Simpsons, y para los no tan fans porque la cosa es realmente pintona, hay un sitio en Internet que han montado los de la productora de la película con Burger King, en el que puedes suber una foto tuya y te la “simpsonizan”. A veces está un poco saturado y cuesta subir la foto, pero el resultado merece la pena. La dirección: aquí.
Aquí tenéis cómo he quedado yo. Me han dejado hecho un brazo de mar.

Zodiac
(Zodiac)
Dirigida por David Fincher
Con Jake Gyllenhaal, Robert Downey Jr. y Anthony Edwards
Hace poco, comentando “Alpha Dog”, decía que hay películas que, si no fuera porque están basadas en hechos reales, no tendrían ningún interés. O, dicho de una manera menos fina, que el morbo engancha, como ya descubrieron hace tiempo en Salsa Rosa, ahora Dolce Vita. Y, claro, decir de una película que lo único interesante que tiene es que da cierto morbo saber que lo que cuenta sucedió realmente, y que los personajes existen de verdad, y que si quisiéramos podríamos ir a buscarlos y señalarlos con el dedo, pues tampoco es mucho decir. Más bien es poco. Poco y lamentable. Pero todavía hay algo peor que se puede decir de una película: que, a pesar de estar basada en hechos reales, no despierta ningún interés en absoluto. Ni morbo, ni por supuesto intriga o curiosidad. Ni por la historia ni por los personajes. Ni siquiera por la banda sonora. Ni porque salga alguna actriz buenorra medio en bolas, aunque sea a oscuras y con una sábana estorbando. Pues ni eso. En “Zodiac” no hay ni eso.
“Zodiac” es un fiasco de los de órdago a grande, chica y pares. No se salva por ningún lado. La historia, a estas alturas, está tan vista que da cierta vergüenza ajena contemplar durante (atención ¡¡¡más de 2 horas!!!) cómo el director intenta hacerse el interesante con una trama de “asesino en serie malo-malísimo que tiene en jaque a la policía de la ciudad”. El asesino, por supuesto, manda mensajes para desafiar a la pasma. Y en la pasma, por supuesto, hay un poli que se toma el caso muy a pecho y termina por involucrarse tanto que casi le cuesta la carrera. No, no le faltan 3 días para jubilarse, pero casi.
Todo el guión es un despropósito. La historia se cuenta mal, desordenada, ralentizada hasta la desesperación, avanza y retrocede, no va a ningún sitio, y da la impresión de que los personajes hacen cosas increíbles sólo para que al guionista le cuadren las cuentas y las cosas salgan como a él le conviene. Cuesta seguir la trama, y no porque sea complicada (al final se comprueba que la historia era tan sencilla como parecía en el minuto 20) sino porque está penosamente contada. Ni la talla de los actores consigue salvar este desastre. Al final, y cuando parece que todo se va a quedar en un puro galimatías, aparece el caricaturista de un periódico (que durante la primera hora y media de la película tiene un papel secundario, o incluso terciario) y con un arranque de espíritu cívico (ya digo que los personajes obedecen a los impulsos más inverosímiles) se pone al frente del caso y lo resuelve atando 3 cabos que, por otra parte, habían estado sueltos y a la vista de todos desde hacía años.
