Archivos del Mes para September, 2007Pag 2 de 2

Ontología existencialista de la incomunicación

La Jungla 4.0
(Live Free or Die Hard) – 2007

La Jungla 4.0

Dirigida por Len Wiseman
Con Bruce Willis y otros artistas que nunca estarán a su altura

Valoración:

Durante meses (más bien años) he tenido que aguantar pacientemente las tertulias de amigos y conocidos en las que se hacían los análisis más peregrinos sobre las películas más peñazo que jamás se hayan podido hacer. Que si esta es una metáfora sobre el individualismo occidental, que si la otra es un reflejo de la desorientación que sufre el hombre moderno, que si la de más allá es un demoledor análisis sobre las relaciones Norte-Sur. Ya te digo. Un director fumado con cuatro amigos melenudos se pone a filmar en el rellano de su casa, y siempre hay alguien que ve en eso “un intento de transmitir la esencia de las relaciones humanas, renunciando a la falsedad edulcorada de Hollywood con su tratamiento maniqueo de la sociedad”. Sí, sí, ya te vale… Si no me he tenido que tragar 10 debates cuasi-metáfisicos sobre el mensaje que intenta transmitir Babel, no me he tragado ninguno.

Y yo, a todo esto, intentando meter baza en esas profundísimas tertulias con mi muy especializado (hay quien diría “limitado”) bagaje cinematográfico. Especializado, precisamente, en la saga de La Jungla de Cristal y en la de Arma Letal. Pues hete aquí que ahora, por fin, voy a poder soltar un rollo filosófico sobre una de estas películas, para demostrarles a todos los sabihondillos de cine rarito que lo de los mensajes, las metáforas y los análisis demoledores no es exclusivo de directores atormentados y actores con cara de hambre. En realidad, si uno se lo propone, puede sacar conclusiones dignas de una tesis doctoral hasta de los resúmenes de OT. Bueno, de los resúmenes de OT muy especialmente.

Vamos allá. Habrá quien, después de ver “La Jungla 4.0″, salga del cine pensando: joer, cuántas explosiones. Otros pensarán: Bruce Willis está más mondo que la bola 8. Y también habrá quien se diga: con un par de tías en bolas, esta película sería perfecta. Yo soy más bien de los últimos, lo reconozco, pero como además de eso soy una persona superprofunda y superespecial, he visto cosas en la película que vosotros los humanos no creeríais. Por ejemplo: ¿por qué en esta entrega Bruce Willis no habla ni una décima parte de lo que hablaba en las otras? Habrá quien diga: porque con tanta explosión no hay tiempo para charlitas. Otros responderán: a esta película no le faltan diálogos, le faltan tías en pelotas. Bueno, vale, que saquen a estos últimos de la sala, porque si no esto va a ser imposible.

La respuesta correcta, por supuesto, la tengo yo: en “La Jungla 4.0″ no hay diálogos porque el genial director Len Wiseman quiere hacer una metáfora de la incomunicación actual. Iré más lejos: al emparejar al viejo Bruce con un hacker para salvar al mundo (una vez más), el gran Wiseman está dejando un mensaje para el espectador inteligente: en el mundo actual, la comunicación se ha sustituido por los ordenadores. Creemos que estamos comunicados, pero en realidad estamos incomunicados. Y calvos, como Bruce Willis. Pero Wiseman no se queda ahí. Él no se conforma con hacer una película brillante, genial, él quiere regalarnos una obra maestra, una historia que afronta de manera holística los grandes desafíos a los que se enfrenta la Humanidad. No en vano, su larga trayectoria en Hollywood como assistant en películas del prestigio de Godzilla, Men in Black, y otras, lo ha dotado de un fino sentido para la interpretación de la psicología humana.

Así, Wiseman no nos da los 15 minutos de cortesía que tenían las anteriores entregas de “La Jungla de Cristal”, y en este episodio de la saga a los 5 minutos ya tenemos una explosión que se carga un edificio, un tiroteo con varios muertos, y coches estrellándose a tutiplén. ¿Simples golpes de efecto? Quien diga eso no está, claramente, a la altura del talento de Wiseman. Todo ese ruido, todo ese caos que de pronto se apodera de la pantalla, es sólo un reflejo de la violencia que domina el mundo en nuestros días, y el espectador sensible y profundo no podrá evitar que un escalofrío le recorra la rabadilla ante la contemplación de tan genial exposición del conflicto interior-exterior del superego cinco estrellas en la hora cero. Gol en La Condomina, por cierto.

