Cero
Charles Seife
Ellago Ediciones
¿Existe el cero? ¿Existe el vacío absoluto, la nada completa? Y si existe, ¿cómo es? No, amigos, tranquilos: esto no es un anuncio de compresas (ya se sabe que las mujeres son supercomplejas y superespirituales, y por eso los anuncios dirigidos a ellas necesitan de complicadas reflexiones metafísicas para poder venderles láminas de celulosa prensadas… a los tíos, sin embargo, nos venden lo que quieren plantándonos a una tía buena medio en pelotas en la tele… es lo que tiene no ser supercomplejo). En fin, a lo que vamos. Este interesante libro de Charles Seife hace un curioso recorrido por la Historia de las Matemáticas y la Física de la mano de un singular (nunca mejor dicho) guía: el cero. Y no me refiero, por supuesto, al cero que Chiquito de la Calzada recomendaba no dejarse borrar, el cerito sesual, sino al cero de verdad, al vacío absoluto, al cero patatero, a la nada en forma de roscón de Reyes.
¿Y da para tanto la historia de un número? Pues sí. Para tanto y para más. Porque el cero es un número muy raro, aunque ahora a todos nos parezca lo más normal del mundo y lo situemos sin dudar antes del 1 y después del -1, y lo tengamos en el teclado del ordenador… después del 9. Vaya, va a resultar que no tenemos tan claro qué es el cero.
Anécdotas aparte, la historia del cero está íntimamente relacionada con la Historia de la Humanidad. El cero, en tanto que vacío y negación de la existencia, tuvo desde siempre unas implicaciones metafísicas que no siempre fueron bien vistas. A Aristóteles, para empezar, no le gustaba nada eso de que pudiera existir el cero (o “no existir”, más bien). Los orientales lo llevaron mejor, como casi siempre, pero en Occidente el cero estuvo proscrito durante muchos siglos. De ahí, por ejemplo, que nuestro calendario no empiece en el año cero sino en el año 1 (y de ahí la estúpida polémica que se generó con el cambio de milenio, cuando todos los imbéciles del mundo se retrataron defendiendo que empezaba en el año 2000).
Y es que la aceptación del cero tiene, además de los propios problemas inherentes a tan incómodo concepto, otro no menos desagradable efecto secundario: el infinito. Porque, en efecto, en cuanto dejamos que el cero aparezca e intentamos dividir algo por él, la cosa se desmadra. Por no hablar de las combinaciones entre ambos: cero multiplicado por infinito, cero dividido por cero, infinito dividido por cero, etc., etc. Fatal. Con el tiempo llegaron las derivadas y las integrales para ayudarnos a lidiar con toda esa fauna, pero el problema vuelve cuando dejamos el confortable terreno teórico de las Matemáticas y volvemos al mundo real, a la Física. ¿Qué quiere decir eso de que el Universo surgió del vacío en el Big Bang? ¿Todo esto se creó a partir del cero? ¿Y qué pasa con los agujeros negros, que se definen como acumulaciones enormes de masa en un espacio igual a… cero?
En fin, no me extiendo más porque la cosa, como digo, da para mucho. En Cero (La biografía de una idea incómoda)” Charles Seife nos cuenta un montón de cosas sobre el cero, y nos plantea otro montón de preguntas inquietantes que todavía siguen sin resolver. El libro es, en general, ameno, y las discusiones sesudas se mezclan con anécdotas y episodios históricos que ayudan a pasar los tragos más espesos. No obstante, la última parte del libro, cuando aparecen (cómo no) la Teoría de Cuerdas y las últimas teorías basadas en branas con la Teoría M al frente, se hace difícil de seguir si no se tiene una mínima base de Física (o no tan mínima, la verdad). Pero en conjunto, insisto, el libro resulta entretenido y responde bien a aquella máxima de “aprender divirtiéndose”. Está editado, además, por Ellago Ediciones, que ya demostró su buen gusto y capacidad de selección cuando publicó mi primera novela, “El caos y los amores infinitos”, y también cuando se hizo con los derechos para España de uno de los mejores ensayos sobre Física “recreativa” que yo he leído jamás: “Temerosa simetría” de Anthony Zee. Éste último es una joya, es poesía, un diamante de la ciencia. “Cero” no llega a tanto, pero también se podría hacer una bonita sortija con él. Menos kilates tal vez, pero el brillo y la elegancia están garantizados.





Buenas recomendaciones, ambas. El cero mola, y la simetría más… me las apunto ya mismo.
Lo que dices de las mujeres me ha sentado superfatal.