Hombre lento
J.M. Coetzee
Valoración:
Ya no sé si esto de escribir críticas me está retorciendo el colmillo, o si realmente esta novela de Coetzee no está a la altura de este pedazo de escritor. Porque, para los que no lo sepan, Coetzee es uno de mis escritores de cabecera, y de hecho ya he criticado en el blog varias de sus novelas, como “Juventud”, “Vida y época de Michael K.” o “Desgracia”. Y, aunque no la he comentado en el blog, también me he leído “El maestro de Petersburgo”, una biografía novelada de Dostoyevski. Total, que me leído bastantes cosas de este hombre, y no digo esto sólo para tirarme el pegote (que también) sino para que quede claro que cuando digo que “Hombre lento” no está al nivel habitual, tengo cierta base para comparar.
La novela, por supuesto, está escrita de forma magistral. Coetzee no empezó a escribir ayer precisamente, y por eso cualquier obra suya es una apuesta segura. Pero en “Hombre lento” Coetzee se ha vuelto demasiado… mundano. Es cierto que él siempre ha contado historias pegadas a la realidad, nada de imaginación infantiloide ni realismo mágico ni mundos propios: Coetzee nos habla de gente de carne y hueso a la que le pasan cosas completamente reales, a veces demasiado reales. Y eso, de hecho, también se mantiene en “Hombre lento”: el protagonista es un anciano al que, como consecuencia de un accidente, le tienen que amputar una pierna. Pero a diferencia de otras novelas, en esta la historia se reduce a eso: a darle vueltas a la situación del protagonista, que se enamora platónicamente de su enfermera y se mete en líos varios por culpa de esa pasión inapropiada. Pero no hay nada más. Lo único que hace que el lector pase las páginas (sin mucho interés a partir de la página 50, porque el tema deja de interesar pronto) es saber qué pasará entre el protagonista y la enfermera.
Dije en alguna de las críticas a las otras novelas de Coetzee, que con él uno siempre se queda con la sensación de haber aprendido algo, aunque no sepa exactamente qué. Porque sus historias trascienden la vida “física”, aunque (y ahí reside parte de su genialidad) nunca abandona esa vida “física” mientras escribe. Nos cuenta historias reales y corrientes y consigue que aprendamos algo que está por encima de la vida normal y corriente. Pero, ya digo, en “Hombre lento” no hay esa trascendencia. La historia da vueltas sobre sí misma, y nunca consigue despegar y convertirse en algo más que una intriguilla amorosa de poco interés.
Para terminar de rematarlo, hay un toque de metaliteratura. Odio la metaliteratura. La prohibiría por ley. No hay nada más aburrido que leer sobre lo que le pasa a un escritor. Bueno, sí, sí hay una cosa más aburrida: leer lo que le pasa a un escritor que se encuentra con uno de sus personajes. Me parece la mayor patochada que puede escribirse. Bueno, pues Coetzee ha caído en la tentación y en “Hombre lento” nos mete como personaje a una escritora que trata al protagonista como si fuera el personaje de una novela suya. Las partes en las que autor y personaje dialogan son, simplemente, insoportables. Ya digo que es una cuestión casi de principios, pero es que la metaliteratura me parece la máxima expresión de la pedantería.
A la vista de todo esto habrá quien se preguntará cómo narices le doy 3 estrellas a “Hombre lento”. Pues para empezar, porque el blog es mío y tiro los penaltis como me da la gana y bla, bla, bla (esto ya lo he dicho muchas veces, así que me ahorro el rollo). Además, y como ya he mencionado antes, la novela está excelentemente escrita. Porque Coetzee sigue siendo Coetzee, y Coetzee, incluso al ralentín, se merece 3 estrellas. Lucía Etxebarría con un Ferrari no llegaría ni a 1. Es lo que tiene ser una petarda. Y, en el caso de Coetzee, es lo que tiene ser un genio.
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