Archivos del Mes para August, 2007

Lo de “luces, cámara…” es para flojos

El ultimátum de Bourne
(The Bourne Ultimatum) – 2007

El ultimátum de Bourne

Dirigida por Paul Greengrass
Con Matt Damon, Joan Allen, David Strathairn y Julia Stiles

Valoración:

Cuidadín con Paul Greengrass que es un director con fundamento. Porque, además de haber dirigido ya hace tres años la primera secuela de Bourne (“The Bourne Supremacy”, titulada “El mito de Bourne” en España) lo cual ya habla muy bien en su favor, porque ya se sabe que una secuela es lo mejor que puede hacer un director de cine, pues digo que además de eso el amigo Greengrass también tiene en su currículum dos interesantes, originales, y, para mi gusto, extraordinarias películas: “The Theory of Flight”, con una encantadora Helena Bonham Carter y un siempre magnífico Kenneth Branaght, y la genial “United 93″, que ya comenté en su día en este blog, y a la que otorgué un 4,5 sobre 5. Siendo yo, eso quiere decir que la película es imprescindible. Y llegados a este punto voy a dejar de ponerle un adjetivo a cada sustantivo que escribo, porque si no esto puede hacerse interminable, amén de horterísimo. Hala, ahí van otros dos adjetivos… joer, esto envicia más que el tabaco.

Digo, por lo tanto, que Paul Greengrass sabe hacer películas con fundamento, con su perejil, su trama, su ritmo, su alioli. Pero tal vez Greengrass ha llegado a un momento de su vida en el que ha dicho: por la gloria de Ben Hur, esto del cine se está amariconando. Aquí todo el mundo va de superprofundo, que si la escuela Dogma, que si Almodóvar, que si el cine experimental guatemalteco. Y, rebelado de la vida, Greengrass decidió dejar la parte de “luces y cámara” para los flojos, y él pasó directamente a la acción. A la acción a tutiplén. Los flojos, en efecto, no tienen cabida en esta película. Porque en “El ultimátum de Bourne” no hay ni 15 segundos seguidos de calma. La peli es como una larguíiiisima persecución que dura casi 2 horas. Bourne se recorre medio mundo corriendo delante de una serie de tipos a los que se va calzando religiosamente. Ahora me pulo a uno en Moscú, espera que paso por Londres para cepillarme a otro, huy, mira, que me voy a Madrid a cargarme a uno que me pilla de camino, y ya que he bajado sigo bajando y me voy a Tánger a fumigarme a otro más, y como ya vale de matar en el extranjero, me vuelvo a Nueva York a petrolearme a dos o tres más. Lo que se dice un frenesí.

El ritmo es trepidante, ciertamente, pero Greengrass se las apaña para mantenernos en tensión a lo largo de esas casi 2 horas. Y lo consigue porque, a pesar de utilizar los elementos más clásicos de las películas de acción (peleas, persecuciones, tiroteos… no, aquí no hay tías buenas como en “Next”), los utiliza de una manera magistral. Es sólo acción, vale, pero también la acción se puede hacer bien, muy bien, o como Greengrass. Además de eso, la película aporta algunas curiosidades sobre el mundo de los espías. Por ejemplo, uno aprende que cuando te persiga la CIA, hay que irse a vivir a Almendralejo, porque en cualquier ciudad moderna siempre te tendrán controlado con un mínimo de 5 cámaras de vigilancia, 2 satélites y todos tus teléfonos interceptados: en efecto, y como todos sospechábamos, sobre todo los paranoicos, las cámaras de los cajeros automáticos no son de los bancos, sino que están conectadas directamente al Pentágono.

También se aprende que, a pesar de las sofisticadísimas medidas de seguridad electrónicas que protegen los documentos secretos de los americanos, resulta que después alquilan oficinas con enormes ventanales sin persianas, y desde el edificio de enfrente se pueden leer todos los papeles con un simple catalejo. Ese tipo de detalles son los que terminaron con el Imperio Romano.

