Archivos del Mes para February, 2008

Experimento altamente peligroso

Alles wieder offen
Einstürzende Neubaten

Einsturzende Neubauten - Alles wieder offen

Valoración:

La música alemana del último siglo, como todos los expertos con patillas se han cansado de repetir cienes y cienes de veces, ha vagado con desigual fortuna en el interior de un triángulo cuyos vértices establecieron por méritos propios Kraftwerk, Falco, y Modern Talking. Sí, sí, ya lo sé: para echarse a temblar, el triangulito. Sobre todo los últimos, que no sólo castigaron nuestros oídos en las largas noches discotequeras de los 80, sino que fundaron unos cánones estéticos en lo que a melena y hombreras se refiere que muchos germanos todavía siguen hoy con inusitado fervor, o al menos así lo demuestran cuando visitan las playas de nuestro levante geográfico. En efecto, la melena rubia escarolada sigue siendo un complemento imprescindible para acompañar esas pieles de un rojo-cangrejo que provoca dolor con solo mirarla.

Se entenderá que, dados los antecedentes, cualquier experimento en el interior de ese triángulo es por fuerza temerario. Ha habido casos espeluznantes, que han tenido que ser silenciados a la fuerza (ya se sabe cómo son los alemanes para estas cosas, no pasan ni una). Otros, que aunque peligrosos no llegan a poner en peligro la salud pública, salen a la luz en forma de disco con portada extrañísima. Y es en esta última categoría donde caen los Einstürzende Neubauten. Que vaya nombrecito, por cierto.

En este caso, el experimento ha consistido en tirar a Albert Pla dentro del triángulo y mirar a ver qué pasa. Nada bueno, eso desde luego. Pero tampoco nada especialmente dañino. Lo que ha salido al final son un puñado de canciones facilonas y repetitivas, con letras que supongo alcanzarán toda su riqueza semántica cuando las escuche alguien que entienda alemán, y con arreglos que parecen apañados por un chino sin papeles recién aterrizado en Düsseldorf. Ya digo, no es peligroso, pero no descarto que, escuchado durante el suficiente número de veces, provoque algún tipo de efecto secundario que la ciencia todavía no haya sido capaz de catalogar.

Así que esto es lo que hay. Como decía, y teniendo en cuenta lo temerario que resulta experimentar en el famoso triángulo musical alemán, la cosa no ha sido tan mala como se podría pensar. Para pasar un rato en el metro puede ser incluso una opción divertida. Eso sí: se agradece cuando el metro llega a su destino. Porque el alemán es un idioma muy respetable, como todos los idiomas, y como todas las cosas que no son idiomas, y como todas las cosas que no son cosas, o sea, como las personas y los animales, todos y todas muy respetables, a ver si va a venir alguien de un ministerio a multarme por no respetar algo o a alguien, que esto quede claro. Pero, digo, el alemán será un idioma muy respetable, pero escucharlo durante más de 5 minutos pone de mala leche. No sé. Llámame sensible.

PS: Sí, Falco es austríaco, pero ya sabéis lo que se dice de los austríacos, que son unos maestros del marketing porque han conseguido convencer a la humanidad de que Hitler era alemán y de que Beethoven era austríaco. Pues con Falco han hecho lo mismo.

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Aquest any sí

No, tranquilos, no voy a entrar en el rollo futbolero (pero no porque sea un rollo macabeo, sino porque el fútbol es una filosofía de vida en sí mismo, y por lo tanto merecería un blog dedicado en exclusiva a su estudio y análisis). Cuando digo “aquest any sí” (“este año sí”, para los que no tienen don de lenguas) quiero decir que este año, por fin, creo que podremos reverdecer laureles en el próximo festival de Eurovisión.

Para aquellos que no lo sepan (espero que no sean los mismos que los que no tenían don de lenguas, porque vaya penita) este año el sistema de selección de la canción que nos representará es especialmente gilipollas: por un lado, en MySpace los internautas con tiempo libre han ido votando las candidatas que les molaban cantiduvi, de modo que las 5 más votadas pasan a la final; por otro lado, un jurado de expertos (¿?) seleccionará también otras 5 tonadillas que, junto a las elegidas por el pueblo llano, irán a una megafinal superdecisiva en la hora cero que se celebrará en formato gala “Murcia, qué bonita eres”. El acontecimiento será el próximo sábado 8 de marzo en TVE1. Da miedo, ¿eh?

