Monthly Archive for marzo, 2008

Master en dirección de empresas

American gangster
(American Gangster) – 2007

American gangster

Dirigida por Ridely Scott
Con Denzel Washington y Russell Crowe

Valoración:

La revista “Patans of the World” y otras prestigiosas revistas de negocios ya han dicho miles de veces que todo aquel novato que quiera hacer carrera en el apasionante mundo de la empresa hará bien en ver El Padrino un mínimo de 10 veces, y un máximo de 20, porque todo tiene un límite. En efecto, Vito Corleone estableció en poco más de 2 horas lo que podría llamarse la Guía de Buenas Prácticas del consejero delegado de hoy. Muchos la han seguido y ahí están, capitaneando las corporaciones más punteras de nuestro país, y también de otros, porque los principios de Don Vito no sólo son magistrales sino también planetarios.

Pero hete aquí que la competencia es feroz. Hoy todo el mundo conoce el ABC del gran Corleone (no confundir con el otro ABC), y eso ya no es suficiente para triunfar en el proceloso mar de las OPAs y las juntas de accionistas. Sólo los más duros sobreviven en ese mundo, y por eso es preciso buscar nuevas herramientas que permitan aniquilar al adversario sin dejar huellas que puedan usar después los federales. Que ya se sabe cómo son, unos flojos con chapa.

En este dificilísimo contexto, llega como un soplo de aire fresco “American gangster”. Esta película es el máster que completa el aprendizaje básico que ya adquirimos en “El Padrino”, puesto que nos ofrece valiosas lecciones en campos tan diversos como el marketing, las técnicas de trial, modelos de distribución a gran escala, el valor de la Marca, organizaciones dinámicas, la revolución del hard discount, etc., y todo ello convenientemente ilustrado con un producto de rabiosa actualidad: el jaco. La farlopa. La dama blanca. El caballo (no confundir con “Monedero falso“, que este fin de semana hizo podium en la quinta carrera de La Zarzuela).

Pues sí. “American gangster” nos cuenta, de principio a fin, cómo se monta un imperio delictivo basado en el tráfico de drogas, y además no escatima detalles de lo más anatómico-forense para contárnoslo. El protagonista “malo” (Denzel Washington) empieza la película siendo el chófer de un mafioso de cierto pelo, aunque sin llegar al nivel de los grandes, y termina la película… bueno no voy a contar el final-final, pero sí diré que a lo largo de la película llega a convertirse en el traficante de drogas más poderoso de la costa Este de EEUU en los años 70. No está mal. Por otra parte, está el protagonista “bueno” (Russell Crowe) que también empieza siendo un poli de barrio y termina convertido en un superpoli cinco estrellas, fiscal de lujo, y finalmente abogado de postín. Otro carrerón, vamos.

La película, pues, no viene a plantear un tema nuevo. No nos habla de las injusticias contra los zurdos en Burundi. No nos descubre crueles redes de trata de canguros en Nepal. “American gangster” nos habla de algo que ya conocemos de sobra (a través de otras películas). Nos habla de grandes mafias y de policías honrados que se enfrentan al mundo para desmontarlas. Nos habla de ambición y miseria, de integridad y honor, de principios. Porque, como todos sabemos ya, los “malos” también tienen principios. Y no son tontos, desde luego.

De ese modo, con “American gangster” se pasa el rato muy bien. Es una historia conocida, con personajes que nos resultan familiares, y aunque, precisamente por eso no pasará a la Historia, también precisamente por eso nos ofrece un entretenimiento rápido y sin complicaciones. Nos sentimos a gusto en esas historias. Las conocemos. Es como jugar en casa.

