Alles wieder offen
Einstürzende Neubaten

Valoración:
La música alemana del último siglo, como todos los expertos con patillas se han cansado de repetir cienes y cienes de veces, ha vagado con desigual fortuna en el interior de un triángulo cuyos vértices establecieron por méritos propios Kraftwerk, Falco, y Modern Talking. Sí, sí, ya lo sé: para echarse a temblar, el triangulito. Sobre todo los últimos, que no sólo castigaron nuestros oídos en las largas noches discotequeras de los 80, sino que fundaron unos cánones estéticos en lo que a melena y hombreras se refiere que muchos germanos todavía siguen hoy con inusitado fervor, o al menos así lo demuestran cuando visitan las playas de nuestro levante geográfico. En efecto, la melena rubia escarolada sigue siendo un complemento imprescindible para acompañar esas pieles de un rojo-cangrejo que provoca dolor con solo mirarla.
Se entenderá que, dados los antecedentes, cualquier experimento en el interior de ese triángulo es por fuerza temerario. Ha habido casos espeluznantes, que han tenido que ser silenciados a la fuerza (ya se sabe cómo son los alemanes para estas cosas, no pasan ni una). Otros, que aunque peligrosos no llegan a poner en peligro la salud pública, salen a la luz en forma de disco con portada extrañísima. Y es en esta última categoría donde caen los Einstürzende Neubauten. Que vaya nombrecito, por cierto.
En este caso, el experimento ha consistido en tirar a Albert Pla dentro del triángulo y mirar a ver qué pasa. Nada bueno, eso desde luego. Pero tampoco nada especialmente dañino. Lo que ha salido al final son un puñado de canciones facilonas y repetitivas, con letras que supongo alcanzarán toda su riqueza semántica cuando las escuche alguien que entienda alemán, y con arreglos que parecen apañados por un chino sin papeles recién aterrizado en Düsseldorf. Ya digo, no es peligroso, pero no descarto que, escuchado durante el suficiente número de veces, provoque algún tipo de efecto secundario que la ciencia todavía no haya sido capaz de catalogar.
Así que esto es lo que hay. Como decía, y teniendo en cuenta lo temerario que resulta experimentar en el famoso triángulo musical alemán, la cosa no ha sido tan mala como se podría pensar. Para pasar un rato en el metro puede ser incluso una opción divertida. Eso sí: se agradece cuando el metro llega a su destino. Porque el alemán es un idioma muy respetable, como todos los idiomas, y como todas las cosas que no son idiomas, y como todas las cosas que no son cosas, o sea, como las personas y los animales, todos y todas muy respetables, a ver si va a venir alguien de un ministerio a multarme por no respetar algo o a alguien, que esto quede claro. Pero, digo, el alemán será un idioma muy respetable, pero escucharlo durante más de 5 minutos pone de mala leche. No sé. Llámame sensible.
PS: Sí, Falco es austríaco, pero ya sabéis lo que se dice de los austríacos, que son unos maestros del marketing porque han conseguido convencer a la humanidad de que Hitler era alemán y de que Beethoven era austríaco. Pues con Falco han hecho lo mismo.





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