Ontología existencialista de la incomunicación

La Jungla 4.0
(Live Free or Die Hard) – 2007

La Jungla 4.0

Dirigida por Len Wiseman
Con Bruce Willis y otros artistas que nunca estarán a su altura

Valoración:

Durante meses (más bien años) he tenido que aguantar pacientemente las tertulias de amigos y conocidos en las que se hacían los análisis más peregrinos sobre las películas más peñazo que jamás se hayan podido hacer. Que si esta es una metáfora sobre el individualismo occidental, que si la otra es un reflejo de la desorientación que sufre el hombre moderno, que si la de más allá es un demoledor análisis sobre las relaciones Norte-Sur. Ya te digo. Un director fumado con cuatro amigos melenudos se pone a filmar en el rellano de su casa, y siempre hay alguien que ve en eso “un intento de transmitir la esencia de las relaciones humanas, renunciando a la falsedad edulcorada de Hollywood con su tratamiento maniqueo de la sociedad”. Sí, sí, ya te vale… Si no me he tenido que tragar 10 debates cuasi-metáfisicos sobre el mensaje que intenta transmitir Babel, no me he tragado ninguno.

Y yo, a todo esto, intentando meter baza en esas profundísimas tertulias con mi muy especializado (hay quien diría “limitado”) bagaje cinematográfico. Especializado, precisamente, en la saga de La Jungla de Cristal y en la de Arma Letal. Pues hete aquí que ahora, por fin, voy a poder soltar un rollo filosófico sobre una de estas películas, para demostrarles a todos los sabihondillos de cine rarito que lo de los mensajes, las metáforas y los análisis demoledores no es exclusivo de directores atormentados y actores con cara de hambre. En realidad, si uno se lo propone, puede sacar conclusiones dignas de una tesis doctoral hasta de los resúmenes de OT. Bueno, de los resúmenes de OT muy especialmente.

Vamos allá. Habrá quien, después de ver “La Jungla 4.0″, salga del cine pensando: joer, cuántas explosiones. Otros pensarán: Bruce Willis está más mondo que la bola 8. Y también habrá quien se diga: con un par de tías en bolas, esta película sería perfecta. Yo soy más bien de los últimos, lo reconozco, pero como además de eso soy una persona superprofunda y superespecial, he visto cosas en la película que vosotros los humanos no creeríais. Por ejemplo: ¿por qué en esta entrega Bruce Willis no habla ni una décima parte de lo que hablaba en las otras? Habrá quien diga: porque con tanta explosión no hay tiempo para charlitas. Otros responderán: a esta película no le faltan diálogos, le faltan tías en pelotas. Bueno, vale, que saquen a estos últimos de la sala, porque si no esto va a ser imposible.

La respuesta correcta, por supuesto, la tengo yo: en “La Jungla 4.0″ no hay diálogos porque el genial director Len Wiseman quiere hacer una metáfora de la incomunicación actual. Iré más lejos: al emparejar al viejo Bruce con un hacker para salvar al mundo (una vez más), el gran Wiseman está dejando un mensaje para el espectador inteligente: en el mundo actual, la comunicación se ha sustituido por los ordenadores. Creemos que estamos comunicados, pero en realidad estamos incomunicados. Y calvos, como Bruce Willis. Pero Wiseman no se queda ahí. Él no se conforma con hacer una película brillante, genial, él quiere regalarnos una obra maestra, una historia que afronta de manera holística los grandes desafíos a los que se enfrenta la Humanidad. No en vano, su larga trayectoria en Hollywood como assistant en películas del prestigio de Godzilla, Men in Black, y otras, lo ha dotado de un fino sentido para la interpretación de la psicología humana.

Así, Wiseman no nos da los 15 minutos de cortesía que tenían las anteriores entregas de “La Jungla de Cristal”, y en este episodio de la saga a los 5 minutos ya tenemos una explosión que se carga un edificio, un tiroteo con varios muertos, y coches estrellándose a tutiplén. ¿Simples golpes de efecto? Quien diga eso no está, claramente, a la altura del talento de Wiseman. Todo ese ruido, todo ese caos que de pronto se apodera de la pantalla, es sólo un reflejo de la violencia que domina el mundo en nuestros días, y el espectador sensible y profundo no podrá evitar que un escalofrío le recorra la rabadilla ante la contemplación de tan genial exposición del conflicto interior-exterior del superego cinco estrellas en la hora cero. Gol en La Condomina, por cierto.