Sólo tengo un par de “peros”: primero, la duración. La joyita dura más de 2 horas y media, y la verdad, la historia (por lo que ya he dicho antes) no da para tanto. Sólo la saga de La jungla de cristal, por su complejidad temática y sus personajes multidimensionales, podría justificar una duración tan desproporcionada. “American gangster” se hace un poquito larga. Y el segundo “pero” tiene que ver con el excesivo uso de la elipsis. Una cosa es dejar huecos en la trama para que el espectador se sienta inteligente y superespecial rellenándolos, y otra cosa es dejar tantos huecos que el espectador cree estar viendo un vídeo musical en algunos momentos. Hay escenas tan picaditas que se podría hacer un sofrito con ellas. Pero, ya digo, dejando a un lado esos pequeños detalles, la película entretiene. Y yo a una película le pido, sobre todo (o casi exclusivamente), eso: que me resetee el cerebro un par de horitas. Objetivo cumplido.

El trailer

Viaje en el tiempo para no volver

Back to black
Amy Winehouse

Amy Winehouse - Back to black

Valoración:

Año: 1983. Lugar: El Corte Inglés de Zaragoza. Allí estamos al gran Caruso y yo, dando vueltas por la sección de discos, cuando los discos eran una cosa negra de plástico que a partir de la segunda escucha sonaba con una fritanga de pescado de fondo, lo que nunca fue óbice para que las discográficas (las mismas que ahora se quejan de que Internet las está destrozando) cobraran cada LP a precio de jamón de jabugo. Menos mal que, al ser yo de pueblo, el suministro de jamón lo tenía garantizado, y por lo tanto me podía gastar el dinero en discos. Para los más jóvenes, aclararé que en aquella época decir que te comprabas “bastantes discos” quería decir que te comprabas 1 al año. Y luego, por supuesto, te grababas en cassette los discos de tus amigos, y el gobierno no te multaba por ello.

Total, que allí estamos Caruso y yo, y en estas que yo veo en una de las estanterías un disco que tiene en la portada la foto de un negrata hortera de bolera, con el pelo medio cardado y con gomina, y una combinación de traje blanco y camisa negra brillante que, debo reconocerlo, me pareció molona, porque ya he dicho muchas veces que los 80 hicieron mucho daño al gusto estético de Occidente. Viendo el disco, le digo yo a Caruso: “este tío ha tenido la suerte de grabar una canción con Paul McCartney, y le ha faltado tiempo para componer 10 canciones más de relleno y sacar un disco… menudo piernas”. Caruso, sensato como siempre, me rebatió diciendo que él había escuchado algunos temas del LP y que, en general, le habían gustado bastante. “Hazme caso”, profeticé yo, “dentro de 1 año, de este tío no se acuerda nadie”.

El negrata en cuestión era Michael Jackson, la canción con Paul McCartney era “The girl is mine”, y el LP de marras era, por supuesto, Thriller, que todavía sigue siendo el disco más vendido de la Historia. Quiero decir con todo esto que (i) mi criterio musical, desde entonces, siempre ha estado bajo sospecha, (ii) Caruso siempre ha tenido la elegancia de no recordarme el incidente, y (iii) también desde entonces, yo confío plenamente en su criterio musical.

Y todo esto viene a cuento de que estas pasadas Navidades, entre caña y caña, Caruso me comenta que hay por ahí una tal Amy Winehouse que canta bastante bien, y me recomienda que le dé una oportunidad. Yo me acuerdo, una vez más, del episodio en El Corte Inglés y antes de hacer ningún comentario de listillo procedo a apuntarme el nombre de la cantante en cuestión. Corro a mi tienda de discos más cercana, porque no querría yo que la SGAE no pudiera pagar el recibo de la luz este mes, y me hago con una copia de “Back to black” con la intención de ponerme a escucharlo cuanto antes.

Pero hete aquí que la vida moderna es muy liosa, con mucho estrés y psicólogos argentinos, y no he podido escuchar el disco hasta ahora, cuando la tal Winehouse se ha convertido ya en un fenómeno de masas, con premios y reconocimientos a tutiplén. Esto, dicho sea de paso, hizo que desconfiara de la presunta calidad de su música, porque yo también soy de los que creen que hablar de “la sabiduría de las masas” es un contrasentido. Aun así, y con la anécdota de “Thriller” siempre en mi cabeza, me pongo a escuchar “Back to black”. Resultado: bestial.

