El ocaso del pensamiento
Émile Michel Cioran

Valoración:
Hay libros que hay que leer en un determinado momento, con una determinada edad, con unas determinadas ideas en la cabeza (o, mejor todavía, sin unas determinadas ideas en la cabeza). Pienso, por ejemplo, en El lobo estepario de Herman Hesse, o incluso en Nietzsche, que si te lo lees cuando tienes 15 años te rapas el pelo al cero y te compras un fusil-ametrallador, pero que si te lo lees con 40 te quedas plácidamente dormido en el sofá como con un documental de La 2. Pues con Ciorán he tenido esa misma sensación. He pensado: qué pena no haberme leído este libro hace 20 años…
Porque “El ocaso del pensamiento” es un libro apasionado, un libro de los de “estáis conmigo o estáis contra mí”, y ese tipo de libros hay que leérselos antes de acabar el COU, que es el último momento de la vida en el que crees que el mundo se puede cambiar, salvo que seas una concursante de Supermodelo 2007, en cuyo caso puedes llegar tranquilamente a los 30 tacos creyendo que el mundo cambiará en cuanto la gente se dé cuenta de que tú eres superespecial. Por cierto, que si Ciorán fuera jurado de ese concurso ya hace tiempo que habrían tenido que entrar los GEOs en el plató.
Pero vamos a lo que vamos. Ciorán no intenta engañar a nadie. Al revés. Ni siquiera enseña la patita poco a poco. Nos pone las zarpas encima de la cara desde el mismísimo epígrafe, donde cita 2-Crónicas (11, 26): “…aliméntalo con el pan y el agua de la aflicción”. Y, por si con eso no hubiéramos pillado por dónde van a ir los tiros, el primer párrafo nos lo deja clarinete:
Uno puede decir con toda tranquilidad que el Universo no tiene ningún sentido. Nadie se enfadará. Pero si se afirma lo mismo de un sujeto cualquiera, éste protestará e incluso hará todo lo posible para que quien hizo esa afirmación no quede impune [...]. Todo el secreto de la vida se reduce a esto: no tiene sentido; pero todos y cada uno de nosotros le encontramos uno.
A eso me refería con lo de Supermodelo, aunque llevado al extremo, claro. Pero en general podríamos decir que ese es el tono general del ensayo. Aunque, por cierto, “El ocaso del pensamiento” no es un ensayo propiamente dicho. Es una colección de aforismos y reflexiones, algunas de 2 líneas y otras de 2 páginas, sin ningún tipo de hilo que las una, pero con un tema de fondo que les da consistencia. Y el tema podría ser: la vida es una mierda. O: la vida es preciosa, pero a mí me parece una mierda. O: la vida es preciosa, a mí me parece preciosa, pero en realidad es una mierda. O variaciones sobre ello.
Por lo tanto este libro, es cierto, no es el mejor compañero para el lector que coquetea con el suicidio. Tampoco para el lector a quien acaba de dejar la novia. Ni siquiera para el que ha perdido el bolígrafo. Sí, en efecto, “El ocaso del pensamiento” hay que leerlo en un momento en el que nos encontremos pletóricos de moral, porque si no es muy probable que acabemos asomados al balcón calibrando si un salto desde un tercer piso puede ser suficiente para sacarnos de este valle de lágrimas.
Aunque también hay otro momento ideal para leer este libro: cuando uno ya ha llegado por su cuenta a la conclusión de que este mundo no tiene ningún sentido, de que la vida es una mierda, o de que es maravillosa pero bla, bla, bla. En ese momento, como decía antes con Nietzsche, uno ya lee a Ciorán como si estuviera viendo “Mira quién baila”. Y, al igual que pasa con “Mira quién baila”, uno se aburre pronto. Aunque, hay que reconocerlo, el libro está repleto de destellos de genialidad, de visiones afiladas de la vida que te atraviesan cuando las lees por su precisión y su dureza. Por su descarnada lucidez. Aquí van algunos ejemplos.
Si el sufrimiento no fuera un instrumento de conocimiento, el sucidio sería obligatorio.
¿Has formulado muchas preguntas a Dios? ¿Por qué te extraña entonces el peso de las respuestas que no has recibido?
De los hombres me separan todos los hombres.
Para no aburrirte has de ser o santo o un animal.
La muerte es lo sublime al alcance de cualquiera.
A veces el tiempo es tan agobiante que a uno le gustaría romperse la cabeza contra él.
Y una de mis favoritas:
Darse cuenta de algo va en contra de la vida; tenerlo claro, todavía más. Se es mientras no se sabe que se es.