Total, que con la vocación de servicio público que siempre ha caracterizado a 1y1y1, aquí os pongo las 5 canciones que ha seleccionado el público después de semanas y semanas votando como perros. El plazo de votación terminó ayer, y aquí están recién sacados del túnel del tiempo los 5 elegidos para la gloria. Con cualquiera de ellos, barremos a Letonia del mapa. Insisto: aquest any sí.

1. “Baila el Chiqui Chiqui”, por Roberto Chiquilicuatre

2. “La revolución sexual”, por La Casa Azul

3. “Un olé”, por Arkaitz

4. “Todo está en tu mente”, por Coral

5. “Si pudiera”, por Bizarre

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Descafeinado y sin azúcar

La guerra de Charlie Wilson
(Charlie Wilson’s War) – 2007

La guerra de Charlie Wilson

Dirigida por Mike Nichols
Con Tom Hanks y Julia Roberts

Valoración:

Me pongo a ver esta película atraído por el reclamo del dúo protagonista y, para qué negarlo, por la lista de premios y candidaturas que acumula: 5 nominaciones a los Globos de Oro (incluidas la de Mejor Película, Mejor Actor Principal, Mejor Actor de Reparto, Mejor Actriz de Reparto, y Mejor Guionista), y 2 más de la Asociación de Críticos. Y hasta hace poco se rumoreaba que Tom Hanks y Julia Roberts podrían conseguir también la nominación a los Oscar… Para rematar, me entero después de que el guionista es Aaron Sorkin, maestro de las series de TV y autor en concreto de las geniales “El Ala Oeste de la Casa Blanca” y “Studio 60 on the Sunset Strip”.

El caso es que, me digo a mí mismo cuando me pongo a ver la peli, Tom Hanks y Julia Roberts deberían ser garantía de buen cine, aunque sólo sea porque ambos pueden elegir guiones entre toneladas de ellos, y ambos tienen la suficiente experiencia en Hollywood como para haber desarrollado un criterio casi infalible a la hora de valorar y seleccionar los mejores. ¿Cierto? No. En el caso de Julia Roberts me sorprende menos, porque ya me ha decepcionado otras veces, pero con Tom Hanks no había sufrido un patinazo de este nivel desde hace mucho tiempo. Tanto, que ya no recuerdo cuál había sido la última vez. Pero, mira tú por dónde, a partir de ahora sí podré acordarme de la última vez, porque esa última vez será, precisamente, esta “La guerra de Charlie Wilson”.

La película, en sus mejores momentos, no pasa de un simple pasatiempo. Y en sus peores momentos, se hace aburrida e inconexa. No es que la historia que cuenta sea muy compleja (aunque a mí las intrigas de Washington siempre me resultan inextricables), pero se cuenta todo con una superficialidad, con una ligereza, que hacen imposible que el espectador se meta dentro de la película en ningún momento. Las cosas van pasando, no se sabe muy bien por qué, y el interés se va perdiendo entre escena y escena, porque todo parece demasiado fácil, demasiado obvio para una trama que, se supone, narra una operación militar internacional del más alto nivel. No cuela.

Eso sí: la talla de Tom Hanks y Julia Roberts se pone, aquí más que nunca, de manifiesto. Porque con una pareja de actores más medianos, la película sería infumable. Con ellos, sin embargo, ya digo que hay momentos en los que se pasa bien el rato, y de hecho la película se sigue hasta el final sin ningún esfuerzo. Pero, al menos yo, me esperaba más. Una historia real, una trama de altos vuelos, dos actores de primera fila, un guionista brillante… Esto siempre pasa: cuanto más te esperas, más grande es la decepción. Por lo uno o por lo otro, desde luego yo me he llevado una de órdago con “La guerra de Charlie Wilson”. En fin, no digo más. Para los interesados, la película acaba de estrenarse en Estepaís.