Ante todo, hay que aclarar que este es un disco de 2007 que bien podría haberse lanzado en 1930. No sólo por la voz “antigua” de Amy Winehouse, o por la orquestación de club de jazz subterráneo, sino por las historias de perdedores y desamores que pueblan todos los temas. Las letras están actualizadas, desde luego (ahí está el tema más conocido, “Rehab”, como botón de muestra), pero la soledad, la fatalidad, el destructor atractivo del perdedor son los mismos que eran hace 50 años, hace 100 años, los mismos que han sido siempre desde que, por lo menos, Cervantes escribió El Quijote.

Amy Winehouse nos cuenta con esa voz que parece salida de un viaje en el tiempo historias de alcohólicos que no quieren rehabilitarse, de mujeres que siguen siendo “la otra” y de mujeres fatales, de amores apasionados que gritan a la luz del día y de otros sucios e imposibles que se consuman en oscuras habitaciones de hotel. O eso se imagina uno escuchando la nostálgica sección de viento, el chaston que no quiere molestar a los fracasados que apuran sus últimas copas, las letras obscenas pero también desesperadas, locas, con la lucidez de quien lo ha perdido todo y por lo tanto ya no tiene nada más que perder.

Con todo lo dicho, “Back to black” se gana el 4 holgadamente, pero le falta cierta continuidad para llegar al 5. Algunas canciones (pocas, es cierto) no mantienen el extraordinario nivel de las demás. “Rehab” y algún que otro tema movidito están muy bien, pero Amy Winehouse saca lo mejor de sí misma en las canciones tristes, en los momentos de desesperación que, sin embargo, interpreta con una fría distancia que los hacen todavía más crueles. Es en ese terreno donde encontramos las dos mejores piezas del disco, que son las que le han dado medio punto extra en la valoración, porque son sencillamente estremecedoras. Para escucharlas una y otra vez, en una habitación en penumbra, la ventana abierta y las luces de la ciudad confirmándonos que estamos más solos que nunca. “You know I’m no good” y el propio “Back to black” que da título al disco son dos de esas canciones que apagan el mundo y nos dejan flotando en un lugar lleno de ligereza en el que, sin embargo, no hay sitio para la superficialidad. Un lugar donde, al final, todo el mundo pierde, como en la propia vida. Y, sin embargo, después de estar con Amy Winehouse en ese lugar, uno preferiría no tener que volver nunca. Qué cosas.

Vídeo: “You know I’m no good”

Vídeo: “Back to black”

“Perdidos” en los 80

Ahora estamos en 2008, y como somos muy modernos las pelis y las series tienen todas un toque artístico hasta en los comienzos y los títulos de crédito. Pero unos tíos cachondos se han imaginado cómo sería la cabecera de la serie “Perdidos” (Lost) si estuviéramos en los años 80 (incluida la cancioncita)… y lo han clavado. Ahora que llega un parón en la 4ª Temporada en EEUU, a ver si nos quitamos un poco el mono viendo estas chorradas. Son sólo 55 segundos.

Leones por burros

Leones por corderos
(Lions for Lambs) – 2007

Leones por corderos

Dirigida por Robert Redford
Con Robert Redford, Meryl Streep y Tom Cruise

Valoración:

Alguien debería sentarse a echar cuentas para ver cuánto le debe Hollywood a los jerifaltes estadounidenses que deciden, de vez en cuando, entrar en una guerra. Alguien debería hacerlo, sí, aunque ese alguien no seré yo porque yo estoy para otras cosas, pero estoy seguro de que en este mismo momento hay una docena de becarios metiéndose el dedo en la nariz en la Universidad de Wisconsin, y bien podrían dedicarse un par de ellos a este curioso experimento. Que tomen nota sus profesores, cuando terminen de liarse los canutos.

