Oldboy
(Oldboy) – 2003
Dirigida por Chan-wook Park
Con Min-sik Choi, Ji-tae Yu y Hye-jeong Kang
Valoración:
Crítica realizada por nuestro corresponsal cinematográfico kalashnikov
De nuevo, realmente hay poco. De viejo, cada vez más. En ese estado vital en el que ves cómo la espuma de los días se esfuerza por arrastrarte de treintañero a cuarentón. Observad lo sabio que es el lenguaje: el sufijo “–ero” es positivo y alegre (“cañero”, “putañero”,…), mientras que el sufijo “–tón” es negativo y depresivo (“huevón”, “putón”,…). Por eso hoy me atrevo a criticar (bueno, realmente a ensalzar) una peli como “Oldboy”, que tiene nombre añejo, y que ni siquiera está en cartel (porque es del 2003) pero que encontrareis en vuestros videoclubs habituales.
Ya os advierto que es una peli diferente: para empezar a hablar, es coreana, (pero no es de artes marciales), ganadora de premios de cine fantástico como el de Sitges (aunque no es una peli de ciencia ficción). Pero no por eso deja de ser magistral: una obra de arte de guión, producción y realización. “Oldboy” es referencia obligada de directores de cine (Gran Premio en Cannes, con Quentin Tarantino peleando hasta el final para concederle la Palma de Oro que se llevó Fahrenheit 9/11) y publicidad (reconocereis una gran influencia suya en spots de PlaySation, Levi´s o Nike). Vamos que es la típica peli que introduces en una conversación con culturetas progres y quedas como Dios. También vale para usarla cuando quieres entrarle a una coreana y se te han agotado los tópicos del tipo: ¿eres del norte o del sur?, ¿qué tal se vive cerca del eje del mal?, ¿cómo se dice parka en tu idioma?
Pues después de esta introducción tan apañadita vamos al grano. Su director es Chan-wook Park, que desgrana en “Oldboy” el tema de la venganza. De hecho, “Oldboy” compone con las pelis “Simpathy for Mr. Vengeance” y “Simpathy for Lady Vengeance”, la conocida (en su casa que debe estar en Seúl) trilogía sobre la venganza del mismo autor. Los actores son… bueno, me ahorro transcribiros los nombres porque no los habéis oído en la vida y como son coreanos no vais a distinguirlos si vuelven a salir en otra peli. Eso sí, el prota es cuarentón y feo, como está mandado.
Y con estos ingredientes tan raros, raros… ¿por qué os estoy vendiendo que “Oldboy” es un peliculón? Si ni siquiera sale Jessica Biel… Pues porque todos sus elementos destilan una novedad y un buen hacer que hace tiempo que no se ven en las pelis comerciales y que apasionará a quienes realmente les guste el cine sin condicionantes. Empezando por el argumento, que huye de lugares comunes: el protagonista, un padre de familia juerguista, es secuestrado y encerrado en una habitación durante 15 años, en los que no ve a nadie y nadie le explica por qué está internado. Su único estímulo en ese tiempo es una televisión. Un buen día lo sueltan en la calle y le dicen que si descubre por qué le han encerrado esos años su secuestrador se suicidará…
Más no os cuento, y os recomiendo que no leais el guión en ninguna parte porque lo chulo es meterse en los zapatos del protagonista y sentir con él cómo las pasiones humanas (angustia, violencia, amor, odio, compasión…) nos llevan a extremos infinitos pero no por ello menos reales. No dudéis del excelente guión que tras este inusual principio evoluciona por vericuetos cada vez más extraños hasta llegar a un punto en el que todas las piezas del rompecabezas se unen. Y no dejéis de admirar el revolucionario estilo de realización de Park, que introduce elementos del cómic (la escena del martillo), del videojuego (la pelea en el pasillo del hotel) y del más puro cine clásico (la escena del album de fotos) con unas composiciones de gran plasticidad pero siempre al servicio del guión. El nivel técnico es depuradísimo y se cuidan las transiciones hasta el mínimo detalle. Incluso los títulos de crédito tienen una inquietante y original belleza.
“Oldboy” no es una peli para consumir y tirar, como si fuera un calimocho en un botellón juvenil. Es un excelente vino de una cepa singular para que cuarentones sin complejos degustemos apreciando detalles que antes se nos pasaban por alto. Y ya sabéis, a más viejo el toro, más duro el cuerno.
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