Y, al hilo de esto, un par de comentarios tangenciales. Primero, y como ya he dicho, una parte de la película transcurre en Madrid. La verdad es que hace gracia ver a Bourne paseándose en nuestros lujosos taxis (el que él coge está sorprendentemente limpio, el conductor lleva las ventanillas cerradas, y además no le da la tabarra durante la carrera) y ocultándose de nuestros implacables cuerpos de seguridad. Por cierto, que en el último año yo no me he cruzado ni con un solo policía nacional por la calle (y a los municipales sólo los he visto poniendo multas); sin embargo, en 24 horas, Bourne se cruza con varias parejas de nacionales e incluso asiste a una redada con un montón de zetas con las sirenas a toda pastilla. Se nota que estos no viven en España. ¿Policía? ¿Por la calle? ¿Aquí? ¿Acaso somos una panda de represores? ¿De fascistas? ¿De nazis? ¿Es que Franco todavía vive? Nada, nada, la policía sólo se saca para entretener a los de los botellones, que si no se aburren. Porque si el gobierno ya ha convertido al ejército en una ONG, ¿por qué la policía no puede ser como “payasos sin fronteras”?

Y segundo comentario tangencial: uno de los malos (el de Tánger) tiene un cierto parecido con el ihoputa de Lewis Hamilton (pinchad en el link para ver una interesante foto suya reciente), y no veas el gusto que da ver cómo le mete Bourne con el mechero. Pim-pam-pim-pam. Que si por aquí, que si por allá… y yo veía la escena y pensaba, esto por lo de Indianápolis, esto por lo de Nürburgring… qué momentazo.

¡Ah, me olvidaba! Quiero explicar por qué no le doy un 5 a este pedazo de película. Dos motivos. Primero: en algunos momentos la acción resulta excesiva, el público necesita un respiro, cinco segundos para poner la lata de cerveza en el suelo o para volver a cogerla. Greengrass lo sabe, y de vez en cuando “para” la película. Pero realmente la para. No hay escenas de no-acción que aporten algo realmente sustancial a la trama. Simplemente los personajes se toman un respiro, dejan también su lata de cerveza en el suelo, luego la vuelven a coger, y venga vámonos que nos vamos que aquí están los malos otra vez.

Segundo motivo: me ha faltado una guinda en el final. Sí, ya sé que soy un nostálgico (llámame nostálgico, llámame hortera de bolera), pero yo creo que a esta peli le habría quedado de miedo uno de esos finales en los que, sobre un fondo en el que vemos el océano en un día de sol, salen unas letritas que dicen eso de: “En 2007 Jason Bourne se retiró de su carrera delictiva y ahora ejerce como pastor evangelista en la comunidad de Independence, Ohio, donde por cierto también reside uno de los visitantes del prestigioso blog 1y1y1″. Algo así. Un toque kitsch. Llámalo kitsch, llámalo casposo. Pero a mí me habría gustado. En cualquier caso, “El ultimátum de Bourne” me ha gustado mucho. Con películas así, la espera de “La Jungla 4.0″ (se estrena el 7/Septiembre) se hace mucho más llevadera…

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Piscina de olas… humanas

Se acaba el veranito, pero todavía hay tiempo para una de esas imágenes/noticias que se apoderan de los telediarios durante el mes de agosto. En este caso los japoneses nos demuestran aquel dicho de que donde caben 1000 caben 1001. Jodíos amarillos… hay que ver lo bien que se organizan, incluso para retozar en el agua. Y además el efecto queda de lo más molón. Si no puedes ver el vídeo en el blog, haz clic aquí.