En cualquier caso, y sin necesidad de esperar los resultados de ese estudio, creo que todos estaremos de acuerdo en que la guerra ha sido uno de los grandes argumentos del cine en todas las épocas. La II Guerra Mundial, la guerra de Vietnam, y últimamente la guerra del Golfo y su continuación actual en Afganistán e Iraq, han sido una fuente inagotable de guiones (buenos y malos) para que los grandes actores de cada momento (buenos y malos) representen a los modelos a seguir según los gustos de la sociedad. Antes se llevaban los héroes de toda la vida, guaperas con poco cerebro pero con un par de huevos como balones de baloncesto; ahora hay que ser pacifista, anti-sistema, y superespecial.

Pero lo que se mantiene constante, tanto en las películas de guerra antiguas como en las que se producen ahora, es que no hay sitio para los términos medios: o eres bueno, o eres malo. O eres valiente, o eres cobarde. O eres listo, o eres tonto. Será porque la guerra es la situación polarizante por excelencia, y en ese contexto los personajes blancos o negros (psicológicamente hablando) encajan mejor. Pero después de tantas décadas viendo ese tipo de maniqueismo, la cosa ya empieza a cansar.

¿Cuándo se va a terminar esta introducción?, se estarán preguntando los lectores más superficiales del blog. Pues termina ya, porque de hecho la propia introducción es la crítica de la película. “Leones por corderos” es una película sobre la guerra que cae, como tantas otras, en esa simplificación excesiva a la que me refería antes. Tom Cruise es el senador poderoso e incompetente, que mantiene viva la guerra en Afganistán a pesar de que no tiene ni puñetera idea de cómo ganarla. Meryl Streep es la periodista con ideales que un día los sacrificó a cambio de una vida cómoda, y que ahora se despierta de su letargo y quiere volver a contarle a la gente “la verdad”. Robert Redford es el profesor sabio que, en una larga charla con uno de sus alumnos más brillantes, nos va pasando la moraleja de la película: hay que actuar, hay que tomar partido. No hay que dejarse manipular por los senadores incompetentes que, a pesar de esa misma incompetencia, consiguen mantenerse en el poder (algún día alguien tendrá que explicarme esta contradicción, porque yo no la he entendido nunca).

También hay sitio en “Leones por corderos” para el toque sentimental: dos alumnos de Redford se enrolan en el ejército y mueren en combate. Eran dos muchachos marginales (un negro y un hispano) a los que su país nunca ha tratado bien, y a pesar de eso ellos deciden dar su vida para defenderlo.

En resumen, nada nuevo bajo la luz del Sol. Ojito, que no estoy diciendo que el discurso que nos pega Robert Redford en esta película sea falso, o irrelevante. Allá cada uno con su visión de la política internacional y de la posición de EEUU en ella. Sólo digo que en “Leones por corderos” no se nos cuenta nada nuevo. Los argumentos a favor y en contra están más que vistos. Y la exposición que se nos hace de los mismos, con personajes dibujados sin ningún matiz, no ayuda a hacerlos más ricos. El propio título de la película ya resume ese planteamiento maniqueo al que me refiero, aunque más que “Leones por corderos” debería titularse “Leones por burros”, porque el principal atributo que se les otorga a los “malos” no es la mansedumbre sino la estupidez.

Para terminar, resaltaré para quien no haya reparado en ello, que la película está protagonizada por tres actores de primer nivel. Y lo resalto porque, como ya he dicho en otras ocasiones, los buenos actores tienen la capacidad de elevar una historia mediocre a la categoría de película más que digna. Ese efecto se ha producido, una vez más, en este caso. Así que tenemos un buen rato asegurado. La moraleja ya es otra cosa.