En fin, a pesar de todo lo dicho (o precisamente por ello), y ya sea en un momento o en otro, para hundirse en la miseria o para constatar que uno ya está hundido en ella, o incluso para poder entender a los que se hunden en la miseria (y dejar de animarlos con ridículas palmaditas en la espalda y consejos tipo “venga, va, jo, no seas pesimista, tía”), “El ocaso del pensamiento” es una interesante lección sobre la vida. Y como éstas no abundan, lo mejor es aprovechar las que nos pasan cerca. Eso sí: este libro hay que mantenerlo alejado de los niños. Y ya se sabe que hoy día, a las tías de 30 años se las llama niñas, así que el mínimo para leer a Ciorán debe de rondar la cuarentena. Alguna ventaja tenía que tener la edad.
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Respecto a la frase del librito que comentas:
“Uno puede decir con toda tranquilidad que el Universo no tiene ningún sentido. Nadie se enfadará. Pero si se afirma lo mismo de un sujeto cualquiera, éste protestará e incluso hará todo lo posible para que quien hizo esa afirmación no quede impune […]. Todo el secreto de la vida se reduce a esto: no tiene sentido; pero todos y cada uno de nosotros le encontramos uno”.
Añado: … o no
Deberíamos hacernos una pregunta: ¿tiene algún sentido preguntarse el sentido de las cosas?, ¿es una pregunta madura o adolescente? Porque tiene bastante sentido preguntarse esas cosas cuando uno está saliendo del cascarón, pero tras años sometido a chaparrones ¿tiene algún sentido? Efectivamente, no tiene ninguno porque sabemos la respuesta. Respecto al sujeto, un adolescente lo es todo, y no va a consentir que alguien le diga “tú no eres nadie, tú no tienes sentido”. Si le decimos que es “nada” (mucho menos de lo que él cree), por supuesto, no estamos diciendo lo mismo, pero él lo interpretará de la misma manera… Sin embargo, si decimos esto a una persona madura, probablemente se parta la columna vertebral o una cadera del ataque de risa.
Dicho esto no se si estoy de acuerdo contigo. Si y no. No sé si estos tipos (Hesse, Ciorán, Nietzsche) pueden aportar algo a la gente de 40. Hay algo cierto: no son tan, tan dañinos como si los lees a los 18, pero poco más (bueno, depende… si con 40 tienes un cerebro de 18, son igualmente dañinos). De todas formas, cada uno de ellos es diferente.
Alguna vez he dicho que hay que leer a H. Hesse en plena adolescencia, porque después, su obra carece de sentido. Estar en los abriles de la vida, es decir: sintiéndose superespecial, superincomprendido y supersuperior a los demás, con una nube amenazando lluvia constantemente sobre la cabeza, ensimismado y agobiado… deseando encontrar a otra persona superespecial que se convierta en guía espiritual tras reconocer en nuestra frente el estigma de Caín.
Un poco a lo bruto y sin pensar demasiado, diría que la obra de Hesse (lo que yo conozco) sería hoy para mí algo anacrónico, es decir, un disparate absurdo y carente de sentido. ¿Por qué?; porque pertenece a otra época y si lo leo ahora y lo tomo como propio, siento que no me corresponde. Con 18 años se lleva el nubarrón sobre la cabeza y un paraguas de diseño. Con casi 40 ya somos lobos de mar como Corto Maltés y tenemos la humedad de tanto naufragio inscrita en el código genético. Así que suponemos que releerlo es una pérdida de tiempo, o un aburrimiento. Algo así como lo que tú dices, pero añadiendo un matiz: si vuelvo a leer El lobo Estepario, sentiría lo mismo que al ver “mira quien baila”: nada. Y además, me sentiría tan frustrada como al ver la nueva versión del “Un, dos, tres” con la memoria viva de un recuerdo en blanco y negro, de una vivencia de las cosas que ya no se repite.
Todo esto es así solamente porque leí Demian a los 18 años, por recomendación de mi primer “amigo”. Mejor dicho: “viví” Demian, yo era Sinclair y mi nuevo amigo era Demian.
“Tú tienes el estigma”, me dijo aquel amigo… ja, ja
Por esta razón, Hesse es anacrónico (en mi vida).
Luego vino “El lobo estepario”, curioso libro que confieso haber abandonado cuando me quedaban unas pocas páginas para terminar (quizás 5, quizás 10), de puro tedio: “ya lo terminaré”, me dije. No lo he terminado (y han pasado 20 años).
Si ahora lee esto algún erudito, puede despotricar de todo lo que digo, con razón seguramente. Hay análisis bien sesudos del Demian, y del Lobo Estepario… incluso creo que Jung se metió con ello. Por supuesto que no estoy diciendo que no se pueda extraer alguna utilidad de estos textos, incluso tesis doctorales. La historia de cómo aprendemos a pensar, a intuir lo otro, a filosofar, a intentar explicarnos en el mundo, a desprender el yo del superyo o hermanarlos, o lo que se les ocurra… pero yo me estoy refiriendo a las vivencias, a ciertos autores que se viven en un momento determinado de la vida y que, después, no hay forma de vivirlos igual. Autores más psicológicos que filosóficos. A experiencias vs sistemas.