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Mínima, sobria, perfecta

La teoría de las nubes
Stèphane Audeguy

Stèphane Audeguy - La teoría de las nubes

Valoración:

Los miles, o tal vez ya millones, de lectores de este blog me habrán escuchado decir en las contadas ocasiones en las que reparto generosamente 5 estrellas a un libro que las grandes obras, las novelas de verdad, son aquellas en las que uno aprende algo pero no sabe qué. Son novelas que no tratan de un tema concreto, porque los temas que realmente merece la pena tratar nunca son uno, y desde luego nunca son concretos. Las preguntas con una sola respuesta sólo existen cuando uno tiene 10 años. Y ni siquiera.

“La teoría de las nubes” cumple con ese requisito, necesario para optar a ser una gran novela, aunque por supuesto no suficiente. Porque además de eso está el estilo, el ritmo, las palabras, el sentido de la contención que tan pocos autores cultivan. Y, también en todo eso, “La teoría de las nubes” alcanza niveles extraordinarios, sobre todo si tenemos en cuenta que esta es la primera novela de su autor, el francés y profesor de Historia del Cine y del Arte Stèphane Audeguy.

Así pues, y dicho todo esto, se entenderá que la historia, la “trama”, sea irrelevante. Al igual que los personajes, si los tomamos de uno en uno. O, dicho de otra manera, no es posible contestar a la pregunta favorita de muchos lectores: ¿de qué trata esta novela? Como dije antes, las grandes novelas no “tratan” de una cosa, “tratan” de muchas, en ocasiones “tratan” de todo. Podría decirse, claro, que “La teoría de las nubes” trata de la historia del estudio de las nubes a lo largo de la Historia, y que la novela tiene un protagonista y varios personajes que le dan continuidad, pero decir eso sería quedarse en la parte más superficial, y probablemente más aburrida de la obra.

Pero sí, hay una trama: el multimillonario modisto japonés afincado en París, Akira Kumo, que durante años ha coleccionado todo tipo de materiales relacionados con el estudio de las nubes, contrata a la joven bibliotecaria Virginie Latour para que catalogue su extensa colección. Mientras lo hace, Kumo le va contando historias que añaden interés al trabajo de la joven, hasta que llegan a la biografía de Richard Abercrombie, uno de los primeros meteorólogos de la Historia que en el siglo XIX escribió un famoso tratado que lleva su nombre y que nadie ha podido ver puesto que su autor primero, y su hija después, se resistieron siempre a publicarlo. Ahora la hija, anciana ya, muere en Londres y Kumo envía a Latour para que intente comprar el tratado al hijo de ésta.

Contada así, la historia parece incluso emocionante. Casi detectivesca. Un misterioso tratado que nadie ha visto, un mecenas obsesionado con él, una joven bibliotecaria metida en un negocio de altos vuelos… Pero no. “La teoría de las nubes” no es en absoluto una novela de intriga. Ni el ritmo, ni el estilo, ni el objetivo del autor tienen nada que ver con crear un clima de misterio. Todo es mucho más frío. Y, al mismo tiempo, todo es mucho más apasionado. Las palabras nos cuentan una historia casi científica, pero lo que nos llega a medida que pasamos las páginas es algo que no tiene nada que ver con la Ciencia, ni con los hechos. Sentimos. Dudamos. Aprendemos. Aunque no sepamos muy bien qué.

Hacía mucho tiempo que no leía una novela tan buena. Una novela que no intenta impresionarnos, ni descubrirnos nada. Una novela que nos cuenta cosas pequeñas para que, al final, tengamos la sensación de haber leído algo muy grande. Da pena pasar la última página. Y, sin embargo, como siempre pasa con las buenas novelas, la última página es necesaria. Forma parte del aprendizaje. Como los altibajos (que los tiene). Como los pequeños excesos (que también los tiene). “La teoría de las nubes” es un susurro de perfección.