Trailer de la película, primero en versión original, y después en versión doblaba al español

Más profecías de “AKA” que se cumplen

Esto de tener siempre la razón es agotador. Una vez más, la realidad confirma que “AKA” es, más que una novela, una especie de nuevo Nostradamus. Los que se la hayan leído recordarán (o tal vez no, porque hay mucho lector gañán suelto) que en la novela todo el mundo se entendía incluso aunque hablara idiomas diferentes, gracias a unos dispositivos que a modo de gargantillas recogían el sonido “susurrado” en la garganta, lo traducían automáticamente al idioma del interlocutor, y lo emitían a mayor potencia por un pequeño altavoz.

Pues bien, hoy me entero de que una empresa acaba de top internet casinocasino club bonusonline casino kostenlosvideo poker spielenbaccarat downloadeinarmiger bandit online spielenhohe auszahlungeninternet casino pokerflash games roulettepoker on line multiplayerholdem poker on linestrip poker gamespoker tour giocopoker da scaricaresiti pokerworld championship pokerregole omahasrtip poker gratispuntare Pokerstrategia pokerregolamento texas holdempoker heads up onlinescaricare gioco pokerpoker on line,poker room on line,poker on line multiplayerwww poker gratisgiochi di poker da scaricaregioco a pokertornei poker on linepoker itpoker live,live action poker,tornei poker livescaricare gratis pokerpoker regole di giocoregole poker omahapoker no on linehow to play pokersuper poker comgioco strep pokergiochi on line pokerpoker 5 drawtexas holdem softwaredd tournament pokerpoker gioco pc,gioco poker,gioco poker italianocarte pokerstrip poker da scaricare gratistilt pokerstrategie pokerpoker tournament 2007poker gioco pcstreet poker gratisdownload gioco poker presentar un producto que podría ser el primer paso en esa dirección (un primer paso bastante grande, la verdad, aunque todavía no traducen… pero todo llegará). Aquí va un vídeo demostrativo. La cosa todavía está empezando, pero promete. Por cierto, el vídeo está en inglés (qué pena que no existan todavía las gargantillas traductoras). Dura unos 5 minutos.

Grandes pasiones de ayer y hoy

Deseo, peligro
(Se, jie) – 2007

Deseo, peligro

Dirigida por Ang Lee
Con Wei Tang, Tonny Leung Chiu Wai, y Lee-Hom Wang

Valoración:

Yo no sé si, después de todo el jaleo que se montó con “Brokeback Mountain“, Ang Lee acabó tan hasta los mismísimos del rollo metrosexual (muy metrosexual… vamos, pluma-plumón, para que nos entendamos… pero es que ahora no se puede decir… eso… maric… para, para, que me pierdo), pues digo que tal vez Ang Lee tenía el parqué tan lleno de aceite, que se hartó de la tontería y se dijo: Ang (porque él se trata de tú), tienes que hacer una película clásica, con un rollo tío-tía de los de toda la vida, y revolcones a tutiplén, una tía buena en pelotas que te resarza de todo esto rollo plumífero en el que te has metido con lo de Brokeback. Y tengo que volver a China, siguió pensando Lee, de donde nunca debería haber salido.

Pues dicho y hecho. Ang Lee se ha marcado una película que bien podría haberse rodado en los años 50, una de esas de grandes pasiones, grandes amores, grandes ideales. Ambientada en China durante la invasión japonesa en la II Guerra Mundial, “Deseo, peligro” nos cuenta la historia de Wong Chia Hi, una estudiante idealista (perdón por la redundancia) que se enamora del guaperas de la universidad y queda, por tanto, predispuesta a hacer todas las tonterías que sean menester para impresionar a su amado. Éste, por su parte, es el jefe del grupo de teatro universitario y es también, si cabe, incluso más idealista, y además ha concretado su idealismo en forma de odio visceral e infinito hacia los invasores japoneses. Afortunadamente para la Humanidad, como digo, todos son estudiantes, así que lo único que hacen es quejarse y representar obras dramáticas de alto contenido patriótico.

