Archivos del Mes para September, 2007

La insoportable gravedad del ser

El ocaso del pensamiento
Émile Michel Cioran

E.M. Cioran - El ocaso del pensamiento

Valoración:

Hay libros que hay que leer en un determinado momento, con una determinada edad, con unas determinadas ideas en la cabeza (o, mejor todavía, sin unas determinadas ideas en la cabeza). Pienso, por ejemplo, en El lobo estepario de Herman Hesse, o incluso en Nietzsche, que si te lo lees cuando tienes 15 años te rapas el pelo al cero y te compras un fusil-ametrallador, pero que si te lo lees con 40 te quedas plácidamente dormido en el sofá como con un documental de La 2. Pues con Ciorán he tenido esa misma sensación. He pensado: qué pena no haberme leído este libro hace 20 años…

Porque “El ocaso del pensamiento” es un libro apasionado, un libro de los de “estáis conmigo o estáis contra mí”, y ese tipo de libros hay que leérselos antes de acabar el COU, que es el último momento de la vida en el que crees que el mundo se puede cambiar, salvo que seas una concursante de Supermodelo 2007, en cuyo caso puedes llegar tranquilamente a los 30 tacos creyendo que el mundo cambiará en cuanto la gente se dé cuenta de que tú eres superespecial. Por cierto, que si Ciorán fuera jurado de ese concurso ya hace tiempo que habrían tenido que entrar los GEOs en el plató.

Pero vamos a lo que vamos. Ciorán no intenta engañar a nadie. Al revés. Ni siquiera enseña la patita poco a poco. Nos pone las zarpas encima de la cara desde el mismísimo epígrafe, donde cita 2-Crónicas (11, 26): “…aliméntalo con el pan y el agua de la aflicción”. Y, por si con eso no hubiéramos pillado por dónde van a ir los tiros, el primer párrafo nos lo deja clarinete:

Uno puede decir con toda tranquilidad que el Universo no tiene ningún sentido. Nadie se enfadará. Pero si se afirma lo mismo de un sujeto cualquiera, éste protestará e incluso hará todo lo posible para que quien hizo esa afirmación no quede impune [...]. Todo el secreto de la vida se reduce a esto: no tiene sentido; pero todos y cada uno de nosotros le encontramos uno.

A eso me refería con lo de Supermodelo, aunque llevado al extremo, claro. Pero en general podríamos decir que ese es el tono general del ensayo. Aunque, por cierto, “El ocaso del pensamiento” no es un ensayo propiamente dicho. Es una colección de aforismos y reflexiones, algunas de 2 líneas y otras de 2 páginas, sin ningún tipo de hilo que las una, pero con un tema de fondo que les da consistencia. Y el tema podría ser: la vida es una mierda. O: la vida es preciosa, pero a mí me parece una mierda. O: la vida es preciosa, a mí me parece preciosa, pero en realidad es una mierda. O variaciones sobre ello.

Por lo tanto este libro, es cierto, no es el mejor compañero para el lector que coquetea con el suicidio. Tampoco para el lector a quien acaba de dejar la novia. Ni siquiera para el que ha perdido el bolígrafo. Sí, en efecto, “El ocaso del pensamiento” hay que leerlo en un momento en el que nos encontremos pletóricos de moral, porque si no es muy probable que acabemos asomados al balcón calibrando si un salto desde un tercer piso puede ser suficiente para sacarnos de este valle de lágrimas.

Aunque también hay otro momento ideal para leer este libro: cuando uno ya ha llegado por su cuenta a la conclusión de que este mundo no tiene ningún sentido, de que la vida es una mierda, o de que es maravillosa pero bla, bla, bla. En ese momento, como decía antes con Nietzsche, uno ya lee a Ciorán como si estuviera viendo “Mira quién baila”. Y, al igual que pasa con “Mira quién baila”, uno se aburre pronto. Aunque, hay que reconocerlo, el libro está repleto de destellos de genialidad, de visiones afiladas de la vida que te atraviesan cuando las lees por su precisión y su dureza. Por su descarnada lucidez. Aquí van algunos ejemplos.

Si el sufrimiento no fuera un instrumento de conocimiento, el sucidio sería obligatorio.

¿Has formulado muchas preguntas a Dios? ¿Por qué te extraña entonces el peso de las respuestas que no has recibido?

De los hombres me separan todos los hombres.

Para no aburrirte has de ser o santo o un animal.