En fin, qué más puedo decir de esta extraordinaria obra de arte. La película mantiene ese impresionante nivel de profundidad psico-cinematográfica durante todo su metraje. Las tramas secundarias, que en manos de cualquier otro director patán como Amenábar serían simples alivios cómicos o complementos de la trama principal, se convierten bajo la magistral batuta de Wiseman en nuevos guiños al espectador doctorado en Tarot por la Universidad de Minesota. Así, el conflicto generacional, el rol masculino ante la toma de poder de la mujer moderna, o las implicaciones geoestratégicas de la invasión de los Altos del Golán, aparecen en “La Jungla 4.0″ de una manera sutil pero incontestablemente abierta. Quien sólo quiera ver misiles aire-tierra y guantazos en los piños, allá él.

Y quien quiera ver tías en bolas, que esté atento a las novedades, porque voy a abrir una lista de firmas para exigir que en la próxima entrega de “La Jungla” incluyan una escena de revolcón frente a una chimenea. Total, han puesto esa escena en miles de películas sin que viniera a cuento y nadie se ha quejado. Y, qué narices, el viejo Bruce se merece que el guionista le dé alguna alegría al cuerpo, que ya no lo tiene para muchos tiros. ¡Dios! ¿Qué haremos cuando este hombre no pueda salvar el planeta de las múltiples amenazas terroristas que lo asolan? Y lo peor es que Mel Gibson es de la misma quinta… Si tienen que coger el relevo los actores metrosexuales de ahora, será mejor que abra otra lista para pedir plaza en la primera expedición a Marte. Ahora que lo pienso… “La Jungla de Cristal Roja”… joer, ¡qué puntazo! Y ahora os dejo, que tengo que seguir reflexionando sobre los numerosos mensajes superhumanos que nos deja “La Jungla 4.0″. A todos los que han visto Babel, los animo a que vayan a ver esta película para enterarse de lo que es cine de verdad. Porque, por supuesto, “La Jungla 4.0″ queda declarada de interés general para todos los visitantes de este foro. Todo aquel que no la vea en lo que queda de mes, por favor que deje de hablarme a partir del 1 de octubre. No puedo perder el tiempo con gente superficial.

PS: El 4 que le doy como valoración es, por supuesto, relativo al resto de la saga. Comparada con cualquier otra película “La Jungal 4.0″ merecería un 5. Y comparada con una española, un 28. Pero en comparación con el resto de Junglas, le falta un no sé qué.

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1 Response to “Ontología existencialista de la incomunicación”


  • La peli es entretenida y tiene momentos muy buenos, como el coche volando que choca contra el helicóptero, o la pelea con la novia asiática del malo (aunque en este caso, eso que llaman “suspensión deliberada de la incredulidad” casi se hace añicos: ¿alguien se cree que la china delgadurria con wonderbra le pueda sacudir de esa forma al Bruce?).

    En general me pareció algo descafeinada, insípida. Todo ese rollo de los ordenadores, los hackers, internet… es un coñazo, vamos. El malo (Timothy Oliphant), como me esperaba, no está a la altura del Alan Rickman, de Jeremy Irons o ni siquiera de Bill Sadler. Se salvan secundarios como el francés saltarín, un gran fichaje. El compañero de McClane, Justin Long, está bien, correcto. La actriz que hace de su hija también. Al que no soporto es al petardo de Kevin Smith… No sé qué hace en “La jungla 4.0″. Joder, sólo faltaba Jay, el colega melenudo de sus pelis.

    Es una pelicula con altibajos. El desenlace final me pareció flojillo. Nada que ver con los finales de las dos primeras Junglas. Uno se espera lo gordo para el final… y resulta que no.

    Bueno, resumiendo, me esperaba algo más. Aunque con la tendencia actual de Hollywood de convertir todas las peliculas de accion en videojuegos sin sangre, sin muertos, sin tacos y sin tetas, tampoco me extraña…

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