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Falla el gol después de regatearse al portero

Cosmética del enemigo
Amélie Nothomb

Cosmética del enemigo

Valoración:

Hoy vuelvo a usar una metáfora futbolística para describir un libro porque realmente le viene al pelo. “Cosmética del enemigo” es una pequeña novela (apenas 100 páginas más bien pequeñas y de letra gorda) que engancha desde la primera página. Nos cuenta la historia de un hombre que espera en el aeropuerto la salida de su avión, y que escucha por megafonía que hay un retraso de una hora. Cuando se prepara para distraerse leyendo un libro, se le acerca otro hombre que parece dispuesto a entretener la espera dándole conversación. El protagonista, poco amigo de la charla con extraños, intenta evitarlo, pero el otro insiste e insiste, e incluso llega a decirle abiertamente que no va a dejarlo tranquilo: hablar no está prohibido, y tampoco está prohibido sentarse en una silla, así que él va a sentarse a su lado para darle la tabarra convenientemente, y lo perseguirá por todo el aeropuerto si intenta darle esquinazo.

Poco a poco, lo que inicialmente parecía un simple pesado de aeropuerto (hay más de los que uno puede pensar), empieza a revelarse como un tipo realmente singular. A los pocos minutos de conversación, confiesa haber matado a alguien. Poco después, reconoce que violó a una mujer muchos años atrás. La conversación, obviamente, se va haciendo cada vez más tensa. Y esa tensión se transmite perfectamente al lector que pasa páginas a toda velocidad para saber más sobre el misterioso interlocutor, mientras el protagonista también empieza a interesarse por aquel tipo al que había tomado por un simple imbécil que necesita contarle su vida al primero que pilla a mano.

Y así va pasando la novela, con confesiones sorprendentes del misterioso pesado, y con un recelo creciente en el protagonista, que finalmente descubrirá un hecho revelador y definitivo en el discurso del otro. El problema es que ese descubrimiento llega demasiado pronto, y para sorpresa general (o por lo menos para la mía) la novela no añade nada nuevo a partir de ese punto. En la página setenta y pico la autora nos muestra la “solución” al enigma, y durante las 20 páginas restantes se limita a contárnosla una y otra vez, a darle vueltas y vueltas a una explicación que, sinceramente, no resulta demasiado original, y a hacer que los dos personajes se recreen en los detalles hasta el hartazgo.

Así que, para mí, “Cosmética del enemigo” es un pequeño Expediente X: Amélie Nothomb empieza la novela con energía, avanza con decisión, regatea al aburrimiento, se quita de encima a la pesadez (la novela es un 80% un diálogo puro entre los dos personajes), se planta en el área con un misterio interesante, sortea al portero con un estilo ágil y contenido… y cuando está sola delante de la portería, le pega un patadón a la historia y la manda al segundo anfiteatro. El público sólo puede lanzar un “¡¡¡¡ooooohhhhh!!!!” de pura frustración y mala leche. Sí, ya, el fútbol es así, una mala tarde la tiene cualquiera, y todo eso. Pero es que ya empiezo a estar harto de tanto filigranero que no concreta. Aquí lo que hacen falta son tíos que metan goles, que resuelvan, y no exhibicionistas que sólo hacen croquetas y sombreros en el centro del campo. El Barça ya aprendió esta lección el año pasado y por ese este verano ha fichado a una legión de africanos que, seguro, correrán como ñúes con un león detrás. A ver si Amélie Nothomb se aplica el cuento y se olvida del fútbol literario de salón.

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Alonso, Ron Dennis, y Pimpinela

Este fin de semana vuelve la Fórmula 1, y con ella el buen rollo en la escudería McLaren. Aquí va un vídeo para centrar el tema. Buenísimo… atención a los muchos detalles. Nuevamente un tipo ocioso invierte su tiempo libre en hacernos pasar un buen rato. Valientes como este son los que le hacen falta al país.

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¿Visión de futuro?