Por supuesto, esta película ha recibido todo tipo de elogios de la crítica entendida. La no entendida, como la mía, la ha puesto a caldo. Luego se quejan de que la gente no va al cine. ¿Para ver bodrios como este, que antes nos han vendido como obras de arte que pasarán a la Historia del cine? Pues mira, yo sigo esperando a ver “Jungla de Cristal IV”, que, por cierto, parece que va mal de taquilla. Menos mal que Bruce Willis ya tiene una Cuenta Naranja para afrontar estos bajones en su carrera, que si no a ver quién le pagaba la luz y el gas este mes…
Estamos rodeados de gilipollas (capítulo 7)
Dios, esta saga va a ser interminable… tantos gilipollas y tan poca vida para dedicarla a su estudio. Total, que loboretirado, uno de los miembros de la comunidad más activos últimamente (a ver si se os pega algo a los demás), me propone una web que ha descubierto para su incorporación a la sección “Estamos rodeados de…”. La he visitado, y no exagero si digo que a los 10 segundos ya había decidido meterla en el saco. Y aquí estoy: compartiendo con vosotros este descubrimiento. El sitio en cuestión, llamado “Viajes con imaginación”, podría ser el buque insignia de la generación de atrofiados mentales, infantiloides agilipollados, padres de niños y niñas llamados Océano, Amor o Bosque de los Gnomos, que nos rodean con tal intensidad que en algunos momentos amenazan con ahogarnos en una masa líquida y viscosa llena de buenos deseos y días de Navidad perpetua. De Navidad de El Corte Inglés, claro.
Porque en “Viajes con Imaginación” nos organizan viajes súper molones, con aventuras mega interesantes y emociones híper jo supertía, cómo eres, que harán las delicias de los cerebros ralos de neuronas. Por ejemplo: nos llevan a Londres, pero como Londres es un sitio aburrido y con poca gente, y como si nos limitamos a pasear, contemplar el paisaje, y hablar con la gente, ya se sabe que la vida es un muermo, nos montan una especie de película de Sherlock Holmes contra Jack el Destripador que nos irá amenizando la escapada aquí y allá. Eso sí, el último día hay tarde libre para compras. Además de Londres, hay otros destinos a elegir. El de Egipto supera a todos los demás, ya os lo advierto.
Hasta ahora ya sabíamos que estamos rodeados de gilipollas. Ahora, además (y gracias a loboretirado), ya sabemos dónde encontrarlos.
PS: Si algún lector de este blog ha hecho un viaje con estos pollos, o tiene planeado hacerlo, o incluso ha decidido apuntarse a uno después de encontrar su web gracias a 1y1y1 porque considera que las aventuras súper jo megatía, cómo eres, molan mazo y no te chinan, por favor que considere este artículo como una simple broma y que no se dé de baja por un quítame allá esas gilipolleces. Este mes sólo llevo 36 céntimos de euro de ganancias en el blog, y Google no distingue entre gilipollas y gente normal, así que todos seréis siempre bienvenidos en este humilde sitio mientras hagáis clic en los anuncios. Atentamente, “La Dirección”.
June 30th, June 30th
Richard Brautigan
Ellago Ediciones
Decir que “June 30th, June 30th” (atención, la obra está traducida al español aunque el título se haya mantenido en inglés) es un libro de poesía es mucho decir. O poco. Todo depende de lo permisivo que sea uno con la aplicación del término poesía. Claro, que en el caso de Richard Brautigan es mejor ser bastante permisivo con todo, porque es un personaje bastante peculiar. O, mejor dicho, fue un personaje bastante peculiar, porque de hecho una de esas peculiaridades es que se suicidó en 1984 cuando tenía 49 años. Y, sin embargo, Brautigan no parece un tipo atormentado cuando uno lee sus obras. Antes de “June 30th, June 30th” yo me había leído una de sus novelas, “Una mujer infortunada”, y desde luego no me resultó tétrica ni pesimista, ni siquiera diría que me resultó triste.
Pero es un hecho, y en “June 30th, June 30th” queda meridianamente claro, que Brautigan fue un perfecto ejemplo de eso que se llaman “inadaptados”. Se nota que le costaba vivir la vida “estándar”, que las relaciones sociales no eran lo suyo y que, en general, el mundo era un lugar bastante complicado para alguien como él. En “June 30th, June 30th”, además, Brautigan escribe sobre sus experiencias en un lugar tan singular como Japón, y el efecto de pez fuera del agua se acentúa hasta hacer que, en muchas ocasiones, sus reflexiones sean francamente difíciles de entender.
