Falla el gol después de regatearse al portero

Cosmética del enemigo
Amélie Nothomb

Cosmética del enemigo

Valoración:

Hoy vuelvo a usar una metáfora futbolística para describir un libro porque realmente le viene al pelo. “Cosmética del enemigo” es una pequeña novela (apenas 100 páginas más bien pequeñas y de letra gorda) que engancha desde la primera página. Nos cuenta la historia de un hombre que espera en el aeropuerto la salida de su avión, y que escucha por megafonía que hay un retraso de una hora. Cuando se prepara para distraerse leyendo un libro, se le acerca otro hombre que parece dispuesto a entretener la espera dándole conversación. El protagonista, poco amigo de la charla con extraños, intenta evitarlo, pero el otro insiste e insiste, e incluso llega a decirle abiertamente que no va a dejarlo tranquilo: hablar no está prohibido, y tampoco está prohibido sentarse en una silla, así que él va a sentarse a su lado para darle la tabarra convenientemente, y lo perseguirá por todo el aeropuerto si intenta darle esquinazo.

Poco a poco, lo que inicialmente parecía un simple pesado de aeropuerto (hay más de los que uno puede pensar), empieza a revelarse como un tipo realmente singular. A los pocos minutos de conversación, confiesa haber matado a alguien. Poco después, reconoce que violó a una mujer muchos años atrás. La conversación, obviamente, se va haciendo cada vez más tensa. Y esa tensión se transmite perfectamente al lector que pasa páginas a toda velocidad para saber más sobre el misterioso interlocutor, mientras el protagonista también empieza a interesarse por aquel tipo al que había tomado por un simple imbécil que necesita contarle su vida al primero que pilla a mano.

Y así va pasando la novela, con confesiones sorprendentes del misterioso pesado, y con un recelo creciente en el protagonista, que finalmente descubrirá un hecho revelador y definitivo en el discurso del otro. El problema es que ese descubrimiento llega demasiado pronto, y para sorpresa general (o por lo menos para la mía) la novela no añade nada nuevo a partir de ese punto. En la página setenta y pico la autora nos muestra la “solución” al enigma, y durante las 20 páginas restantes se limita a contárnosla una y otra vez, a darle vueltas y vueltas a una explicación que, sinceramente, no resulta demasiado original, y a hacer que los dos personajes se recreen en los detalles hasta el hartazgo.

Así que, para mí, “Cosmética del enemigo” es un pequeño Expediente X: Amélie Nothomb empieza la novela con energía, avanza con decisión, regatea al aburrimiento, se quita de encima a la pesadez (la novela es un 80% un diálogo puro entre los dos personajes), se planta en el área con un misterio interesante, sortea al portero con un estilo ágil y contenido… y cuando está sola delante de la portería, le pega un patadón a la historia y la manda al segundo anfiteatro. El público sólo puede lanzar un “¡¡¡¡ooooohhhhh!!!!” de pura frustración y mala leche. Sí, ya, el fútbol es así, una mala tarde la tiene cualquiera, y todo eso. Pero es que ya empiezo a estar harto de tanto filigranero que no concreta. Aquí lo que hacen falta son tíos que metan goles, que resuelvan, y no exhibicionistas que sólo hacen croquetas y sombreros en el centro del campo. El Barça ya aprendió esta lección el año pasado y por ese este verano ha fichado a una legión de africanos que, seguro, correrán como ñúes con un león detrás. A ver si Amélie Nothomb se aplica el cuento y se olvida del fútbol literario de salón.

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