Peeero… aparece el hecho casual, o el fatum, vete tú a saber, y la panda de estudiantes descerebrados (perdón otra vez por el pleonasmo) se ve ante la posibilidad de atentar contra un importante cargo del gobierno chino colaboracionista. Para acercarse a él, deciden llevar sus conocimientos teatrales a la realidad: Wong Chia Hi fingirá ser una dama de la alta sociedad china casada con otro de los miembros del grupo de teatro, y el resto de los compañeros cubrirá los papeles secundarios: chófer, servicio… La pantomima funciona y Wong consigue entrar en el círculo del poderoso funcionario. Y como ya se sabe que el roce hace el cariño, y como además el pollo en cuestión es un poco ligoncete, pues el tema termina como era de prever. Al catre.

En el catre, por cierto, asistimos con todo lujo de detalles al maravilloso espectáculo que nos ofrece la anatomía de Wei Tang en todo su esplendor. Pequeña pero matona, sí señor, una alegría para la vista del espectador masculino heterosexual. Ya digo que parece que Ang Lee se estaba desquitando de tanto rollo modosito. En fin, prosigamos. La película, a partir de ese momento, entra en ese terreno tan conocido de las grandes pasiones amorosas. Wong Chia Hi se va enamorando sin querer del hombre con quien, en teoría, sólo debería fingir una pasión puramente sexual. El hombre, por su parte, cae rendido ante los encantos y la inocencia de Wong. El guaperas de la universidad mantiene la tensión de la historia desde su nuevo rol de patriota con sentimientos: quiere a Wong, pero quiere más a su país, y se sacrifica. ¿O no? Ya digo: tensión.

No cuento más, porque en estas historias el final tiene cierto interés. No es que haya muchas opciones (de hecho sólo suele haber dos: o todo termina muy bien, o todo termina fatal), pero la emoción es la emoción y no seré yo quien se la cargue. En cualquier caso, e independientemente de que el final guste o no, la película en conjunto está bastante bien. Un pelín larga, si acaso, pero estas historias de toda la vida siempre se ven con gusto. El Bien, el Mal, el Amor, el Odio… ¡ah, qué maravilla! Donde se ponga un buen dramón, que se quite el cine de autor. A disfrutarlo.

El trailer

La banda sonora de Profalter

Lady’s Bridge
Richard Hawley

Richard Hawley - Lady's Bridge

Valoración:

Hace ya un buen puñado de años, y recogiendo una demanda latente pero abrumadora de la sociedad española en particular y del mundo latino en general, el gran Tati decidió fundar la asociación de Profesionales del Alterne (Profalter). Yo, por supuesto, me uní al proyecto en cuanto me lo contó. Y, desde entonces, todos los grandes del gremio, ejemplos a seguir para cualquier jovenzuelo que esté pensando qué hacer con su vida, han visto sus nombres impresos en el registro de socios. Ahí están o han estado los históricos Espartaco Santoni, Ramón Mendoza, Flavio Briatore, o el doctor Iglesias-Puga por citar sólo a unos pocos. También han ido llegando jóvenes promesas como Alejandro Agag o Colate. Y desde luego el futuro de la asociación está garantizado con nuestras más recientes incorporaciones, de las que destaca por méritos propios Sarkozy, o el recién inscrito gobernador de Nueva York Eliot Spizer.

Todo esto viene a santo de que, escuchando este disco de Richard Hawley, he visto clarísimo que esta es la música que debería acompañar todas las juntas de socios de Profalter, y que también deberíamos regalarle una copia a cada miembro de la asociación junto al tradicional lomo ibérico que ya reciben por Navidad. Porque, por decirlo rápido (ya que me estoy enrollando tanto con otras cosas), Richard Hawley es como Neil Diamond pero a caballo. Todas las canciones parecen tocadas desde el porche de un rancho al atardecer, con la pradera teñida de naranja extendiéndose a nuestros pies hasta donde la vista abarca, y con una chuqui apoyando su sedosa melena sobre nuestro musculoso tórax apenas cubierto por una camisa blanca desabrochada.