Cuando hizo este viaje a Japón, Brautigan ya era un escritor razonablemente famoso. Había publicado varias novelas, y había sido traducido a bastantes idiomas, entre ellos el japonés, y parece que en aquel país su obra tenía una buena acogida. El propio Brautigan reconoce en el prólogo que su relación con Japón siempre había sido especial, empezando por el día en el que, siendo él un niño, los japoneses mataron a su tío durante la II Guerra Mundial. Pero con el tiempo se fue reconciliando con los japos, y por fin a los 40 años decidió ir a visitarlos para ver si son tan amarillos como parece. Y para cosas más profundas, supongo, porque ya digo que Brautigan era un personaje bastante complejo.
El caso es que “June 30th, June 30th” es una especie de diario de viaje en forma de colección de poemas, que a su vez son anotaciones hechas durante el viaje a vuelapluma, muchas veces en servilletas de bar y otros soportes provisionales. El resultado es un libro… raro. Inspirador en ocasiones, incomprensible en otras, complejo siempre. Tengo que confesar que, en conjunto, no me ha gustado. Soy de los que piensan que escribir las frases en líneas cortas no convierte un texto en poesía, y a veces Brautigan hace poco más que eso para justificar algunos de los poemas que aparecen en este libro. Pero en otros momentos, construye pequeñas joyas que te atraviesan el pecho y te dejan unos segundos paralizado, fuera del mundo. Fuera de este mundo. Y dentro, tal vez, del mundo de Brautigan, que durante esos instantes de genialidad se nos aparece como un mundo probablemente mejor, más bello, pero sin duda mucho más doloroso. He aquí uno de esos destellos poéticos:
Futuro
Ah, 1 de Junio de 1976
12:01 AM.A todos los que vivan
después de que hayamos muertoNosotros conocíamos este momento
nosotros estábamos aquí
Pero en otras ocasiones (de hecho en la mayoría de ellas), insisto en que el texto deja de ser poesía para convertirse, simplemente, en anotaciones personales de alguien que, además, es bastante difícil de entender. Por ejemplo, aquí va otro “poema” incluido en el libro:
* * * * *
* * * * * * *
Las doces bayas rojas
El resumen final tendrá que hacerlo cada uno, si es que hay un resumen que sacar de una obra tan singular como esta. En cualquier caso, las pequeñas joyas a las que me refería antes podrían justificar por sí solas la lectura del libro completo. Es posible, incluso, que necesiten estar rodeadas de cierta “mediocridad” para que podamos verlas brillas en todo su esplendor. Sea como fuere, hay poesía en “June 30th, June 30th”. Hay más cosas, y no todas buenas. Pero desde luego, hay poesía.
PS: Sí, este libro también es de Ellago Ediciones, la editorial que publicó mi primera novela. ¿Qué os pensábais, que me había publicado un chiringuito de baratillos? Sí, vale, yo también. Imagínaos la alegría que me llevé cuando empecé a descubrir los autores con los que me estaba codeando… Brautigan, Zee, Rilke… a ver si al final va a resultar que escribo bien y todo.
Para resarciros por los problemas técnicos que tuvimos el lunes, hoy os regalo una pequeña joya del pensamiento filosófico contemporáneo. He acudido a uno de los referentes del humanismo moderno, que refleja sin duda la tendencia a la introspección y al refinamiento intelectual que tanto se lleva en nuestros días. Estoy seguro de que muchos de vosotros ya os estáis imaginando a quién me refiero. En efecto, se trata del ilustre pensador, filósofo y profesional del alterne, Darek, también conocido como el-periquito-de-la-Obregón. Pues resulta que estaba viendo yo el otro día un programa de TV de alto calado ontológico, y cuando ya pensaba que el tal Darek sólo era un ejemplo de la actual obsesión por el cuerpo y el culto al gimnasio, va el tío y suelta:
No hay que preocuparse sólo por el físico… la vestimenta también es importante
Para que luego digan que hay que pensar para decir cosas interesantes.