La muerte es lo sublime al alcance de cualquiera.

A veces el tiempo es tan agobiante que a uno le gustaría romperse la cabeza contra él.

Y una de mis favoritas:

Darse cuenta de algo va en contra de la vida; tenerlo claro, todavía más. Se es mientras no se sabe que se es.

En fin, a pesar de todo lo dicho (o precisamente por ello), y ya sea en un momento o en otro, para hundirse en la miseria o para constatar que uno ya está hundido en ella, o incluso para poder entender a los que se hunden en la miseria (y dejar de animarlos con ridículas palmaditas en la espalda y consejos tipo “venga, va, jo, no seas pesimista, tía”), “El ocaso del pensamiento” es una interesante lección sobre la vida. Y como éstas no abundan, lo mejor es aprovechar las que nos pasan cerca. Eso sí: este libro hay que mantenerlo alejado de los niños. Y ya se sabe que hoy día, a las tías de 30 años se las llama niñas, así que el mínimo para leer a Ciorán debe de rondar la cuarentena. Alguna ventaja tenía que tener la edad.

[tags]Cioran,Filosofía[/tags]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Es otoño, vuelve la poesía

Que digo yo que, dado que el blog es mío y todo eso que digo siempre, voy a poner poesía cuando se me pase por la punta de la pipa. Esto, lo reconozco, no ha quedado muy poético. Pero a lo que vamos. Loboretirado, lector del blog y a pesar de ello persona de bien, me mandó algunas poesías escogidas como respuesta al último poema que colgué aquí. He escogido una de esas poesías para alborozo de las almas más elevadas que transitan por estas páginas, y que hoy podrán flotar un poco más de lo que ya flotan normalmente. El poema se titula “De vita beata” y el autor es Jaime Gil de Biedma.

En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.

[tags]Poesía, Gil de Biedma[/tags]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Cuando uno tiene la razón…

… hay que dársela. La imagen es una foto real tomada en el cementerio de Princeton.

[tags]Epitafio, Hipocondríaco, Rencoroso[/tags]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

¿Dónde he visto yo esta película antes?

El velo pintado
(The painted veil) – 2006

El velo pintado

Dirigida por John Curran
Con Naomi Watts y Edward Norton

Valoración:

Pues sí, lo primero que se le viene a uno a la cabeza cuando está viendo “El velo pintado” es: ¿dónde he visto yo esto antes? Y la respuesta es: en muchos sitios. Porque esta película recuerda a un montón de historias que todos hemos visto muchas veces sobre amores difíciles, ingleses estirados, y paisajes coloniales de belleza espectacular. No podría citar una película en concreto a la que remita “El velo pintado”, porque ya digo que es una especie de “historia colectiva” que uno tiene en la cabeza y que se ha construido a partir de otras muchas, y por eso todo lo que pasa en esta película parece tomado de otras.

La historia gira alrededor de un matrimonio inglés (Edward Norton y la guapísima Naomi Watts, que en esta película luce más bien poco, sobre todo si uno la compara con la Naomi Watts que tenía aquella escena tórrida en Mullholland Drive) que se va a vivir al Shanghai colonial. Su vida es bastante aburrida, sobre todo porque la pasión no es simétrica: él ama con locura a su mujer, pero ella sólo se casó con él para huir de su propia familia. Así que, como el marido pasa bastante tiempo fuera de casa trabajando como biólogo, la esposa aprovecha la ocasión para liarse con un playboy del que termina por engancharse hasta llegar al punto de plantearse el divorcio. El playboy, por supuesto, se pone a silbar “El puente sobre el río Kwai” cuando le propone tal cosa. Así que ella, desengañada, decide quedarse con su marido (que se ha enterado del pastel y pasa del amor al odio) y seguirlo hasta un remoto paraje en la China interior donde se ha declarado una epidemia de cólera.

En la pequeña aldea, con el marido siempre atareado intentando controlar la epidemia, la esposa empieza a aburrirse de lo lindo. Y, además, el marido la trata como a un trapo. Pero poco a poco, y como el roce hace el cariño, ella va cogiéndole el gusto a la vida campestre y al sacrificio, y él va volviendo a ver a la mujer de la que se enamoró perdidamente. Todo esto entre paisajes preciosos, plantaciones de arroz interminables, ríos majestuosos, y chinos a tutiplén. Y hasta aquí puedo leer. Aunque, para no crear falsas expectativas, he de decir que el final tampoco es especialmente original.

