Un vídeo grabado por una sonda japonesa. Son imágenes reales de la sonda “sobrevolando” la Luna. Muy bonito.
Archivos del Mes para December, 2007Pag 2 de 2
White Chalk
P.J. Harvey

Valoración:
Clic aquí para escuchar muestras en Amazon
P.J. Harvey tiene una legión de seguidores. Y, si no es una legión, desde luego hacen tanto ruido como si lo fueran. Cada vez que leo una reseña sobre un disco de esta tía cojo un empacho de adjetivos calificativos que me dura dos días. Y de metáforas. Porque Harvey es de ese tipo de cantantes que despiertan las pasiones poéticas de sus fans, y por lo tanto las críticas a su música suelen ser del estilo:
-
“P.J. Harvey navega por ríos que no llevan a ningún sitio, pero la sombra fresca de su voz nos transporta a planetas en los que uno nunca pensaría en montar un proyecto Apolo. Amanece en la galaxia. Una cacatúa me sonríe. Soy feliz. ¿Podré algún día mirarme en un espejo? Un disco sublime.”
Y así. A mí, ya digo, las críticas que abusan del epíteto me ponen enfermo, y las metáforas mal usadas me descomponen el duodeno, precisamente porque yo soy un purista de la metáfora. Hago metáforas con la misma facilidad con la que McGyver monta muebles de Ikea. Pero ese no es el tema. El tema es P.J. Harvey. Y, más en concreto, el tema es que a mí P.J. Harvey no me ha sonado a nada. Ni a ríos, ni a planetas, ni a amaneceres con cacatúas. A nada.
Aunque, en realidad, sí me ha sonado a algo. Y casi ha sido peor, porque me ha sonado nada más y nada menos que al gran Antony Hegarti, de Antony and the Johnsons. Pero me ha sonado a una mala copia, a un billete falso, falsísimo. No digo yo que Harvey intente copiar a Antony deliberadamente, pero ese uso barroco de la voz, esa instrumentación minimalista con un punto caótico, esos toques disonantes aquí y allá me han recordado al gran Hegarty, y eso me ha tocado un poco las narices, lo reconozco.
No obstante, e intentando hacer un ejercicio de objetividad y dejando a un lado el falso toque antoniano, creo que “White chalk” no me habría gustado en ningún caso. No sólo porque sus fans abusen de las figuras retóricas, que también, sino porque además suelen alabar, por encima de todo, las letras de las canciones. Y cuando lo mejor que se puede decir de un cantante es que escribe bien… pues es como si lo mejor que se pudiera decir de Tolstoi es que era un fenómeno cantando el cachachó.
Por no ser “siempre negatifo”, reconoceré que el disco tiene alguna canción interesante, algunos momentos de brillantez vocal, y ciertos toques de buen gusto que demuestran una sensibilidad por encima de la media. Pero todo se queda en un intento. Es como si, en cuanto le salieran un par de acordes agradables seguidos, P.J. Harvey pensara: “huy, qué mainstream me está quedando esto, voy a meter ahora un sostenido séptima con un cambio de tempo y un golpe de platillo, que si no me aburgueso”. Y en ese medio camino nos tiramos todo el disco. Ni tan agradable al oído como un disco de pop de toda la vida, ni tan irrestiblemente extraño como, por ejemplo, el “Hope there’s someone” de Antony and the Johnsons. Y aunque Aristóteles pregonara las virtudes del término medio, creo que él mismo estaría de acuerdo en que no se refería precisamente a esto. En música, el término medio suena a falso. En la Grecia de hace 2500 años, y en la Inglaterra de hoy. Hay cosas que no cambian.
[tags]P.J. Harvey, Antony and The Johnsons[/tags]




