Archivos del Mes para January, 2008

Efectos visuales

Tres tipos ingeniosos, con un poco de material de una tienda de disfraces, y un buen software de edición de vídeo, pueden hacer virguerías. Y para demostrarlo aquí está esto. ¿Os acordáis de la escena inicial de Salvar al soldado Ryan? Pues a flipar. Son sólo 4 minutos..

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Error de género

Trade
(Trade) – 2007

Trade

Dirigida por Marco Kreuzpaintner
Con Kevin Kline y César Ramos

Valoración:

No, no es que “Trade” trate de los problemas de los transexuales, ni de los machistas, ni nada por el estilo, entre otras cosas porque todos esos temas no tienen nada que ver con el género (a pesar de lo que nuestros burreznos políticos insisten en decirnos) sino con el sexo. Porque, mientras no se demuestre lo contrario, las personas tenemos sexo. Y los sustantivos y adjetivos, tienen género. Como decía un día el gran Lázaro Carreter, la violencia de género consistiría en decir, por ejemplo, “un silla” o “la coche”. O sea, lo que hacen los guiris que aprenden español. Eso es violencia de género. Lo de los ioputars que machacan a sus parejas es violencia de sexo, o de violencia de cerebro. De cerebro con defectos de fábrica y fuera de garantía.

¿Cómo hemos llegado a este debate sobre el género y el sexo? No lo sé. Pero el caso es que “Trade” también tiene un problema con el género. Porque “Trade” no es una película: es un documental. O un docudrama, mejor dicho. Y que conste que digo esto para hacerle un favor al tal Kreuzpaintner, el director de la obra, porque si él insiste en decir que esto es una película, yo no tendré más remedio que decir que la película es muy mala. Y eso que la protagoniza el gran Kevin Kline, el genial Kevin Kline, el mismo Kevin Kline que ha protagonizado glorisosas películas de la Historia del Cine, desde comedias simpáticas como Dave, presidente por un día hasta piezas magistrales como De Lovely. Pero ni por esas.

“Trade” trata el peliagudo tema de la trata de mujeres, y de niñas, para fines sexuales, y lo trata intentando meterse en el fango más repugnante del asunto. La película intenta retratar de una manera bastante cruda cómo funcionan las mafias que controlan el “negocio”, incluyendo la complicidad o cuando menos la apatía de la policía y los Estados del primer mundo cuando el problema no atañe directamente a sus propios ciudadanos. “Trade” se centra, en concreto, en el tráfico de mujeres desde México hacia Estados Unidos, para ser posteriormente vendidas al mejor postor en subastas internacionales.

Como decía antes, “Trade” no funciona como película. Los tópicos se suceden (la mujer polaca que es engañada en su país, y que deja allí a su hijo pequeño y a sus padres indefensos, la niña mexicana buena y obediente que un día tiene un descuido y es secuestrada por la mafia rusa), y las escenas de violencia no resultan creíbles. Los malos son muy malos, pero cuando hace falta que sean buenos también tienen sentimientos; y cuando hace falta que sean idiotas, también lo son. Al final, uno casi se sorprende de que las mafias puedan seguir funcionando con operarios así. Pero, dejando a un lado las carencias dramáticas, la historia resulta interesante como documento. No sé hasta qué punto el director se ha documentado, y por lo tanto no puedo hacer una valoración sobre si lo que vemos se corresponde o no con la realidad. Pero desde luego, bien podría ser así. Aunque la realidad, ya se sabe, supera a la ficción.

Así que, en general, lo mejor que puede decirse de “Trade” es, precisamente, que podría haberse hecho mejor. No sólo como pieza de “entretenimiento” (como película), sino como herramienta de denuncia de estas situaciones. Como decía antes, la falta de impacto dramático también hace que uno no se quede realmente sacudido por la historia que nos cuentan. Si no fuera porque todos sabemos que esas cosas suceden, y porque hemos leído noticias en el periódico que hablan de atrocidades incluso mayores que las que vemos en “Trade”, todo se quedaría en una película intrascendente. Pero como sabemos que es real, nuestra imaginación pone lo que el director no sabe poner. Valoremos, por lo tanto, su intención. Porque el resultado es más bien flojo.