Así que, ya digo, “El velo pintado” es una película bonita, hecha con muy buen gusto y protagonizada por dos actores de primer nivel. No aporta nada nuevo, es cierto, pero a veces uno sólo quiere sentarse en la butaca y pasar dos horas agradables. Para conseguir eso, “El velo pintado” es una apuesta segura. Quién sabe; si se ve en un día lluvioso, tal vez sea necesario incluso algún kleenex. Porque los metrosexuales también lloran.

[tags]El Velo Pintado, Edward Norton, Naomi Watts[/tags]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Dios demandado en Nebraska

Con un par. Un senador estadounidense (el de la foto, ya ves las pintiñas que tiene el pobre) ha demandado a Dios por causar catástrofes en el mundo. Y (atención) la demanda ha sido admitida a trámite. Estos gringos… A continuación cito algunos párrafos de la noticia aparecida en El Mundo. Se puede leer completa aquí.

Un senador estatal de Nebraska, concretamente Ernie Chambers, presentó una demanda judicial contra Dios. ‘Harto’ de las “nefastas catástrofes” en el mundo, que sólo provocan muerte y destrucción, ha decidido acudir a la justicia estadounidense, donde todo parece posible tras su admisión a trámite el pasado 14 de septiembre por la Corte del distrito de Douglas, en Nebraska.”

Por si la justicia tiene problemas a la hora de identificar al demandado, Chambers advierte que es conocido por varios “alias, títulos, nombres y designaciones”. En cualquier caso tiene todo pensado. Ante la imposibilidad de que Dios se presente en el proceso, se cita a los representantes de “varias religiones, denominaciones, y cultos que, de manera notoria, reconocen ser agentes del demandado y hablan en su representación”.

El demandante reconoce que ha hecho “razonables esfuerzos” para invocar a Dios, con palabras frases como la siguiente: “manifiéstate, manifiéstate, donde quiera que estés”, aunque reconoce que sin éxito.

El tal Chambers termina diciendo que con esta demanda ha cumplido uno de sus propósitos, que es demostrar que “cualquiera puede denunciar a cualquiera, incluso a Dios”. En EEUU, desde luego parece que sí.

[tags]Dios, Ernie Chambers[/tags]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Un café y un poco más de lluvia, por favor

The evening call
Greg Brown

Greg Brown - The evening callValoración:

Así que aquí estamos: en un bar de carretera a medio camino entre Nebraska y ningún sitio, con la camisa húmeda porque nos hemos mojado un poco al salir de nuestra camioneta GME, que ahora está ahí fuera aparcada soportando con paciencia la lluvia. No es que llueva mucho, pero precisamente por eso. Uno cree que casi no llueve y anda más despacio, y sin darse cuenta llega al bar con la ropa un poco mojada. Por eso el café sienta mejor.

Tardas un rato en darte cuenta. Antes, te sacudes la camisa, el sombrero, te sientas en un taburete de la barra y dejas que la camarera (una chica del pueblo que algún día se irá a California, como en las películas, para intentar hacer películas) te sirva un café con una de esas jarras enormes de cristal. Coges la carta, eliges algo para comer. Son las ocho de la mañana y el día se presenta como uno más. Apacible, pero duro. Es entonces cuando te das cuenta de que hay música sonando en el bar. Y no te habías dado cuenta antes porque la música forma parte del día apacible y duro, de la camioneta bajo la lluvia, de Nebraska y de de ningún sitio. Greg Brown, que ahora canta “Cold+dark+wet”, lleva en realidad cantando desde que has entrado en el local y los lugareños te han mirado con cara de pocos amigos.

Así que te pones cómodo (todo lo cómodo que uno se puede poner en un taburete de escay) y empiezas a beberte el café a pequeños sorbos mientras ves las gotas de lluvia al otro lado del cristal. “Mighty sweet watermelon” está sonando cuando la camarera (que no es tan guapa como debería ser, que volverá de California 3 años después más fea, más gorda, más triste) te pone el plato delante y te rellena la taza mientras bromea con uno de los clientes. Tú querrías un poco más de silencio para poder escuchar mejor la música, pero (¡que me aspen!) Greg Brown no sonaría igual en un local sin ruido, en una tarde soleada, en un pueblo en el que los lugareños sonrieran a los recién llegados. Así que (ahora suena “Treat each other right”“), qué narices, empiezas a partir con el tenedor los huevos revueltos, te ríes con las bromas que el cliente le sigue haciendo a la camarera y cuando, un buen rato después (cuando el disco ya está terminando y te parece escuchar “Skinny days”) ésta vuelve a acercarse y te pregunta si quieres algo más, qué puedes decir, qué es lo único que puedes decir. Sí, por favor. Más café. Y también un poco más de lluvia. No tengo prisa. Tengo que llegar a ningún sitio.