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Eclipse de Luna esta noche

Al habla el departamento de servicio público de 1y1y1. Esta noche (o sea, la noche del miércoles 20 al jueves 21), el gobierno ha decidido que tengamos un eclipse de Luna. Al parecer antes los eclipses eran espontáneos, pero los ecologistas, los pacifistas, los arreglistas y las modistas, consiguieron, en un nuevo avance de la civilización, que ahora los organice el gobierno previa publicación en el BOE. Se rumorea que dentro de poco los privatizarán, y para verlos habrá que estar abonado a Movistar y enviar un mensaje con el texto “politono eclipse” al 5505.

Total, que el evento empieza a la 1 de la noche, y llegará al momento culminante (el eclipse total) alrededor de las 4. A ver si no hay nubes. En cualquier caso, aunque las hubiera, se podrá ver a través de Internet porque lo retransmite el Observatorio Astronómico de la Universidad Complutense de Madrid. Esta opción también está disponible para los vagos, frioleros, y público en general, aunque la noche esté despejada. Pongo aquí un gráfico para los despistados, y una foto de un acontecimiento similar (el eclipse del 3 de marzo del año pasado).

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Jugar al póquer y ganar

Djin Djin
Angelique Kidjo

Angelique Kidjo - Djin Djin

Valoración:

Ya lo decía el sabio popular: me encanta jugar al póquer y perder. ¿Y ganar? ¡Buah, ganar debe de ser la leche! Pues eso mismo he pensado yo después de escuchar este disco de Angelique Kidjo. Me he dicho: me encanta escuchar música africana. ¿Y tocarla?, me he preguntado a mí mismo, ahondando en mi propia reflexión, desafiándome. Tocarla, me he respondido, ¡tocarla, debe de ser la leche!

Eso, la imposibilidad de unirse virtualmente a los músicos y tocar con ellos, es en realidad el único pero que uno puede ponerle a “Djin Djin” (que, probablemente, en yoruba signifique “los materiales son muy viciosos”, pero que dicho así, “Djin Djin”, suena a gloria bendita). Y mira tú, de alguna manera este simple a la par que gastadísimo chascarrillo, resume el secreto del éxito de la música africana. De la música africana buena, quiero decir, porque la mala es mala y punto. El secreto, digo, está en la alegría. Más que eso: está en la pureza. Hay algo en la voz de Angelique Kidjo, y en el sonido de los instrumentos, y en los coros, que sabe a profundidad descubierta. Tal vez sean los mismos instrumentos y los mismos coros que otras veces acompañarán a, pongo por caso, Eros Ramazzotti, pero desde luego con la música de Angelique Kidjo parecen sacados de una gota de agua fresca.

El disco, además, está lleno de colaboraciones de primera división: Peter Gabriel, Joss Stone, Alicia Keys, Carlos Santana… suma y sigue. No es que Kidjo necesite ayuda (en algunas canciones, incluso, la presencia del invitado no mejora precisamente el resultado final), pero a nadie le amarga un dulce. Para mi gusto, la única pieza que desentona y que queda incluso un pelín ridícula es la versión del Bolero de Ravel. No la veo. No sé si en África esto será algo novedoso, pero desde luego aquí ya está un poco trilladito, y la versión de Kidjo no aporta nada nuevo, ni tampoco viejo. Lo dicho: sobra.

Pero, dejando a un lado ese pequeño lunar, “Djin Djin” nos ofrece 12 canciones extraordinarias, que se salen del sota-caballo-rey que escuchamos una y otra vez en la radio, e interpretadas además por una voz privilegiada que siente la música que canta y que sabe transmitir ese sentimiento a quien la escucha. La fórmula ideal, vamos. Para quien guste de la música africana, este es un disco imprescindible. Y para quien no la frecuente mucho, esta es una magnífica ocasión para empezar a aficionarse. Ay, qué disco más completito. Me lo quitan de las manos.