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Ilustres cambios de opinión

Personalmente, siempre me ha sorprendido que cambiar de opinión sea algo mal visto. No entiendo por qué, cuando expones una idea diferente a la que tenías años atrás, siempre haya alguien que suelte algo como: “pues antes no decías eso”. Si ir pasando por la vida no nos enseña algo, ¿para qué narices pasamos por la vida? Si con 20 años uno ya tiene toda la información y el conocimiento que necesita para entenderlo todo, ¿por qué seguimos cometiendo errores hasta que nos morimos? No seguiré haciendo preguntas retóricas, porque son un recurso de lo más barato, pero quiero dejar claro que yo no sólo cambio de opinión sobre cuestiones fundamentales con frecuencia, sino que, además, estoy orgulloso de hacerlo. Eso me demuestra que sigue habiendo ideas que no he entendido bien, opiniones que no he escuchado, hechos que desconozco.

¿A qué viene todo este rollo? Ante todo, recordad: el blog es mío, y hago lo que me da la gana. Y una vez recordado eso, resulta que unos pollos que responden colectivamente al nombre de Edge Foundation, han montado una web llamada World Question Center en la que lanzan una interesante pregunta: ¿en qué tema has cambiado de opinión durante 2007, y por qué?

A esa pregunta han respondido algunos individuos de cierto pelo, desde filósofos a físicos, pasando por escritores, matemáticos, antropólogos, e incluso algún psicólogo que se les ha colado. Da gusto ver cómo personas con un prestigio científico que mantener reconocen abiertamente y sin vergüenza (separado) que han cambiado de opinión en cuestiones importantes. Un físico dice que ya no cree que el Universo se esté expandiendo, y otro duda ahora de que exista una Teoría de la Unificación. Un filósofo dice que ha cambiado de opinión en todo (para eso es filósofo). Un biólogo reconoce que los humanos diferimos genéticamente entre nosotros mucho más de lo que él creía antes (y de lo que los políticamente correctos siguen creyendo), y otro biólogo dice que las teorías de Darwin se están mostrando limitadas para explicar algunos aspectos del cerebro humano. Un neurólogo se replantea la existencia del alma. Un economista ha cambiado su manera de explicar el funcionamiento del mercado laboral. Y así, literalmente, cientos de casos.

Además de confirmarnos una vez más que la Ciencia construye dogmas para cargárselos unos años después, y que a pesar de eso todos seguimos confiando en ella como la panacea de nuestra civilización, esa web es la prueba de que las personas que todos consideramos más inteligentes, más formadas y con mayor conocimiento son, precisamente, las que más cambian de opinión. A reflexionar tocan.

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Femenino singular… pero no tanto

Let there be love
Nina Kinert
Antonio Serrano - Armonitango

Valoración:   

Todo hombre con sensibilidad musical ha querido ser, en algún momento de su juventud, un cantautor melenudo. Todos nos hemos imaginado a nosotros mismos con una guitarra desvencijada, el pelo lacio, una barba de hambre, y una docena de periquitas contemplando embobadas nuestros aullidos quejumbrosos. Algunos valientes incluso han hecho ese sueño realidad, pero lo han abandonado en cuanto han visto el tipo de chuquis que se codean con los cantautores lastimeros. Porque en los sueños, claro está, uno se imagina rodeado de unas tordas del calibre de Carla Bruni, y en la realidad uno se encuentra con clones de María del Mar Bonet.

Ese sueño, hasta hace algunos años, era patrimonio exclusivo de los hombres. Pero gracias a los avances de la vida moderna, últimamente parece que también entre las mujeres hay una legión de almas que son en realidad cantautores melenudos en potencia. En su caso, además, el tema de la melena suelen tenerlo resuelto. Y las guitarras están baratísimas. Esta desgraciada conjunción de circunstancias bien podría explicar la plaga que estamos sufriendo en los últimos años. Plaga de la que forma parte la guapetona Nina Kinert (que sería todavía más guapetona si no se empeñara, como sus colegas masculinos, en cultivar con fervor una apariencia piojosa).

Mencionaba antes a Carla Bruni, y no la mencionaba por casualidad. Ella fue lo primero que se me vino a la cabeza después de escuchar un par de canciones de “Let there be love”. Bueno, después de eso, y después de muchas otras cosas. Pero en este caso pensé en ella porque, a bote pronto, este disco de Nina Kinert me sonó mucho al Quelqun ma dit de la Bruni, aunque con una voz mucho más dulce (o mucho menos morbosa, como se quiera ver).

