El ultimátum de Bourne
(The Bourne Ultimatum) – 2007
Dirigida por Paul Greengrass
Con Matt Damon, Joan Allen, David Strathairn y Julia Stiles
Valoración:
Cuidadín con Paul Greengrass que es un director con fundamento. Porque, además de haber dirigido ya hace tres años la primera secuela de Bourne (“The Bourne Supremacy”, titulada “El mito de Bourne” en España) lo cual ya habla muy bien en su favor, porque ya se sabe que una secuela es lo mejor que puede hacer un director de cine, pues digo que además de eso el amigo Greengrass también tiene en su currículum dos interesantes, originales, y, para mi gusto, extraordinarias películas: “The Theory of Flight”, con una encantadora Helena Bonham Carter y un siempre magnífico Kenneth Branaght, y la genial “United 93″, que ya comenté en su día en este blog, y a la que otorgué un 4,5 sobre 5. Siendo yo, eso quiere decir que la película es imprescindible. Y llegados a este punto voy a dejar de ponerle un adjetivo a cada sustantivo que escribo, porque si no esto puede hacerse interminable, amén de horterísimo. Hala, ahí van otros dos adjetivos… joer, esto envicia más que el tabaco.
Digo, por lo tanto, que Paul Greengrass sabe hacer películas con fundamento, con su perejil, su trama, su ritmo, su alioli. Pero tal vez Greengrass ha llegado a un momento de su vida en el que ha dicho: por la gloria de Ben Hur, esto del cine se está amariconando. Aquí todo el mundo va de superprofundo, que si la escuela Dogma, que si Almodóvar, que si el cine experimental guatemalteco. Y, rebelado de la vida, Greengrass decidió dejar la parte de “luces y cámara” para los flojos, y él pasó directamente a la acción. A la acción a tutiplén. Los flojos, en efecto, no tienen cabida en esta película. Porque en “El ultimátum de Bourne” no hay ni 15 segundos seguidos de calma. La peli es como una larguíiiisima persecución que dura casi 2 horas. Bourne se recorre medio mundo corriendo delante de una serie de tipos a los que se va calzando religiosamente. Ahora me pulo a uno en Moscú, espera que paso por Londres para cepillarme a otro, huy, mira, que me voy a Madrid a cargarme a uno que me pilla de camino, y ya que he bajado sigo bajando y me voy a Tánger a fumigarme a otro más, y como ya vale de matar en el extranjero, me vuelvo a Nueva York a petrolearme a dos o tres más. Lo que se dice un frenesí.
El ritmo es trepidante, ciertamente, pero Greengrass se las apaña para mantenernos en tensión a lo largo de esas casi 2 horas. Y lo consigue porque, a pesar de utilizar los elementos más clásicos de las películas de acción (peleas, persecuciones, tiroteos… no, aquí no hay tías buenas como en “Next”), los utiliza de una manera magistral. Es sólo acción, vale, pero también la acción se puede hacer bien, muy bien, o como Greengrass. Además de eso, la película aporta algunas curiosidades sobre el mundo de los espías. Por ejemplo, uno aprende que cuando te persiga la CIA, hay que irse a vivir a Almendralejo, porque en cualquier ciudad moderna siempre te tendrán controlado con un mínimo de 5 cámaras de vigilancia, 2 satélites y todos tus teléfonos interceptados: en efecto, y como todos sospechábamos, sobre todo los paranoicos, las cámaras de los cajeros automáticos no son de los bancos, sino que están conectadas directamente al Pentágono.
También se aprende que, a pesar de las sofisticadísimas medidas de seguridad electrónicas que protegen los documentos secretos de los americanos, resulta que después alquilan oficinas con enormes ventanales sin persianas, y desde el edificio de enfrente se pueden leer todos los papeles con un simple catalejo. Ese tipo de detalles son los que terminaron con el Imperio Romano.
Y, al hilo de esto, un par de comentarios tangenciales. Primero, y como ya he dicho, una parte de la película transcurre en Madrid. La verdad es que hace gracia ver a Bourne paseándose en nuestros lujosos taxis (el que él coge está sorprendentemente limpio, el conductor lleva las ventanillas cerradas, y además no le da la tabarra durante la carrera) y ocultándose de nuestros implacables cuerpos de seguridad. Por cierto, que en el último año yo no me he cruzado ni con un solo policía nacional por la calle (y a los municipales sólo los he visto poniendo multas); sin embargo, en 24 horas, Bourne se cruza con varias parejas de nacionales e incluso asiste a una redada con un montón de zetas con las sirenas a toda pastilla. Se nota que estos no viven en España. ¿Policía? ¿Por la calle? ¿Aquí? ¿Acaso somos una panda de represores? ¿De fascistas? ¿De nazis? ¿Es que Franco todavía vive? Nada, nada, la policía sólo se saca para entretener a los de los botellones, que si no se aburren. Porque si el gobierno ya ha convertido al ejército en una ONG, ¿por qué la policía no puede ser como “payasos sin fronteras”?
