Mucho arroz para tan poco pollo

The walker
(The walker) – 2007

Sunshine

Dirigida por Paul Schrader
Con Woody Harrelson, Kristin Scott Thomas y Lauren Bacall

Valoración:

La lección de hoy ya la hemos repetido muchas veces, así que intentaré resumir el meollo de la cuestión: cuando uno se lo juega todo a una carta, lo único que importa es cómo se juegue esa carta. El resto de la baraja es irrelevante, y no vale decir luego “pero si he jugado muy bien… hasta que llegó la carta decisiva había jugado magistralmente y me estaba saliendo del tapete”. Pues habértelo pensado mejor antes de apostártelo todo justamente a esa carta.

Traducción: si planteas una película como una historia de intriga, con un crimen en el que hay que adivinar quién es el criminal, no me vengas luego con rollos macabeos diciendo que lo importante no es eso. No me digas, 2 horas después, que lo importante es el retrato de la sociedad, o los diálogos sutiles, o la metáfora que planteas sobre la mutación del lagarto de Alburquerque. Me la pela. Que no, tío, que no. Que me has aburrido y no me valen excusas de intelectualoide.

¿Alguien tiene todavía dudas sobre cuál es mi opinión de “The walker”? Pues que se lo haga mirar. Pero, por si acaso, abundaré un poco más en algunos detalles. La película, de salida, tiene una pinta excelente: Woody Harrelson, Kristin Scott Thomas, Lauren Bacall… vamos, que le pones a Iniesta y Messi y te sale un equipazo. Así pues, uno se sienta confiado en la butaca. Esto pinta bien. Y la película empieza. El ritmo es lento, ciertamente, pero como la historia está ambientada en la altísima sociedad de Washington, con senadores y congresistas incluidos, pues tiene cierto sentido que todo sea un poco pomposo, y que la gente no vaya a toda velocidad de un sitio a otro. Abundan las charlas de salón, los diálogos intrascendentes con dobles sentidos no demasiado punzantes. Es el precio de vivir en un mundo donde la apariencia lo es todo.

Y es en ese mundo donde, de repente, se produce un asesinato. Lástima que se produzca cuando ya casi llevamos media hora de película sin que haya pasado ninguna otra cosa relevante, pero bueno, qué le vamos a hacer. Con el asesinato consumado, uno piensa que la película cambiará de ritmo, como los atletas kenianos en los 10.000 metros. Pero no. Todo sigue igual. A cámara lenta. Vamos de una fiesta a una partida de canasta, y de una mansión a otra como si estuviéramos en una visita turística. No pasa nada. El principal sospechoso (Woody Harrelson) se agobia un poco, pero tampoco mucho, y los demás ni se inmutan. Resultado: lentitud. Más lentitud.

Poco más hay que contar. Los minutos pasan, pero los hechos no. A diez minutos del final, el personaje de Woody Harrelson ata dos cabos, y parece que todo se soluciona. O no. Tampoco queda claro, porque se supone que las intrigas políticas son tan complicadas que el espectador medio no puede entenderlas. Y, para no liarlo, el director prefiere pasar por encima de ellas y pedirnos que hagamos un acto de fe. Con el que, finalmente, llegamos a la conclusión de la película.

La sensación de decepción es en “The walker” especialmente frustrante, porque la calidad del elenco no se corresponde ni de lejos con el resultado final conseguido. Nunca tantos tan buenos hicieron tanto tan malo. O algo así. Al final, ni siquiera ellos pueden sostener un guión tan flojo. No sé si a un estadounidense le dirá algo más esta película, por aquello de que quizás conozca mejor cómo funcionan las alcantarillas de Washington. Aunque, la verdad, me imagino la misma película hecha en La Moncloa, y no me da ni frío ni calor. A menos que la protagonicen Jorge Sanz y Mónica Cruz, claro está, en cuyo caso sí me daría mucho frío, muchísimo. Tanto que saldría corriendo y no pararía hasta llegar a Washington.

[tags]The Walker, Woody Harrelson, intrigas políticas[/tags]

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