[tags]Greg Brown, Música Americana[/tags]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Mis amigos y Caja Madrid

No he venido aquí a hacer amigos
Jaime Miranda

Jaime Miranda - No he venido aquí a hacer amigos

Valoración:

Voy a ventilarme rápido la crítica de esta novela, para meterme de lleno en el rollo de los premios literarios, los fenómenos mediáticos, y la patética mediocridad que, además de rodearnos (o precisamente por ello), nos gobierna. Y no me refiero sólo al gobierno político, que también, sino al gobierno cultural que decide quién pita y quién no pita en este circo de talentos de medio pelo en el que se está convirtiendo el panorama artístico desde la invasión de los Dan Browns y los Paulos Coellos de turno. Que ya vale, hombre, que ya vale.

Así que vamos rapidito con “Yo no he venido aquí a hacer amigos”. Podría copiar el tono general de la novela y hacer una broma obvia y sin puñetera gracia, diciendo que, desde luego, conmigo el autor no ha hecho ningún amigo. La supuesta comedia que ha escrito Javier Miranda es sosilla, tiene fallos técnicos del tamaño de la provincia de Soria, y no consigue arrancar ni una sonrisa cada 50 páginas. Yo me he leído 130, pero ya no he podido más. No sé muy bien por qué me he saltado mi regla de las 50 páginas y he seguido con otras 80, porque la verdad es que la novela no apuntaba buenas maneras ni en el epígrafe.

Se supone que la obra es una comedia que intenta reflejar la vida real de un consultor informático. Más que eso, lo que hace es poner en fila india todos los tópicos que han dado 1000 vueltas a Internet sobre las empresas, y aderezarlos con algunas ocurrencias que normalmente no pasan de graciosillas pero que en algún caso, justo es reconocerlo, son francamente graciosas (como el “filete James Bond, duro, frío y con nervios de acero”, o el teléfono móvil que vibra “con la furia de un pitufo harto de éxtasis”). No sé qué le parecerá el libro a alguien que nunca haya tenido un trabajo “de oficina”, pero desde luego a mí no me ha parecido brillante. Yo he tenido la ¿suerte? de asistir a reuniones mucho más surrealistas, de conocer a directivos mucho más infames, y de trabajar en proyectos mucho más inútiles, que los que se muestran en esta novela.

Pero, como decía, no quiero enrollarme con la crítica. Es una comedia mal escrita, no tiene gracia, y ya está. Tampoco hay que ensañarse. Lo que ha llamado mi atención es que esta novela fue la ganadora del III Premio de Narrativa Caja Madrid, concedido por un jurado del que formaban parte Rosa Regás (vale, un jurado con sólo una neurona no es representativo) pero también Ray Loriga y Vicente Molina Foix (!!!). Así que, por favor, a partir de ahora no quiero ni una bromita más con los premios que ganó AKA y que tan justamente me concedieron mis amigos. Si “No he venido aquí a hacer amigos” puede ganar un premio, entonces “AKA” debería haber ganado 100. Porque ya empiezo a estar hasta las narices de ver mediocridades ocupando páginas y páginas de periódicos y blogs. Que no estamos aquí para perder el tiempo. Mira, hasta me he mosqueado y todo. smile_baringteeth

Etiquetas: , ,

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

¿Y si “Matrix” fuera verdad?

No, no he bebido (más de lo normal). Ni tampoco me he apuntado a la Cienciología. Sólo he leído un artículo donde un neurocientífico plantea la posibilidad de que toda la realidad sea, en realidad (valga la perogrullada), una simulación colectiva. El artículo es interesante, y menciona a algunos otros personajes bastante serios que también están especulando con esa curiosa idea. La noticia de que Sony tiene patentado un sistema para recrear universos virtuales en el cerebro pone la guinda a la historieta.