En fin, qué más puedo decir de esta extraordinaria obra de arte. La película mantiene ese impresionante nivel de profundidad psico-cinematográfica durante todo su metraje. Las tramas secundarias, que en manos de cualquier otro director patán como Amenábar serían simples alivios cómicos o complementos de la trama principal, se convierten bajo la magistral batuta de Wiseman en nuevos guiños al espectador doctorado en Tarot por la Universidad de Minesota. Así, el conflicto generacional, el rol masculino ante la toma de poder de la mujer moderna, o las implicaciones geoestratégicas de la invasión de los Altos del Golán, aparecen en “La Jungla 4.0″ de una manera sutil pero incontestablemente abierta. Quien sólo quiera ver misiles aire-tierra y guantazos en los piños, allá él.

Y quien quiera ver tías en bolas, que esté atento a las novedades, porque voy a abrir una lista de firmas para exigir que en la próxima entrega de “La Jungla” incluyan una escena de revolcón frente a una chimenea. Total, han puesto esa escena en miles de películas sin que viniera a cuento y nadie se ha quejado. Y, qué narices, el viejo Bruce se merece que el guionista le dé alguna alegría al cuerpo, que ya no lo tiene para muchos tiros. ¡Dios! ¿Qué haremos cuando este hombre no pueda salvar el planeta de las múltiples amenazas terroristas que lo asolan? Y lo peor es que Mel Gibson es de la misma quinta… Si tienen que coger el relevo los actores metrosexuales de ahora, será mejor que abra otra lista para pedir plaza en la primera expedición a Marte. Ahora que lo pienso… “La Jungla de Cristal Roja”… joer, ¡qué puntazo! Y ahora os dejo, que tengo que seguir reflexionando sobre los numerosos mensajes superhumanos que nos deja “La Jungla 4.0″. A todos los que han visto Babel, los animo a que vayan a ver esta película para enterarse de lo que es cine de verdad. Porque, por supuesto, “La Jungla 4.0″ queda declarada de interés general para todos los visitantes de este foro. Todo aquel que no la vea en lo que queda de mes, por favor que deje de hablarme a partir del 1 de octubre. No puedo perder el tiempo con gente superficial.

PS: El 4 que le doy como valoración es, por supuesto, relativo al resto de la saga. Comparada con cualquier otra película “La Jungal 4.0″ merecería un 5. Y comparada con una española, un 28. Pero en comparación con el resto de Junglas, le falta un no sé qué.

[tags]Die Hard, La Jungla de Cristal, Bruce Willis[/tags]

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Realidad, sólo realidad y nada más que realidad

Hombre lento
J.M. Coetzee

J.M. Coetzee - Hombre lento

Valoración:

Ya no sé si esto de escribir críticas me está retorciendo el colmillo, o si realmente esta novela de Coetzee no está a la altura de este pedazo de escritor. Porque, para los que no lo sepan, Coetzee es uno de mis escritores de cabecera, y de hecho ya he criticado en el blog varias de sus novelas, como “Juventud”, “Vida y época de Michael K.” o “Desgracia”. Y, aunque no la he comentado en el blog, también me he leído “El maestro de Petersburgo”, una biografía novelada de Dostoyevski. Total, que me leído bastantes cosas de este hombre, y no digo esto sólo para tirarme el pegote (que también) sino para que quede claro que cuando digo que “Hombre lento” no está al nivel habitual, tengo cierta base para comparar.

La novela, por supuesto, está escrita de forma magistral. Coetzee no empezó a escribir ayer precisamente, y por eso cualquier obra suya es una apuesta segura. Pero en “Hombre lento” Coetzee se ha vuelto demasiado… mundano. Es cierto que él siempre ha contado historias pegadas a la realidad, nada de imaginación infantiloide ni realismo mágico ni mundos propios: Coetzee nos habla de gente de carne y hueso a la que le pasan cosas completamente reales, a veces demasiado reales. Y eso, de hecho, también se mantiene en “Hombre lento”: el protagonista es un anciano al que, como consecuencia de un accidente, le tienen que amputar una pierna. Pero a diferencia de otras novelas, en esta la historia se reduce a eso: a darle vueltas a la situación del protagonista, que se enamora platónicamente de su enfermera y se mete en líos varios por culpa de esa pasión inapropiada. Pero no hay nada más. Lo único que hace que el lector pase las páginas (sin mucho interés a partir de la página 50, porque el tema deja de interesar pronto) es saber qué pasará entre el protagonista y la enfermera.

