Archivos del Mes para February, 2008Pag 2 de 2

Un poco de sal gorda

Hoy voy a darle una alegría al sector garrafón del blog, al cual, por cierto, también lidero, y voy a publicar uno de esos artículos jachondos e intemporales, que han servido para llevar a la fama a cienes y cienes de humoristas a lo largo de la Historia. En efecto, aquí va uno de esos chascarrillos del tipo “hay que ver cómo son los hombres” o, como en este caso, “las tías son la leche”.

No me enrollo más, porque el sector garrafón se pone nervioso si ve más de 5 líneas de texto. Así que aquí van las fotos: imágenes reales que demuestran la completa falsedad del mito que dice que una mujer y un vehículo son una mezcla más peligrosa que Ronaldinho y un after-hours. Es difícil decidirse pero para mi gusto, la mejor, la última.

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Larga, intrascendente, y leeeeeeenta

Expiación
(Atonement) – 2007

Atonement

Dirigida por Joe Wright
Con Keira Knightley, James McAvoy y Saoirse Ronan

Valoración:

Antes de que alguien diga algo, ya lo digo yo: que sí, que “Expiación” tiene 7 nominaciones a los Oscar, y 2 Globos de Oro, y un montón de premios y reconocimientos más de gente que sabe un montón de esto. Así que admitiré directamente que soy un gañán en cuestiones cinematográficas, y así ya nos quitamos ese trámite del medio.

Y ahora, reconocida mi incapacidad para valorar obras de arte, diré que a mí “Expiación” me ha parecido una tostada insoportable. Dos horas de película para contar una historia que no sólo ya nos han contado mil veces, sino que además aquí aparece tan estereotipada que hay que esforzarse para emplear más de cinco minutos en desarrollarla.

Demostración: una joven inglesa de buena familia está locamente enamorada de un mozo que trabaja en su finca (qué original), y él la corresponde (sólo había dos opciones). Pero la hermana menor de la joven también cree estar enamorada del mismo mozo (¡brillante!), a pesar de que es sólo una niña, y cuando descubre que ambos están liados, se inventa una historia para vengarse del mozo de modo que éste termina en la cárcel (algo nunca visto en la Historia de la Literatura). Cuando estalla la II Guerra Mundial, el mozo es enrolado en el ejército a cambio de su libertad, y muere en combate. Pero la hermana pequeña, ya adulta y sintiéndose culpable, se hace escritora y escribe una novela en la que el joven regresa sano y salvo, se reencuentra con su hermana, y ambos viven felices para siempre (metaficción, qué original nuevamente). Fin.

Sí, ya sé, estoy siendo tramposo, porque el argumento de cualquier película se podría resumir en 5 líneas. Pero es que yo NO estoy resumiendo el argumento de “Expiación”: ese es el argumento completo. No hay nada más. Y de hecho, si no fuera porque el director nos obsequia con una buena colección de escenas lentas y pretenciosas en las que los actores simplemente andan, o se sientan, o miran por la ventana, la película duraría quince minutos. Y, por cierto, todos seríamos más felices.

Para intentar hacerse el interesante, y tomando al espectador por un niño de 10 años al que le gusta resolver puzzles de cinco piezas, el director además monta la película de una manera no secuencial, mostrándonos escenas del “futuro” en momentos del “pasado”, o repitiendo escenas desde distintos puntos de vista, para que nos creamos que somos muy listos cuando nos damos cuenta del truco y conseguimos ordenar la historia en nuestra cabeza. Lástima que, como digo, el problema sea tan sencillo de resolver que un periquito drogado podría hacerlo en medio minuto con los ojos tapados. Ahora, que el que quiera sentirse listo con estas cosas, allá él.

Así que eso es lo que hay: una historia llena de topicazos, una especie de “El Conde de Montecristo” pero muchísimo más simple, muchísimo peor desarrollada, y con personajes muchísimo menos interesantes. Si no fuera porque aparece la grandiosa Keira Knightley (que, por cierto, está arrebatadora cuando sale de un estanque con la cara lavada y sin maquillaje), no le daba ni una estrellita. Lo que me fastidia no es que no me haya gustado la película, porque a fin de cuentas sobre gustos no hay nada escrito. Lo que realmente me fastidia es que me tomen el pelo. Y este tal Joe Wright me ha arrancado unos cuantos mechones. Que lo detengan.

PS: Casualidades de la vida, esta noche en Radio 1 de RNE el crítico de cine ha criticado precisamente “Expiación”. Y la ha puesto a caldo (recomendaba a los oyentes que no perdieran “ni el dinero, ni el tiempo, ni la paciencia” viendo esta película). Así que cuidadín conmigo, que tengo un nivel.

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Folletín con ínfulas

El atentado
Yasmina Khadra

Yasmina Khadra - El atentado

Valoración:

Hace unos días, leí un articulo donde Ken Follet daba una especie de “lista de ingredientes” que todo best seller debe tener (y, desde luego, Follet debe de conocer muy bien la receta). Entre esos ingredientes estaban los siguientes:

La peripecia va por delante. Lo demás se va incorporando en función de las necesidades. Algunos autores empiezan por los personajes [...] pero la mayoría de los escritores populares funcionamos al revés: pensamos en una historia, una idea, y luego pensamos en qué ha sucedido antes y después y quiénes son estas personas, lo que quieren y desean, y así crece la historia.