La idea ya ha sido planteada en muchas películas, como Matrix y, muy especialmente, Nivel 13, y la verdad es que es una posibilidad juguetona a la que es divertido darle alguna vuelta. Hace poco decía en un artículo que “la verdad no existe”. Ahora parece que no existe ni la realidad, así que de la verdad ya ni hablamos…

El artículo está aquí. Y otro sobre el mismo asunto que publicó el New York Times hace unas semanas está aquí (el del NYT está en inglés y hay que registrarse, gratuitamente, para poder leerlo).

[tags]Universo virtual[/tags]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Una preciosa novela hueca

Nunca me abandones
Kazuo Ishiguro

Nunca me abandones

Valoración:

He aquí otro de esos “3″ que tengo que poner para valorar una obra, no porque tenga un nivel de calidad medio, sino porque mezcla elementos excepcionales con otros francamente decepcionantes. Es un “3″ que sale más bien como una media entre varios “5″ y varios “1″. Y para poder explicarlos todos, tengo que hacer una breve descripción de la historia que Kazuo Ishiguro nos cuenta en esta novela.

En la primera página el autor nos sitúa en “Inglaterra, finales de la década de 1990″, y la novela se nos presenta como la narración en primera persona de una mujer (Kathy H.) de unos treinta y tantos años, que tras darnos algunos misteriosos datos sobre sí misma, comienza enseguida a recordar su pasado siguiendo un estricto orden cronológico (roto, de vez en cuando, por torpes adelantos de la trama en el gastadísmo formato “poco sabía yo que más adelante…”).

El caso es que Kathy H. empieza por recordar los años que pasó educándose en un internado. A pesar de la naturalidad con que Kathy nos cuenta su infancia, el lector nota desde el primer momento que ese internado no es un internado normal. No me refiero a que sea un sitio en el que haya algún misterio, fantasmas o fenómenos paranormales, ni nada por el estilo. Es algo mucho más “real”: es un internado en el que sólo hay niños que han sido creados por clonación, y cuya función en la sociedad es simplemente crecer para, una vez llegados a la edad adulta, donar sus órganos a las personas que puedan necesitarlos. Los niños lo saben, los profesores del internado lo sabe, y de hecho toda la sociedad lo sabe. Así que, aunque se supone que estamos en “Inglaterra, finales de la década de 1990″, en realidad estamos en un mundo imaginario. Nada que objetar, por supuesto, porque esto es una novela y las novelas son obras de ficción. No sólo eso: yo diría que el principal mérito de Kazuo Ishiguro en “Nunca me abandones” es precisamente la delicada construcción de ese mundo imaginario. No es sólo que consiga que el mundo parezca real. Es que, en cierto modo, al lector le resulta entrañable.

Dicho esto, la naturalidad con la que Kathy H. nos cuenta todo eso resulta en general un poco forzada. Es como si Ishiguro, en un esfuerzo por presentarnos su mundo imaginario como absolutamente real, no permitiera que sus personajes se hicieran algunas preguntas sobre ese mundo que cualquier persona normal se haría. De hecho, ¿no nos preguntamos todos nosotros, en algún momento de la vida, por el sentido de ésta? ¿No nos indignamos ante las injusticias? ¿No nos desesperamos ante las desgracias? Todo eso se echa de menos en “Nunca me abandones”: los personajes asumen su papel y los días van pasando sin que ninguno de ellos tenga ni una mínima curiosidad por el sentido global de sus vidas, sin que nadie se plantee rebelarse ante su destino macabro. De esa manera, la novela termina por no llevar a ningún sitio, aunque también es cierto que un final rotundo no habría encajado con esta historia lírica y sentimental, donde lo importante no es lo que pasa sino las sensaciones que la protagonista nos transmite a medida que nos cuenta sus recuerdos.

Pero (sí, aquí también hay un pero, ya decía que esta novela es una mezcla de cincos y unos) a veces el lirismo resulta excesivo. O, mejor dicho, resulta cursi. Puede sonar exagerado, pero la verdad es que en muchos momentos el estilo de Ishiguro me ha recordado a las historias para adolescentes tipo “Los Cinco”. Hay descripciones empalagosísimas, y el ambiente de “buen rollo” inmaculado que hay entre los grupos de amigos en el internado, me ha traído a la memoria las excursiones nocturnas de “Los Hollister” con su inseparable linterna, haciendo juramentos secretos, pero regresando siempre a casa a la hora de la merienda para comerse las tostadas de mantequilla de cacahuete que su madre les preparaba con un amor sin límites. La imagen que al final de la novela se me ha quedado de Kathy H. está peligrosamente cerca de esa repelente y falsa perfección sentimental.