Es en ese momento, y con la música de Hawley de fondo, cuando un auténtico profesional lanza el ataque definitivo, desenfunda el cuchillo que Profalter le ha enseñado a afilar durante las largas sesiones de entrenamiento, y le suelta a la periquita, mirando al infinito: “tía, no sé qué me pasa contigo que estoy superbien”. Y después de eso, un fundido en negro y pasamos directamente a la escena de la chimenea.

Con estos credenciales, queda poco que añadir. Todo viene ya implícito en la prolija descripción anterior: la elegancia, el buen gusto, la sutileza, la voz firme pero melodiosa. Las canciones de “Lady’s Bridge” se hacen familiares casi en la primera escucha, y se tararean con un punto de nostalgia a partir de la segunda. Un par de escuchas más, y Hawley se convierte en ese amigo de toda la vida con el que uno ha compartido grandes cacerías y también grandes batacazos. La sensación es tan real, que yo ya estoy esperando la invitación para ir a visitarlo al rancho. Espero que las chuquis las ponga él, porque últimamente me paso poco por Profalter y mi agenda ya no es la que era. Por supuesto, si finalmente me invita, le subo el 3,5 a un 4 inmediatamente. Entre amigos, no nos va de medio punto.

Mini series

Pues nada, que el otro día me encontré con esta mini-serie que hacen unos amiguetes en Internet. Por lo visto tienen cierto éxito (o lo tuvieron, porque parece que llevan un tiempo con el tema paradito). Hay que reconocer que son graciosos, aunque les falta pulir algunos finales. Se les va cogiendo cariño. El primer episodio lo vi casi por compromiso, pero luego me fui enganchando y terminé viendo 6 o 7 seguidos.

Ya han hecho 2 temporadas de 40 capítulos, y anuncian la tercera. Aquí pongo algunos capítulos de la 2ª temporada (3 o 4 minutos cada uno) y el trailer de la 3ª. El que quiera más: su canal de YouTube

Y el trailer de la 3ª temporada:

El secreto está en la masa

Michael Clayton
(Michael Clayton) – 2007

Michael Clayton

Dirigida por Tony Gilroy
Con George Clooney, Tom Wilkinson, y Tilda Swinton

Valoración:

Muchas veces he criticado negativamente una película argumentando que la historia, la trama que presenta, está demasiado trillada. Y otras tantas veces he dicho que eso en sí mismo no es un problema siempre que el director aporte algo más a lo mil veces visto, que convierta la película en algo diferente, nuevo, o (idealmente) mejor. Pues he aquí una buena prueba de que, efectivamente, es posible hacer una buena película a partir de un planteamiento que todos nos sabemos ya de memoria.

A grandes rasgos, la historia que se desarrolla en “Michael Clayton” es la típica lucha de un grupo de indefensos ciudadanos contra una enorme y perversa corporación empresarial que ha estado abusando de ellos deliberadamente. En este caso, además, el abuso es especialmente grave: la empresa ha estado contaminando el agua que las pobres familias consumían y les ha provocado daños irreparables (aunque, obviamente, la empresa lo niega). La película empieza cuando, tras años de peleas judiciales, ambas partes parecen estar a punto de llegar a un acuerdo. Hasta aquí, cinematográficamente hablando, nada nuevo. Ahí están, por poner dos ejemplos archiconocidos, Acción civil y Erin Brockovich, que parten de un planteamiento casi idéntico.

