Trade
(Trade) – 2007
Dirigida por Marco Kreuzpaintner
Con Kevin Kline y César Ramos
No, no es que “Trade” trate de los problemas de los transexuales, ni de los machistas, ni nada por el estilo, entre otras cosas porque todos esos temas no tienen nada que ver con el género (a pesar de lo que nuestros burreznos políticos insisten en decirnos) sino con el sexo. Porque, mientras no se demuestre lo contrario, las personas tenemos sexo. Y los sustantivos y adjetivos, tienen género. Como decía un día el gran Lázaro Carreter, la violencia de género consistiría en decir, por ejemplo, “un silla” o “la coche”. O sea, lo que hacen los guiris que aprenden español. Eso es violencia de género. Lo de los ioputars que machacan a sus parejas es violencia de sexo, o de violencia de cerebro. De cerebro con defectos de fábrica y fuera de garantía.
¿Cómo hemos llegado a este debate sobre el género y el sexo? No lo sé. Pero el caso es que “Trade” también tiene un problema con el género. Porque “Trade” no es una película: es un documental. O un docudrama, mejor dicho. Y que conste que digo esto para hacerle un favor al tal Kreuzpaintner, el director de la obra, porque si él insiste en decir que esto es una película, yo no tendré más remedio que decir que la película es muy mala. Y eso que la protagoniza el gran Kevin Kline, el genial Kevin Kline, el mismo Kevin Kline que ha protagonizado glorisosas películas de la Historia del Cine, desde comedias simpáticas como Dave, presidente por un día hasta piezas magistrales como De Lovely. Pero ni por esas.
“Trade” trata el peliagudo tema de la trata de mujeres, y de niñas, para fines sexuales, y lo trata intentando meterse en el fango más repugnante del asunto. La película intenta retratar de una manera bastante cruda cómo funcionan las mafias que controlan el “negocio”, incluyendo la complicidad o cuando menos la apatía de la policía y los Estados del primer mundo cuando el problema no atañe directamente a sus propios ciudadanos. “Trade” se centra, en concreto, en el tráfico de mujeres desde México hacia Estados Unidos, para ser posteriormente vendidas al mejor postor en subastas internacionales.
Como decía antes, “Trade” no funciona como película. Los tópicos se suceden (la mujer polaca que es engañada en su país, y que deja allí a su hijo pequeño y a sus padres indefensos, la niña mexicana buena y obediente que un día tiene un descuido y es secuestrada por la mafia rusa), y las escenas de violencia no resultan creíbles. Los malos son muy malos, pero cuando hace falta que sean buenos también tienen sentimientos; y cuando hace falta que sean idiotas, también lo son. Al final, uno casi se sorprende de que las mafias puedan seguir funcionando con operarios así. Pero, dejando a un lado las carencias dramáticas, la historia resulta interesante como documento. No sé hasta qué punto el director se ha documentado, y por lo tanto no puedo hacer una valoración sobre si lo que vemos se corresponde o no con la realidad. Pero desde luego, bien podría ser así. Aunque la realidad, ya se sabe, supera a la ficción.
Así que, en general, lo mejor que puede decirse de “Trade” es, precisamente, que podría haberse hecho mejor. No sólo como pieza de “entretenimiento” (como película), sino como herramienta de denuncia de estas situaciones. Como decía antes, la falta de impacto dramático también hace que uno no se quede realmente sacudido por la historia que nos cuentan. Si no fuera porque todos sabemos que esas cosas suceden, y porque hemos leído noticias en el periódico que hablan de atrocidades incluso mayores que las que vemos en “Trade”, todo se quedaría en una película intrascendente. Pero como sabemos que es real, nuestra imaginación pone lo que el director no sabe poner. Valoremos, por lo tanto, su intención. Porque el resultado es más bien flojo.






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