No se le debe permitir al lector ni un momento de respiro. Conforme [los personajes] resuelven un problema surge otro, y eso hace que los lectores pasen página.

Yasmina Khadra escribió “El atentado” mucho antes de que Follet escribiera esa lista, pero desde luego ella (que en realidad es él) también tenía claro cuáles eran los elementos de un best seller. Pero, una vez más, se demuestra que las fórmulas magistrales no garantizan el resultado final. Sigue habiendo algo (llámalo talento, llámalo intuición, llámalo Lorenzo) que es imposible recoger en ninguna lista, y que sólo depende de la cantidad, calidad, orden, y conexionado de las neuronas del autor. Llámalo equis.

Porque todo lo que Follet menciona en su lista como un punto positivo de un best seller (y en los suyos queda claro que, efectivamente, son elementos favorables), en “El atentado” se convierten en problemones del quince. Ejemplo: el hecho de que “la peripecia vaya por delante de los personajes” suele ser algo bueno en este tipo de novelas; pero Yasmina Khadra no renuncia a hacer pinitos psicológicos de medio pelo que lastran la acción y se convierten en un auténtico peñazo, sobre todo porque son terriblemente simples y, además, nos los repite veinte veces para dejarnos claro que los personajes son supercomplicados. Para nada.

Decidí comprarme este libro después de leer una crítica en “El Cultural” en la que Rafael Narbona decía, entre otras cosas, que Yasmina Khadra cuenta con las alabanzas del maestro Coetzee. También decía que Yasmina Khadra es, en realidad, un hombre (un ex comandante del ejército argelino) que empezó escribiendo con seudónimo por obvias razones de seguridad. La cosa está muy malita para un autor que, viviendo en un entorno musulmán, se cuestiona temas como el conflicto Israel-Palestina. Mal rollo.

Y, efectivamente, ese conflicto es el tema de fondo (y de superficie) en “El atentado”. A raíz de un atentado suicida en Tel Aviv, un cirujano árabe nacionalizado israelí entra en el mundo subterráneo del terrorismo y la realidad bélica que domina buena parte de su país y de la que él, desde su acomodada posición, se había mantenido al margen hasta ese momento. Y es precisamente esta cuestión de fondo la que le da un cierto interés a la obra. No es que el autor nos aporte una visión especialmente original (desde luego no aporta mucho más de lo que aportaría cualquier artículo sobre el tema en un dominical), pero al menos huye del maniqueísmo e intenta ofrecernos argumentos sólidos desde todos los puntos de vista. El intento es loable, aunque el resultado no termina de convencer, como decía antes, por intentar mantener todos los platillos girando: la trama, los personajes, la reflexión, la descripción del conflicto. Demasiadas cosas, que Yasmina Khadra no consigue mantener en equilibrio ni veinte páginas.

Para rematar el cuadro, el estilo es más hortera que el chaleco de Tony Manero. Hay momentos en los que uno siente auténtica vergüenza ajena. El abuso de figuras retóricas es tal, que invita al lector a cuestionarse si el Tribunal Constitucional no debería actuar de oficio. Podría poner cientos de ejemplos de metáforas exageradas, de descripciones cursis (solo las puestas de sol merecerían un capítulo aparte), de hipérboles desmesuradas (incluso siendo hipérboles), pero para muestra un botón: cuando el protagonista llega a Yenín, una ciudad en el centro del conflicto árabe-israelí, describe así su primera impresión del lugar.

En Yenín parece que la razón se ha roto los dientes y se niega a ponerse una prótesis que le devuelva la sonrisa.

Pues como esta, ochocientas más.

Con todo lo dicho, queda claro que la novela no tarda mucho tiempo en hacerse un poco repelente. Uno casi le coge manía al protagonista, que con frecuencia se pierde en reflexiones obvias y repetitivas. La trama, aunque intenta mantenerse siempre viva (siguiendo el consejo de Ken Follet), tiene importantes altibajos. Algunas veces realmente vemos al protagonista en peligro y queremos saber qué le pasa. Otras veces prevemos qué le va a pasar con muchas páginas de antelación.

Y para terminar… llegamos al final. Un final que mantiene los mismos errores que el resto de la novela: pretenciosidad filosófica, horterez formal, y trama poco armada. A la vista de esto, me arrepiento de no haber seguido mi regla de oro y haber mandado a la porra esta novela en la página 50. Seguí hasta el final animado por la referencia a Coetzee que había visto en la crítica de “El Cultural”. Pero no hay mal que por bien no venga. Gracias a haber leído completa “El atentado” he aprendido 3 cosas:

  1. Que mi regla de oro debería ser de platino, y que no debo volver a saltármela porque el tiempo no está para perderlo.
  2. Que, como ya digo el gran Chiquito, una mala tarde la tiene cualquiera, incluso un genio como Coetzee.
  3. Y que, desde luego, Rafael Narbona y yo tenemos gustos literarios muy distintos.

Pues eso. De todo se aprende. Hasta de este folletín.

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