Monthly Archive for abril, 2008

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El tabaco es malo, pero esto es peor

Bah, ya no me fío de mí. Me había prometido que este año no vería ningún programa de OT (¿7?, ¿13?, ¿284?) pero al final he caído. He empezado por aquello de “sólo una caladita”, después me he echado un pitillito de nada, y al final he terminado viendo más de la mitad de la gala. Que ha sido peor que verla entera, porque no me he enterado de la mitad. No digo yo que haya que enterarse de mucho, pero bueno…

En realidad, a los 5 minutos uno ya se da cuenta de que este año va a ser una carnicería. Y no lo digo porque algún concursante haya trabajado de pollero, que también, sino porque no hay que olvidar que a esta edición se han presentado los restos de los restos, los despojos, los que no habían sido capaces de pasar ninguno de los ¿6? ¿24? ¿113? castings anteriores. Que digo yo que ya hace falta moral. Que si te mandan 6 veces a casita, lo menos que puedes hacer, el mínimo de dignidad que exige la ONU, te obligaría a meterte en un programa de protección de testigos y desaparecer de tu barrio. Que tu familia tampoco tiene la culpa de que tú perrees tanto.

Es que, si lo piensas, da miedito: aquí hay tíos que se quedaron fuera cuando en la academia entraron Mai Meneses, el ínclito Juan de OT1, Enrique Anaud, y todo el resto de jamelgos de la canción que han paseado sus cuartos traseros sobre el escenario de OT. ¿Qué tipo de especimen puede ser peor que toda esa panda durante 6 años consecutivos? Ya digo, a mí me da miedo.

Así que, en un primer análisis, OT7 va a ser como esas peceras de bañadores que monta El Corte Inglés en el mes de septiembre. Que las ves y piensas: ¡Dios! estas bermudas se han pasado 6 meses en la percha y no las ha querido nadie… y claro, en cuanto las ves te lo explicas.

Dicho esto, en OT siempre hay algún elemento socioantropológico que anima el cotarro. En esta edición tenemos, por ejemplo, a un nuevo miembro del jurado. Una miembra, en realidad, como dirían las feministas. Las feministas analfabetas, quiero decir. El caso es que la señora en cuestión (porque esta ya no cumple los 40) es una especie de hada madrina que encuentra motivo de regocijo en todas las interpretaciones de los triunfitos. La vida es maravillosa, a qué huelen las nubes, sum, sum, sum-sum sum-sum… Creo que va a ser un descubrimiento.

También tenemos a un par de padres que prometen. Hay una madre que es una especie de Sara Montiel reloaded, que tiene pinta de ser la típica madre de artista y de la que espero mucho. Y luego tenemos, por supuesto, al padre de Ester, ese hombre que va a pasearse por todos los platós de TV en los próximos 15 días porque psicológicamente es un cruce de Belén Esteban con Bustamante, y físicamente es como si uno de los Navajita Plateá se hubiera hecho camionero. Un elemento a seguir.

Y por último tenemos, un año más, al equipo de estilismo, que ha vuelto con redobladas fuerzas después de su paso por la clínica de desintoxicación del doctor Roviralles. Un fenómeno, por cierto, miembro de honor de Profalter y amigo personal (amén de médico de cabecera) de la mayoría de los socios. Puedo daros su tarjeta, si la necesitáis. Pues, digo, el equipo de estilismo se ha propuesto no pasar desapercibido y desde luego en la primera gala lo han conseguido. Hoy había que vestir a mucho patán y a mucha choni, y el reto era de primera magnitud. Así que, a falta de tiempo para crear un diseño personalizado para cada uno, han optado (¡qué genio! ¡qué tronío!) por hacer 3 modelos punteros que han repartido con mínimos retoques entre los pequeños fistros de pollo que, pensando como piensan sólo en cantar, se han puesto lo primero que les han dado. Angelicos… claro, los de estilismo ya han vestido a mucho Javián de la vida, y saben que en el momento de salir al escenario estos pobres se pondrían el famoso bañador de la pecera de El Corte Inglés si hiciera falta. Total, que los 3 modelitos han sido:

  • Para ellos: camisa apredita marcando molla con corbata de saldo, anudada por un macaco, y pantalón de tergal años 40 (1840). Válido tanto para cantar en OT como para limpiar parabrisas en los semáforos, a elegir.
  • Para ellas: blusa brillante tipo Modern Talking, con mini-short tangente a la horizontal del culo tipo “cantar no canto, pero con estas patas que Dios me ha dado ¿quién necesita voz?”
  • Unisex: retal de tela con forma de botijo, combinado con botines modelo “whiskeria la portuguesa” (para ellas) o con cinturón chulo-merendero (para ellos)
  • Pero, aparte de los buenos ratos que nos han proporcionado los chicos de Estilismo, la gala ha tenido un momento cumbre. Y es que vivimos en unos tiempos en los que, para qué negarlo, pasan cosas maravillosas. El progreso, la modernidad, las personas superespeciales… el caso es que uno de los concursantes es un tipo de esos que es el sueño de cualquier director de Recursos Humanos: es negro y gay. Y no descarto que también sea zurdo. Lo dicho, un sueño para cualquier empresa.

    Pues resulta que el tal concursante, que al parecer responde al nombre de Chipper (que digo yo, ¿ese no era un delfín?… ah, no, para, que ese era flipper), pues total, que el delfín afroamericano ha ido a la gala con su churri. Con su churro, habría que decir en este caso, si no fuera porque suena de lo más obsceno y en 1y1y1 estamos totalmente en contra de la obscenidad, especialmente si el autor del blog no la protagoniza en persona. Así que Flipper y su novio se miran emocionados antes de que el chaval se lance a cantar (a todo esto, con el novio está Jesús Vázquez, así que ya sólo falta que salgan los Locomía a hacerle los coros a Flipper) y en esto que Vázquez anuncia el título de la canción: “My girl”. ¡Hostias!, me digo yo. Qué pasa, no puede ser, me sigo diciendo, esto está amañado. Pues no, tú, no está amañado. Flipper empieza a cantar y el realizador, que creo que es uno de estilismo que ha promocionado este año, se dedica a enfocar al novio cada vez que Flipper canta el estribillo con el “my girl… “. Y los dos poniéndose ojitos. Y el realizador: ja-ja, ja-ja, ja-ja. Y los de Estilismo: hay que ver cómo es este Jonahtan. En fin, lo mejor de la gala.

    Para terminar, porque ya va valiendo, aquí van algunas de las perlas que se han podido escuchar en la gala de esta noche. Y digo yo: todos hemos sido gilipollas con 18 años. Pero la diferencia entre los muy gilipollas y los poco gilipollas es que estos últimos se están calladitos. Porque si no, pasa lo que pasa.

  • Uno: “Me gusta combinar cantar y bailar, y todo eso”
  • Otra: “Yo quiero entrar aquí para formarme, porque yo no estoy formada” (eso depende de si uno te mira al cerebro o a las tetas)
  • Un tercero: “No es que sea ni mejor ni peor que los demás, pero tengo claro que, como yo, no hay nadie más” (afortunadamente para la Humanidad)
  • Y a modo de broche de oro, la gala ha terminado con unas lapidarias palabras de Mónica Naranjo (sí, sigue existiendo, y sí, sigue siendo tan gilipollas como cuando tenía 18 años… a esta le ha pasado algo y el cerebro se le ha quedado atascado en la mayoría de edad). Pues resulta que Mónica mira a los pequeños fistros, y después de preguntarles si están seguros de lo que están haciendo (como si estuvieran a punto de enrolarse en la Legión, o algo así), los mira a los ojos y les dice:

    -Esto es duro… es durísimo.

    Claro, que mientras lo decía tenía la mano en la pierna de Jesús Vázquez, que acababa de volver de ver el número de Flipper con su novio. A ver si iba a ser eso.

    El mejor momento de la noche

    Las ciencias adelantan que es una barbaridad

    Viendo estos vídeos sobre el futuro más o menos cercano uno no sabe si entusiasmarse o echarse a temblar. En el mismo día leo un artículo sobre un robot que han diseñado en el MIT y que expresa emociones (tiene una cara con rasgos humanos y mueve los ojos, las cejas, la boca, etc. de manera que un humano pueda reconocer su estado de ánimo y su reacción ante lo que se le dice), y veo también este vídeo en el que Nokia y unos tíos muy listos de Cambridge nos presentan lo que podría ser una escena cotidiana de dentro de no muchos años, cuando la nanotecnología empiece a ser tan común como lo son ahora los diodos y los transistores.