Y a medida que iba escuchando este “Let there be love”, mi primera impresión se iba confirmando. Canciones melodiosas, mínima instrumentación (una guitarra acústica y poco más), y una voz agradable, casi susurrante, que cuenta historias a veces tristes y a veces alegres, pero nunca estridentes. Pequeñas historias, con una pequeña voz, y una pequeña guitarra de fondo. Todo mínimo.

El resultado final, aunque bueno, suena a camino mil veces trillado. Por él han pasado cienes y cienes de cantantes de ambos sexos que nos han querido estremecer con canciones que juegan a ser poesías casi recitadas, no cantadas, o cantadas con la entonación imprescindible para poder entrar en la categoría de música. De entre todos esos cantantes, unos pocos han conseguido su objetivo. Hemos llorado con sus canciones, o hemos visto un paisaje en verano y nos hemos emocionado con su música. Con otros, con la mayoría, simplemente hemos pasado el rato. Pero no en el sentido en el que uno pasaría el rato con Carla Bruni, sino en el sentido de, simplemente, dejar pasar las horas. Para eso, este disco de Nina Kinert, nos sirve perfectamente. Y además, con 3 o 4 canciones, incluso nos tocará el corazoncito. Una de esas canciones se ha hecho famosa con un anuncio de Saab que pongo aquí abajo. En resumen, un buen disco, sobre todo teniendo en cuenta que bajo la apariencia delicadamente femenina de Nina Kinert, no lo olvidemos, se esconde un cantautor melenudo.

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El futuro llama a la puerta; que abra alguien

En la web 23andme ofrecen un servicio que parece sacado de una novela de ciencia ficción: les mandas una muestra de tu saliva en un palito, y ellos te sacan el genoma alineado en fila de a dos. Con eso, pueden darte información sobre tus antepasados (y personas que tienen esos mismos antepasados), herencias genéticas varias, y probabilidades de desarrollar determinadas enfermedades en el futuro. También te dicen para qué cosas estás genéticamente más predispuesto, como el tiro con arco. Esto, me temo, va a convertirse en el servicio más demandado por todos los padres frustrados que desean ver a sus hijos convertidos en campeones de algo, sea lo que sea. El precio del kit son 999 $ de nada. ¿Qué es eso a cambio de saber que el niño tiene madera de tenor? Sí, amigos, el futuro ya está aquí. Lástima que yo tenga que salir a hacer un recado.

[tags]genoma, ADN, genética[/tags]

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El círculo empieza a cerrarse

A veces uno tiene que admitir que el destino es, cuando menos, juguetón. Quienes se hayan leído AKA sabrán que en el mundo ficticio (¿?) que pinto en la novela todos los mercados tienen dos únicos competidores, que a su vez siempre pertenecen a los dos grandes imperios comerciales que se han repartido el planeta. Los medios de comunicación responden a este mismo esquema, y, de ese manera, existen dos únicos grupos “mediáticos”: La Verdad y El Auténtico.

Pues hete aquí que me informan de que el pasado mes de diciembre apareció una crítica de AKA en el principal periódico de Murcia. Es la primera crítica (al menos que yo sepa) que se escribe sobre AKA. ¿Y cómo se llama ese periódico que inaugura lo que, sin duda, será una interminable sucesión de críticas favorables? Pues se llama La Verdad. Chúpate esa.

La crítica, como decía, ha sido francamente favorable. Yo, desde luego, estoy encantado con ella, sobre todo teniendo en cuenta que no conozco al crítico de nada y él tampoco debe de saber ni quién soy yo (como demuestra el hecho de que en un momento de la crítica me llama José Ramón Gómez… es lo que tienen los apellidos extranjeros). Y para festejar tan magno acontecimiento, cuelgo aquí dicha crítica para que todos mis amigos se alegren conmigo, y para que a todos mis enemigos se les agraven las úlceras de estómago con las que seguramente Dios los ha castigado ya.

Así pues, quienes quieran ver la crítica escaneada del periódico en papel, pueden hacer clic aquí. Para ver la crítica en la versión de Internet del suplemento cultural de La Verdad, hacer clic aquí. Y para los más vagos, pongo a continuación el texto íntegro a pelo.