Next
(Next)

Next

Dirigida por Lee Tamahori, con Nicolas Cage, Julianne Moore y Jessica Biel

Valoración:

Hoy estrenamos nuevo colaborador (me encanta ese nombre, que es el que usaba la dientes de Tele 5 en “A tu lado” para referirse a Mayte Zaldívar o Kiko de GH… lo mejor de cada casa) en la sección de Cine, que es la única sección pseudoabierta de este blog. Viendo la frenética actividad de paditasawa y oletorole, nuestros dos regional vicepresidents que en 6 meses han escrito la friolera de… 3 críticas (entre los dos), he reclutado a un nuevo directivo. Lo tengo a prueba, pero de momento ya lo he nombrado Vicecónsul de las Indias Occidentales, sin sueldo. Su continuidad dependerá de 3 factores: la acogida de sus críticas (os recuerdo que hay botones para votar), su nivel de actividad (no se trata de tener colaboraciones cada semana, pero también es cierto que para vagos ya tengo a paditasawa y oletorole), y mi libre albedrío (aquello de que el blog es mío y tiro los penaltis como me da la gana). Así que demos la bienvenida a kalashnikov y a ver qué nos cuenta.

Ante todo gracias a 1y1y1 que está dando al becario la oportunidad de comentar una peli en su publicación (lo cual, dicho de paso, me parece una temeridad: espero que no sufran las audiencias, que ya me han dicho que este blog lo ven en hasta en Cincinnatti). Uf, que nervioso estoy, especialmente ahora que han montado el temita de los comentarios negativos. ¡Pero bueno, ya me estoy liando y al final voy a acabar haciendo “gonsoperiodismo” , que ya sabéis que es ese rollo de un tío que va a cubrir una noticia y acaba contando las cosas que le han pasado por el camino! Al grano: que yo venía por lo de hacer una crítica a una peli que vi ayer de pura casualidad que se llama “Next” (así, en inglés lo han dejado, con un par, pero la verdad es que si intentas traducirlo no mola: ¿”Siguiente”?).

Para empezar, diré que la película es cojonuda y que hay que ir a verla. Le doy un 4 sobre 5. ¿Que por qué es buena? Pues mira, en primer lugar porque sale Jessica Biel, que aunque aparezca la tercera en los créditos está para ponerle un piso con vista al Retiro. ¿Verdad que el nombre no os suena de nada? ¡Pues lo mismo me pasa a mí y casi acabo viendo la última peli de Bourne en vez de esta! Resulta que esta actriz es la que hace de condesita húngara en “El Ilusionista” (ya nos va sonando, porque en esa peli nos hizo mucha ilusión, ¿eh?). La belleza de esta chavala se caracteriza por unos rasgos de diosa altiva que contrastan con unos labios absolutamente paganos, se enfatiza con un más que generoso pecho (que nos recuerda invariablemente las propiedades alimenticias de la leche materna) y se sustenta en un poderoso tren trasero que parece “made in La Habana”. Respecto a su tipo, creo que queda claro que no estamos hablando de una modelo flacucha e insípida, sino de una tía que tiene carne como para darse un banquete. Además de todo esto me han dicho que actúa, cosa que a mí me parece muy bien (me parece bien aunque no lo haga). Ojo, que no es que yo sea el único obseso por esta chica: ha sido elegida la mujer más sexy del mundo (desbancando a Scarlett Johannson: duelo de titanes).

Bueno, antes de que me acabe emocionando, os daré una segunda razón para no perderse la peli: el protagonista es Nicolas Cage, que nos cae fenomenal a todos los tíos. ¿Por qué? Muy fácil: nos sentimos identificados rápidamente con él: se está quedando calvo a marchas forzadas desde los 30 años y lo tiene asumido, es más bien feote (del tipo de los que se quedan hasta el final en los bares) pero lo sobrelleva con dignidad, y hace siempre personajes de tirado o de buena gente con poca suerte. Sin embargo (y aquí viene la parte aspiracional), a pesar de todo ello, siempre acaba zumbándose a alguna tía con mucho morbo: por ejemplo, estrenó el cuerpo recién operado de Cher en “Hechizo de Luna”, o le dio lo que se merecía a Elisabeth Shue en “Leaving Las Vegas” (otra a la que todos le teníamos ganas desde que hizo de novia de “Karate Kid”).