Y es una pena, porque el mundo que Ishiguro construye en “Nunca me abandones” habría dado para mucho más. No sólo por las implicaciones éticas que se podrían plantear, sino también por las reacciones que unos personajes más reales, más de carne y hueso, habrían podido experimentar. La blandengue Kathy H. es el narrador perfecto para muchos de los recuerdos que ella misma nos va contando, pero es insoportablemente hortera para otros. Ni siquiera nos convence de que su melancolía es en realidad una forma dulcificada de resignación. Porque Kathy H. no intenta nada, no pelea por nada, no se pregunta nada. Sólo se recrea en una nostalgia que roza la telenovela. Y por lo tanto no hay lugar para la resignación. Ella simplemente nos cuenta algunas cosas no siempre relacionadas, mantiene nuestra atención con algunos trucos bastante previsibles, y al final simplemente nos deja con la sensación de que ni ella ni nosotros hemos aprendido nada. Ella pasa por la vida y nosotros pasamos por la novela, y ambos terminamos con una cierta sensación de que hemos desperdiciado el tiempo. Con “Los Hollister”, por lo menos, al final uno se llevaba la alegría de descubrir al asesino. Y se quedaba con la convicción de que con una linterna no hay misterio que no se pueda resolver.

[tags]Ishiguro, Literatura[/tags]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

El obispo descalzo

Un paréntesis de seriedad en este festival del humor que siempre es 1y1y1. Me pasan un documento que realmente merece la pena ver y leer (más ver que leer, porque el documento sólo tiene un párrafo de texto y un montón de fotos). Es una buena causa, y además de que quien quiera ayudar materialmente por supuesto puede hacerlo, en este caso la mejor ayuda no sería la pasta (que también) sino la difusión. Quien me pasa esto (amiga y lectora de este blog) conoce a la persona que se encarga del proyecto, así que la cosa es seria y (tristemente) real.

El documento, como os decía, es impresionante. Y las fotografías son preciosas, trágicamente preciosas, porque es increíble que alguien pueda conseguir que haya cierta alegría en unas circunstancias como estas. Así que si alguien conoce a alguien que conoce a alguien… que puede hacer que esto llegue a mucha gente (periodistas, blogueros, personas con megáfono), pues adelante. Yo, de momento, estoy intentando que llegue a los miles, o tal vez millones, de lectores de 1y1y1. ¿Veis ahora por qué insisto tanto para conseguir suscriptores (ahora llamados afiliados) al blog?

Os pongo un aperitivo aquí abajo en forma de texto introductorio (lo siento, está en inglés, pero es que la idea es que esto pueda llegar a todas partes) y un pequeño montaje de vídeo que he hecho con algunas de las fotografías. El documento completo lo he subido a un disco virtual para que se lo descargue quien quiera (haciendo clic aquí).

Personalmente me han sacudido dos cosas de este asunto: la primera, que pocas veces la expresión “el lugar equivocado, en el momento equivocado” ha sido tan tristemente cierta; la segunda, que no puedo dejar de admirar a la gente que no sólo es capaz de convivir con el lado más cruel de la vida, sino que, además, consigue arrancarle a esa crueldad pequeños instantes de felicidad para otros. Hay que echarles una mano a esas personas, porque mientras existan personas así será posible tener una duda razonable sobre nuestra habitualmente lamentable especie. Que rule.

The barefoot bishop
Right now, in Camodia, there are two, perhaps three children,
probably the sons of poor peasants, who will see in a few days
how their lives change radically; next week, they will have suffered
serious injuries, and surely the amputation of at least one
of their limbs as a result of the explosion of a land mine. If they
survive, some of these children will be admitted in the Arrupe
Centre, founded and managed by Kike Figaredo, a Jesuit
from Asturias who has spent the past 22 years helping Cambodia’s
underprivileged. Much of his human, logistic, affective
and educational help is focused on accepting and reintegrating
children that suffer the trauma of seeing how their lives are
changed forever because of setting their foot in the wrong
place at the wrong time.

Recordad: el documento original os lo podéis descargar haciendo clic aquí.

[tags]Camboya, Minas Antipersona[/tags]

Post to Twitter Enviar a Twitter