Valoración:
Mira que a mí es fácil contentarme con una película del espacio. Me pones a unos cuantos pavos en una nave alicatada hasta el techo, los mandas a cualquier punto perdido de la galaxia con la primera misión que se te ocurra, y en cuanto aparezca un marciano en la pantalla ya soy feliz. Llámalo marciano, llámalo lagarto maligno tipo Alien. Porque, en el fondo, yo siempre he querido vivir en una nave espacial a tomar por saco de este planeta, para no tener que aguantar a todos los quejicas que leen este blog poniéndole peros a todo, y por eso la posibilidad de pasar un par de horas metido en un cohete dando vueltas por el espacio sideral me parece lo más.
Pues, a pesar de todo eso, “Sunshine” me ha parecido uno de los ladrillos voladores más grandes que jamás he visto. Y mira que la cosa empieza bien (aunque ya digo que yo siempre estoy predispuesto a que las pelis de ciencia-ficción empiecen bien), y uno piensa: hala, vámonos para el Sol a ver si lo arreglamos, pedazo de nave que nos hemos construido, con un ordenador de esos que te entienden cuando hablas, y te contesta con una voz femenina tan susurrante que no hay dios que se concentre en la misión. Sí, sí, la nave tiene de todo: su invernadero para producir oxígeno, su escudo anti-radiación, su escotilla para salir a dar paseos espaciales, sus pasillos con tubos fluorescentes. Niquelada. Vamos, que yo pensaba: joer, con esta nave me voy yo a la galaxia cuatro, a Raticulín, y a donde haga falta.
Pero el director de esta película, en lugar de no liarse y meter al típico marciano viscoso cabreado del que la tripulación tiene que librarse, se mete en unos jardines que no pintan nada en mitad del Sistema Solar. Para empezar, los personajes son todos planos. E intercambiables. Al final de la película, yo sólo distinguía a 3. De los demás no sabía ni el nombre ni la ocupación en la nave. Nave de la que, por cierto, todavía soy incapaz de hacer un plano. En ningún momento tienes una idea clara de dónde está cada uno, incluido el malo, y eso le quita mucho suspense al tema (o, mejor dicho, le da demasiado suspense porque nunca sabes si el malo está cerca o lejos, pero precisamente por eso a los 10 minutos ya te la pela dónde esté).
El malo, además, es tonto, como casi todos los malos. Los buenos también son tontos, claro, sobre todo cuando el malo está cerca. Pero son tontos porque son buenos, mientras que el malo es tonto porque… no se sabe. Y es malo porque… pues mira, eso tampoco se sabe. Al final, el malo es malo y punto. Bueno, sí, el director intenta colarnos un rollo metafísico que no serviría para hacerse el interesante ni en 2º de ESO, pero para las personas con edad mental igual o superior a 15 años, el malo es malo porque sí. Porque alguien tiene que serlo, y al parecer al director no le gustan los marcianos viscosos de toda la vida.
Con todo ese lío de gente y con todo ese desorden espacial, la misión se convierte en algo irrelevante a la media hora de película. Uno no sabe si la misión va bien, si va mal, ni de qué depende que vaya bien o mal. La tripulación toma las decisiones con la misma rigurosidad con la que las tomaría un grupo de babuinos drogados. Pero, eso sí, con un halo de misterio y profundidad metafísica que los babuinos no podrían fingir. He ahí la diferencia entre ver “Sunshine” e ir al zoo. En fin, no sigo porque esto es una pérdida de tiempo. Me remito a lo que decía al principio: con lo fácil que es contentarme a mí con una peli de ciencia-ficción, va el tal Danny Boyle (que, por cierto, veo que también dirigió el también bodrio “28 días después”) y la pifia. Tendré que volver a ver “Atmósfera cero” por vigesimocuarta vez para compensar.
[tags]Sunshine, Alerta Solar, Ciencia Ficción, Alien[/tags]
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