Pues en “Next”, el tío lo borda, porque hace de nuevo su papel de personaje sórdido (un mago de tres al cuarto que trabaja en una sala de fiestas cutre de Las Vegas) arrastrado por un destino más fuerte que él en el que conspiran malos (terroristas internacionales) y buenos (obviamente los americanos con el FBI al frente). No quiero contaros el final, pero os aseguro que el bueno de Nico obtiene su recompensa (que es encamarse con la jaca que os contaba antes). Más argumentos para no perderse “Next”: el guión está basado en la novela “The Golden Man” de Philip K. Dick (repetid conmigo: “He visto naves arder más allá de las puertas de Tannhauser…” jódete Pumares). La clave del genial argumento es que el protagonista tiene el don de ver el futuro, pero sólo el suyo y con únicamente 2 minutos de antelación. Lo que ocurre es que cuando reacciona ante ese futuro, lógicamente lo modifica, con lo que se abre una nueva línea temporal, que a su vez le permite ver un nuevo futuro distinto (los que no comprendan eso es que no han leído la saga de “Los días del futuro pasado” de la Patrulla X).

Se cumple a rajatabla el principio de incertidumbre de Heisenberg (la acción de observar un hecho modifica su comportamiento). Como el margen temporal para reaccionar ante el futuro predecido (que a su vez es cambiante) es muy muy muy corto, eso le permite al genial director Lee Tamahori (el de “Guerreros de Antaño”, la de los maoríes, que han vuelto a poner de moda los tatuajes étnicos) convertir todas las alternativas espacio-tiempo en secuencias encadenadas que combinan la acción con la sorpresa inteligente. Tamahori (al igual que M. Night Shyamalan) es uno de esos directores que son capaces de coger los mejores ingredientes del cine americano (a saber: tías buenas, violencia gratuita, persecuciones de coches, velocidad y tensión) y combinarlos con elementos estéticos e intelectualmente sugerentes para obtener un resultado equilibrado. Además, como colofón, Lee opta por dejar la peli con un final abierto que te permite salir del cine pensando, lo cual es una gran diferencia con los finales empaquetados a los que nos tiene acostumbrado el cine más comercial.

Una última cosa antes de cerrar: también aparece la pálida Julianne Moore, que está en esa fase de “se me ven las arrugas en las comisuras de la boca, pero me resisto a envejecer y hacer papeles de madre divorciada vistiéndome con trajes masculinos oscuros, poniéndome gorritas de beisbol y descerrajando tiros a quemarropa”. Hace el papel de agente especial del FBI (calcada del de Clarice Starling que hizo en “Hannibal”), workohólica, dura, asexuada y con esa ética tan americana de “si tengo que matar a un recién nacido para defender mi país de un hipotético ataque nuclear (preferiblemente islamista) voy a hacer que Herodes se quede a la altura de Ronald McDonald”. Pues creo que ya no voy a contar más, porque me imagino que lo de que el puesto de Ben & Jerry´s estaba cerrado y que no me pude tomar un helado de Cherry García no os va a interesar. No dejeis de ver una peli con tan buenos ingredientes. Sobre todo Jessica Biel.

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El cambio climático… ¡huy, los datos estaban mal!

Pues sí, resulta que en la NASA acaban de darse cuenta de que estaban calculando mal los datos históricos de temperaturas. El artículo completo está aquí, pero en líneas generales la culpa la tuvo el famoso “efecto 2000″. El cambio de 1999 a 2000 le sentó mal a los ordenadores de la NASA, y las tablas históricas de temperaturas se recalcularon mal. Atención: no es que los datos de temperaturas desde el año 2000 estén mal, sino que todos los datos históricos están mal. El error lo descubrió un pollo, que le pasó su análisis a la NASA… y finalmente ésta ha reconocido que sí, que vale, que metieron la pata.

