June 30th, June 30th
Richard Brautigan
Ellago Ediciones
Decir que “June 30th, June 30th” (atención, la obra está traducida al español aunque el título se haya mantenido en inglés) es un libro de poesía es mucho decir. O poco. Todo depende de lo permisivo que sea uno con la aplicación del término poesía. Claro, que en el caso de Richard Brautigan es mejor ser bastante permisivo con todo, porque es un personaje bastante peculiar. O, mejor dicho, fue un personaje bastante peculiar, porque de hecho una de esas peculiaridades es que se suicidó en 1984 cuando tenía 49 años. Y, sin embargo, Brautigan no parece un tipo atormentado cuando uno lee sus obras. Antes de “June 30th, June 30th” yo me había leído una de sus novelas, “Una mujer infortunada”, y desde luego no me resultó tétrica ni pesimista, ni siquiera diría que me resultó triste.
Pero es un hecho, y en “June 30th, June 30th” queda meridianamente claro, que Brautigan fue un perfecto ejemplo de eso que se llaman “inadaptados”. Se nota que le costaba vivir la vida “estándar”, que las relaciones sociales no eran lo suyo y que, en general, el mundo era un lugar bastante complicado para alguien como él. En “June 30th, June 30th”, además, Brautigan escribe sobre sus experiencias en un lugar tan singular como Japón, y el efecto de pez fuera del agua se acentúa hasta hacer que, en muchas ocasiones, sus reflexiones sean francamente difíciles de entender.
Cuando hizo este viaje a Japón, Brautigan ya era un escritor razonablemente famoso. Había publicado varias novelas, y había sido traducido a bastantes idiomas, entre ellos el japonés, y parece que en aquel país su obra tenía una buena acogida. El propio Brautigan reconoce en el prólogo que su relación con Japón siempre había sido especial, empezando por el día en el que, siendo él un niño, los japoneses mataron a su tío durante la II Guerra Mundial. Pero con el tiempo se fue reconciliando con los japos, y por fin a los 40 años decidió ir a visitarlos para ver si son tan amarillos como parece. Y para cosas más profundas, supongo, porque ya digo que Brautigan era un personaje bastante complejo.
El caso es que “June 30th, June 30th” es una especie de diario de viaje en forma de colección de poemas, que a su vez son anotaciones hechas durante el viaje a vuelapluma, muchas veces en servilletas de bar y otros soportes provisionales. El resultado es un libro… raro. Inspirador en ocasiones, incomprensible en otras, complejo siempre. Tengo que confesar que, en conjunto, no me ha gustado. Soy de los que piensan que escribir las frases en líneas cortas no convierte un texto en poesía, y a veces Brautigan hace poco más que eso para justificar algunos de los poemas que aparecen en este libro. Pero en otros momentos, construye pequeñas joyas que te atraviesan el pecho y te dejan unos segundos paralizado, fuera del mundo. Fuera de este mundo. Y dentro, tal vez, del mundo de Brautigan, que durante esos instantes de genialidad se nos aparece como un mundo probablemente mejor, más bello, pero sin duda mucho más doloroso. He aquí uno de esos destellos poéticos:
Futuro
Ah, 1 de Junio de 1976
12:01 AM.A todos los que vivan
después de que hayamos muertoNosotros conocíamos este momento
nosotros estábamos aquí
Pero en otras ocasiones (de hecho en la mayoría de ellas), insisto en que el texto deja de ser poesía para convertirse, simplemente, en anotaciones personales de alguien que, además, es bastante difícil de entender. Por ejemplo, aquí va otro “poema” incluido en el libro:
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Las doces bayas rojas
El resumen final tendrá que hacerlo cada uno, si es que hay un resumen que sacar de una obra tan singular como esta. En cualquier caso, las pequeñas joyas a las que me refería antes podrían justificar por sí solas la lectura del libro completo. Es posible, incluso, que necesiten estar rodeadas de cierta “mediocridad” para que podamos verlas brillas en todo su esplendor. Sea como fuere, hay poesía en “June 30th, June 30th”. Hay más cosas, y no todas buenas. Pero desde luego, hay poesía.
PS: Sí, este libro también es de Ellago Ediciones, la editorial que publicó mi primera novela. ¿Qué os pensábais, que me había publicado un chiringuito de baratillos? Sí, vale, yo también. Imagínaos la alegría que me llevé cuando empecé a descubrir los autores con los que me estaba codeando… Brautigan, Zee, Rilke… a ver si al final va a resultar que escribo bien y todo.





Supongo que te llevarás comisión con Ellago y si no, pídesela porque yo ya me compré “cero”, me compraré Temerosa Simetría antes de irme de vacaciones (no lo tenían en Fuentetaja pero estaba pedido, je) y ahora me vienes con otro librito insinuante… que tendré que comprar. Teniendo en cuenta los precios de Ellago… te ruego que dejes de comentar libros que puedan gustarme y sobre todo a esos precios, no sé… busca otra cosa, me los estoy comprando todos, no puedo evitarlo. Además, debo terminar otros que tengo entre manos y me estoy poniendo nerviosa.
Por cierto, a mí me gusta más la otra frase, me dejó en stand by:
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Las doce bayas rojas
me imagino al escritor pensativo, medio dormido, rajado y sonriente “May *, May *…” teclita a teclita, hasta doce.
La verdad es que lo de las bayas rojas tiene juego. No tengo ni idea de lo que querrá decir… pero pueden ser muchas cosas, navidad, inmortalidad (las bayas rojas casi siempre perteneces a plantas de hoja perenne), no sé.
Es que tú ves unos significados en las cosas que, por lo menos yo, no veo ni de refilón… a mí los 12 asteriscos me dejaron con cara de vaca viendo pasar un tren. Es lo que tiene haber visto tantas veces la saga de “Jungla de Cristal”.
Y sobre Ellago, ciertamente debería empezar a cobrar comisión. La verdad es que yo no conocía la editorial hasta que me ofrecieron publicar “El caos y los amores infinitos”, pero desde entonces me he comprado varios libros suyos. No es porque me haya publicado a mí, pero el editor de Ellago es un tío con un criterio literario muy interesante. Lo último que ha sacado este año es un poemario (tocho) de Rilke. Lo vi en la Feria del Libro, y me quedé con las ganas de comprarlo. Al final supongo que también caerá…