Archivos del Mes para January, 2008Pag 2 de 2

Los mejores libros no escritos en 2007

Punzante y ocurrente, como siempre, Rafael Reig escribía un original artículo en la edición del 6 de enero del diario Público. El artículo completo se puede leer, dentro del periódico en versión pdf, en el vínculo anterior, pero no me resisto a poner aquí algunos de los momentos más graciosos.

En el artículo, titulado “Los libros que no fueron en 2007, pero que deberían haber sido”, Reig hace una lista de los libros que ha echado de menos en el año que terminó, y sugiere que alguien se ponga de inmediato a escribirlos. He aquí un par de los que más me han hecho reír (aunque no los únicos, ni mucho menos):

Muertos que hablan (Publicaciones póstumos del año)

Este 2007 ha sido un buen año para los libros póstumos. Ya hemos reseñado los diarios que dejó Gil de Biedma en treinta carpetas. Lo que de verdad agradecen los descendientes es que el ilustre plumífero les deje inmuebles, plazas de garaje o bonos del Tesoro, en lugar de papeles.

Es ésta una tradición muy portuguesa, por cierto: Fernando Pessoa dejó un baúl (“el legendario baúl”) del que todavía siguen sacando libros inéditos, como si fuera la chistera de un mago. Eça de Queiroz dejó una maleta de hierro (“la célebre maleta”) en la que su hijo encontró varias novelas (entre ellas, la divertidísima Alves & Cia.: una historia sobre los efectos saludables del adulterio).

Asusta pensar qué nos dejará Saramago, siguiendo la acreditada costumbre lusa: ¿una mochila blindada de Banana Republic? ¿Auténticas albardas? ¿Un zurrón de pastor? ¿Y Lobo Antunes? ¿Nos entregará un maletín de médico, un macuto militar o una caja fuerte con combinación? Sea como fuere, el año pasado trajo una espectacular cosecha de póstumos.

Por fin se publicó “La cordillera”, esa novela que Juan Rulfo siempre estaba a punto de acabar: ahora se entiende bien por qué no lo hizo, así como por qué abandonó la bebida.

En los bolsillos de cuatro chaquetas del poeta Claudio Rodríguez aparecieron dieciocho poemas escritos a lápiz: “Bisagras”, un relámpago que ilumina la oscuridad grisácea de la poesía actual. Indispensable también la recuperación de “Sujetos pasivos”, de Graham Greene: la historia de un doble agente y del mal que sólo son capaces de provocar las buenas personas.

Sorprendente, aunque no muy bien recibida por sus presuntos lectores (y menos por los padres de éstos), ha sido la aparición del desconocido cuento para niños de Juan Benet: “Mortajas de quita y pon”. El argumento, cuidadosamente oculto en una prosa de plomo, es ejemplarizante: Javi el protagonista, de ocho años, es atacado a mordiscos por su osito de peluche, que consigue arrancarle un dedo del pie.

Tras la gangrena, sufre la amputación del pie y se convierte en un precoz, impune y satisfecho delincuente sexual y homicida a intervalos regulares, lo que no impide que llegue a
ocupar un puesto de subsecretario en un ministerio, de acuerdo con los cánones del preceptivo final feliz, una vez sometido a la proverbial inteligencia irónica de Benet.

Memorias de alcoba de Javier Marías

“Tengo la polla en su boca o ella tiene su boca en ella, puesto que ha sido su boca la que ha venido a encontrarla”: frases como ésta de “Corazón tan blanco” hacían presentir en Marías un poderoso autor erótico. Las expectativas se han visto cumplidas con sus soberbias “Memorias de alcoba”, donde repasa sus múltiples, multitudinarias y plurilingües aventuras sexuales.

Escrita en el hipnótico español conjetural propio del autor, la obra se resiente de cierta lentitud en su arranque. Hasta la página 285 no sucede nada digno de mención, salvo un episodio de onanismo, que desencadena una hemorragia reflexiva. Las siguientes ocho páginas (las últimas), sin embargo, describen unos mil coitos en al menos tres posturas distintas. Un desgarrador testimonio de la sexualidad cosmopolita contemporánea.