¿Consecuencia? Para empezar, 1998 ha dejado de ser el año más caluroso del siglo XX en EEUU (dato que los telediarios han estado citando hasta el hartazgo últimamente). Tras recalcular los datos correctamente, el año más caluroso del siglo pasado fue… ¡1934! No sólo eso: de los 10 años más calurosos del siglo, 5 fueron antes de la II Guerra Mundial (1934, 1921, 1931, 1938 y 1939). Y sólo 3 fueron en la última década. Así que ahora resulta que la década más calurosa de la Historia fue la de los años 30… cuando supongo que no se había quemado ni un 10% del petróleo que la Humanidad ha quemado hasta hoy.

¿Quiero decir con esto que hay que quemar petróleo a saco? No. El aire en las ciudades es una porquería. Y seguro que tampoco le hace ningún bien a la atmósfera que nos fumiguemos toneladas de hidrocarburos cada día. Lo único que quiero decir con esto es: cuidado con los datos “científicos”. Quienes me conocen saben que, quizás precisamente por mi formación científica, soy un escéptico de la leche con todo lo que viene avalado por la Ciencia. En el caso concreto del cambio climático, no hace mucho le decía a Paditasawa que me parecía sospechoso que todos los estudios que se publicaban últimamente estuvieran de acuerdo en que el cambio era ya un hecho irrefutable. Nunca he visto tanta unanimidad en ninguna cuestión científica. Muuuy sospechoso. Y me habría parecido igual de sospechoso que todo el mundo estuviera de acuerdo en lo contrario. De hecho, ahora también hay que tener cuidado con estos nuevos datos… La verdad no existe, salvo en Murcia.

Aunque, si hay que tener cuidado con los científicos, mucho más hay que tenerlo con los telediarios y los periodistas en general. Porque, ¿alguien ha visto alguna tv/radio/periódico que se haya hecho eco de esta noticia? Claro, con el tiempo que llevan dando la brasa con los otros datos, como para reconocer ahora que los datos estaban mal… Los periodistas, ya se sabe, son infalibles.

Enlace a la noticia en Barrapunto
Enlace a la noticia en DailyTech

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Asuntos de intendencia

Bueno, pues he cambiado algunas cosillas en el blog, aprovechando las vacaciones. Para empezar, y por demanda popular, he añadido algunos botones para votar al final de cada artículo. Digo “añadido” porque he dejado los que ya estaban, y que eran todos “buenos” (o superpositivos de la muerte), pero ahora he puesto además algunos “malos” (o de energía supernegativa, jo, tía). Algunos lectores echaban de menos la posibilidad de criticarme, y me sugirieron que incorporara estos nuevos botones. Pues hala, a ver si ahora hacéis algo con ellos, y con los antiguos.

También he puesto en la barra lateral una chorrada que me hace mucha ilusión. Es un programita que muestra de dónde proceden las visitas del blog. Yo pensaba que, como mucho, las visitas llegarían de Mondoñedo, pero hete aquí que en 1 día ya he tenido visitas de Argentina, Venezuela, Chile y EEUU (sección chicana), incluida una concretamente de Independence (Ohio). Supongo que serán las arañas de los buscadores, pero a mí me hace ilusión igualmente. También me ha sorprendido que los visitantes españoles que han aparecido en el “primer recuento” venían de Murcia… Esto del blog no deja de alucinarme.

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Nada por aquí, nada por allí

Lejos
La Chicana

Lejos - La Chicana

Valoración:

En esto de la música no hay mucho secreto: uno puede hacer lo de siempre con un estilo original, hacer algo original con un estilo de siempre, o (ya la repera) hacer algo original con un estilo original. Pero lo que uno no puede hacer es lo de siempre con un estilo de siempre, o casi. Y a mí, La Chicana me ha sonado eso. Bueno, La Chicana y el 90% de los nuevos cantantes que graban un disco.