Pues con Ciorán ocurre lo mismo. Leí “En las cimas de la desesperación” durante mi segunda adolescencia (a los 28 más o menos) y relamí mis heridas junto al difunto (Ciorán
. Hace poco tiempo cayó la obra de nuevo en mis manos, porque alguien cercano a mí lo leyó, y revisé algunos párrafos… Ocurrió lo mismo… anacronismo puro y duro.
El caso es que ahora leo a Ciorán y me digo… ¡basta ya de tonterías! Además, Ciorán vivió 86 años… y se pasó 70 tocando las narices!! Sin suicidarse pero amenazando. Prefiero no pensar si habrá llevado a algún lector al suicidio, porque entonces le acusaría de criminal
. O quizás es que ya no hay una tercera adolescencia.
Respecto a Nietzsche, sin embargo, estoy de acuerdo en que hay que leerlo con años, no merece ser disfrutado en la adolescencia, sería un desperdicio. Además creo que Nietzsche encierra mucho más de lo que desvela una lectura superficial e interesada (adolescente, inmadura). Creo que su obra da pie a un montón de interpretaciones, muchas peligrosas. También se utiliza de muchas maneras, algunas peligrosas. Por ejemplo, se puede recomendar leer Zaratustra para subir la autoestima… Montaré una fábula como ejemplo: “si Zaratustra fuera una semilla, produciría rosas en algunos terrenos, en otros girasoles, en otros… bombas antipersona”… Recordemos lo que tú mismo dijiste en algún post: “la autoestima sumada a la ignorancia es más peligrosa que una piraña en un bidé (o en el WC)”
Pues a lo que iba, que Nietzsche es un ejemplo aplastante de lo contrario a “atemporal”, es como si pudiera ser leído/disfrutado/utilizado por cualquiera, en cualquier lugar y en cualquier momento, a cualquier edad… Y significar… cualquier cosa. Algo así como lo que parece suceder con Marx.
Yo hice una lectura muy discreta de Nietzsche, con bastantes años. No buscaba al filósofo (y menos una filosofía), tampoco subir la autoestima… sólo pretendía aprender una de las múltiples lecturas del arte, un poco sobre la tragedia, sobre los griegos, sobre mitología… Me encontré a un poeta, un artista en estado puro. Por fortuna, no le “interpreté” como a un filósofo, por algo muy lógico (a mi entender): Nietzsche es a-sistemático, a-filosófico… ni anti, ni post, ni nada… simplemente “está fuera de”. Alguien que se dedica a cargarse todos los sistemas de pensamiento conocidos no puede “enseñar” a pensar. No se puede buscar en sus escritos un sistema, una filosofía es un absurdo porque no tiene sistema ni filosofía. Aunque esto, lo digo yo… Nietzsche, como bien dijo él mismo, es pura dinamita. Y con la dinamita no se juega.
Salud.
Nines
Lo que me lleva a pensar que tal vez en estas cosas de la cabeza depende mucho en qué momento lees algo para que te parezca más o menos “maduro” o “serio” o “trascendente” o no sé cómo llamarlo… quiero decir que yo leí a Nietzsche en COU, porque me pareció un rayo de luz cuando lo di en Filosofía, y quizás por eso yo asocio a Nietzsche con la adolescencia, con la mentalidad radical e incendiaria de un diecisietañero con camisetas de Barón Rojo y melena alborotada. Y por eso siempre que lo he releído lo he hecho recordando lo que me pareció con 17 años, y supongo que nunca podré mirarlo con otros ojos.
La diferencia, por lo que tú dices, es que Nietzsche puede ser leído con ojos adultos (tú, al menos, lo has conseguido) mientras que Hesse o Cioran no (o, al menos, yo no he podido, y eso que con Cioran mi primer encuentro ha sido ahora… sin camiseta de Barón Rojo y sin melena, por cuestiones ajenas a mi voluntad esto último).
Pues no sé ya qué decirte.
La verdad es que si uno lee o relee (porque lo he vuelto a leer por tercera vez esta mañana en el metro) el primer párrafo de “En las cimas de la desesperación”, se queda más encogido que un higo pocho… y siente frío, mucho frío.