Una genial y fantástica locura

Hace unos pocos años, en 2001, contra todo pronóstico, una novela de un joven treintañero llamado Pablo Tusset, inédito hasta entonces, se convertía en uno de los libros más leídos en toda España. ¿Su título? Lo mejor que le puede pasar a un cruasán. El escritor en cuestión se arriesgaba a de ser despreciado por un público acostumbrado a otro tipo de literatura mucho más seria y realista, que es la que hemos heredado en España desde los tiempos del Mío Cid, y que pesa como una verdadera losa sobre nuestras conciencias. Quiero uno decir con ello que la literatura de humor no es un género que vaya demasiado con nuestro carácter cuando pasamos del chiste oral al papel escrito con ciertas pretensiones literarias. Humor, sí, pero humor negro, quevedesco, a lo Gutiérrez-Solana con su España negra.

José Ramón Pérez, del que sabemos que nació en Orense en 1966, que estudió ingeniería industrial y que hace tres años sacó a la luz su primera novela, titulada El caos y los amores infinitos, nos presenta en esta ocasión una obra con el raro título de AKA en la que deja constancia, en primer lugar, de sus especiales dotes como narrador, capaz de mantener un potente hilo discursivo a lo largo de estas páginas, sin que en ningún instante decaiga la atención y el interés del lector. Una obra en la que predomina el tono humorístico, es cierto, pero con ciertas matizaciones. No es, para empezar, un humor ligero ni chabacano (así sucede, en no pocas ocasiones, en la citada obra de Tusset), sino, antes bien, basado en la parodia y, sobre todo, en la fina ironía que nos conduce de inmediato a ciertos clásicos latinos, como el inolvidable y espléndido Marcial.

José Ramón Pérez emplea con enorme brillantez la técnica del distanciamiento al situar su acción en un lejano futuro. Esto habilita al autor a realizar, sin dejar de sonreír y divertir al lector, una feroz crítica de la sociedad actual, con lo que se pone sobre el tapete la hipocresía que nos circunda. Los dos atributos básicos que ahora -¿y cuándo no?- caracterizan a todo ciudadano honrado son su nómina mensual y una hipoteca a tipo variable «que evitaba que pudiera hacer uso excesivo de aquélla». Una genial, fantástica y contagiosa locura.

José Belmonte Serrano

‘AKA’. José Ramón Pérez. Editorial Alaxe. 385 páginas. / 17 e

Estoy encantado. El día que el mundo se entere de esto, ya será la leche.

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Uniformemente desacelarada

Soy leyenda
(I Am Legend) – 2007

Soy leyenda

Dirigida por Francis Lawrence
Con Will Smith, y un pastor alemán

Valoración:

Aquí tenemos un nuevo especimen de un tipo de películas que cada vez se van haciendo más populares, o, al menos, más frecuentes. Comparten virtudes y defectos, y el resultado final, por tanto, también suele ser similar. En el lado positivo de la balanza, podemos poner un comienzo realmente impactante, un actor solvente (pero sin lujos), y una localización que casi se convierte en la protagonista principal de la película. En este caso, esos tres elementos están presentes en forma de virus mortal que se cepilla a (casi) toda la Humanidad, Will Smith, y una Nueva York fantasma que es, sin duda, el principal atractivo de la historia.

En el lado negativo de la balanza, tenemos principalmente a una panda de incapaces (guionista, director, productor) que no saben qué hacer con todo lo anterior después de los 20 primeros minutos de película, y dejan que las cosas se vayan yendo al garate a base de estirar monótonamente las premisas establecidas en ese frenético comienzo. Resultado: cada minuto de la película el espectador piensa aquello de “esta escena es peor que la anterior, pero mejor que la siguiente”. La medalla de la madre en versión cinematográfica.

Con “Soy leyenda” la fórmula se cumple al pie de la letra. Es más: los últimos 15 minutos son de lo peor que se ha visto en este tipo de películas pseudo-fantásticas, que mezclan acción, ciencia ficción y moraleja humanista. Hasta esos últimos 15 minutos, yo había pasado el rato bastante bien. Como decía antes, el “decorado” (ese Nueva York sin un alma, en proceso de selvatización) justifica por sí solo la mitad de la película. Pero la otra mitad, ¡ay!, no la justifica nada. Si acaso, el perro, que está genial. En ocasiones, mucho más expresivo que el propio Will Smith. Pero a estas alturas ya no vale jugarse la carta Rin-tin-tin para conmover al respetable. Y mucho menos matar al bicho para lograr un momento de clímax.