Dicen los críticos que La Chicana explora el tango y le da un aire nuevo, lo “reinventa”. Yo, desde luego, no he visto eso cuando he escuchado “Lejos”. Sí lo vi, por ejemplo y por hablar también de tango reinventado, en “Lunático” de Gotan Project (también comentado en este blog). Pero en el caso de La Chicana no veo un estilo tan propio, tan diferente de lo que ya se ha escuchado en otras ocasiones como para decir que su visión del tango aporta algo realmente nuevo. Y en cuanto a su voz, a su estilo, pues tampoco me ha rebelado de la vida. De nuevo, y por poner una comparación positiva, pienso en el caso del “We’ll never turn back” de Mavis Staples: no reinventa nada, no revisa ningún estándar, pero canta con un estilo tan personal (tan divino, que diría Boris Izaguirre), que eleva lo tradicional a la categoría de obra maestra. Es ella, Mavis Staples, y no la música en sí, la protagonista de su disco.

Pero, insisto, en el caso de La Chicana uno se queda con la sensación de estar escuchando a una buena cantante (eso es cierto), pero ni mejor ni peor que las miles de cantantes que andan dando vueltas por los garitos, cantando por poco más que la cena y unas copas. Lo intenta sobre todo con el tango, pero también con otros estilos latinos. El resultado siempre es… plano. No emociona. No se le puede poner ningún “pero”, pero tampoco se le puede encontrar ninguna gran virtud. Y en música, ya se sabe, la indiferencia está prohibida por el código penal. Así que La Chicana se va una temporada a la cárcel que delimita el pentagrama (pedazo de metáfora empalagosa como pocas), y allí la dejaré porque ni siquiera me ha picado la curiosidad de escuchar su próximo disco. Digo esto por su bien: porque después de haber dicho eso, y por la Ley de Murphy, ahora su próximo disco será magistral. De nada, La Chicana.

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Estamos rodeados de gilipollas (capítulo 9)

Publicado en “La voz de Galicia” hoy. Parece que, además de ser superespeciales, ahora los niños necesitan 18 años para dejar al pediatra y enfrentarse como machotes a la dura realidad de un médico normal. Eso sí: saldrán del pediatra, e irán a votar para parar todas las guerras supermalísimas y para pedir un piso céntrico con aire acondicionado. Y entre una cosa y la otra, a estudiar psicología (eso sí, sólo 4 años de carrera, que si no es superimposible y, jo, tía).

Mi única esperanza ya es que, aunque nosotros no estemos aquí para verlo, dentro de 100 años en los libros de Historia reconozcan este calvario que estamos viviendo y describan los principios del siglo XXI como una época en la que los gilipollas se hicieron con el control del mundo civilizado. Porque, lo que es yo, hace tiempo que he tirado la toalla. Concretamente el día en que Chenoa se quedó fuera de la final de OT por el tongo en los SMS de Bustamante.


 

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El símbolo internacional del matrimonio

Es agosto, la peña está de vacaciones y José Luis Moreno ha vuelto a la tele con sus “matrimoniadas”. Para conmemorar tan augusto hecho, hoy voy a poner un articulito a la par veraniego y morenil. O sea: chusco. Porque no vamos a desaprovechar las cosas interesantes en un mes tan poco productivo como este… Así que, igual que existen los iconos de los lavabos que todos reconocemos como “hombres” o “mujeres” (salvo en los restaurantes de diseño, donde ponen cosas raras y sutiles, como si uno tuviera ganas de ponerse a resolver un sudoku justo cuando la vejiga está a punto de explotar…), pues, digo, igual que existen esos iconos, he aquí el símbolo internacional del matrimonio. Moreno estaría orgulloso de mí.


 

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