Before me
Gladys Night
Como yo soy un fan de los aforismos, sobre todo de los que me invento yo, se me ocurre ahora uno que tiene mucho que ver con lo que quiero decir de este disco de Gladys Night. Dice el aforismo: el jazz es a la música lo que la poesía es a la literatura. Chulo, ¿eh? Si queréis podéis citarlo y adjudicar su autoría a Rockefeller, a quien últimamente estoy intentando rehabilitar como ser humano y como persona a base de endosarle todos los aforismos que se me ocurren. Además, a la gente le impresionan más este tipo de cosas si dices que se le ocurrieron a alguien como Rockefeller, que a fin de cuentas es un ejemplo a seguir para la mayoría de nosotros aunque no nos atrevamos a reconocerlo. Total, que ahí queda el aforismo, y ahora voy a explicar por qué viene a cuento con lo que quiero decir de este “Before me” de Gladys Night.
La idea es que en el Jazz, como en la poesía, no tiene cabida la idea de “corrección”. Uno no puede escribir “poesía correcta”, y de la misma manera no puede cantar jazz “correctamente”. Y, sin embargo, cuando escuchaba este disco lo único que se me ocurría para calificarlo era justamente eso: que era un disco correcto. Que la voz era correcta, que la interpretación era correcta, que los músicos eran correctos… ¡dios, qué persecución! Tuve que cambiar de disco y escuchar un rato a Bustamante para olvidarme de la maldita palabra. Pero cuando después de la penitencia volví con Gladys Night, ahí estaba otra vez: correcto, correcto, correcto…
Y en un momento dado (como lo son, por otra parte, todos los momentos), se me ocurrió algo interesante, o cuando menos tranquilizador: no puede ser que esté escuchando un disco de jazz y que se me venga la palabra “correcto” a la cabeza. Así que, por lo tanto, eso quiere decir que no estoy escuchando un disco de jazz. Bueno, algo es algo. Esto ya lo tenemos, que dicen los catalanes. ¿Y qué estoy escuchando, entonces? Pues hombre, lo de las etiquetas siempre es complicado, y es cierto que “Before me” puede pasar perfectamente por un disco de jazz, sobre todo por los arreglos y los músicos, que son francamente buenos. Pero, sin embargo, el resultado final es una cosa demasiado light, una especie de jazz mezclado con música de ascensor con toques de banda sonora de dentista. Ojo: no estoy diciendo que el disco sea malo. Soy osado, pero no soy idiota. O tal vez sea las dos cosas, pero todavía conservo cierto sentido del ridículo, eso seguro. Y decir que este disco es malo sería hacer un ridículo espantoso.
Pero es que, por más que lo he intentado, no he sido capaz de encontrar nada más allá de la pura corrección formal en este disco. Gladys Night canta muy bien, el disco suena de fábula, y uno podría tenerlo de fondo durante una semana seguida sin que llegara a molestarle lo más mínimo. Pero en el Jazz, como en la poesía, uno debe encontrar algo más que dominio de la técnica. Debe encontrar emociones, sentimientos. Debe encontrar una nueva manera de ver el mundo. Debe encontrar algo y no saber qué ha encontrado. Eso es Jazz. Eso es poesía. Y tanto en el uno como en la otra, la palabra “corrección” está fuera de lugar.
Tiene delito
Fernando Marañón
Editorial Nowtilus
Este libro tiene trampa, pero es una trampa aliada del lector inquieto (una estudiante de psicología que creyera en el tarot la llamaría “una trampa positiva”, o “una trama de energía cósmica”, o vete tú a saber, porque estudiar psicología y creer en el tarot es una combinación tan peligrosa que yo jamás me acercaría a menos de 200 metros de alguien así). Pero afortunadamente no estoy haciendo un análisis del poder la energía positiva, aunque he metido los dedos en la toma de tierra de un enchufe por si acaso, sino de este libro que, aparentemente, es (cito el subtítulo de la propia obra) “una guía del mejor cine, sus grande héroes y sus villanos”. Y digo que el libro tiene trampa porque, precisamente, el título no le hace justicia. Yo mismo, cuando lo vi, pensé: mira, un librito sobre cine que me vendrá bien para ampliar mis (limitados) conocimientos sobre el tema; seguramente tendrá datos y citas que, convenientemente memorizados, me ayudarán a integrarme mejor en la próxima cena a la que me inviten. Porque ya se sabe que el gran colisionador de hadrones del CERN no es un tema que arrastre a las periquitas de ninguna fiesta hasta tu rincón, pero si empiezas a hablar de Amenábar, de Woody Allen o de Bogart, te conviertes en el tío más admirado y culto del cotarro. Asín son las cosas, por lo cualo.