Y segundo comentario tangencial: uno de los malos (el de Tánger) tiene un cierto parecido con el ihoputa de Lewis Hamilton (pinchad en el link para ver una interesante foto suya reciente), y no veas el gusto que da ver cómo le mete Bourne con el mechero. Pim-pam-pim-pam. Que si por aquí, que si por allá… y yo veía la escena y pensaba, esto por lo de Indianápolis, esto por lo de Nürburgring… qué momentazo.
¡Ah, me olvidaba! Quiero explicar por qué no le doy un 5 a este pedazo de película. Dos motivos. Primero: en algunos momentos la acción resulta excesiva, el público necesita un respiro, cinco segundos para poner la lata de cerveza en el suelo o para volver a cogerla. Greengrass lo sabe, y de vez en cuando “para” la película. Pero realmente la para. No hay escenas de no-acción que aporten algo realmente sustancial a la trama. Simplemente los personajes se toman un respiro, dejan también su lata de cerveza en el suelo, luego la vuelven a coger, y venga vámonos que nos vamos que aquí están los malos otra vez.
Segundo motivo: me ha faltado una guinda en el final. Sí, ya sé que soy un nostálgico (llámame nostálgico, llámame hortera de bolera), pero yo creo que a esta peli le habría quedado de miedo uno de esos finales en los que, sobre un fondo en el que vemos el océano en un día de sol, salen unas letritas que dicen eso de: “En 2007 Jason Bourne se retiró de su carrera delictiva y ahora ejerce como pastor evangelista en la comunidad de Independence, Ohio, donde por cierto también reside uno de los visitantes del prestigioso blog 1y1y1″. Algo así. Un toque kitsch. Llámalo kitsch, llámalo casposo. Pero a mí me habría gustado. En cualquier caso, “El ultimátum de Bourne” me ha gustado mucho. Con películas así, la espera de “La Jungla 4.0″ (se estrena el 7/Septiembre) se hace mucho más llevadera…
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Y para terminar el paso por Madrid: ¿y qué decir de lo glamuroso del edificio y de la oficina en Madrid de la prestigiosa banca internacional de inversiones tapadera de la CIA?¡Qué creíble esa chapa en la puerta exterior!
“Una secuela es lo mejor que puede hacer un director de cine”
Ja, ja, ja. Completamente de acuerdo. No está nada mal la peli, el Greengrass me parece uno de los tipos que mejor ruedan la acción en la actualidad… “United 93″ es una grandísima pelicula, en mi humilde opinión. Ese angustioso y terrorífico final todavía lo tengo metido en la cabeza.
Por lo demás, el personaje de Bourne debería sangrar un poco más. Es que no hay nadie que le tosa al tío. Y un par de chistecillos a lo John McClane tampoco estarían de más…
Je! Yo también cuento las horas que quedan para “La Jungla 4.0″. ¡¡¡Ese Bruce pelado al cero derribando helicópteros con coches!!!
Me siento absolutamente estafado por esta crítica. Lamentablemente me la creí fui a ver el Ultimatum.
No recuerdo la última vez que ví una peli tan, tan, tan malísima. Y ojo, que no es por ninguna vena cultureta, que todos sabeis que mi película favorita es Starship Troopers, ni porque no saliese Jessica Biel (que ya estaba avisado) sino porque esa promesa de acción me ha recordado a las risas enlatadas: es falsa y repetitiva. Toda la peli es una repetición de una misma escena rodada en escenarios distintos y con secundarios diferentes. A saber: i) plano cenital tomado desde un helicóptero de una ciudad (Madrid, Paris, Washington…), ii) plano cámara en mano en el que aparece Bourne y se mete en una localización (una casa, una estación, un metro…) al que le sigue la cámara con todo el traquetreo de subir o bajar escaleras, iii) se encuentra con el malo (latino, árabe o eslavo), iv) se dan de hostias a velocidad terminal, v) aunque el malo tiene el arma, el factor sorpresa y los rehenes, contra todo pronóstico Bourne gana (en caso de árabe, latino o eslavo además les mata, en caso de ciudadano americano, sólo le deja KO), vi) Bourne sale de la localización y la cámara (en mano) le sigue hasta el siguiente plano cenital de la nueva ciudad
Yo le pongo un 1 y sólo por las hostias de los coches que son impresionantes!!!!
Pues no se devuelve el dinero, es política de empresa.