Ya digo que el artículo no tiene desperdicio. A leerlo.

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Poco sentido, mucha sensibilidad

Amor
Toni Morrison

Toni Morrison - Amor

Valoración:

Este primer libro de 2008 me ha dado algún pequeño dolor de cabeza, pero no por el libro en sí, que está francamente bien, sino porque he estado dudando un buen rato entre darle un 3 o un 4, y al final, como buen cobarde, he tirado por el camino del medio y le he dado un 3,5. Incluso al principio, en la especie de prólogo que abre la novela, pensé que podía estar empezando una novela de 5. Porque desde luego el comienzo es magistral. Dice, por ejemplo, el personaje que narra esas primeras páginas:

“…es su manera de mostrarse en desacuerdo sobre cómo está resultando el siglo, un tiempo en el que se sabe todo y no se entiende nada.”

“Pero en los años sesenta llegó a ser un problema. Una nueva generación de mujeres se quejó de cómo el olor afectaba afectaba a sus vestidos, su apetito y su idea de la aventura romántica. Era más o menos la época en que el mundo decidió que el perfume es el único olor adecuado para el olfato.”

“Antes de que Up Beach se ahogara durante el azote de un huracán llamado Agnes, hubo una sequía sin nombre. [...] Dificultades, desempleo y huracanes siguieron a la sequía, la marisma se convirtió en una torta de barro tan seco que hasta los mosquitos se marcharon, y yo vi todo esto diciéndome que, sencillamente, así es la vida.”

Y, para dejar claras las cosas, repito que el nivel de la novela se mantiene en un altísimo nivel durante las 250 páginas que ocupa. El estilo es exquisito, y la autora escribe empleando un tono lírico contenido que nunca llega ni siquiera a hacerse notar, mucho menos a cansar o resultar empalagoso. Fluye de manera natural, y embellece todo lo que cuenta. Toni Morrison, además, escribe “en diagonal”, es decir, sin dar una continuidad evidente a las frases, a los diálogos, ni siquiera a toda la historia que nos quiere contar. Deja que seamos los lectores quienes rellenemos los huecos, quienes nos imaginemos lo que ella no nos cuenta. Y es ahí, precisamente, donde la novela se tambalea.

Porque la historia de “Amor” no es muy interesante, la verdad, y eso no sería un gran problema (repito que el estilo justifica por sí solo la lectura de esta novela) si la autora no se empeñara en complicarla demasiado con una narración demasiado inconexa. La frontera entre la escritura diagonal y el caos es bastante delgada, y Toni Morrison la ha adelgazado todavía más. Para mi gusto, se ha pasado de frenada. Llega un momento en el que parece que se esfuerza para que la trama, como digo no demasiado interesante, parezca un puzzle que en ningún momento justifica su complejidad. Es una simple historia de intrigas familiares baratas, herencias, y celos. Y no hay más que cinco personajes. Intentar hacer de eso una especie de thriller no funciona por ningún lado.

Así que, al final, la novela se cayó del 5 a las pocas páginas, y ni siquiera me ha convencido como para darle un 4 rotundo. El estilo, insisto, lo conseguiría de sobra. Pero la historia me ha resultado aburrida, y como Toni Morrison se empeña en darle tanto protagonismo, es imposible ignorarla. Morrison, por cierto, es una escritora que siempre retrata en sus obras a la sociedad negra de EEUU (huy, perdón, que no se puede decir negro… la sociedad afroamericana, entonces). Pero tampoco he visto yo en “Amor” una imagen desconocida, un mundo nuevo que yo no sabía que existiera. Si me dijeran que todos los personajes de la novela son blancos, me lo creería perfectamente, y de hecho la historia no cambiaría ni en una coma. Porque, como ya he dicho, y aunque resulte increíble, esta es una novela en la que la historia molesta. Debería ser un simple acompañamiento de fondo, un rumor de violines, y no la pesada trompeta que cada dos por tres quiere ser la protagonista de la orquesta. Una pena, porque desde luego da la impresión de que Toni Morrison podría escribir (y seguro que ya lo ha hecho) auténticas joyas. Otra vez será.