Así que lo dicho: mi recomendación con esta película es sentarse a verla hasta que se cumpla la primera hora. A partir de ahí, todo se precipita cuesta abajo y sin frenos hacia el final feliz que siempre tienen estas películas. Pero, en este caso, para ir más rápido en esa caída libre, tiran incluso al perro. Y eso, mira tú, es injusto. Pobre animal.

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Los idiomas, es lo que tienen

Buenísima campaña de publicidad de Berlitz. Éxitos que todos conocemos como “Ken touched this”, “Mama Wong”, “Cama, cama, cama” (en esta me he caído de la silla con lo de “wrapped goat in green”), o “Bumble, bumble”. Repito: buenísima. No sabría decir cuál de los 4 anuncios me ha gustado más. Todavía tengo lágrimas como fundas de guitarra de reír y venga de reír.

“Ken touched this”

“Mama Wong”

“Cama, cama, cama”

“Bumble, bumble”

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De oca a oca

Esto de los blogs es como la mafia, pero sin metralletas ni cicatrices en la cara, cosa que seguro agradecerán los lectores de esta humilde bitácora. Digo esto porque una amiga, que también tiene un blog, me ha hecho el honor de criticar mi última novela en su chiringuito. Y como siempre soy yo quien habla de mis novelas aquí, he pensado que esta podría ser una ocasión perfecta (quién sabe si única) para poder ofreceros una opinión externa. En su día ya puse también la (buena) valoración que una conocida editorial hizo de “Dios en una estrella fugaz”, pero aquello era una evaluación con un tono casi “quirúrjico”, mientras que en este caso se trata de una interpretación bastante más personal y, bajo mi punto de vista, enriquecedora.

Y, de paso, os dais una vuelta por su blog, que a lo mejor os gusta, y así tenéis un sitio más para ocupar los ratos libres, en lugar de darle como posesos a la Wii (que también está bien, que conste, pero todo en su justa medida).

El blog en cuestión se llama “Aterrizaje Forzoso“, y podéis leer su crítica a “Dios en una estrella fugaz” haciendo clic aquí.

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¿No habíamos pasado ya por esto?

Ghost
Radical Face

Radical Face - Ghost

Valoración:

Clic aquí para escuchar muestras en Amazon

Pues la face será muy radical, pero el sound es bastante flojical. Y un poquito rancial, porque a mí este tío (porque en realidad esto no es un grupo, es un solo pollo llamado Ben Harper, de Florida) me ha sonado a Simon & Garfunkel, pero en la época en la que los 2 tenían granos en la cara. Que sí, que vale, que la música es agradable, hay sensibilidad y buen sonido, pero es que yo ya he pasado por eso. Yo y media humanidad, porque la verdad es que en 2008 este tipo de sonido parece una especie de revival que, además, en este caso ni siquiera toca la fibra nostálgica.

Yo no soy mucho de ensañarme, y menos cuando, como decía antes, el material no es malo. Así que no voy a añadir mucho más a esta crítica, porque no es cuestión de argumentar 20 veces las razones por las que yo no volvería a escuchar este disco. Que, insisto, no es malo. Pero es que yo ya he escuchado la discografía completa de Simon & Garfunkel, varias veces, y también la de otros muchos cantantes que han hecho cosas similares en los últimos 40 años. Y seguro que alguien dirá que estoy zumbado, que Radical Face no se parece en nada a Simon & Garfunkel, que de qué voy, y bla, bla, bla. Pero mira tú, a mí me ha sonado a eso.

Y alguien podría decir también que, si este tío suena a Simon & Garfunkel, eso no sólo no es algo malo sino que es algo muy bueno. Pero a ese argumento contestaría yo diciendo que, como mencioné al principio, Radical Face suena a los primeros pinitos de los otros. Paul Simon es un genio, y siempre lo ha sido, incluso cuando tocaba con la guitarra colgada el cuello y el pelo peinado a raya, pero nunca ha dejado de evolucionar, de pulirse a sí mismo, de encontrar nuevas maneras de seguir haciendo lo mismo, que es música de primera división. Y Radical Face llega ahora, y se pone a hacer música de hace 40 años como hace 40 años, pero con una audiencia que ya no tiene la ingenuidad de hace 40 años. O sí. Porque seguro que hay miles de jovenzuelos que creerán que este tío ha descubierto algo, que es auténtico, superespecial, jo, tía. Pues para ellos. Yo me quedo con los de siempre. Llámalo solidaridad generacional. O llámalo simplemente buen gusto.

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