Si este soy yo, ¿quién era el de hace 1 año?

Un interesante artículo titulado “Free will and identity” (“Libre albedrío e identidad”) de Piero Scaruffi, un matemático que a lo largo de su carrera ha trabajado en temas tan peliagudos como la Teoría de la Relatividad General o Inteligencia Artificial. No sé si será un piernas, pero tiene un currículum bastante apañado.

El artículo está en inglés y puede leerse en esta página. Comienza así:

Cada año, el 98% de los átomos de mi cuerpo son reemplazados por otros: ¿cómo puedo afirmar entonces que soy el mismo que era hace 1 año o, todavía peor, que hace 10 años? ¿Qué es (dónde reside) mi identidad? ¿Cuál es “mi” relación con el metabolismo de mi cuerpo?

Scaruffi tontea con conceptos de mucho “peso”, como el alma, la identidad y la realidad, y se pregunta cosas interesantes. También propone algunas hipótesis, a veces incluso contradictorias, lo que demuestra que el tipo es capaz de defender una proposición y su contraria. Entretenido, vamos. Aquí va otra reflexión curiosa:

Algunos científicos (Albert Einstein entre ellos) han defendido que la consciencia tiene que estar fabricada por la realidad, que lo que sentimos es sólo una consecuencia del estado del Universo, que simplemente somos máquinas programadas por el resto del Universo.

Otros científicos creen lo contrario, que la consciencia fabrica la realidad, que tenemos el poder para alterar el curso de los acontecimientos. Creen en el libre albedrío.

¿Pensamos o somos pensados?

Buena pregunta, ¿eh? Buena, pero tramposa, como el propio Scaruffi argumenta a renglón seguido. En fin, esta y muchas otras cuestiones de interés en el artículo completo (aquí). Se lee en 15 minutos sin pensar. Pensando, en media hora.

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1 Response to “Si este soy yo, ¿quién era el de hace 1 año?”


  • Por fortuna hay una palabra que me gusta en el artículo: “fuzzy”. Me gusta más que caos. También me gusta una puntualización que hace tras decir que el libre albedrío puede existir solo si las leyes de la naturaleza tienen en cuenta ciertos desenlaces, respuestas azarosas. Es improbable que una “ley” esconda una propiedad aleatoria… podría más bien ser algo “complejo”, “retorcido”, “borroso”… incomprensible (que no aleatorio). Y es que no es lo mismo hablar de azar o casualidad, que de ciertas cualidades, modos (mejor que leyes) en las cosas, que determinan cierto comportamiento que no es uno fijo, sino el conjunto de decimales que hay dentro de “uno”. Aunque con esto me voy al infinito y ya estamos rizando el rizo demasiado…

    Hay un párrafo inquietante en el libro que estoy leyendo (una novela que nada tiene que ver con la ciencia):
    “No sabemos lo que guardará la memoria. La cabrona memoria: un guardia municipal que dirige el tráfico a su antojo, que da paso a los vehículos a su arbitrio, sin tener en cuenta las necesidades circulatorias de la ciudad; o que a lo mejor se comporta con esa apariencia arbitraria precisamente para guardar un orden secreto, que desconocemos, que no somos capaces de percibir”.

    Casi siempre que se habla de estos temas se sacan juicios muy raros. Entran ganas de profundizar en la lógica (con todo su rollo sobre proposiciones, enunciados, juicios, verdaderos, falsos…) para analizar, antes de nada, si ciertas preguntas o conclusiones son correctas, incorrectas, verdaderas o falsas. Por ejemplo, aquí se habla de regulación en los seres vivos, de la observación de cierta estabilidad o tendencia interna a “conservar”. Y después se dice que esta regulación interna proporciona al organismo independencia del entorno: identidad. Esta sería la línea divisoria entre lo inanimado y lo animado. Lo inanimado obedece a las leyes causales de Newton, mientras que lo animado tiende a mantener su estado independientemente de las fuerzas exteriores aplicadas. Habla de los objetos… cuyo estado cambia tras aplicar una fuerza, mientras que el estado de un organismo vivo no cambia con una fuerza externa. Mientras el organismo esté vivo, mantiene su estado constante.

    Pues una de dos, o no lo entiendo, o traduzco mal o esta conclusión tiene más flecos que un mantón de manila. Con esto quiero decir que lo que dice sobre la regulación, la tendencia a la conservación, el evidente “conjunto de pequeños proyectos” que es un ser vivo, no tiene nada que ver con una piedra pero de aquí a concluir que esto es una “identidad”, con las implicaciones que tiene la palabreja… va un abismo. Además, si pienso en Newton y en el pie enorme de una china vendado desde su nacimiento para que se “adapte al marco”, o en los cuellos de esas chicas de Indonesia (creo) que son tan largos como mi fémur pues me lío… por no hablar de cien mil pequeñas “fuerzas” o impactos externos a los que debemos responder cada segundo (nuestras moléculas también) y que estoy segura, nos transforman.

    En definitiva, yo digo lo mismo de siempre. Una puñetera carga negativa en uno de los átomos de una molécula, produce un comportamiento x que puede producir que una inmunoglobulina reconozca determinado antígeno y no otro. Es el puñetero mecanismo de una llave, o una pieza de un puzzle. Si le pones otra molécula con un “brazo” igual, la reconocerá también… aunque el resto de la molécula sea diferente… y cuando x elevado a n (cuando n tiende a infinito) cosas como esta suceden en un segundo en un cuerpo… apaga y vámonos. Y esto es solamente un cuerpo, si metemos más cosas en la coctelera…

    Lo que dice este hombre, es cierto, creo… Como que mis dedos están escribiendo… Pero todas las conclusiones que puedan sacarse de estos hechos, son ya otra cosa.

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