Entrevista a Angelique Kidjo con varias canciones de “Djin, Djin” sonando durante el vídeo

El vídeo de “Gimme shelter” con Joss Stone

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Ocasión de oro, resultado de lata

El fuego de la venganza
(Man On Fire) – 2004

El fuego de la venganza

Dirigida por Tony Scott
Con Denzel Washington, Dakota Fanning, y Christopher Walken

Valoración:

Creo que ya escribí aquí hace algún tiempo que coincido plenamente con Woody Allen cuando dice que el sexo con amor es sin duda la mejor cosa del mundo, pero que el sexo sin amor es la segunda mejor, y a muy poca distancia de la primera. A esa sabia máxima añadí yo que, si tuviera que poner algo en tercer lugar, pondría probablemente la música. Y digo ahora que, para seguir completando esa interesante lista, la cuarta posición la ocuparía bajo mi punto de vista la venganza.

Soy vengativo, sí, es cierto. Igual que Antonio Molina era minero. Y el hecho de que la venganza me parezca algo tan placentero es consecuencia, precisamente, de mi carácter pacífico: como nunca soy el primero en dar un puñetazo, tengo que esperar a que otro me lo pegue a mí para poder sacudir un poco. La venganza es el camino que mantiene mi karma equilibrado. Y, una vez hecha esta inútil reflexión, vayamos a donde teníamos que ir. O sea, a la película.

“El fuego de la venganza” podría haber sido una de mis películas de culto. Sale Denzel Washington, que es uno de mis actores favoritos, sale también Christopher Walken, a quien venero desde su actuación en El cazador, y la historia apenas se entretiene media horita para meternos después de lleno en una venganza que promete ser apocalíptica. De las buenas buenas. Tiros a tutiplén, y nada de mariconadas o metrosexualidades: no se le perdona la vida a nadie, aquí pringan todos los que han cometido la osadía de secuestrar y matar a la niña que el bueno de Denzel tenía que proteger. “Se van a cagar”, pensé yo al ver la que estaba preparando el tío después de recuperarse de la balacera.

Así que cuando vi que la película se metía, de repente, en una estética que rozaba el videoclip, me extrañé un poco, pero lo achaqué a que estábamos en una fase de la historia en la que el protagonista estaba confuso, con sueños, recuerdos, alucionaciones… Pero cuando por fin el tipo se centra y empieza a pasarse por la piedra a todos los sicarios que tiene en su lista, la cosa no sólo no se aclara sino que se vuelve cada vez más onírica. El director se abraza a un pseudo-lirismo musical y visual, y transmite al respetable una empanada mental que no encaja para nada con una historia dura y cruel. Que no, hombre, que no. Que esto no es un vídeo de Bustamante, que es la venganza de un ex mercenario herido en su diodeno espiritual, que esto tiene que rezumar mala leche y ritmo trepidante hasta que los espectadores pidamos clemencia…

Pero nada de nada. Todo se queda en un conato. Y para los puristas de la venganza, como yo, esa falta de rigor se convierte en una afrenta, que a su vez requiere venganza. Así que no descarto ir a Hollywood y morderle el peroné a ese tal Tony Scott, que supongo que ahora se dedicará a diseñar coreografías para Locomía. Flojo, que eres un flojo. Si no sabes meterte en una venganza, no te metas, y dejánoslo a los profesionales. Menos mal que nos queda Bruce Willis. A ese lo dejan dos minutos con Tony Scott, y hay que llamar a los GEO. Y ni así. Aficionados…

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Acelera, virtuoso

Pues sí, ya se sabe que últimamente todos vamos con prisa, como si tuviéramos cosas importantes que hacer. Es lo que tiene creerse que uno va a vivir 1000 años. Ya te contará Josafat para qué te ha servido ir a toda pastilla por la vida, no te lo voy a contar yo ahora, que me entra la tos… Es más: yo voy incluso a colaborar a que todos podamos ir un poco más zumbados. Debo aclarar, no obstante, que el descubrimiento no es mío, sino de una amable lectora de este blog que responde al nombre de Asun, y que me consta que también alucina con estas velocidades que nos llevamos.

Los gringos, que se creen todavía más importantes que los demás, y que por lo tanto necesitan ir más rápido para hacerse los guays, han montado un sitio en el que te explican cómo hacer cosas cotidianas a mucha más velocidad. Incluso te calculan el tiempo que te ahorrarías a lo largo de la vida si siempre utilizaras sus métodos. Ejemplo: pelar huevos como indica el vídeo de abajo nos ahorraría cada vez unos valiosos segundos que, sumados, harían un total de ¡4 días! Si también aplicamos su método a las patatas, conseguiríamos otros 3 días más. Y 4 más si nos atamos los cordones siguiendo sus indicaciones.

