Bah, ya no me fío de mí. Me había prometido que este año no vería ningún programa de OT (¿7?, ¿13?, ¿284?) pero al final he caído. He empezado por aquello de “sólo una caladita”, después me he echado un pitillito de nada, y al final he terminado viendo más de la mitad de la gala. Que ha sido peor que verla entera, porque no me he enterado de la mitad. No digo yo que haya que enterarse de mucho, pero bueno…
En realidad, a los 5 minutos uno ya se da cuenta de que este año va a ser una carnicería. Y no lo digo porque algún concursante haya trabajado de pollero, que también, sino porque no hay que olvidar que a esta edición se han presentado los restos de los restos, los despojos, los que no habían sido capaces de pasar ninguno de los ¿6? ¿24? ¿113? castings anteriores. Que digo yo que ya hace falta moral. Que si te mandan 6 veces a casita, lo menos que puedes hacer, el mínimo de dignidad que exige la ONU, te obligaría a meterte en un programa de protección de testigos y desaparecer de tu barrio. Que tu familia tampoco tiene la culpa de que tú perrees tanto.
Es que, si lo piensas, da miedito: aquí hay tíos que se quedaron fuera cuando en la academia entraron Mai Meneses, el ínclito Juan de OT1, Enrique Anaud, y todo el resto de jamelgos de la canción que han paseado sus cuartos traseros sobre el escenario de OT. ¿Qué tipo de especimen puede ser peor que toda esa panda durante 6 años consecutivos? Ya digo, a mí me da miedo.
Así que, en un primer análisis, OT7 va a ser como esas peceras de bañadores que monta El Corte Inglés en el mes de septiembre. Que las ves y piensas: ¡Dios! estas bermudas se han pasado 6 meses en la percha y no las ha querido nadie… y claro, en cuanto las ves te lo explicas.
Dicho esto, en OT siempre hay algún elemento socioantropológico que anima el cotarro. En esta edición tenemos, por ejemplo, a un nuevo miembro del jurado. Una miembra, en realidad, como dirían las feministas. Las feministas analfabetas, quiero decir. El caso es que la señora en cuestión (porque esta ya no cumple los 40) es una especie de hada madrina que encuentra motivo de regocijo en todas las interpretaciones de los triunfitos. La vida es maravillosa, a qué huelen las nubes, sum, sum, sum-sum sum-sum… Creo que va a ser un descubrimiento.
También tenemos a un par de padres que prometen. Hay una madre que es una especie de Sara Montiel reloaded, que tiene pinta de ser la típica madre de artista y de la que espero mucho. Y luego tenemos, por supuesto, al padre de Ester, ese hombre que va a pasearse por todos los platós de TV en los próximos 15 días porque psicológicamente es un cruce de Belén Esteban con Bustamante, y físicamente es como si uno de los Navajita Plateá se hubiera hecho camionero. Un elemento a seguir.
Y por último tenemos, un año más, al equipo de estilismo, que ha vuelto con redobladas fuerzas después de su paso por la clínica de desintoxicación del doctor Roviralles. Un fenómeno, por cierto, miembro de honor de Profalter y amigo personal (amén de médico de cabecera) de la mayoría de los socios. Puedo daros su tarjeta, si la necesitáis. Pues, digo, el equipo de estilismo se ha propuesto no pasar desapercibido y desde luego en la primera gala lo han conseguido. Hoy había que vestir a mucho patán y a mucha choni, y el reto era de primera magnitud. Así que, a falta de tiempo para crear un diseño personalizado para cada uno, han optado (¡qué genio! ¡qué tronío!) por hacer 3 modelos punteros que han repartido con mínimos retoques entre los pequeños fistros de pollo que, pensando como piensan sólo en cantar, se han puesto lo primero que les han dado. Angelicos… claro, los de estilismo ya han vestido a mucho Javián de la vida, y saben que en el momento de salir al escenario estos pobres se pondrían el famoso bañador de la pecera de El Corte Inglés si hiciera falta. Total, que los 3 modelitos han sido:
Pero, aparte de los buenos ratos que nos han proporcionado los chicos de Estilismo, la gala ha tenido un momento cumbre. Y es que vivimos en unos tiempos en los que, para qué negarlo, pasan cosas maravillosas. El progreso, la modernidad, las personas superespeciales… el caso es que uno de los concursantes es un tipo de esos que es el sueño de cualquier director de Recursos Humanos: es negro y gay. Y no descarto que también sea zurdo. Lo dicho, un sueño para cualquier empresa.
Pues resulta que el tal concursante, que al parecer responde al nombre de Chipper (que digo yo, ¿ese no era un delfín?… ah, no, para, que ese era flipper), pues total, que el delfín afroamericano ha ido a la gala con su churri. Con su churro, habría que decir en este caso, si no fuera porque suena de lo más obsceno y en 1y1y1 estamos totalmente en contra de la obscenidad, especialmente si el autor del blog no la protagoniza en persona. Así que Flipper y su novio se miran emocionados antes de que el chaval se lance a cantar (a todo esto, con el novio está Jesús Vázquez, así que ya sólo falta que salgan los Locomía a hacerle los coros a Flipper) y en esto que Vázquez anuncia el título de la canción: “My girl”. ¡Hostias!, me digo yo. Qué pasa, no puede ser, me sigo diciendo, esto está amañado. Pues no, tú, no está amañado. Flipper empieza a cantar y el realizador, que creo que es uno de estilismo que ha promocionado este año, se dedica a enfocar al novio cada vez que Flipper canta el estribillo con el “my girl… “. Y los dos poniéndose ojitos. Y el realizador: ja-ja, ja-ja, ja-ja. Y los de Estilismo: hay que ver cómo es este Jonahtan. En fin, lo mejor de la gala.
Para terminar, porque ya va valiendo, aquí van algunas de las perlas que se han podido escuchar en la gala de esta noche. Y digo yo: todos hemos sido gilipollas con 18 años. Pero la diferencia entre los muy gilipollas y los poco gilipollas es que estos últimos se están calladitos. Porque si no, pasa lo que pasa.
Y a modo de broche de oro, la gala ha terminado con unas lapidarias palabras de Mónica Naranjo (sí, sigue existiendo, y sí, sigue siendo tan gilipollas como cuando tenía 18 años… a esta le ha pasado algo y el cerebro se le ha quedado atascado en la mayoría de edad). Pues resulta que Mónica mira a los pequeños fistros, y después de preguntarles si están seguros de lo que están haciendo (como si estuvieran a punto de enrolarse en la Legión, o algo así), los mira a los ojos y les dice:
-Esto es duro… es durísimo.
Claro, que mientras lo decía tenía la mano en la pierna de Jesús Vázquez, que acababa de volver de ver el número de Flipper con su novio. A ver si iba a ser eso.
El mejor momento de la noche




Pues eso, que tenemos nueva novela de Mendoza (“El asombroso viaje de Pomponio Flato”) y para celebrar tan magno acontecimiento en “Babelia” publicaron una extraña entrevista al propio Eduardo Mendoza, pero también con Fernando Savater metido por el medio, no se sabe muy bien por qué. Cosas de los supermodernos de Prisa. Que, por cierto, tiene mérito que le hagan una entrevista a un autor que no publica con Alfaguara. Una columna no le darán, porque eso queda sólo para los leales, pero algo es algo.



