Fantasmas de Cité Soleil
(Ghosts of Cité Soleil) – 2007
Dirigida por Asger Leth y Milos Loncarevic
Documental
Dice uno de los “fantasmas” (ghosts o, en el argot francés local, chimères) en un momento de este documental: “This ain’t no Hollywood movie”. Esa frase se ha convertido en el eslogan de esta película, esa frasecita que los gringos siempre ponen al lado del título para contarnos de qué va la peli. El chimère que dice eso no lo hace, claro está, para intentar pasar a la Historia. No es un creativo de California ni un ejecutivo de la Fox. Es sólo uno de los personajes de este documental extraordinario que nos hace ver lo que nunca vemos: lo que queda fuera de nuestra vista cuando preferimos “mirar hacia otro lado”. O sea, lo que queda fuera de nuestra vista permanentemente, porque a estas alturas ya tenemos tortícolis.
“Fantasmas de Cité Soleil” es un documental filmado en Haití durante los últimos días de Aristide en el poder. La “acción” se desarrolla, en efecto, en Cité Soleil, una especie de suburbio de Puerto Príncipe que ya desde hacía tiempo se había convertido en una ciudad sin ley. O, mejor dicho, en una ciudad con la ley más antigua del mundo: la del más fuerte. Cuando, poco después de que Aristide saliera del país, la comunidad internacional envió tropas a la zona para intentar evitar el caos (se quedó sólo en un intento), la ONU calificó a Cité Soleil como “el lugar más peligroso del mundo”. Ese es el escenario de esta mezcla de documental y película, y digo “mezcla” porque, a pesar de ser un documental puro, y como la realidad supera muchas veces a la ficción, resulta que en “Fantasmas de Cité Soleil” nos encontramos con todos los ingredientes que suelen tener las películas más taquilleras: acción, intrigas de poder, suspense… incluso una historia de amor con dos rivales peleando por la misma mujer. Y no hablamos de una historia “basada en un hecho real”. Hablamos de realidad. Una realidad tan real como la nuestra. Más real, incluso. Más intensa. Más corta.
Durante la hora y media que dura la cinta, seguimos las andanzas de Winson 2Pac Jean, uno de los líderes de las bandas de chimères de Cité Soleil. La ciudad está dividida en varias zonas, y 2Pac (que, sí, toma su nombre del rapero norteamericano que murió a los 25 años) es el jefe de Cité Soleil 19. No es que haya 19 líderes. En la película no se mencionan más de 6 o 7, y ellos son los reyes de Cité Soleil. Ellos mandan. Ellos deciden qué se hace, quién vive y quién no, ellos negocian con los hombres de Aristide para mantener a la gente controlada. Y, a cambio, Aristide los protege, les da armas, les deja que hagan lo que les dé la gana.
Además de seguir de cerca a 2Pac, también llegamos a conocer bien a Bily, su hermano (a todo esto, ninguno de los dos parece haber cumplido los 25 años… y tampoco parece que vayan a llegar a cumplirlos, ni ellos ni nadie de Cité Soleil). Bily quiere ascender, quiere más poder y empieza a formar su propia banda, con sus propios “soldados”. Hay tensión entre los dos hermanos, y la tensión se agrava porque Bily quiere conseguir a una mujer francesa (y blanca, la única blanca que se ve en toda la película) que trabaja en una organización humanitaria, y que finalmente acaba liándose con 2Pac. “We love each other, for real”, dice 2Pac abrazando a Lele. En medio del caos y el sin sentido que reina en Cité Soleil, esta historia de amor con tintes folletinescos puede parecer ridícula, fuera de sitio y fuera de época, pero ahí está, y nos recuerda, como todo lo demás en la película, que la vida está hecha de los mismos materiales en todos los sitios. Del mismo absurdo. Nos pone delante de las narices la evidencia de que en el primer mundo vivimos una ficción que se mantiene gracias a que todos tenemos nuestras necesidades vitales relativamente bien cubiertas. Porque si no fuera así, y como escuché decir una vez a una víctima del Holocausto cuando le preguntaban cómo era posible que sus propios vecinos, el panadero y el herrero de su misma calle, se hubieran convertido en fanáticos violentos, “cuando las cosas se ponen mal, Dios nos libre de los panaderos y los herreros de este mundo”.
Como decía, el documental arranca en los últimos días de Aristide. Los chimères siempre han estado de su lado, básicamente porque el presidente no sólo les permitía campar por sus fueros sino que además les facilitaba los recursos necesarios para hacerlo. A cambio, Cité Soleil estaba controlada. Y eso era mucho. Pero lejos de la capital, en el interior del país, la guerrilla comienza a organizarse y avanza hacia Puerto Príncipe dispuesta a derrocar a Aristide. 2Pac y sus colegas empiezan a notar que las cosas se ponen peligrosas: si la guerrilla llega a Cité Soleil, los chimères están muertos. Todo el mundo sabe que han defendido a Aristide y que no son de fiar. Por eso, cuando la guerrilla finalmente toma Puerto Príncipe y Aristide abandona el país, 2Pac, Bily y los demás intentan negociar. Incluso se organiza un acto simbólico de entrega de armas. “Ya nos mata el hambre ahora, ¿para qué vamos a morir también por las armas?”, le dice 2Pac al negociador de la guerrilla.
Pero nadie se fía de nadie. Los chimères saben que todo es una pantomima montada por los gringos y los franceses (menudas joyas, los franceses, y luego hablan del trato que los españoles dimos a nuestras colonias… pues mira qué bien están Haití y las colonias francesas centroafricanas). 2Pac se prepara para salir de Cité Soleil y huir del país, porque sabe que su vida corre peligro. Si la policía lo encuentra, o si los guerrilleros lo encuentran, es hombre muerto.
Y no cuento más. Aunque, por supuesto, lo más interesante de “Fantasmas de Cité Soleil” no es la trama, el final, averiguar si el mayordomo es el asesino. Lo interesante está en otras cosas, y aquí cada uno tendrá que encontrar lo que quiera que esté buscando. Es, como decía antes, una mirada “al otro lado”. A ese otro lado al que nunca queremos mirar. A la vida que no nos gusta reconocer que existe y que se reduce a sobrevivir. El planeta no es nuestro amigo. El prójimo no suele ser nuestro amigo. Conseguir comida es difícil. Seguir vivo es difícil. Dice otro habitante de Cité Soleil: “Aquí no necesitamos paz; sólo necesitamos tres cosas: escuelas para nuestros hijos; comida; y dormir”. Y, a pesar de eso, entre pelea y pelea, 2Pac compone sus propios raps, y se los canta por teléfono a Wyclef Jean, que creció precisamente en Cité Soleil, y que por eso ha compuesto la canción que pongo más abajo en el segundo vídeo, y que cierra este estremecedor documental. Un documental que, ciertamente, ain’t no Hollywood movie”.
Trailer de la película
Títulos de crédito, con la canción “The ghost of Cité Soleil” de Wyclef Jean
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