Y la estrella del circo, especial para padres atrapados: un método para calmar el llanto de un bebé, que nos ahorrará ¡¡¡3 semanas de nuestra vida!!! Vamos, que entre unos días aquí y otros allá, si aplicamos todos los trucos nos salen un par de meses de vacaciones extra. Pirata total.

Aquí van algunos ejemplos. La colección completa está en waitless.org, la web que ha montado la empresa de telefonía gringa Sprint. Como se trata de ahorrar tiempo, cada vídeo no dura más de 30 segundos.

Pelar huevos a toda castaña

Atarse los cordones como Superman

Pelar patatas a la velocidad de la luz

Hacer que un bebé deje de llorar en un plis

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El padrinski

Promesas del Este
(Eastern Promises) – 2007

Promesas del Este

Dirigida por David Cronenberg
Con Viggo Mortensen, Naomi Watts y Armin Mueller-Stahl

Valoración:

En los últimos diez años, los rusos han pasado de aterrorizar al mundo occidental con sus misiles a aterrorizarlo con sus facas toledanas. Para que luego hablen del progreso, de las maravillas de la tecnología, y de todas esas mandangas. Es más, si me apuras, casi diría que las facas dan más miedito, porque son más reales, más de verdad… a fin de cuentas, ¿quién ha visto alguna vez un SS-18? Pues eso.

Yo creo que el tema está claro, pero si alguien todavía alberga alguna duda sobre la contundencia de mis argumentos, que vea “Promesas del Este”. Y si después de verla no sale corriendo en cuanto vea a un ruso trinchando un entrecot, me retractaré públicamente y me daré de baja del Ateneo. Las probabilidades de que eso pase, no obstante, son prácticamente nulas, y no lo digo porque yo no sea socio del Ateneo, que también, sino porque después de ver cómo Viggo Mortensen y sus colegas gestionan sus negocios, no me creo que nadie pueda volver a salir a la calle tan pancho. La mafia italiana de EEUU queda a la altura del betún ante los métodos primarios pero expeditivos que emplean los ex soviéticos, aunque en honor a la verdad hay que decir que algunas de sus técnicas de gestión parecen inspiradas por otros maestros de la extorsión como Vito Corleone.

De la misma manera, también es cierto que algunos elementos de “Promesas del Este” recuerdan de manera sospechosa a sus equivalentes en la saga de El padrino. El personaje de Semyon, por ejemplo, tiene muchos rasgos que parecen inspirados en el gran Corleone (esa serenidad a prueba de bombas, esa meticulosidad para las tareas más simples, esa devoción hacia su propia sangre y en particular hacia sus hijos…). Igualmente, el primogénito de Semyon (Kirill) guarda un profundo parecido con Santino “Sonny” Corleone, el hijo mayor de Don Vito: los dos son de gatillo fácil y de cerebro blando. Y, finalmente, el personaje de Viggo Mortensen comparte muchas peculiaridades con el que Robert Duvall interpretaba en “El Padrino”, aquel Tom Hagen que, viniendo de fuera de la familia, termina por llegar más alto que el propio Sonny. Y es que, en general, el ambiente que se respira en casa de los mafiosos rusos en Londres y los asuntos que se tratan, recuerdan con frecuencia a los tejemanejes que despachaban los Corleone en Nueva York.

Pero, incluso con tantas cosas “inspiradas” por la magistral saga, hay que reconocer que “Promesas del Este” es una película que tiene su propia personalidad. Para empezar, Viggo Mortensen está cumbre. Mira que yo nunca he sido un gran admirador de este pollo, pero tengo que reconocer que en esta película borda el papel que le ponen. Da un miedo que ya le gustaría a muchos zombies. La trama, por su parte, está bien construida y mantiene el interés, aunque parta de un presupuesto bastante trillado (una ciudadana de a pie que, por pura casualidad, se mete de lleno y sin saberlo en los asuntos de unos criminales de alto nivel, lo que sirve al director para mantenernos siempre con un pie dentro de la mafia, y con otro fuera, en el mundo de la gente normal). Pero, como digo, la anécdota inicial se desarrolla bien, y la película resulta emocionante durante toda su duración.