Dije en alguna de las críticas a las otras novelas de Coetzee, que con él uno siempre se queda con la sensación de haber aprendido algo, aunque no sepa exactamente qué. Porque sus historias trascienden la vida “física”, aunque (y ahí reside parte de su genialidad) nunca abandona esa vida “física” mientras escribe. Nos cuenta historias reales y corrientes y consigue que aprendamos algo que está por encima de la vida normal y corriente. Pero, ya digo, en “Hombre lento” no hay esa trascendencia. La historia da vueltas sobre sí misma, y nunca consigue despegar y convertirse en algo más que una intriguilla amorosa de poco interés.

Para terminar de rematarlo, hay un toque de metaliteratura. Odio la metaliteratura. La prohibiría por ley. No hay nada más aburrido que leer sobre lo que le pasa a un escritor. Bueno, sí, sí hay una cosa más aburrida: leer lo que le pasa a un escritor que se encuentra con uno de sus personajes. Me parece la mayor patochada que puede escribirse. Bueno, pues Coetzee ha caído en la tentación y en “Hombre lento” nos mete como personaje a una escritora que trata al protagonista como si fuera el personaje de una novela suya. Las partes en las que autor y personaje dialogan son, simplemente, insoportables. Ya digo que es una cuestión casi de principios, pero es que la metaliteratura me parece la máxima expresión de la pedantería.

A la vista de todo esto habrá quien se preguntará cómo narices le doy 3 estrellas a “Hombre lento”. Pues para empezar, porque el blog es mío y tiro los penaltis como me da la gana y bla, bla, bla (esto ya lo he dicho muchas veces, así que me ahorro el rollo). Además, y como ya he mencionado antes, la novela está excelentemente escrita. Porque Coetzee sigue siendo Coetzee, y Coetzee, incluso al ralentín, se merece 3 estrellas. Lucía Etxebarría con un Ferrari no llegaría ni a 1. Es lo que tiene ser una petarda. Y, en el caso de Coetzee, es lo que tiene ser un genio.

[tags]Coetzee[/tags]

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Los gringos enloquecen (una vez más)

Pues resulta que un pollo ocioso se pone y graba una canción compuesta por él mismo en YouTube. El pollo tiene un aspecto de tío enclenque, una piltrafilla de hombre, pero cuando empieza a cantar resulta que parece la voz del Juicio Final. Y claro, todo el que veía el vídeo se quedaba alucinado, se lo contaba a su vecina Meritxell, y en unas semanas el vídeo ha tenido más de 6 millones de visitas. El pollo ya ha ido a varios programas de TV en EEUU y se está convirtiendo en el fenómeno del verano. Y eso ha arrastrado a otros pollos ociosos que, (hay que reconocerlo) con bastante sentido del humor y tiempo libre, se han dedicado a versionar la canción original. La verdad es que hay algunas versiones muy graciosas. Lo más alucinante de este asunto es la dedicación que le pone la peña…

Aquí va el vídeo original que causó todo el revuelo (cuidadín, que si no estás prevenido puede dar un poco de susto). Si no puedes verlo debajo de estas líneas, haz clic aquí:

Una versión de un Darth Vader casero (si no puedes verlo, haz clic aquí):

Y aquí va la versión del perro policía McGruff (de nuevo, si no puedes verlo debajo de estas líneas, haz clic aquí):

En fin, hay un montón de versiones, desde una llamada “Vanilla Snow” (juego de palabras con el título original) hasta una falsa monja dándole un toque de catequesis. Están locos estos americanos…

[tags]Tay Zonday, Chocolate Rain[/tags]

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África para turistas

Red Earth
Dee Dee Bridgewater

Dee Dee BridgewaterValoración:

Dee Dee Bridgewater es toda una personalidad en el mundo musical. Así que aprovecho la ocasión para recordar que, cuando hago una crítica, estoy criticando la obra y no al autor. Aunque, obviamente, las dos cosas están relacionadas y es inevitable hace referencias a uno cuando se habla de la otra. En este caso, además, voy a criticar el primer disco que escucho de Dee Dee Bridgewater, y por lo tanto no puedo dar una opinión general sobre los méritos o deméritos de esta artista.

