África para turistas

Red Earth
Dee Dee Bridgewater

Dee Dee BridgewaterValoración:

Dee Dee Bridgewater es toda una personalidad en el mundo musical. Así que aprovecho la ocasión para recordar que, cuando hago una crítica, estoy criticando la obra y no al autor. Aunque, obviamente, las dos cosas están relacionadas y es inevitable hace referencias a uno cuando se habla de la otra. En este caso, además, voy a criticar el primer disco que escucho de Dee Dee Bridgewater, y por lo tanto no puedo dar una opinión general sobre los méritos o deméritos de esta artista.

Hago toda esta introducción porque yo tenía unas expectativas altísimas con Dee Dee Bridgewater. Había leído muy buenas críticas sobre ella, y en su página web la presentaban como una “actriz y cantante de jazz internacional, intérprete de Broadway, ganadora de los premios Tony y Grammy…”, y claro, eso me había hecho imaginarme que esta tía iba a ser una revelación, una especie de tubo de luz musical que me iba a llevar a nuevos mundos o a nuevas maneras de ver (musicalmente hablando) los mundos ya conocidos. Total, que me cargo el CD en el ordenador, en el móvil, en el casco de la moto, me propongo escuchar a Dee Dee Bridgewater en plan intensivo, porque cuando uno va a tener una revelación hay que estar preparado para que llegue en cualquier momento, y me pongo a ello. Le doy al play y escucho la primera canción. Intento nulo. Me suena a chunta-chunta africano, al típico rollo “la alegría de los pobres”, también conocida como “los africanos son felices a pesar de que están puteadísimos”, que a estas alturas ya está muy vista. Por no mencionar que a mí siempre me ha parecido falsa.

Pero no me rindo y paso a la siguiente canción. Segundo nulo. Bridgewater está a punto de la descalificación sin haber sobrepasado ni la altura mínima. Esto es como si a Nadal lo eliminaran en la fase previa del torneo de su barrio. Pero es que, de nuevo, Dee Dee Bridgewater me suena a alegría de documental de National Geographic. Me imagino a tipos con camisas floreadas medio rotas y dentadura precaria que, a pesar de todo, sonríen mientras bailan descalzos y tocan todo tipo de instrumentos de percusión. Jaleo y buen rollo convenientemente masterizado en la Corporación Dermoestética del sonido. Huy, huy, huy (me digo), que la revelación no llega, y ya llevo dos canciones.

Y así llega el momento de darle al skip una vez más y saltar a la tercera canción. ¿Y qué me encuentro? Negritos sonrientes, pies descalzos, alegría tribal, palos que se entrechocan, felicidad en estado puro. En ese estado tan puro que no existe. Por tercera vez, Dee Dee Bridgewater me suena a la África de los tópicos, a la África domesticada y feliz que nos hemos construido los occidentales y que, mucho me temo, no tiene mucho que ver con la África de verdad, porque yo nunca he conocido a nadie que lleve una semana sin comer y sea feliz. Salvo Carlos Jesús, si no fuera porque también era falso.

Resuelto a tener una revelación, porque ya me había hecho ilusiones e incluso había cancelado la cita semanal con mi sensei, empiezo a darle al skip hasta que me salen ampollas en los dedos. Paso a la cuarta canción, a la quinta, a la sexta… hasta que llego a la decimotercera. Vuelvo a empezar. Segunda vuelta. Tiene que haber algo que se me ha pasado. Algún matiz, algún sonido oculto… Pruebo a escucharlo al revés, como los discos de Pink Floyd y The Beatles, pero en lugar de encontrame algo como “el Santo Grial está escondido en Castrillo de los Condes” o “el secreto está en la masa”, sólo escucho chirridos y golpes que me destrozan el oído. La cosa se pone mal. Después de una tercera escucha, sólo me queda confiar en que mi sensei no sea rencoroso (él dice que no, porque el rencor cierra el tercer ojo y pone el chancra de la energía cósmica en FM) y me acoja nuevamente bajo su ala protectora la semana que viene. Mientras, borro el CD de Dee Dee Bridgewater y miro la foto de la portada con odio. Y eso que la tía está relativamente buena. Pero ni eso la salva: cuando uno espera una revelación, los pensamientos lascivos no sirven de consuelo. O sí. Será cuestión de esperar al próximo videoclip de Shakira, a ver…

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