En resumen, “Promesas del Este” es una película entretenida, que no pasará a la Historia del Cine ni por la originalidad de su historia, ni por su tratamiento, ni tampoco por sus personajes (no sé si algún listillo verá un plano contrapicado magistral que tal vez sí quede para la posteridad), pero todos esos elementos están tratados con solvencia y, lo más importante, bien combinados. Aderazados con un navajazo aquí, un degollamiento allá, y un descuartizamiento acullá, el resultado final es más que aceptable. Le sobran un par de cosas, para mi gusto, pero al menos no le falta ninguna. La “sorpresa” del personaje de Viggo Mortensen es una de las primeras; la sangre, una de las segundas. Lo que me lleva a mi última recomendación: no ver esta película comiendo palomitas, ni mucho menos un chorizo poco curado. Quedáis avisados.

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Champagne y gaseosa

Il Vuoto
Franco Battiato

Franco Battiato - Il Vuoto

Valoración:

El tiempo ha pasado desde que Franco Battiato publicara aquel “Centro di gravità permanente” allá por 1981. Abrumado por el éxito, Franco se cambió de nombre y de profesión, y se hizo futbolista. Haciéndose llamar Chiqui Beguiristáin, conquistó ligas, copas y una copa de Europa para el Barcelona. Buscando nuevamente el anonimato, se retiró del fútbol y se dedicó a tocarse las narices (actividad esta que, en su caso, da para mucho). Pero está claro que el sino de este hombre es no pasar desapercibido, y hace 4 años se convirtió en director deportivo del Barça y la fama volvió a tocar a su puerta. Y ahí ha estado hasta ahora, cuando ya se ha hartado de todo (sobre todo de que los jugadores se toquen otra cosa que no son las narices) y ha decidido volver a hacer música.

Todo lo anterior, por supuesto, es falso, pero bien podría ser verdad. Porque Battiato es un tipo al que no le gusta lo convencional. Lleva 40 años dedicado a la música, y sin embargo siempre parece un recién llegado. Experimentando llegó en su día “Centro di gravità permanente”, que supuso una revolución y un pelotazo a principios de los 80, y experimentando nos han ido llegando los más de 50 discos que ya acumula este excéntrico italiano que a sus 63 años podría darle clases de modernidad a muchos de los jóvenes superespeciales que se aferran al pop de toda la vida creyéndose que descubren algo.

En “Il vuoto”, Battiato sigue fiel a su intrépido estilo de explorador musical. Experimenta con gaseosa, como un prudente científico, pero de vez en cuando le sale el punto rebelde y saca el champagne, a ver qué pasa. Y pasa de todo, claro, porque experimentar es arriesgado y uno nunca puede garantizar el resultado. A veces el champagne se agria, se queda sin gas, y uno se lo bebe por aquello de que hay que probarlo todo. Pero otras veces Battiato reinventa las burbujas, el paladar seco, la elegancia líquida, y nos sirve piezas preciosas que nos hacen flotar y nos acarician los oídos hasta conseguir apartarnos de este mundo imperfecto y meternos en una nube musical que nos mantiene esperanzados. Si el precio que hay que pagar para poder beberse algunas copas de ese champagne es meterse algún que otro lingotazo de gaseosa, el trato me parece una ganga.

Como muestra, un botón: aquí os dejo un vídeo de “Niente è come sembra” (una de las canciones de “Il vuoto”) sobre imágenes de M.C. Escher. Y, para los nostálgicos, justo debajo también he colgado el vídeo de “Centro di gravità permanente”. Los 80 fueron muy traicioneros, y desde luego la gomina y las camisetas sin mangas hicieron mucho daño, pero por alguna extraña razón a todos los que los vivimos nos gusta recordarlos. Tal vez porque, como dice Battiato, niente è reale.

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