Pero, bajo esa apariencia un poco frívola (que el editor se ha esforzado con ganas en subrayar con el diseño de la portada), “Tiene delito” no tarda en destaparse como una reflexión de mayor calado sobre el mundo del cine, sobre sus personajes y sus tópicos, sobre sus historias y sus vicios, y, a través de todos ellos, nos ofrece una reflexión sobre la propia vida, sobre las reglas que rigen este bonito mundo en el que vivimos y que, en muchos casos, hemos ido conociendo gracias precisamente a las películas de Hollywood. Por eso, claro, cuando uno se pone a analizar el cine y sus circunstancias no puede evitar terminar preguntándose por la propia vida, por la naturaleza humana, por el sentido de muchas cosas que a los espectadores más garrafón (como el que escribe esta crónica) les pasan desapercibidas cuando se sientan en la butaca con la bolsa de palomitas.
Fernando (y trato así al autor porque tengo el placer de conocerlo) sabe de cine y tiene una memoria portentosa. Recuerda nombres, títulos, directores, actores, citas, escenas… y si no los recuerda, al menos sabe dónde encontrarlos, que viene a ser lo mismo. A mí, en cualquier caso, tanto conocimiento y tanta capacidad para conservarlo me despiertan ya de por sí una tremenda admiración. Pero, insisto, la cosa no se queda ahí. Con la excusa de hablar de la mafia en el cine, “Tiene delito” nos obliga a preguntarnos sobre por qué una institución tan cruel y sanguinaria ha permanecido (y permanece) viva durante décadas. O, hablando de los héroes solitarios, Fernando nos provoca con algunas interesantes reflexiones sobre la soledad y sus (buenas y malas) consecuencias. Los ejemplos serían interminables, y tendría que transcribir el libro completo para ilustrar todos los temas que se tratan en él (cosa que, me temo, no sería del agrado del autor, que supongo que aspira a vender algunos ejemplares ahora que los tiene editados). Pero no me resisto a poner algunas de las frases que me han llamado la atención, tales como:
En las sociedades del mundo capitalista, el robo parece erigirse en la única fórmula que se aproxima a un comunismo de consolación.
El Estado no tiene memoria y el contribuyente le paga con la misma moneda. La Mafia, en cambio, sí la tiene y exige que sus favorecidos correspondan de igual modo.
Resulta sarcástico comprobar que cuanta más gente se tiene alrededor es cuando se está más solo. Resulta sarcástico e injusto.
Esta última en concreto, me ha sugerido dónde podría estar la clave de mi creciente antisocialidad. Qué más se puede pedir, un libro que te ayuda a entenderte mejor a ti mismo. Y al mundo. Y, por supuesto, al cine. Porque además de las reflexiones que el autor pone de su propia cosecha, y como ya he dicho, el libro está lleno de referencias a películas, personas y arquetipos del séptimo arte. Es un placer ver “destripadas” muchas de las grandes películas de la Historia, y analizar como si estuviéramos en la sala de un forense a los personajes que tantas veces hemos visto pasearse por la famosa “pantalla plateada”.
