Espero que con todas las pruebas que estoy dando últimamente sobre la irrevocable precipitación de nuestra sociedad hacia el futuro que predije en “AKA”, se me reconozca de una vez como profeta, y el Estado acceda a pasarme una pensión. Si en algún momento os pido firmas para conseguirlo, confío en no tener que apelar a aquello de criar cuervos y tener muchos. A lo que vamos: hoy aporto un documento gráfico obtenido en la estación de metro de Manuel Becerra, de aquí, de Madrid. Un filósofo podría tirarse toda la vida ante el cartel y no sacar nada en claro. Y perder el metro, claro, que es lo que tiene la filosofía, que no da de comer. Pero sí de beber, y por eso los filósofos acaban fatal del hígado.






¿Quiere esto decir que puedo empezar a tirar a todo el personal (con forma de monigote, como el que está tachado), que me encuentre por el metro? Interesante …
Me recuerda al comentario de Woody Allen: “Un día en un examen de metafísica le copié el alma al compañero de al lado”