    Lo dicho: viendo esto, uno no sabe si tirarse al metro o a la taquillera. Son 5 minutos (el vídeo, no lo de la taquillera… eso sería menos).

    Cómic sin colorines

    No es país para viejos
    (No Country for Old Men) – 2007

    No es país para viejos

    Dirigida por Ethan Coen y Joel Coen
    Con Tommy Lee Jones, Josh Brolin, y Javier Bardem

    Valoración:

    Ya lo decía la rana Gustavo: es difícil ser verde. De la misma manera, en las películas es difícil ser malo (sólo en las películas, en la vida es más fácil). Normalmente el guionista te da media horita de gloria para ponerte después a correr con todo el FBI detrás, hasta que al final te cazan. Las manos sobre la cabeza, quieto, no te muevas, y todo el lío, con los coches de policía poniendo el toque espectacular a la escena final mientras el bueno se reconcilia con su mujer, que iba a dejarlo porque estar casada con un poli es muy duro. Ya se sabe.

    Los hermanos Coen, conocedores de ese hecho, han descubierto la manera de hacer la vida del malo más sencilla: dándole superpoderes. Sí, ya, eso ya estaba inventado por los dibujantes de comics, pero con tanto colorín, con tanta capa, y con tanto calzoncillo por fuera de los pantalones, la cosa perdía credibilidad. El mérito de los Coen está en que han sabido capturar la esencia de los comics (el superpoder, lo irreal, la exageración) y lo han combinado con una estética absolutamente espartana: personajes inexpresivos, total ausencia de música, y unos paisajes de un crudo que me río yo de un filete poco hecho. El resultado es novedoso: una historia de superhéroes con aspecto de cine experimental eslovaco. Y la combinación, hay que reconocerlo, resulta eficaz. Pero al final, y como también sucede con los comics, la fantasía se adueña de todo lo demás, y cualquier intento de tomárselo en serio resulta imposible de sostener.

    La película está llena de saltos en el guión que, supuestamente, ahorran al espectador los detalles secundarios de la historia. Pero resulta que los detalles no son tan secundarios, y además son tantos que al final uno ya supone que puede pasar cualquier cosa porque con uno de esos “saltos” en la trama los directores nos pueden llevar a donde les dé la gana. Por ejemplo, el personaje de Bardem (buena actuación, ciertamente, y un inglés impecable en la versión original), que es el malo malísimo, es prácticamente invulnerable. Como un Rambo cualquiera, él mismo se cura una herida de bala con unas pinzas de depilar cejas y un kit de antibióticos robado en una farmacia. Viendo eso, uno se pregunta por qué un cirujano necesita estudiar tantos años (yo me lo pregunto desde hace tiempo, por cierto, pero por diferentes razones). Y por supuesto, 10 minutos después de auto-operarse, ya camina como si tal cosa, conduce, y está listo para asesinar a media humanidad si fuera preciso (y si no lo fuera, también, porque los Coen no pierden ocasión de recordarnos que es malo malísimo… patética la escena del puente cuando dispara al pajarraco, cuánta maldad, oh, cielos).

    De igual manera, el resto de los personajes no conoce el desánimo ni el dolor, y por contra sí conocen la telepatía y tienen poderes de deducción propios de Sherlock Holmes en sus mejores tiempos. Con cuatro datos mal atados, localizan a cualquier persona en cualquier lugar de EEUU en un par de horas. Vamos, que no sé cómo el Pentágono no los contratan para encontrar a Bin Laden. En una mañana, asunto resuelto.