¿Y cuál es, entonces, el secreto de “Michael Clayton”? En realidad hay dos secretos: el primero es el montaje de la película, que no respeta estrictamente el orden temporal, y además deja con frecuencia “huecos” en el argumento que el espectador debe rellenar con la información que tiene. Es un secreto que siempre funciona, pero hay que reconocer que Tony Gilroy lo hace muy bien. Y el segundo secreto es, simplemente, George Clooney. Yo, que siempre he estado intentando hacer circular el rumor de que Clooney es gay, a ver si las chatis se desmoralizan y se entregan con más facilidad a los encantos de un tipo más normalcito, pues digo que yo mismo tengo que reconocer que en esta película está espectacular. Transmite una tensión permanente, sin caer en el histrionismo, y la verdad es que él solito sostiene gran parte del interés de la historia con su interpretación. Hay que fastidiarse. Y por cierto, Tilda Swinton (que se ha llevado el Oscar a la mejor actriz secundaria), no me ha dado ni frío ni calor.

Por lo demás, el resultado global de la película es francamente bueno. Tiene algunos altibajos, pero al menos el director no se recrea en ellos y como el ritmo siempre se mantiene ágil, las partes menos brillantes se pasan rápido. La trama, insisto, no es ninguna sorpresa. Pero como decía antes, y “Michael Clayton” lo demuestra sin lugar a dudas, no es necesario inventar para hacer algo nuevo. El talento, al final, es el secreto. Porque el talento es como la masa de la pizza: no es lo más vistoso, pero sin ella, no hay pizza. Que alguien apunte esto, que algún día escribiré un libro de negocios a partir de esa frase. Posible título: “¿Quién se ha llevado mi pizza?”. O: “El código con extra de queso”.

El trailer:

El chico malo ya no es un chico y ya no es malo

Perro callejero
Martin Amis

Martin Amis - Perro callejero

Valoración:

Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en el que Martin Amis fue un chico malo. Con su afilada pluma pinchaba las conciencias de las personas de bien, poniéndoles delante de las narices todas las hipocresías y miserias morales que la sociedad de lo políticamente correcto prefería mantener en un armario con llave. Cuenta la misma leyenda que, además, Martin Amis conseguía sus perversos propósitos con una prosa brillante, fluida, que llevaba a sus lectores por vericuetos creativos que, por constraste con la crudeza con la que trataba sus historias, conseguía un efecto casi hipnótico. Sus seguidores se contaban por legiones, y todos ellos se sentían más inteligentes que los demás, más in the loop, finos intelectuales por disfrutar de un estilo tan selecto, y al mismo tiempo bravos guerrilleros que denuncian la decadencia moral de nuestra civilización. Bravo por ellos.

Pero, oh miserias del paso del tiempo, Martin Amis ya lleva unos años dándole al bolígrafo, y por lo tanto uno esperaría que a estas alturas nos ofreciera algo más que una historia gamberra y un estilo impecablemente desestructurado. No tanto porque él tenga que “reinventarse”, que no es algo bueno ni malo en sí mismo, sino porque lo de ir de políticamente incorrecto se ha explotado tanto por escritores, cineastas, humoristas, y hasta por los propios políticos (que ya empiezan a renegar del sistema para que el sistema no se hunda) que el círculo se está cerrando: ahora lo políticamente correcto es ser políticamente incorrecto.

Total, que “Perro callejero” está bien, es una novela bien escrita y cuenta con personajes construidos con la pericia de un buen artesano, pero no nos cuenta nada que no conozcamos ya, ni nos lo cuenta de una manera que nos haga verlo con una mirada nueva. Ser gamberro, ir contra lo establecido, está ya demasiado visto. Incluso cuando es un buen escritor quien se sube a ese carro (o incluso, como en este caso, cuando es el propio escritor quien ayudó a construir el carro hace años), la cosa no funciona. Aburre. Duerme. Y yo, después de haberme aburrido durante las primeras 100 páginas de esta novela, decidí cerrarla e irme a dormir.

El tiempo pasa, amigo Amis. Y hoy, un crío de 12 años dice cosas bastante más políticamente incorrectas que tú. Eso sí, las dice con faltas de ortografía y cara de asco. Pero un tío de tu estatura literaria tendría que aportar algo más que técnica. Tal vez deberías empezar a construir otro carro.