Para terminar, diré que en la segunda parte del libro se incluyen una serie de ilustraciones del propio autor que a mí me han dejado boquiabierto. Además de su conocimiento cinematográfico, de su memoria, y de su capacidad para reflexionar sobre temas de cierto calado, Fernando dibuja magistralmente. Algunos de los retratos que incluye parecen auténticas fotografías. No es una manera de hablar: en algunos de ellos he tenido que mirar la página a dos dedos de distancia para poder asegurarme de que, efectivamente, eran dibujos. Así que, cuando antes me preguntaba retóricamente si se le podía pedir algo más a un libro, la respuesta era sí. Y aún falta algo por añadir: como bonus point, todo esto ocupa poco más de 150 páginas. Así que no sólo es una lectura muy recomendable, sino que además se lee tranquilamente en una de estas tardes veraniegas. Pocas veces tanto se ha contado en tan poco tan bien. Vaya, esa frase me ha quedado bien. Si Churchill estuviera vivo, se la vendería para algún discurso…
Dreamgirls
(Dreamgirls)
Dirigida por Bill Condon
Con Jamie Foxx, Beyoncé Knowles, Eddie Murphy, Danny Glover, Jennifer Hudson
Hay películas con buenas bandas sonoras, películas con malas bandas sonoras, e incluso películas sin banda sonora (ahí están los del “Dogma” para ofrecer unos cuantos ejemplos). Hay incluso películas que no serían lo mismo sin la banda sonora, como “Titanic”, porque la verdad es que ya hace tiempo que nos hemos acostumbrado a que nos cuenten las historias con bonitas músicas de fondo. Una escena de tensión sin violines pierde mucho. Pero el caso de “Dreamgirls” se pasa un poco de la raya. Porque si a esta película le quitamos la música, nos quedamos sin película. Directamente.
Dicho eso, hay que aclarar que la música es buena. Sólo faltaría, claro. Es un recorrido por la música negra desde los comienzos del R&B hasta la eclosión de la música disco. Con nombres y argumentos ficticios, la película sigue la carrera de un trío de chicas negras que empiezan haciéndole los coros a una de las muchas “estrellas” negras de los años 50-60, y terminan convertidas en un grupo de culto. La película está basada en un musical de Broadway, y dicen que el musical estaba basado a su vez en la historia de las Supremes. Todo podría ser. El caso es que en “Dreamgirls” asistimos a la creación de una compañía discográfica que bien podría ser la Motown, y vemos cómo desfilan por ella (además del trío protagonista, las “Dreams”) varios solistas y grupos que recuerdan a otros tantos artistas reales que dieron lustre y prestigio a la música negra durante décadas.
Pero, insisto, más allá de ese sólido recorrido musical por la Historia reciente del R&B, el soul y la música disco, la película no tiene nada más. El argumento no podría competir con el de la peor telenovela venezolana, con infidelidades, traiciones y reconciliaciones que no despiertan el más mínimo interés. Con personajes planos que, incluso cuando ofrecen alguna posibilidad de hacerse más complejos (el de Jamie Foxx o el de Beyoncé Knowles, por ejemplo), se quedan en un segundo plano durante un buen rato para que nos olvidemos de ellos.
Al final, la sensación es un poco decepcionante. La música, estando bien, termina por cansar un poco (la peli dura más de 2 horas), y la historia, a fuerza de no despertar ningún interés, termina incluso por molestar. Dan ganas de decirle al director que se vaya a casa y que deje directamente que los actores canten lo que les salga de ahí abajo. Y eso es todo. Mención especial a Jennifer Hudson, que ganó el Oscar a la mejor actriz secundaria, y que canta como los ángeles, si los ángeles midieran 2 metros y hubieran crecido recogiendo algodón, que va a ser que no. Tiene una voz negra, negra. Potente, intensa, desgarrada cuando la letra lo requiere, y limpia y vibrante en los momentos “sola ante el peligro”, de los que sale con elegancia y más que sobrada solvencia. Me dicen que esta chica fue en su día concursante del “Operación Triunfo” americano y que no ganó. Como Bustamante, vamos. Para que luego digan que artistícamente no estamos a la altura de los gringos.