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Superfluidez y cosas raras

He aquí un vídeo bastante espectacular de las cosas que ocurren cuando un fluido se convierte en superfluido (no, no le sale capa, ni se saca los calzoncillos por encima del pantalón). En este vídeo de la BBC se muestran algunas propiedades del Helio cuando se enfría a temperaturas próximas al cero absoluto (aproximadamente -273º C). Por ejemplo, en ese estado de superfluidez, el Helio líquido es capaz de atravesar un cuerpo sólido (lo que también viene a demostrar visualmente que la materia no es tan compacta como nos creemos). Y, en un alarde propio de un equilibrista rumano, el Helio también desafía la Ley de la Gravedad y es capaz de moverse hacia arriba sin ninguna fuerza que lo empuje.

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Creencias populares (o sea, equivocadas)

En el ejemplar de Navidad del British Medical Journal no sacan a una tía buenísima en pelotas, como debería ser, sino que en lugar de eso publican un artículo en el que han seleccionado 7 creencias populares, de esas que pasan de padres a hijos y de madres a hijas y de padres a hijas y de madres a hijos (no nos dejemos ningún sexo no sea que nos llamen machistas o feministas o electricistas), y han intentado demostrarlas científicamente. Los resultados han sido los siguientes:

  1. No hay ninguna evidencia que demuestre que beber 8 vasos de agua al día (unos 2 litros) sea beneficioso para el cuerpo humano, ni para ningún otro cuerpo. No sólo eso, sino que hay evidencias clínicas que apuntan a que beber demasiada agua puede ser perjudicial. La cantidad de agua que nuestro cuerpo necesita se cubre con las bebidas que tomamos habitualmente (zumos, cafés, leche, agua en las comidas, etc.).
  2. No es cierto que sólo usemos el 10% de nuestro cerebro (bueno, quizás algunos individuos en concreto sí, y yo podría citar a varios consejeros delegados, pero el estudio se refiere a un ser humano normal). Se han estudiado pacientes con el cerebro dañado y se ha comprobado que cualquier área del cerebro dañada provoca algún tipo de disfunción. Los estudios con imágenes cerebrales dan los mismos resultados. O sea, que usamos todo el cerebro (insisto, no vale poner casos particulares).
  3. Las uñas y el pelo no siguen creciendo después de que una persona muere. El crecimiento de ambos elementos requiere un complicado proceso hormonal que se detiene cuando el individuo fallece. Lo que ocurre es que, como el cráneo y los huesos son más pequeños que el cuerpo completo (con piel, músculos, etc.), el pelo y las uñas parecen más largas cuando se ven en un cadáver.
  4. Leer con luz ténue no daña la vista.
  5. No hay ninguna evidencia que demuestre que haya que prohibir los móviles en los hospitales (y mucho menos fuera de ellos) porque pueden producir campos electromagnéticos perjudiciales.

Las otras 2 creencias no sé cuáles eran porque en el resumen de prensa no las han puesto (la revista es de pago, el que quiera que se la compre). En cualquier caso, una prueba más de aquello de “una necedad, aunque la repitan millones de bocas, no deja de ser una necedad“. Que se lo digan a Laocoonte. Lástima que el sistema político que tenemos en Occidente se base, justamente, en asumir que eso es mentira. Pero, también es justo reconocerlo, hasta la fecha no se ha inventado otro sistema mejor. Así que, vale, sigamos con él, pero solamente seamos un poco más prudentes. No nos creamos en posesión de la verdad simplemente porque haya sotocientos mil personas más que hayan votado lo mismo que nosotros. Hala, a reflexionar.

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