    Y en cuanto al final, pues sólo diré que está al nivel del resto de la película. Flojo. No malo, ojo: flojo. Y lo peor de todo es que la película está basada en una novela de Cormac McCarthy que, para quien no lo sepa, es uno de mis escritores de cabecera (porque tengo una foto suya a un lado de la cama, y otra de Coetzee en el otro). Pero esta es la historia de siempre: un buen libro no garantiza una buena película. Ni viceversa. Son lenguajes distintos, experiencias distintas. Sin haberlo leído, me juego el sueldo de cualquier amigo mío a que la escena del pajarraco en el libro consigue ponernos un nudo en la garganta. Pero en la película, puesta ahí en medio, contada en 30 segundos y sin ningún sentido más allá de decirnos “cuidadín, que aquí llega el malo malísimo”, queda casi ridícula. Vamos, yo me empecé a descojonar cuando la vi, en plan risa floja, igual que cuando veía a Chiquito de la Calzada.

    Pero, ya digo, no es una cuestión de una sola escena. Porque una mala tarde la tiene cualquiera. Es el planteamiento de la película. Un planteamiento que intenta resultar realista y que, a pesar del envoltorio formal (bueno, por cierto, y con una gran fotografía), recuerda más, como decía, a un cómic con supermalos. Eso sí: no hay superbuenos. Ya no se llevan. Hasta el sheriff, interpretado por el gran Tommy Lee Jones, es un poco flojeras. Sabio, pero flojeras. La bondad está a la baja. Y la maldad con superpoderes. Esto va a terminar fatal.

    El trailer (arriba en inglés, abajo en español)

    ACTUALIZACIÓN: Por cortesía del suscriptor kurtinaitis, he incluido al final la escena de Rambo en la que queda demostrado que el personaje de Bardem, comparativamente, es un flojeras.

    Mendoza: nueva novela y artículo en “Babelia”

    Pues eso, que tenemos nueva novela de Mendoza (“El asombroso viaje de Pomponio Flato”) y para celebrar tan magno acontecimiento en “Babelia” publicaron una extraña entrevista al propio Eduardo Mendoza, pero también con Fernando Savater metido por el medio, no se sabe muy bien por qué. Cosas de los supermodernos de Prisa. Que, por cierto, tiene mérito que le hagan una entrevista a un autor que no publica con Alfaguara. Una columna no le darán, porque eso queda sólo para los leales, pero algo es algo.

    Total, que la entrevista es rara, las preguntas del entrevistador bastante lamentables, y los apuntes de Savater un tanto extraños (aunque a veces interesantes)… pero Mendoza está brillante, como siempre, y sólo por eso merece la pena leerla. Por ejemplo, como la novela está ambientada en la época del imperio romano, y Jesucristo (de niño) es uno de los personajes, le cuenta Mendoza a Savater cómo es la “zona” del Santo Sepulcro en Jerusalén (dice que fue allí dos veces, la segunda con su hijo por si “algún día tenía la tentanción de creer en algo”):

    No te lo pierdas. Es un espectáculo. En toda la Vía Dolorosa venden casetes con las canciones que cantaba san Pedro. Luego hay cinco o seis iglesias o sectas que se han repartido aquello y están todos a matar entre ellos. Una tiene la columna de la flagelación, otra, los clavos de Cristo. Los de la iglesia maronita te dicen que no vayas con los otros porque aquello no vale nada. Los otros te dicen: venga, venga. Y luego están los verdaderos amos, los ortodoxos griegos, que tienen el sepulcro. Aunque en el piso de arriba están los coptos abisinios que tienen salida a la azotea y tienden allí la ropa. Claro que en El Cairo te enseñan la casa en la que vivió la Sagrada Familia. Y eso que entonces El Cairo no existía.

    Y más adelante:

    Me sorprendo cuando alguien dice: “Qué acierto el de esta obra clásica, refleja lo mismo que está pasando ahora”. No es mérito de la obra, es un demérito de lo que pasa ahora.

    O, para terminar (porque no es cuestión de transcribir aquí toda la entrevista, ya pondré el link al final):

    En los países católicos nadie lee la Biblia, pero si te pones a leerla encuentras cosas que son un disparate. Todo lo que hay que hacer con un cordero antes de comérselo te quita el apetito

    Yo todavía tardaré en leerme la novelita porque odio las ediciones en tapa dura, y no sé por qué las editoriales sólo las sacan en tapa blanda en plan barateiro muchos meses después. Las editoriales necesitan una buena revolución porque son lo peor, comercialmente hablando. Total, que el que quiera leerse la entrevista completa que haga clic aquí.