El velo pintado
(The painted veil) – 2006
Dirigida por John Curran
Con Naomi Watts y Edward Norton
Pues sí, lo primero que se le viene a uno a la cabeza cuando está viendo “El velo pintado” es: ¿dónde he visto yo esto antes? Y la respuesta es: en muchos sitios. Porque esta película recuerda a un montón de historias que todos hemos visto muchas veces sobre amores difíciles, ingleses estirados, y paisajes coloniales de belleza espectacular. No podría citar una película en concreto a la que remita “El velo pintado”, porque ya digo que es una especie de “historia colectiva” que uno tiene en la cabeza y que se ha construido a partir de otras muchas, y por eso todo lo que pasa en esta película parece tomado de otras.
La historia gira alrededor de un matrimonio inglés (Edward Norton y la guapísima Naomi Watts, que en esta película luce más bien poco, sobre todo si uno la compara con la Naomi Watts que tenía aquella escena tórrida en Mullholland Drive) que se va a vivir al Shanghai colonial. Su vida es bastante aburrida, sobre todo porque la pasión no es simétrica: él ama con locura a su mujer, pero ella sólo se casó con él para huir de su propia familia. Así que, como el marido pasa bastante tiempo fuera de casa trabajando como biólogo, la esposa aprovecha la ocasión para liarse con un playboy del que termina por engancharse hasta llegar al punto de plantearse el divorcio. El playboy, por supuesto, se pone a silbar “El puente sobre el río Kwai” cuando le propone tal cosa. Así que ella, desengañada, decide quedarse con su marido (que se ha enterado del pastel y pasa del amor al odio) y seguirlo hasta un remoto paraje en la China interior donde se ha declarado una epidemia de cólera.
En la pequeña aldea, con el marido siempre atareado intentando controlar la epidemia, la esposa empieza a aburrirse de lo lindo. Y, además, el marido la trata como a un trapo. Pero poco a poco, y como el roce hace el cariño, ella va cogiéndole el gusto a la vida campestre y al sacrificio, y él va volviendo a ver a la mujer de la que se enamoró perdidamente. Todo esto entre paisajes preciosos, plantaciones de arroz interminables, ríos majestuosos, y chinos a tutiplén. Y hasta aquí puedo leer. Aunque, para no crear falsas expectativas, he de decir que el final tampoco es especialmente original.
Así que, ya digo, “El velo pintado” es una película bonita, hecha con muy buen gusto y protagonizada por dos actores de primer nivel. No aporta nada nuevo, es cierto, pero a veces uno sólo quiere sentarse en la butaca y pasar dos horas agradables. Para conseguir eso, “El velo pintado” es una apuesta segura. Quién sabe; si se ve en un día lluvioso, tal vez sea necesario incluso algún kleenex. Porque los metrosexuales también lloran.
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