“¿Por qué no podemos permanecer encerrados en nosotros mismos? ¿Por qué buscamos la expresión y la forma intentando vaciarnos de todo contenido aspirando a organizar un proceso caótico y rebelde? ¿No sería más fecundo abandonarnos a nuestra fluidez interior, sin ningún afán de objetivación, limitándonos a disfrutar de todos nuestros ardores, a gozar de todas nuestras agitaciones íntimas? Experiencias múltiples y diferenciadas se fusionarían así para engendrar una efervescencia extraordinariamente fecunda, semejante a un seísmo o a un paroxismo musical. Hallarse repleto de uno mismo, no en el sentido del orgullo sino en el de la riqueza interior, estar obsesionado por una infinitud íntima y una tensión extrema: en eso consiste vivir intensamente, hasta sentirse morir de vivir”.
Claro está, lo que hace años era un subidón sensacional al encontrar tan bien reflejado algo propio en boca ajena, se transforma hoy en epitafio.
Si además, continuamos leyendo hasta el capítulo cuarto, el soniquete de Cioran se transforma en rallante hasta tal punto que lo mandas al quinto pino. Dichosa mosca cojonera.
Tanto Nietzsche como Ciorán son exaltados. Y la exaltación no es recomendable a ciertas edades. El ligero vaivén mental que uno sentía en los tiempos mozos, se transforma en un turbo de batidora a una edad madura.
Yo creo que a Nietzsche se le puede leer disfrazado de estudiante sesudo postmoderno, como a un filósofo, y a Ciorán. Pero siempre me sorprendió que el Ferrater Mora les dedique una página o media… cuando a Kant, Hegel o cualquier otro “coco” le dedican decenas. Bueno, no me sorprendió, es que no hay mucho que decir o “enseñar” de ellos. Pero esto es otro tema porque su herencia (la de Nietzsche) parece importante. También se los puede leer como “agitadores”, en plena pubertad y disfrazado de Taxi driver (de Dalái Lama no lo veo mucho). Todo depende de cómo te los vendan. A mí me vendieron a Nietzche como un entendido en arte griego, en Grecia… y así lo leí (el nacimiento de la tragedia). Respecto a Zaratustra, me parece una obra tremendamente espiritual y hermosísimamente escrita, que además puede infundir valor y respeto a uno mismo sobre todas las demás cosas: o sea, poder. Al mismo tiempo es una obra con efecto aislante, por decirlo de alguna forma: eres voluntad y poder, pero dentro de tu caja. Una caja tan cerrada como la del propio Nietzsche. Y esto, es peligroso. Aunque estoy totalmente de acuerdo en que siempre es un rayo de luz, pero no sé hacia dónde.
O si… Al Zaratustra le salva esa cosa… la hermosura de los ditirambos. Parece ser que eran una forma lírica coral dedicada a Dionisio. Nietzsche adoraba a Dionisio. Esta hermosura es algo de lo que Ciorán carece.
Lo que más me gustó de Nietzsche fue cómo habla de sí mismo en Ecce homo (he aquí el hombre). El título lo dice todo. Y esto, leído lo último y con años… es una delicia, con mucho, muchísimo humor. No un tratado revolucionario, anarquista, antisocial, individualista, solipsista… y todo lo que termina en “ista” como quizás puede entenderlo un chaval de 18
En fin.
Cioran quiso convertir el brutal presentimiento de la nada y el vacío en materia de creación.
Un nihilista perfecto al que le costaba morir y vivir.
¿Perfecto nihilista? yo tengo mis dudas, pero no se expresarlas.
Copiemos:
?La filosofía tiene ante todo un horizonte de intelección. De hecho, en la filosofía europea estos horizontes han sido dos. Uno fue el horizonte de la filosofía griega: el movimiento, el cambio…. Las cosas que de veras son, sin embargo cambian, y recíprocamente que todo cambio está determinado por lo que verdaderamente es… A partir del cristianismo se constituye un horizonte muy otro… lo asombroso no es que las cosas sean y cambien, sino que lo asombroso es que haya cosas: es el horizonte de la nihilidad. Las cosas son un reto a la nada. Es un horizonte determinado por la idea de creación…?
(Xavier Zubiri “Cinco lecciones de filosofía”
?Ciorán es a veces considerado como el pensador, y el poeta, de la descomposición, de la podredumbre, del vacío que a la vez amenaza y sustenta todas las cosas y todas las actitudes humanas… El pensamiento de Ciorán tiene, por voluntad del autor, un carácter fragmentario y antisistemático. Pensar sistemáticamente es, para Ciorán, traicionarse a sí mismo… Ni siquiera el nihilismo y la desesperación pueden ser objeto de ninguna doctrina. El nihilismo como doctrina es ya una trampa… Otros opinan que manifiesta una especie de exaltación vital y casi salvaje. El propio Ciorán se inclina a pensar que se trata de ambas cosas, al declarar, en una entrevista con Savater, que “un libro debe ser realmente una herida, debe trastornar la vida del lector de un modo o de otro. Mi idea al escribir un libro es despertar a alguien, azotarle”?
(Ferrater Mora ?Diccionario de filosofía ?)