Hago toda esta introducción porque yo tenía unas expectativas altísimas con Dee Dee Bridgewater. Había leído muy buenas críticas sobre ella, y en su página web la presentaban como una “actriz y cantante de jazz internacional, intérprete de Broadway, ganadora de los premios Tony y Grammy…”, y claro, eso me había hecho imaginarme que esta tía iba a ser una revelación, una especie de tubo de luz musical que me iba a llevar a nuevos mundos o a nuevas maneras de ver (musicalmente hablando) los mundos ya conocidos. Total, que me cargo el CD en el ordenador, en el móvil, en el casco de la moto, me propongo escuchar a Dee Dee Bridgewater en plan intensivo, porque cuando uno va a tener una revelación hay que estar preparado para que llegue en cualquier momento, y me pongo a ello. Le doy al play y escucho la primera canción. Intento nulo. Me suena a chunta-chunta africano, al típico rollo “la alegría de los pobres”, también conocida como “los africanos son felices a pesar de que están puteadísimos”, que a estas alturas ya está muy vista. Por no mencionar que a mí siempre me ha parecido falsa.

Pero no me rindo y paso a la siguiente canción. Segundo nulo. Bridgewater está a punto de la descalificación sin haber sobrepasado ni la altura mínima. Esto es como si a Nadal lo eliminaran en la fase previa del torneo de su barrio. Pero es que, de nuevo, Dee Dee Bridgewater me suena a alegría de documental de National Geographic. Me imagino a tipos con camisas floreadas medio rotas y dentadura precaria que, a pesar de todo, sonríen mientras bailan descalzos y tocan todo tipo de instrumentos de percusión. Jaleo y buen rollo convenientemente masterizado en la Corporación Dermoestética del sonido. Huy, huy, huy (me digo), que la revelación no llega, y ya llevo dos canciones.

Y así llega el momento de darle al skip una vez más y saltar a la tercera canción. ¿Y qué me encuentro? Negritos sonrientes, pies descalzos, alegría tribal, palos que se entrechocan, felicidad en estado puro. En ese estado tan puro que no existe. Por tercera vez, Dee Dee Bridgewater me suena a la África de los tópicos, a la África domesticada y feliz que nos hemos construido los occidentales y que, mucho me temo, no tiene mucho que ver con la África de verdad, porque yo nunca he conocido a nadie que lleve una semana sin comer y sea feliz. Salvo Carlos Jesús, si no fuera porque también era falso.

Resuelto a tener una revelación, porque ya me había hecho ilusiones e incluso había cancelado la cita semanal con mi sensei, empiezo a darle al skip hasta que me salen ampollas en los dedos. Paso a la cuarta canción, a la quinta, a la sexta… hasta que llego a la decimotercera. Vuelvo a empezar. Segunda vuelta. Tiene que haber algo que se me ha pasado. Algún matiz, algún sonido oculto… Pruebo a escucharlo al revés, como los discos de Pink Floyd y The Beatles, pero en lugar de encontrame algo como “el Santo Grial está escondido en Castrillo de los Condes” o “el secreto está en la masa”, sólo escucho chirridos y golpes que me destrozan el oído. La cosa se pone mal. Después de una tercera escucha, sólo me queda confiar en que mi sensei no sea rencoroso (él dice que no, porque el rencor cierra el tercer ojo y pone el chancra de la energía cósmica en FM) y me acoja nuevamente bajo su ala protectora la semana que viene. Mientras, borro el CD de Dee Dee Bridgewater y miro la foto de la portada con odio. Y eso que la tía está relativamente buena. Pero ni eso la salva: cuando uno espera una revelación, los pensamientos lascivos no sirven de consuelo. O sí. Será cuestión de esperar al próximo videoclip de Shakira, a ver…

[tags]Música Africana, Bridgewater[/tags]

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